* El economista e investigador Rafael Marrero advierte que China ha aprovechado el vacío dejado por EE. UU. para afianzar su presencia en América Latina.
* La potencia asiática ha construido una “ocupación silente” mediante financiamiento, tratados e infraestructura crítica operada por sus empresas.
* Telecomunicaciones, puertos, litio, fibra submarina, inteligencia artificial y centros de datos son la gran apuesta de China para el comercio mundial.
Tomás Guevara y Natalia López / Expediente Público / Washington
China ha sobrepasado su apuesta en América Latina, basada en el comercio y el financiamiento de obras públicas. Hoy goza de una posición privilegiada como gran acreedor de créditos a largo plazo, ligados a la creación de infraestructura, al control de las telecomunicaciones y al acceso a recursos naturales estratégicos.
Así resume el economista, investigador y ensayista Rafael Marrero la incursión de China en América Latina. Él observa amenazas y retos ante la paulatina pérdida de influencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, cuya ausencia ha facilitado que Pekín se posicione a un mayor nivel y con escasa resistencia.
Marrero conversó con Expediente Público durante la undécima Conferencia Anual de Seguridad Hemisférica realizada en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
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Una dependencia pandémica
Para Marrero, el paso del tiempo demuestra el nivel de dependencia de los latinoamericanos al poder chino.
“Literalmente, el nivel de dependencia que tenemos como hemisferio occidental hacia China es casi tóxico. Se hizo evidente durante la pandemia del 2020 porque recurrimos al mismo país de donde surgió un virus, de sus laboratorios, para precisamente paliar esa pandemia global”, apunta.
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Ejemplos como ese parecen una contradicción, opina este investigador, pero, desde su perspectiva, los hechos evidencian que “realmente dependemos de ellos para todo”.
La observación de Marrero tiene asidero si se considera que al menos 15 países latinoamericanos inmunizaron a su población contra el COVID-19 con vacunas desarrolladas por laboratorios chinos, principalmente Sinovac, Sinopharm y CanSino, mediante compras de emergencia que, en algunos casos, incrementaron la deuda bilateral.
El gobierno chino abrió, además, una cartera a finales de 2020 de US$1000 millones en financiamiento para que los países latinoamericanos compraran sus vacunas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China reveló en aquel momento la lista inicial de países que adquirían esa deuda: Argentina, Barbados, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago y Uruguay.
Sin embargo, Marrero cree que los avances de China no serían posibles sin que Estados Unidos hubiera descuidado tanto la región, mientras enfocaba su política exterior en otras prioridades globales.

“Ese vacío lo han sabido aprovechar los comunistas chinos para levantar su agenda y ofertar financiación para construir la infraestructura que ellos mismos proveen, y la mano de obra”, señala.
Financiamiento chino de alto riesgo
Este investigador y ensayista considera que China ha seguido una estrategia de “ocupación silente”. Sin uso de la fuerza militar ni de la intervención directa, sino a través de convenios, créditos, obras y compromisos financieros que después resultan difíciles de revertir.
Los países latinoamericanos “se han ido acercando más a China como aliado; este les oferta una opción diplomática no militar de financiación, de reconstrucción, y, cuando vienen a ver, están endeudados hasta el final y pierden la soberanía de su propio país porque quien opera los puertos tiene acceso al comercio, pero también a las fuerzas armadas”, sostiene.
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Según Marrero, los gobiernos latinoamericanos han aceptado ese financiamiento para infraestructura sin medir el costo político y estratégico a largo plazo.

Este especialista considera que China no sólo presta dinero, sino que también provee de empresas, tecnología, personal y operación diaria. Para él, esta combinación abre las puertas a Pekín para instalarse en áreas sensibles de los países receptores.
China domina grandes puertos
Una investigación realizada en 2025 por un equipo del Centro Internacional de Estudios Estratégicos (CSIS) determinó que grandes consorcios chinos se convirtieron en pocos años en los principales inversores o administradores de 37 granes puertos de Latinoamérica en ambos lados, Atlántico y Pacífico.
Operadores portuarios como Cosco Shipping Company, China Merchants Port Holdings y Hutchinson Port Holdings, con amplia presencia en América Latina, son empresas con vínculos directos con el aparato estatal chino y, por ende, están ligadas al andamiaje de la diplomacia del país asiático bajo el control del Partido Comunista Chino (PCC).
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Para Marrero, China ha logrado esa “ocupación silente” de todo el hemisferio mediante tratados y una estrategia que él llama “la política de la trampa de la deuda”.
Influencers pro-China a sueldo
Por otro lado, el aparato chino echa mano de cuanto tiene a su alcance para garantizar el reconocimiento social. Aquí entra en juego la propaganda, la diplomacia pública, las redes sociales y hasta los influencers a sueldo que reciben beneficios monetarios por hacer menciones positivas sobre China.
“Les pagan por ese tipo de campañas. O sea que es una combinación de propaganda, de acción sicológica, de levantar el perfil positivo de China, a la vez que hablan negativamente sobre Estados Unidos y sus aliados”, afirma Marrero.
La soberanía: el gran riesgo
El investigador considera que, cuando las cosas van bien, los países no sienten el peso del compromiso asumido con China, pero una vez que los caminos se tuercen y se dan problemas para cumplir con la deuda aparecen los problemas.
Bajo este escenario, advierte Marrero, la infraestructura financiada de un país puede terminar bajo control operativo de empresas chinas. Ahí el problema deja de ser financiero y pasa a ocupar aspectos de la soberanía, pues entra en juego el control de puntos estratégicos como puertos, conectividad, defensa y bases de datos, entre otros.
Ecuador es uno de los países latinoamericanos que puede testificar sobre el costo de topar el límite de deuda con la banca china. El régimen comunista le abrió el chorro de efectivo desde el 2009, durante el Gobierno de Rafael Correa.
A la fecha, el país andino sigue atado a China con una deuda que sumó desembolsos por unos US$22,000 millones de dólares entre 2010 a 2019, otorgados por los bancos estatales chinos Eximbank y el Banco de Desarrollo de China. En su momento más álgido, en 2016, el saldo mayor de deuda alcanzó los US$8143 millones de dólares.
Con base a datos oficiales publicados por el portal Lexis, la deuda de Ecuador con China hasta el segundo semestre de 2025 rondaba los US$2215 millones de dólares.
El Gobierno de Ecuador ha considerado que este 2026 obtendrá más crédito de la banca china por un valor de US$764 millones, divididos en US$420 millones de EximBank y US$344,05 millones del Banco de Desarrollo de China, según informó en su momento el Gobierno de Daniel Noboa.
Minerales críticos y la nueva geopolítica regional
Marrero enumera los sectores estratégicos que están bajo presión por China. La energía, según él, es crucial, seguida de las telecomunicaciones, la logística portuaria, los minerales críticos y los centros de datos, sumados a la fibra submarina y todo lo que devenga de la inteligencia artificial.

Con el continente como uno de los centros de abasto más importantes del mundo para extracción de minerales y tierras raras, la región tiene un potencial que le permitiría redefinirse geopolíticamente.
“Los chinos lo saben y por eso es que han estado hábilmente haciendo un trabajo de cabildeo para la fibra ultramarina, para conectarse a Chile y de Chile entonces entrar a los centros de cómputo y de datos de Argentina”, explica.
Este investigador llama a tener una perspectiva integral y regional para la seguridad industrial, pero también en lo político y militar.
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La postura reactiva de Estados Unidos
Del otro lado, Marrero reprocha que Estados Unidos adopte “una postura reactiva todo el tiempo”.
“Tenemos que desarrollar una estrategia coherente, todas las industrias que formen parte de lo que llamamos misión crítica para la operación de la república deben ser vigiladas de forma proactiva por el gobierno y por nuestros aliados”, opina.
Enfatiza que la competencia con China ya no se libra solo en los mercados, sino que ha trascendido a aspectos clave de control de infraestructuras que permiten mover datos, operar bancos, coordinar puertos, conectar gobiernos y sostener la inteligencia artificial.
Si EE. UU. quiere mantener su estatus de primera potencia, no le queda más que pelear cada palmo en la competencia global y trabajar arduo para recobrar la confianza de sus socios latinoamericanos que se alejan, añade.
“Insisto que, para mantener la supremacía y para seguir siendo la primera potencia mundial, Estados Unidos tiene que mantener supremacía en inteligencia artificial”, remarca.
Un libro para América Latina
Marrero presentó en la undécima Conferencia Anual de Seguridad Hemisférica de la FIU su más reciente trabajo investigativo, su libro “Socialimperialismo chino: La creciente influencia del Partido Comunista Chino en América Latina”, publicado el mes pasado, donde analiza todos los ángulos de la penetración de china.
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Esta es su cuarta obra sobre China, en un lenguaje de fácil comprensión para que cualquier lector latinoamericano que tenga interés sobre estas temáticas lo pueda entender en términos sencillos.
“Escribo en arroz con frijoles, como dicen, para que la persona de a pie lo pueda entender. Y esto es un tema que atañe sobre todo a las personas de a pie porque nos afecta en todo, desde lo que consumimos hasta el acceso que tenemos a Internet”, apunta.
El ensayista insiste en que no se trata solo de diplomacia o seguridad nacional, sino de qué se consume, de cómo se accede a Internet, de quién controla los datos, de qué infraestructura sostiene la economía y de qué soberanía conservan los gobiernos para tomar decisiones.
“Este libro es precisamente para el latinoamericano. Fue escrito con Latinoamérica en mente”, puntualizó.
A pesar de presentar un panorama gris, Marrero cierra la entrevista confiado en que Latinoamérica aún está a tiempo de revisar su relación con China. Advierte que eso conlleva mirar las letras pequeñas de los contratos y acuerdos con la potencia asiática.