¿Cómo mira la doctrina Donroe a Centroamérica?

¿Cómo mira la doctrina Donroe a Centroamérica?

* La doctrina de seguridad, defensa y política exterior de EE. UU. ve a Centroamérica como un corredor migratorio y de narcotráfico.

** La intervención contra el régimen chavista hace pensar en el foco a las otras dictaduras, en Cuba y Nicaragua, aunque no representan el mismo valor para Trump.

** Washington quiere despejar la región de la influencia china y rusa.


Expediente Público

Aunque Centroamérica y el Caribe no tienen un gran valor agregado para Estados Unidos como sí lo tiene Venezuela, por su petróleo, están dentro del “espacio exclusivo de influencia” definido por la doctrina Donroe. En esto coinciden expertos consultados por Expediente Público.

El segundo capítulo del Plan Estratégico del Departamento de Estado 2026-2030 aborda la doctrina Donroe y el hemisferio occidental. Habla claramente de neutralizar la influencia de los rivales de Estados Unidos en el continente.

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Lourdes Balconi, politóloga guatemalteca, recordó a Expediente Público que Centroamérica es muy dependiente de Washington y está en el área de influencia definida por el gobierno de Donald Trump, desde el 20 de enero de 2025.

La doctrina Donroe

Raúl Benítez, profesor de geopolítica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sostiene que la doctrina Donroe parece ser una de las partes perfectamente ajustadas a las acciones de Estados Unidos, no sólo en política exterior, sino dentro de sus plantes multidimensionales en los que participan el Pentágono, el Departamento de Guerra o Defensa y el Departamento de Estado.

Para Benítez, el secretario Rubio parte de la tesis de que los presidentes Barack Obama y Joe Biden habían abandonado completamente América Latina, y que Venezuela estaba muy cómoda haciendo todo lo que quería: elecciones fraudulentas, vínculos con Irán, con Cuba, entre otros países.

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Entonces, ahora van a recuperar la iniciativa en América Latina, porque, además, el primer año del gobierno de Trump prácticamente también estuvo abandonada.

La mirada en Centroamérica

En esta coyuntura, el asociado senior no residente del Centro de Estudios Estratégicos en Internacionales (CSIS), Evan Ellis, explicó a Expediente Público que el valor del istmo centroamericano es estratégico, no de recursos.

“Los países más próximos que más impactan a los Estados Unidos por flujos migratorios, tráfico de drogas, o por oportunidades de negocios, están recibiendo atención”, afirmó. Esto está remarcado desde la primera gira internacional de un secretario de Estado a países de América Latina.

En febrero de 2025, Rubio visitó Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y República Dominicana y, en septiembre, viajó a México.

Como muestra de este interés implícito en la región, Ellis cita las críticas de Washington a la dictadura en Nicaragua, el apoyo de Trump a favor de Nasry Asfura en Honduras y la reapertura de la base militar estadounidense de Fort Sherman en Panamá.

La administración Trump también protestó por la participación china en dos puertos del Canal de Panamá. Envió migrantes y narcotraficantes del Tren de Aragua a las cárceles de El Salvador. Y liberó al expresidente hondureño sentenciado por narcotráfico Juan Orlando Hernández, del mismo partido de Asfura.

Para Ellis, quizá la atención a Venezuela ha distraído de muchas otros países o regiones, pero América Central está en el radar de Estados Unidos.

Ellis destaca que, pese a no haber menciones específicas sobre Centroamérica en los documentos de política exterior, seguridad o defensa, la región es demasiado próxima a Estados Unidos como para ser ignorada.

“Indirectamente, América Central recibe atención. Quizás, como últimamente América Central no ha sido un problema estratégico, esto ha disminuido las menciones en los documentos; de hecho, los documentos tampoco mencionan países específicos en otras partes del mundo”, afirmó Ellis.

Balconi señaló que Guatemala, El Salvador y Honduras “son países que siempre han dependido bastante de Estados Unidos, comercial y políticamente (…) Creo que el alineamiento está dado. Veo muy pocas posibilidades de que estos tres países, por ejemplo, tengan algún grado de autosuficiencia”, precisó la académica.

El futuro de Nicaragua

Para Balconi, el caso de Nicaragua es especial. Afirmó que, si la dictadura de Daniel Ortega se alinea a los intereses de Washington, probablemente la situación del país no tendrá ningún cambio sustancial.

Agregó que Nicaragua, así como Cuba, carece de recursos estratégicos, como petróleo o minas, para llamar la atención de Estados Unidos. Sin embargo, según la analista, Washington sí puede tener cierto interés más allá de las narrativas democráticas, por ejemplo, factores económicos y de seguridad.

En esto coincide Iván Briscoe, director sénior de Política del centro de pensamiento International Crisis Group (ICG). Sostiene que Nicaragua tiene un régimen altamente represivo, pero carece de recursos clave y, además, mantiene un perfil bajo frente a Trump. Por ello, cualquier intervención tendría un costo alto y un beneficio limitado, afirmó el especialista.

Las otras dictaduras

A juicio de Benítez, pese al interés particular del secretario de Estado Marco Rubio, como hijo de exiliados cubanos, La Habana tampoco es considerada enemigo porque no es una amenaza: es un país muy frágil, su economía está derrumbada y ya no tiene influencia. Tenía injerencia en Venezuela, pero Estados Unidos ya la suprimió.

El académico recordó que Trump dijo alguna vez que Cuba “se va a caer solita” si se le corta el petróleo, y que se esforzará por cortar el abastecimiento de ese recurso a la isla.

Para él, Estados Unidos ya tiene resuelta la situación de Venezuela con la operación militar que sustrajo al dictador Maduro y su esposa Cilia Flores. “El único enemigo era el gobierno de Maduro, y ya lo tienen controlado”, reiteró.

En Venezuela, Estados Unidos ejerce control indirecto a través del petróleo y la amenaza militar.  En Cuba, la estrategia apunta al desgaste económico. En contraste, en Nicaragua, no existe una teoría de cambio clara ni incentivos suficientes para justificar una intervención, agregó Briscoe.

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Seguridad Nacional como prioridad

Existen muchas líneas compartidas entre la política exterior y la seguridad, sostiene Benítez, sobre todo con respecto al abandono de Trump al multilateralismo, a las leyes internacionales y a la cooperación internacional.

Briscoe explicó a Expediente Público que la política de Joe Biden, basada en el multilateralismo y los derechos humanos, mostró una incapacidad real para imponer sus principios.

“La diagnosis de Trump sobre la crisis del sistema no es totalmente errónea. Donde se puede discrepar es en la respuesta: un ultranacionalismo basado casi exclusivamente en el poder duro”, criticó.

Una muestra de esto es la operación en Venezuela, que se dio dentro de una retórica con amenazas hacia Colombia, México, Cuba y, en este momento, hacia Groenlandia.

El ‘imperialismo limitado’

Según Briscoe, Estados Unidos ya no proyecta el “sueño americano” ni se presenta como un modelo atractivo. La narrativa es puramente instrumental: intereses nacionales, control y coerción. Este enfoque no puede sostener un orden internacional estable, afirmó el analista.

“Si todos los países adoptan esa lógica, será imposible abordar problemas globales compartidos como el cambio climático o el comercio internacional”, resumió.

Agregó que esta postura se traduce en una forma de “imperialismo limitado”, pues Estados Unidos no tiene la capacidad de proyectar este modelo fuera de la región.

“Muestra una clara voluntad de ejercer presión en América Latina, aprovechando las debilidades económicas, políticas y las divisiones internas de los países latinoamericanos”, añadió.

China, el dilema de la región

Briscoe señaló que América Latina está en una posición débil y asimétrica frente a Estados Unidos. Trump busca concesiones en seguridad, migración y política interna, incluso influyendo en elecciones. Sin embargo, eso no implica que los países vayan a romper con China.

De todos modos, el tabú para Estados Unidos es cualquier presencia militar china o rusa en el hemisferio, por lo que no prohíbe relaciones económicas.

Los países latinoamericanos necesitan el comercio, las inversiones y el financiamiento chino. Incluso gobiernos alineados con Trump, como Argentina o El Salvador, mantienen vínculos importantes con China, recordó Briscoe.

Para este analista, la estrategia regional será mantener a China en un plano económico, no estratégico, y preservar cierto margen de autonomía frente a Washington.

Esto incluye también el ámbito diplomático. Los países negocian constantemente qué entra en el radar de la política exterior estadounidense y qué no. La clave es gestionar costos y riesgos, y evitar convertirse en un foco prioritario de presión, auguró el experto.

La académica también explicó que, con la contención del avance chino en Centroamérica y México, Estados Unidos pretende acercar las cadenas de suministro porque, si China lidera las cadenas más importantes, crea dependencia. 

Biden admitió que China fue identificada como rival estratégico en su gobierno. Esto sugiere que esta rivalidad no va a desaparecer, aunque llegue un gobierno demócrata. Las estrategias de contención pueden variar, pero no el interés por evitar la hegemonía china, aseguró Balconi. 

En contexto: Misión de Marco Rubio en Centroamérica es frenar la influencia de China

Pronóstico para una región dependiente de EE. UU.

Por otra parte, aunque el nuevo mapa de la doctrina Donroe parece trazar una línea de indiferencia sobre Centroamérica por su falta de petróleo o minerales estratégicos, no es casualidad que el secretario Rubio eligiera esta región para su primer viaje oficial en 2025.

Para Balconi, Briscoe y Ellis su presencia subraya que, si bien el istmo no alimenta las calderas de la industria estadounidense, sí es la válvula de escape de sus mayores crisis domésticas.

Mientras Washington centra su mirada en el «poder duro» hacia potencias rivales, el plan estratégico no puede ignorar que Centroamérica y México constituyen el corredor migratorio y de narcotráfico más crítico del hemisferio.

Al final, los expertos consultados coinciden en que la estabilidad de Estados Unidos depende menos de lo que pueda extraer del suelo centroamericano y más de su capacidad para contener las oleadas de inestabilidad que fluyen desde él.

En esta misma línea de análisis, en el tablero de «imperialismo limitado», el istmo sigue siendo parte del patio trasero donde cualquier descuido estratégico puede transformar una zona «vacía de preocupación» en la principal amenaza para la seguridad de Estados Unidos.