Juan Orlando Hernández, el “jarrón chino” de Nasry Asfura  

Juan Orlando Hernández, el “jarrón chino” de Nasry Asfura  

* «Un expresidente es como un jarrón chino: nadie sabe dónde ponerlo, pero nadie se atreve a tirarlo», decía un político español. Asfura enfrenta este dilema. 

** El actual presidente de Honduras muestra ambivalencias ante su antecesor. Relegó a figuras cercanas a Hernández y mantiene a otras.

*** La credibilidad del nuevo gobierno dependerá, en buena medida, de su lucha contra la corrupción y el narcotráfico. 


Ariel Torres Funes

Especial para Expediente Público 

Durante buena parte del presente siglo, el expresidente Juan Orlando Hernández ha sido la figura dominante del Partido Nacional. Primero desde el Congreso y luego desde la Presidencia, concentró el poder y moldeó a la organización a su imagen. Hoy, con el retorno del nacionalismo al gobierno y tras el indulto otorgado por Donald Trump, su sombra vuelve a proyectarse sobre la política hondureña.  

Ese legado coloca al nuevo mandatario, Nasry Asfura, ante una encrucijada decisiva: cómo administrar la herencia política de Hernández sin comprometer su propio gobierno, tanto en el Partido Nacional como en el Ejecutivo.  

Hernández no solo gobernó el país mediante los altos cargos que ocupó entre 2010 y 2022, sino que reconfiguró el partido bajo un liderazgo centralizado y disciplinado. Su peso simbólico y su influencia dentro del nacionalismo siguen siendo innegables. 

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Para la socióloga Julieta Castellanos, exrectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Hernández conserva un respaldo significativo dentro del Partido Nacional. Sin embargo, ese apoyo convive con un rechazo profundo en amplios sectores de la sociedad, afirmó a Expediente Público

La relación entre Asfura y Hernández, advierten analistas consultados, trasciende los equilibrios internos del partido. De cómo el nuevo mandatario gestione ese vínculo dependerá, en buena medida, la percepción pública sobre si su gobierno representa una ruptura real con el pasado reciente o una continuidad que ponga en duda su compromiso con la lucha contra el narcotráfico y la corrupción.  

El respaldo nacionalista a Hernández 

Desde su extradición en 2022, su posterior condena por narcotráfico en Estados Unidos y hasta el indulto otorgado por Donald Trump un día antes de las pasadas elecciones generales, el Partido Nacional ha mantenido su respaldo a Hernández.  

Este apoyo no ha sido uniforme. A lo largo de este periodo han coexistido corrientes abiertas y públicas de respaldo como la del Comité Central del Partido Nacional, junto a otras más discretas, pero no menos influyentes por parte de algunos de sus voceros.  

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Juan Orlando Hernández, el “jarrón chino” de Nasry Asfura  

Las diferencias se expresan en el discurso. Mientras el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, es una de las voces más visibles en defensa del expresidente, Nasry Asfura evita pronunciamientos directos sobre el tema.   

Pese a esas variaciones, el respaldo nacionalista sigue siendo significativo. «La gente del Partido Nacional, en su mayoría, admira al expresidente», señaló a Expediente Público el analista político Miguel Cálix.   

Ese apoyo no se limita a declaraciones. Se reflejó con claridad en las elecciones primarias del 9 de marzo, cuando Ana García Carías, esposa de Hernández, fue la segunda precandidata presidencial más votada del partido, con 175,900 votos, un resultado que evidenció la vigencia del capital político del exmandatario. 

La influencia territorial de Hernández 

En el movimiento Avanza por la Justicia y la Unidad (AVANZA), liderado por Ana García, confluyeron los dirigentes nacionalistas más leales a Hernández que, pese a su extradición y condena, impulsaron sus propias candidaturas bajo su sombra política.  

Entre ellas destacó la de Teonela Paisano Wood, actual alcaldesa de Brus Laguna. Ella pertenece a una familia con amplio poder en el departamento de Gracias a Dios, señalada por presuntos vínculos con el narcotráfico a través del expresidente Hernández y su hermano Antonio «Tony» Hernández, según investigaciones de Insight Crime.  

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Tras un recuento especial, el Tribunal de Justicia Electoral (TJE) declaró ganadora a Paisano Wood, revirtiendo la declaratoria previa del Consejo Nacional Electoral (CNE). Además de su caso, otros 14 aspirantes del movimiento AVANZA ganaron alcaldías, mientras que 125 candidatos obtuvieron cargos como regidores.  

Aunque AVANZA no se consolidó como una fuerza dominante a nivel nacional, sus resultados confirman que Hernández conserva una considerable capacidad de movilización territorial dentro de un partido que prioriza su poder local, especialmente en zonas rurales. 

Esa presencia se reflejó también en la esfera interna del partido. Tras las elecciones generales, Asfura reveló en una entrevista televisiva que mantuvo comunicación con la exprimera dama, Ana García, quien le transmitió que su esposo reconocía su labor dentro del Partido Nacional. Más que un gesto simbólico, esta declaración confirmó que Hernández sigue influyendo en la vida partidaria.  

La cautela de Asfura frente a Hernández 

Aunque el expresidente aún no cuenta con autorización legal para salir de Estados Unidos, en Honduras persiste la pregunta de cómo convivirá Nasry Asfura con la figura y el legado de su antecesor, en libertad desde el pasado primero de diciembre, tras el indulto de Trump. 

Hasta ahora, el presidente entrante ha optado por una estrategia de cautela. Evita respaldos explícitos y guarda silencio sobre los gobiernos de Hernández. Esta postura le permite contener tensiones internas y preservar equilibrios dentro del partido, aunque también puede interpretarse como una señal de continuidad con ese pasado controvertido.     

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Según Cálix, a pesar de su cautela, el actual presidente ha marcado distancia con Hernández «por razones obvias», aunque reconoce que la figura del expresidente sigue siendo muy respetada dentro del partido, sobre todo porque muchos nacionalistas interpretan el indulto como un acto de justicia. 

El reordenamiento del liderazgo nacionalista 

Para Cálix, desde la extradición de Hernández, Asfura se habría consolidado como el principal líder del partido. El analista sostiene que el avance de cuadros afines al presidente por encima de los vinculados a Hernández en las elecciones primarias refleja un cambio en el equilibrio del poder del partido.  

Como ejemplo de ese liderazgo, Cálix recuerda que Asfura apartó de su entorno político a David Chávez, expresidente del Comité Central del partido y cercano a los cuadros de Hernández, quien anunció su distanciamiento del mandatario en 2024, acusándolo de marginar a la base tradicional del nacionalismo.  

La diputada nacionalista Johana Bermúdez coincide con esa lectura y describe el momento actual como una renovación de liderazgos. «Es el tiempo de Nasry; Hernández está más enfocado en cómo asegurar su libertad total», afirmó a Expediente Público

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Tras relegar a Chávez, Nasry Asfura fue electo presidente del Comité Central del Partido Nacional en 2025. Como vicepresidentes lo acompañan María Antonieta Mejía (su actual designada presidencial), Juan Diego Zelaya (alcalde del Distrito Central) y Leda Pagan (diputada); como secretario general, Tomás Zambrano (titular del Congreso).  

A juicio del analista político Óscar Estrada, el Partido Nacional no tiene un líder único, aunque es Asfura quien principalmente asumió el vacío de liderazgo que dejó Hernández. «Él fue el líder que quedó de pie, un poco porque su gestión en la alcaldía lo blindó de la administración del expresidente», afirmó a Expediente Público.  

Estrada sostiene que Asfura comparte el liderazgo con los exmandatarios Juan Orlando Hernández y Porfirio Lobo Sosa, además de Tomás Zambrano y Juan Diego Zelaya. «Lo que sucede es que el nacionalismo es tan vertical que quien asume la presidencia del partido asume el liderazgo de la organización, siempre y cuando distribuya los recursos», añadió Estrada. 

Una distancia calculada 

A diferencia de su ruptura con Chávez, Asfura mantiene una distancia controlada y ambigua frente a Hernández. En sus escuetos discursos no reivindica su legado, pero tampoco cuestiona sus administraciones.  

En la práctica, su estrategia combina gestos de ruptura y continuidad. Dejó fuera del gabinete a los rostros más visibles de los gobiernos de Hernández, pero integró a figuras cercanas del expresidente en planillas de diputados y alcaldes de su propia corriente ¡Papi a la Orden!  

Una reciente investigación de Expediente Público reveló que, de los 49 diputados nacionalistas, 20 están vinculados directa o indirectamente a señalamientos por corrupción o narcotráfico. La gran mayoría de los casos se originaron durante los gobiernos de Hernández, aunque todos fueron candidatos de la corriente de Asfura.  

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Este entramado explica la complejidad del vínculo. Romper con el pasado implicaría afectar no solo a cuadros cercanos de Hernández, sino también a figuras que hoy forman parte del bloque de respaldo del actual mandatario.  

La socióloga Castellanos coincide en que el combate a la corrupción y el narcotráfico será el terreno más sensible para el gobierno, ya que implicaría revisar responsabilidades dentro del Partido Nacional, incluyendo a Hernández. A ello se suma que el propio presidente Asfura enfrenta procesos abiertos por presunta malversación de fondos públicos. 

Sobre la posible incidencia de Hernández en la toma de decisiones, la directora del Observatorio Nacional de la Violencia (ONV), Migdonia Ayestas, advierte que Asfura necesita trazar una línea más clara si no quiere comprometer la credibilidad de su gobierno.  

Ayestas señaló a Expediente Público que, aunque Hernández conserva una base significativa de apoyo dentro del partido, al mismo tiempo arrastra escándalos que la administración entrante difícilmente puede ignorar.  

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«Si bien el perdón presidencial otorgado por Donald Trump le devolvió la libertad a Hernández, no borró las condenas ni disipó las dudas sobre su responsabilidad», subrayó.  

Tres escenarios para el nuevo gobierno 

Los analistas consultados establecen tres escenarios en la relación entre Asfura y Hernández. El primero es una continuidad encubierta que evite hablar de Hernández y tampoco ofrezca señales firmes en el combate contra la corrupción y el narcotráfico, ni una ruptura con el pasado de su partido.  

El segundo es una ruptura parcial que marque distancia en el discurso y relegue a las figuras más visibles del círculo del expresidente, pero sin cambios de fondo.  

Y el tercero, una ruptura abierta capaz de desligarse abiertamente del pasado y asumir sus costos políticos internos. 

Por ahora, todo indica que el nuevo gobierno se inclina por la segunda vía. Las señales que emita en los próximos meses serán determinantes para confirmar o despejar las dudas que rodean su relación con Hernández.  

El exmandatario español Felipe González afirmó hace unos años que «un expresidente es como un jarrón chino: nadie sabe dónde ponerlo, pero nadie se atreve a tirarlo». En la Honduras de hoy, Nasry Asfura parece enfrentarse a un dilema similar.