* Los préstamos chinos a países emergentes y en vías de desarrollo se mantiene bajo opacidad y renegociaciones secretas.
* Sin transparencia, la deuda china dejó de ser una herramienta de desarrollo y se transformó en un instrumento de poder, sostienen analistas.
* China abandonó la estrategia de dar megapréstamos y adoptó instrumentos más fragmentados y difíciles de rastrear, alerta la analista Margaret Myers.
Expediente Público
¿Cuánto deben América Latina y África a China? Difícil saberlo, pero se calcula que Pekín ha prestado entre US$ 120,000 millones y US$ 136,000 millones a los latinoamericanos desde 2005, mientras que los africanos tendrían una deuda acumulada de US$ 180,000 millones, según el Instituto de Finanzas Internacionales y el Centro de Políticas de Desarrollo Global.
Expertos reunidos en el Africa–Americas Forum on China, en Washington D.C., advirtieron este 9 de febrero que el modelo chino de financiamiento externo se ha sostenido sobre contratos confidenciales, negociaciones bilaterales cerradas y una arquitectura financiera que limita la rendición de cuentas.
Decenas de países de África y América Latina han entrado en la fase más costosa de pago de sus préstamos con China. Ahora, la pregunta ya no es solo cuánto deben, sino qué saben realmente sobre estas deudas.
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La factura china se cobra desde 2025
Durante más de una década, China se consolidó como uno de los principales acreedores del mundo en desarrollo. Los sectores de infraestructura, energía, transporte y minería crecieron al ritmo del crédito chino, tanto en África como en América Latina. Hoy, ese ciclo entra en su fase más delicada: el llamado “pico de reembolso”.
Y el problema no es solo el volumen de pagos. A diferencia de los organismos multilaterales tradicionales, una parte sustancial de los préstamos chinos está protegida por cláusulas de confidencialidad, acuerdos bilaterales no publicados y condiciones que escapan al escrutinio público.

Cuando llega el momento de pagar o renegociar, muchos Estados descubren que no solo enfrentan una factura elevada, sino también contratos que nunca fueron debatidos públicamente y que ahora muestran sus desventajas.
Negociar a puerta cerrada
Bob Wekesa, director delAfrican Center for the Study of the United States, describió el enfoque chino como una estrategia que conecta África y América Latina bajo un mismo patrón: “China ha experimentado con modelos de compromiso en África y luego los ha adaptado y adoptado en las Américas”, señaló, al recordar que el Foro China-África (FOCAC) se creó en 2000 y el Foro China-CELAC llegó más de una década después.
Para Wekesa, estos espacios multilaterales cumplen una función política y simbólica, pero el verdadero poder se ejerce en la negociación bilateral. “Cuando se trata de cerrar un acuerdo, estos se estructuran gobierno a gobierno”, afirmó, subrayando que ese diseño reduce la transparencia y favorece a acuerdos cerrados.
El académico también apuntó a un elemento político central del modelo chino: la no interferencia. Esa doctrina, explicó, ha permitido a Pekín mantener relaciones fluidas con gobiernos señalados por prácticas autoritarias, sin exigir estándares de gobernanza ni transparencia.
Venezuela: la deuda que nadie puede auditar
El panel abordó el caso de Venezuela, uno de los países que más se endeudó con Pekín durante el auge del financiamiento chino en la región.
Para Parsifal D’Sola, especialista en la relación China-Venezuela, ese caso muestra con claridad lo que ocurre cuando los préstamos se negocian sin transparencia y quedan protegidos por acuerdos bilaterales cerrados.
“Venezuela sigue siendo, hasta hoy, la mayor cartera de préstamos que China ha tenido a nivel mundial”, afirmó.
El régimen de Caracas es el principal deudor global de China con US$ 59,200 millones.
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D’Sola recordó que, hace poco más de una década, Venezuela contaba con una posición geopolítica favorable y un activo estratégico central: la estatal petrolera PDVSA. En este contexto, el modelo de financiamiento terminó construyéndose sobre contratos confidenciales y mecanismos de pago que hoy siguen sin ser completamente verificables.
“El dinero es una caja negra. Hoy nadie sabe realmente cuánto debe aún Venezuela a China”, sostuvo. Y añadió un dato que, por sí solo, revela el peso de esa relación financiera: “Lo único que sí sabemos es que nunca dejó de pagar. Sigue pagando”.
Para D’Sola, Venezuela es un caso emblemático porque muestra que la opacidad contractual no es un problema menor ni un asunto técnico: es una condición que impide el control democrático sobre decisiones económicas estratégicas y, en la práctica, prolonga la dependencia financiera.
Marruecos: el ejemplo que china no puede controlar
El politólogo Ricardo Laremont ofreció un contrapunto al caso venezolano al analizar la experiencia de Marruecos. Explicó que el país norteafricano desarrolló una estrategia deliberada para limitar los riesgos del endeudamiento. “Marruecos es un caso atípico, extremadamente consciente del costo de la deuda”, señaló.
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A diferencia de otros países, Marruecos diversificó sus acreedores, mantuvo a China como un socio relevante pero no dominante y protegió activos estratégicos clave. “Han mantenido su soberanía sobre el puerto de Tánger”, destacó Laremont, profesor en Binghamton University y afiliado a Howard University.
Resaltó que la diferencia no está en la ausencia de préstamos chinos, sino en la capacidad del Estado para negociar, imponer límites y evitar que la deuda se convierta en una cesión silenciosa de soberanía.
Menos megapréstamos, más deuda invisible
Margaret Myers, consultora senior de Diálogo Interamericano, explicó que el modelo de grandes préstamos soberanos que marcó la relación con China entre 2010 y 2015 está prácticamente agotado.
“Ese modelo de grandes préstamos soberanos está prácticamente terminado, incluso para China”, afirmó.
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Sin embargo, advirtió que esto no implica mayor claridad. Al contrario, China ahora utiliza instrumentos más fragmentados: financiamiento directo a empresas, créditos comerciales, asociaciones público-privadas y líneas específicas para proyectos pequeños.
“La historia actual son préstamos más pequeños para proyectos específicos, mucho más difíciles de rastrear”, alertó Myers. En este nuevo escenario, la influencia financiera china se vuelve menos visible, pero no menos significativa.
El cóctel que atrapa a los países pobres
Desde la perspectiva africana, Trevor Lule, economista de Development Reimagined, puso el foco en la combinación entre déficits comerciales persistentes y endeudamiento.
“El problema es que muchos países importan mucho más de lo que exportan a China, y eso genera déficits que se combinan con deuda”, explicó.
Lule subrayó que la narrativa de la “trampa de la deuda” simplifica el fenómeno, pero no elimina el riesgo estructural, pues, cuando la deuda no se traduce en capacidad productiva, se vuelve insostenible. Esa advertencia, señalaron varios panelistas, es igualmente válida para América Latina.
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La opacidad es el mecanismo
El Africa-Americas Forum on China dejó un mensaje: la deuda con China no es solo una cuestión de cifras, sino de reglas. Y la regla central del modelo chino es la opacidad.
Venezuela muestra hasta dónde puede llegar esa lógica cuando el crédito se convierte en una caja negra. Marruecos demuestra que es posible negociar con China sin ceder activos estratégicos, pero solo con instituciones sólidas y diversificación real. Y el nuevo modelo descrito por Margaret Myers confirma que el financiamiento chino no es más transparente: es más difícil de ver.
Para América Latina y África, el desafío no es solo cuánto se pide prestado, sino bajo qué condiciones y con qué controles. Sin transparencia, la deuda deja de ser una herramienta de desarrollo y se transforma en un instrumento de poder.