* Aldo Duppie Ochoa Mejía, alias “El Lobo”, es el jefe del Barrio 18 condenado a más de 1,600 años de prisión.
** El Ministerio de Gobernación lo señala como el responsable de los recientes atentados que dejaron diez policías muertos.
*** Está casado con María Marta Patricia Castañeda Torres, sobrina de la excandidata presidencial Sandra Torres.
Expediente Público
La historia criminal de Aldo Duppie Ochoa Mejía, alias “El Lobo”, inició en su adolescencia. Según registros judiciales, comenzó como ladrón de barrio en el sector conocido como El Limón, en la zona 18 de la Ciudad de Guatemala, marcada históricamente por la violencia. Luego, se dedicó a la extorsión y derivó en el sicariato.
Hoy, a sus 41 años, el Ministerio de Gobernación (Mingob) lo señala como el máximo líder del Barrio 18, la estructura criminal más grande y violenta del país que aglutina a unos 13,000 pandilleros. Lo acusa de ser el responsable los motines carcelarios y atentados contra policías, del 17 y 18 de enero pasados, que dejaron diez uniformados asesinados.
La Policía capturó a Ochoa Mejía en 2010, señalado como uno de los cerebros de los asesinatos a choferes de transporte público que se negaban a pagar extorsiones. Desde entonces, su nombre quedó grabado en la opinión pública como uno de los criminales más importantes del país.
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Actualmente, cumple una condena acumulada de 1,670 años de prisión, tras ser hallado culpable de delitos como asesinato, homicidio, secuestro, extorsión, amenazas y crimen organizado.
Las lucrativas extorsiones
Las investigaciones del Ministerio Público señalan que Ochoa Medina dirige un esquema de extorsión altamente lucrativo. Solo por el cobro ilegal a transportistas y comerciantes, su estructura podía generar hasta US$10 mil semanales, estima el Mingob.
Durante requisas realizadas en noviembre de 2025 en distintos centros carcelarios, las autoridades reportaron el hallazgo de hasta US$ 12 mil en efectivo dentro de su celda, dinero que, según los investigadores, provenía directamente de las extorsiones que continuaba coordinando aun estando privado de libertad.

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Para el analista en seguridad Luis Ramírez, este punto es clave para entender su influencia. “No estamos hablando de un pandillero común. El Lobo representa una figura de poder económico que le permitió comprar voluntades dentro y fuera de las cárceles durante años”, afirmó a Expediente Público.
El poder desde la prisión
Uno de los aspectos más alarmantes del perfil de Ochoa Mejía ha sido su capacidad de ejercer control desde el sistema penitenciario. Entre 2010 y 2018, cuando permaneció recluido en la cárcel de Pavón, en el departamento de Guatemala, gozó de privilegios extraordinarios como comunicación fluida con el exterior y control interno sobre otros reclusos, según han reconocido las propias autoridades.
Posteriormente, las autoridades lo trasladaron al centro de Fraijanes, con el objetivo de reducir su influencia. Ahí permaneció entre 2018 y 2025. Sin embargo, según fuentes del Sistema Penitenciario entrevistadas por Expediente Público, el traslado no logró desarticular su red criminal.
En agosto de 2025, el Gobierno lo reubicó al centro conocido como Renovación 1, una prisión de máxima seguridad, donde perdió sus privilegios. Esto desató enfrentamientos entre pandillas, que empezaron a disputarse el control de las cárceles.
Enero de 2026: ataques y presión al Estado
El punto de quiebre ocurrió el 17 y 18 de enero de ese año, cuando una serie de ataques armados contra agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), así como disturbios y tomas de prisiones, pusieron en jaque al sistema de seguridad nacional.
Según el Mingob, Ochoa Medina ordenó estas acciones como una medida de presión, exigiendo su traslado a otro centro penitenciario y la restitución de beneficios perdidos.
La analista en seguridad Claudia Méndez explica que este patrón no es nuevo. “Las pandillas utilizan la violencia contra el Estado como moneda de cambio. En este caso, los ataques a policías buscaban enviar un mensaje directo: aún desde prisión, él mantiene capacidad de fuego”, manifestó a Expediente Público.
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El vínculo político
Ochoa Medina mantiene vínculos con el entorno político. De acuerdo con el Registro Nacional de las Personas (Renap), Ochoa Mejía es esposo de María Marta Patricia Castañeda Torres, sobrina de la excandidata presidencial Sandra Torres, quien participó en las elecciones de 2019 y 2023 por el partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), el segundo más grande a nivel nacional.
Castañeda Torres ha sido identificada por el Ministerio Público como pieza activa en campañas políticas de su tía.
Castañeda Torres, de 47 años, fue capturada el 27 de agosto de 2025 por presunto asesinato, asesinato en grado de tentativa y asociación ilícita contra comerciantes.
Para entonces, su expediente judicial ya era voluminoso. En 2016, el Ministerio Público la vinculó a varios procesos por los delitos de estafa, asesinato y asociación ilícita, así como al atentando, en dos ocasiones, contra la fiscal Miriam Reguero, quien llevaba su caso.
Para el sociólogo Edgar Gutiérrez, las posibles relaciones políticas de Ochoa Medina deben analizarse con cautela. “No se trata de afirmar culpabilidades políticas, sino de entender cómo el crimen organizado busca acercarse a espacios de poder para garantizar sobrevivencia e impunidad”, afirmó a Expediente Público.
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Perfil criminal: un liderazgo violento
Los expertos coinciden en que Ocho Medina no solo destaca por la violencia, sino por su capacidad de liderazgo dentro del Barrio 18. Las autoridades lo identifican como el cerebro operativo de asesinatos selectivos y ataques coordinados, especialmente contra el sector del transporte público.
Según informes policiales, su estilo de mando se basa, por un lado, en el terror mediante castigos ejemplares y, por otro, en la entrega de dádivas económicas.
El exfiscal Juan Carlos Morales lo describe como un estratega. “Es un criminal con visión estratégica. Sabe cuándo golpear, a quién y con qué objetivo político-criminal”, afirmó a Expediente Público.