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EE.UU. descuida a Latinoamérica y Nicaragua aprovecha para abrir las puertas a tropas rusas

*Dos potencias sudamericanas, Brasil y Argentina, también han sucumbido a los llamados de Vladimir Putin.


Expediente Público

Estados Unidos ha tenido una preocupación tardía a la presencia de Rusia en América Latina y eso le ha permitido expandir sus negocios, sus alianzas y su máquina de propaganda, sostiene el politólogo e historiador cubano, Armando Chaguaceda, en una entrevista con Expediente Público.

“Estados Unidos en general ha tenido una preocupación tardía a la presencia de Rusia en todos estos países”, afirma Chaguaceda, por lo que “Rusia ha hecho un uso eficaz de aquellos elementos que le permiten de manera asimétrica jugar como un ‘global player’, de manera decisiva y eficaz”.

El académico explica que la política de Estados Unidos hacia América Latina, “tiene fallas hace tiempo. Estados Unidos ha descuidado su relación con América Latina”, lo cual ha permitido una renovada presencia rusa y china.

Un ejemplo de ello es el caso brasileño. Funcionarios estadounidenses dijeron al New York Times que el presidente Jair Bolsonaro intentó acercamientos con la Casa Blanca, pero no fue atendido. Hay que recordar que Bolsonaro había puesto en duda el triunfo de Joe Biden en las elecciones de 2020.
Tras el desplante, en diciembre de 2021 Bolsonaro anunció que tendría una cumbre con otra potencia mundial, la que se concretó en febrero de 2022 cuando el mandatario sudamericano fue recibido por Vladimir Putin en Moscú.

Más recientemente, en junio de 2022, tuvieron un intercambio virtual durante el encuentro de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Días después Bolsonaro anunció su intención de comprar diésel y fertilizantes a Rusia.

Bolsonaro no había hecho más que seguir los pasos de su homólogo argentino, quien a principios de febrero de 2022 tuvo su encuentro particular con Putin, a quien le manifestó que tendrían “que ver la manera en que Argentina se convierta en una puerta de entrada” de Rusia a Latinoamérica.

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A eso hay que agregar la alarma que causó en junio la publicitada autorización del régimen nicaragüense de permitir tropas rusas en su territorio.

La Asamblea Nacional nicaragüense ha autorizado a partir del 1 de julio, el ingreso a un número no determinado de militares, naves y aeronaves rusas para participar en “ejercicios de intercambio e instrucción militar y adiestramiento en operaciones de ayuda humanitaria”.

La autorización incluye a militares rusos que realizarán labores de patrullaje en las costas del Caribe y el Pacífico de Nicaragua, intercambio de experiencias y ejercicios de adiestramiento en operaciones de ayuda humanitaria. También se prevé ejercicios de comunicación operacional con naves y aeronaves del ejército de Nicaragua en labores de enfrentamiento y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado trasnacional.

No sería la primera vez que Rusia despliega fuerzas militares en América, en épocas de conflicto en su región. Ya lo había hecho en el 2008, cuando desplazó a las costas de Venezuela bombarderos con capacidad nuclear Tu-160 y al menos cuatro buques de guerra. En ese momento fuerzas separatistas de Georgia, apoyadas por Rusia, promovían acciones bélicas en su país.

En el 2013, cuando Estados Unidos y la Unión Europea presionaban a Rusia por su apoyo a las fuerzas separatistas de Ucrania, el país euroasiático envió nuevamente sus bombarderos Tu-160.

En el 2018 fue la última vez que fuerzas militares realizaron un despliegue frente a las costas venezolanas. En ese momento el gobierno ruso manifestó sus propósitos de establecer una base en la isla de Orchilla, algo que aún no se concretó.

Sin embargo, la advertencia más reciente se registró a mediados de enero de 2022, cuando el viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, no descartó el despliegue de fuerzas militares en Cuba o Venezuela. Esto, apenas a unos días del inicio de hostilidades con Ucrania. 

Rusia no puede proveer a Nicaragua

Lo paradójico de esta apertura de Nicaragua a Rusia es que se da en un momento histórico en que el país euroasiático no goza de capacidad financiera a causa de los conflictos en los que se viene involucrando desde hace varios años.

Chaguaceda advierte que “Rusia no puede ser proveedor para el régimen de Ortega porque Rusia mismo está sufriendo una crisis económica, desde la época de la ocupación de Crimea” en 2014.

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“Rusia es una economía industrializada, pero con problemas de tecnología, con problemas demográficos. Además, la elite rusa siempre ha sido lo suficientemente clara en decir que no van a jugar el rol de la Unión Soviética”, explica el académico.

Eso significa que no van a subsidiar una gran red de aliados por el mundo, que fue uno de los elementos que afectó el desempeño del modelo soviético, además de la poca eficiencia de la economía planificada. “Rusia no lo va a hacer”, reafirma Chaguaceda.

El analista cree que Rusia sí puede comprar algunos insumos, materias primas, carne, alimentos, frutas, pero en un momento en el que está sancionada por muchos países “va a virar a una economía cuasi de guerra, con un énfasis en el mercado interno”.

De allí deduce que hay pocas cosas que pueda comprar Rusia a Nicaragua y Nicaragua a Rusia.  

A partir de datos del Banco Central de Nicaragua, la cooperación rusa, desde el regreso de Daniel Ortega a la presidencia en 2007, ha totalizado solo US$149.9 millones de manera oficial, en proyectos financiados entre 2007 y 2015. Estos representan solo un 5% del total de donaciones recibidas (US$2,993.4 millones) entre 2007-2021.

La cooperación se dirigió básicamente a ocho proyectos. El principal fue la donación de trigo (46.33%), flota de buses (20.33%) y medios de transporte; y equipos del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres de Nicaragua.

El intercambio comercial ha sido deficitario para Nicaragua y las exportaciones representan un mínimo porcentaje para el país centroamericano.

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En 2020, Nicaragua exportó poco más de $6 millones a Rusia, mientras que en 2021 la cifra alcanzó los $13.3 millones, es decir el 0.04% del total de las exportaciones.  

En contraste, según cifras del Banco Central de Nicaragua, Estados Unidos es el destino de la mitad de las exportaciones de mercancías de Nicaragua, excluyendo la producción de maquila y zona franca. Esto lo convierte en el principal socio comercial.

Promesas rusas

Rusia ha hecho sentir su presencia en Nicaragua, donde el propio Vladimir Putin hizo una visita corta en julio de 2014.

Sin embargo, la llegada del viceprimer ministro de Rusia, Yuri Borisov, en febrero del 2022, en medio de las tensiones previas a la guerra de Ucrania, llamó la atención mundial.

Borisov anunció entonces que Rusia analizaba las posibilidades de ampliar la cooperación con Nicaragua, incluida la militar y la tecnológica, y estrechar los lazos de cooperación entre los dos países.

El viceprimer ministro anunció un mayor apoyo al Ejército de Nicaragua, que ya ha recibido financiamiento de un centro de entrenamiento militar para la lucha contra el narcotráfico.

En 2016, Rusia informó el envío de un primer lote de 50 tanques de guerra T-721B1, con un valor de 80 millones de dólares, y la agencia de información rusa RIA Novosti aseguró que el Kremlin ya había suministrado al país centroamericano 12 sistemas de defensa antiaérea ZU-23-2, dos helicópteros Mi-17V-5, así como “un lote” de vehículos blindados.

EE.UU., sin presencia militar

Chaguaceda hace la observación que, a diferencia de los rusos, no hay una presencia militar estadounidense en América Latina como la hubo en el Canal de Panamá, con el desplazamiento de tropas.

“Todo esto dentro de una visión de Estados Unidos de mirar más al Oriente Medio, al Indopacífico, sobre todo, al Oriente Medio y Europa, como las zonas prioritarias. Esto puede cambiar con esta presencia rusa, que es una presencia mucho más puntual”, advierte Chaguaceda.

Y aunque no hay tropas rusas a gran escala en América Latina, sí hay grupos de asesores en el terreno.

“Por ejemplo, en Venezuela, se calculan unos cientos, según diferentes fuentes. Hay asesores en los operativos de la frontera con Colombia, grupos de personal contratado. No hay una gran cantidad de tropas, pero sí hay influencia”, señala. 

Además, ha habido ciertos desplazamientos de fuerzas aerotransportadas, grupos mercenarios. Los asesores que están en la frontera colombo-venezolana han estado en Siria.

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Una penetración sutil

“Es curioso porque siempre se habla del imperialismo norteamericano, reviviendo las malas prácticas de la época de Roosevelt y el siglo XX. Sin embargo, Estados Unidos, en las últimas décadas muy poco ha hecho para intervenir en América Latina de manera explícita y directa”, subraya el académico cubano.

Chaguaceda considera como un error estadounidense medir el potencial de una nación como Rusia para perturbar la seguridad global o regional, en términos tradicionales como el Producto Interno Bruto (PIB), la población, el tamaño de su fuerza armada, y sus recursos. Rusia ha tenido limitaciones en todos estos elementos, pero la reforma militar que viene desarrollando desde los 2000 ha potenciado su riesgo como amenaza.

“El PIB de Rusia es pequeño comparado con países europeos mucho más pequeños. Además, tienen un problema demográfico” señala el académico cubano.

Adicionalmente, no ha obtenido grandes recursos para proyectarse hacia zonas globales. Apenas tiene un portaviones realmente funcional, pero sí aparatos de inteligencia y de propaganda muy eficaces. Por ejemplo, las ideas que divulga a través de los medios Russia Today y Sputnik. “La constatación de esta eficacia, con la cual ha jugado Rusia con estos recursos, ha hecho de manera tardía que se active la alarma. Lógicamente la guerra en Ucrania, activa todas las alarmas”, explica. 

China, adversario a largo plazo

Para Chaguaceda, a la preocupación sobre la presencia rusa en la región hay que sumar la de China y su músculo económico.

“China no ha jugado un papel de proveedor de asesores en el terreno como ha sido el caso de Rusia. No ha apostado a esa base porque China puede apostar en el largo plazo”, señala Chaguaceda.

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Esto obliga a Estados Unidos “a jugar en dos carriles de manera simultánea, frente a Rusia y China”.

Rusia es el adversario más urgente a enfrentar, porque representa un desafío de manera directa en el corto plazo. Sin embargo, “es un adversario débil que debe usar recursos como la violencia física, armada o simbólica, mediante canales de televisión que difunden desinformación. Tiene que compensar su carencia de recursos en el largo plazo”. 

En el caso de China es el adversario estratégico, que por la dimensión de sus recursos ofrece un desafío, un mundo alternativo, una visión distinta a la de una sociedad abierta, con pluralismo político y economía de mercado más o menos regulado, que es la visión de occidente.

«Entonces el gran juego es ese, entre Estados Unidos como gran potencia y China como gran potencia ascendente”, observa el académico.

Esto obliga a potencias como Rusia o Irán a jugar un rol más disruptivo, “justamente porque no pueden confiar en las fuerzas de sus recursos y su preponderancia en el largo plazo”, concluye. 

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