Dictaduras latinoamericanas y potencias rivales, blancos de la seguridad de EE. UU. 

Dictaduras latinoamericanas y potencias rivales, blancos de la seguridad de EE. UU.

* Aunque la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. 2025 no menciona a Nicaragua, Venezuela y Cuba, brinda elementos que las señala como regímenes hostiles. 

** El documento coloca al hemisferio occidental como eje de la seguridad estadounidense.

*** La Estrategia busca revertir inequívocamente la influencia de China y Rusia en la región. 


Expediente Público

La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025, que marca un punto de inflexión en la manera en que Washington concibe su relación con América Latina y el Caribe, permite proyectar cómo serán sus relaciones con países históricamente hostiles como Venezuela, Nicaragua y Cuba.  

El documento, concebido por la administración de Donald Trump, plantea que el hemisferio occidental es ahora el centro de las prioridades de seguridad nacional estadounidense. Se trata de una redefinición estratégica que vincula de forma directa los desafíos de la región con la estabilidad interna, la soberanía y la seguridad de Estados Unidos. 

Aunque la Estrategia no menciona explícitamente a Nicaragua, Venezuela y Cuba, el documento ofrece suficientes elementos para analizar las implicaciones que enfrentarán estos países, de acuerdo con expertos consultados por Expediente Público.

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La Estrategia identifica a China y Rusia como actores extrarregionales que compiten con Estados Unidos por influencia política, económica y estratégica en el hemisferio occidental, y propone la necesidad de revertir esa presencia cuando afecte los intereses considerados vitales por la administración Trump. 
 
Estados Unidos requiere que la región “permanezca libre de incursiones hostiles extranjeras o del control de activos estratégicos por parte de potencias no hemisféricas”, señala el documento. 

Asimismo, establece que Estados Unidos debe “asegurar que el hemisferio occidental permanezca razonablemente estable y lo suficientemente bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva hacia Estados Unidos”. 

Con esto, la región deja de ser un espacio de cooperación abstracta y pasa a ser entendida como una extensión directa de la seguridad interna estadounidense. 

Un mundo multipolar bajo la lógica de las grandes potencias 

Para Vladimir Rouvinsky, profesor titular del Departamento de Estudios Políticos en la Universidad Icesi de Cali (Colombia), la Estrategia refleja la aceptación de un orden internacional multipolar basado en la competencia entre grandes potencias.  

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“Básicamente es una versión del mundo multipolar, pero entendido como el mundo de las grandes potencias”, explicó el académico a Expediente Público.  

Agregó que “todo el hemisferio occidental es una zona de influencia de los Estados Unidos”, una idea que atraviesa el documento incluso cuando no se formula de manera explícita y que deja claro que, para Washington, su entorno inmediato ya no es un espacio políticamente neutro”.  

El académico subrayó que la Estrategia se inscribe en la lógica de “América primero” promovida por el presidente Trump, donde los desafíos externos se están evaluando a partir de su impacto directo en la agenda interna estadounidense.  

“Se hace vincular muchos de los desafíos de la política interna de Estados Unidos con América Latina, comenzando con el tráfico de drogas, de personas y la migración ilegal”, señaló Rouvinsky.  

Bajo esa lógica, la Estrategia concibe a la región como el lugar en el cual se originan los riesgos que Washington busca contener. 

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El documento señala que Washington “negará a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas o capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en el hemisferio”.  

Esta formulación, que el texto denomina un “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, representa una actualización contemporánea de la doctrina histórica proclamada en 1823 que establecía que cualquier intento de potencias externas por intervenir en el hemisferio occidental se consideraría una amenaza para Estados Unidos.  

Ahora, ha sido adaptada al contexto de la competencia con China y Rusia. “Queremos un hemisferio que permanezca libre de incursiones hostiles extranjeras o del control de activos estratégicos clave. En otras palabras, afirmaremos y haremos cumplir un ‘Corolario Trump’ a la Doctrina Monroe.”, se lee en el documento.

China, el principal desafío estratégico en el hemisferio

En la Estrategia, China tiene un lugar central como el principal competidor estratégico de Estados Unidos, globalmente y en el hemisferio.  

El documento describe a Pekín como una potencia que ha expandido su influencia a través de inversiones, financiamiento, comercio, infraestructuras en sectores considerados críticos para Washington.   

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La Estrategia sostiene: “Competidores no hemisféricos han realizado avances significativos en nuestro hemisferio, tanto para perjudicarnos económicamente en el presente como de maneras que podrían dañarnos estratégicamente en el futuro”.  

Frente a esto, advierte que es necesario revertir la presencia china en áreas como puertos, telecomunicaciones, energía infraestructura digital y cadenas de suministro.  

Para Evan Ellis, investigador en Seguridad Nacional del Centro de Estudios Estratégicos del Instituto de Estudios de Guerra, el detalle con que se aborda la cuestión china no tiene precedentes.  

“Nunca había visto una estrategia de seguridad nacional que hablara con tanto detalle sobre cómo Estados Unidos va a resistir el avance de China, específicamente en el hemisferio occidental” dijo a Expediente Público

En su opinión, se trata de una ruptura clara con estrategias anteriores que privilegiaban instrumentos indirectos, como la promoción de democracia, el fortalecimiento institucional y el Estado derecho. 

“La estrategia de 2025 es mucho más pragmática”, afirmó Ellis. En lugar de condicionar la cooperación a estándares normativos, Washington ahora privilegia una coalición de voluntades, incluso con gobiernos que no cumplen plenamente con los ideales democráticos, siempre que estén dispuestos a alinearse con los intereses estratégicos estadounidenses. 

“Esto es más pragmático en cuanto a buscar una coalición de voluntad, aun con actores que no necesariamente tienen récords perfectos en cuanto a sistemas de gobierno, corrupción u otras cosas” señaló el experto.

Centroamérica como núcleo operativo de la Estrategia

La Estrategia no aborda explícitamente la región centroamericana como un desafío de seguridad, pero ubica la migración irregular, el narcotráfico y el crimen transnacional como amenaza directa a la seguridad de Estados Unidos. Estos fenómenos criminales desbordan la agenda de desafíos de seguridad en Centroamérica.  

Al respecto, el documento apunta: “La era de la migración masiva debe terminar. La seguridad fronteriza es el elemento primario de la seguridad nacional. Debemos proteger a nuestro país de la invasión, no solo de la migración descontrolada, sino también de amenazas transfronterizas como el terrorismo, las drogas, el espionaje y la trata de personas”.  

Una concepción de esta naturaleza llevaría a transformar la relación de Estados Unidos con los países centroamericanos. Estos están llamados a ser socios funcionales en el control de la migración y de las actividades ilícitas del narcotráfico y el crimen organizado. 

Ellis señaló que este enfoque se traducirá en una mayor presencia militar y de seguridad estadounidense en la región. “Imagino un aumento en los despliegues militares en el hemisferio occidental, con un enfoque particular en resistir flujos migratorios y de narcóticos”, afirmó.  

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De hecho, la Estrategia plantea explícitamente: “(Debemos) reajustar nuestra presencia militar global para abordar amenazas urgentes en nuestro hemisferio”. Puntualiza que hay que fortalecer la presencia naval y de la Guardia Costera para controlar rutas marítimas críticas. 

El documento incluso abre la puerta al uso de la fuerza letal contra organizaciones criminales. Entre las medidas contempladas se incluye “el despliegue selectivo para asegurar la frontera y derrotar a los carteles, incluyendo cuando sea necesario el uso de fuerza letal”.  

Este lenguaje marca un quiebre con el enfoque tradicional centrado exclusivamente en la aplicación de la ley, que ha caracterizado a las administraciones del Partido Demócrata. 

Nicaragua: un anfitrión de actores extrarregionales.

Desde la óptica de la Estrategia, Nicaragua pudiera plantearse como un caso de atención. Aunque el documento no menciona a este régimen ni al de Venezuela ni al de Cuba, sí alude a países que “sirven como anfitriones” de actores extra regionales rivales.  

En este sentido, la Estrategia señala que Estados Unidos “negará competidores no hemisféricos la capacidad de posesionar fuerzas o capacidades amenazantes para controlar activos estratégicamente vitales”.   

Para Ellis, “Nicaragua ha servido como una base, un puerto de entrada para actores extra hemisféricos rivales a Estados Unidos, como Rusia, China y hasta cierto punto Irán”. Esta condición convertiría a los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo en un foco natural de presión dentro de la nueva estrategia.  

Esta establece que los términos de la cooperación, la asistencia y los acuerdos estarán condicionados a “reducir y desmantelar la influencia adversaria externa, desde el control de instalaciones militares y puertos hasta infraestructura clave”. 

Este planteamiento sugiere que Managua podría enfrentar más tensiones con Washington, especialmente si profundiza su alineamiento con Pekín y Moscú en sectores considerados como estratégicos.  

Luego quedaría por ver si el resto de los países centroamericanos tienen la capacidad de mantener un equilibrio pragmático entre Estados Unidos y China, con los ojos de la administración Trump vigilantes frente a la presencia china en la región.

Venezuela y Cuba en el nuevo tablero hemisférico

En la Estrategia, Venezuela y Cuba también estarían implícitamente asociaos a dinámicas que Washington considera desestabilizadoras. El caso venezolano está vinculado a los flujos migratorios masivos que el régimen de Nicolás Maduro ha alentado en los últimos años, así como al crimen trasnacional y a la presencia de actores rivales extrarregionales. 

Para el profesor Rouvinsky, “lo que va a pasar eventualmente con Venezuela va a ser una evidencia clarísima de lo que Estados Unidos puede y va a hacer (en el resto del hemisferio)”.  

Sin embargo, la Estrategia es “menos operativa y más de visión”, por lo que no conviene adelantar conclusiones inmediatas sobre acciones concretas. “No debemos tener afán para llegar a conclusiones sobre el futuro a largo plazo”, subrayó. 
 
Cuba, por su parte, enfrenta un escenario aún más condicionado. Según Rouvinsky, la Estrategia no contempla posibles cambios hacia Cuba.  

El experto señaló que el futuro del régimen cubano está muy ligado a la evolución de Venezuela y a la capacidad de Rusia para obtener apoyos materiales en un contexto geopolítico cada vez más restrictivo.  

Lo que está claro, subrayó el analista, es que “todo el hemisferio occidental aparece como una zona de influencia de los Estados Unidos porque muchos de los desafíos que se priorizan en la agenda interna -tráfico de drogas, de personas, migración- se vinculan directamente con América Latina”.