* Los Huistas, los Suñiga Morfín, los Lorenzana y los Mendoza han mantenido poder mediante alianzas con cárteles mexicanos y control territorial.
* Guatemala se ha consolidado como un corredor del narcotráfico durante las últimas décadas.
* Analistas recomiendan golpes a las finanzas criminales. Un líder cae y surge el reemplazo; una ruta se cierra y se abre otra, afirman.
Expediente Público
Guatemala es la bisagra del narcotráfico. Su ubicación —entre países productores de cocaína en Sudamérica y los grandes mercados de consumo en Norteamérica— ha impulsado la instalación y crecimiento de estructuras criminales, clanes familiares con control territorial, logístico y financiero.
Expedientes del Ministerio de Gobernación (Mingob) y del Ministerio Público (MP) coinciden en que algunas familias han logrado mantener poder mediante alianzas con cárteles mexicanos, control de comunidades locales y redes de protección que combinan corrupción, intimidación y arraigo social.
Entre los grupos más señalados figuran los Huistas, los Suñiga Morfín —conocidos como “Los Pochos”—, los Lorenzana y los Mendoza. Estos clanes tienen control sobre zonas fronterizas estratégicas.
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Una investigación reciente de Expediente Público reveló que integrantes de los Huistas y los Mendoza se instalaron en el centro del país desde mediados de 2025 para coordinar desde ahí las actividades ilícitas en las fronteras.
La experta en crimen transnacional María Fernández explicó a Expediente Público que los clanes familiares delictivos desarrollan funciones de autoridad local.
“No son solo redes de tráfico. En algunos territorios ofrecen empleo, protección y mediación de conflictos. Eso genera tolerancia o apoyo comunitario y dificulta la intervención estatal”, afirmó.
El analista regional Juan Carlos Castillo señaló que estas familias «son intermediarios logísticos entre productores sudamericanos y cárteles mexicanos. Su valor no es solo criminal, es territorial”.
Los Huistas: dominio en Huehuetenango
Huehuetenango, en la frontera con México, es considerado uno de los territorios más sensibles para el trasiego de drogas. Allí opera la organización conocida como Los Huistas, señalada por autoridades guatemaltecas y estadounidenses como la estructura dominante en ese departamento.
De acuerdo con investigaciones del Mingob, el grupo ha manejado tráfico de cocaína, metanfetamina y heroína hacia México y posteriormente a Estados Unidos. Su fortaleza se sostiene en el control de rutas fronterizas, pistas clandestinas y corredores rurales de difícil vigilancia.
Las autoridades identifican como líderes a Eugenio Darío Molina López y Alec Baldomero Samayoa Recinos, alias “Chicharra”. Este último fue capturado el año pasado.
Las pesquisas judiciales sostienen que la organización mantuvo colaboración operativa con el Cártel de Sinaloa y con operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), facilitando logística y protección de cargamentos.
El patrón detectado por investigadores es consistente: control territorial, redes locales de apoyo y alianzas transnacionales.

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Clan Suñiga Morfín: control en San Marcos
En el suroccidente del país, el clan Suñiga Morfín, también llamado “Los Pochos”, ha sido vinculado en investigaciones a operaciones de narcotráfico asociadas al Cártel de Sinaloa.
San Marcos, el departamento fronterizo con México, es su principal zona de influencia. Las pesquisas del Mingob y el MP identifican esta zona como territorio de tránsito estratégico.
Las investigaciones apuntan que la particularidad de este clan es que combinaría la actividad criminal con presencia política local.
Entre los nombres que aparecen en expedientes judiciales e informes del Mingob figura Isel Aneli Suñiga Morfín, vinculada a la política municipal. Ella participó como candidata a diputada por San Marcos en las elecciones de 2015 por la coalición de los partidos Unionista-Creo.
En esos comicios también se presentó su esposo, Juan José Morales Cifuentes, como candidato a alcalde de esa localidad, representando a la misma organización política.
Analistas de crimen organizado han advertido que esta mezcla de poder territorial, redes familiares y vínculos políticos suele blindar judicialmente a los señalados, debido a la corrupción.
Las investigaciones judiciales también señalan que esta estructura funciona como facilitadora de rutas, protección de cargamentos y coordinación local para operadores internacionales.

Los Lorenzana: dos décadas de poder en el oriente
Pocas familias reflejan la continuidad generacional del narcotráfico guatemalteco como el clan Lorenzana, con base histórica en el departamento de Zacapa, que comparte frontera con Honduras.
El fundador, Waldemar Lorenzana Lima, conocido como “El Patriarca”, fue considerado por las autoridades como uno de los principales coordinadores del tráfico de cocaína en el oriente del país. Según las pesquisas, operó durante más de dos décadas articulando envíos desde Sudamérica hacia México y Estados Unidos.
Las autoridades guatemaltecas lo capturaron en 2011 y lo extraditaron a Estados Unidos en 2014, donde obtuvo una condena a 23 años de prisión en 2020. Murió en prisión en 2021.
Cuatro de sus hijos también fueron procesados en cortes estadounidenses. Eliu Elixander Lorenzana y Waldemar Lorenzana Cordón recibieron cadena perpetua, mientras que Haroldo Jeremías Lorenzana y Marta Julia Lorenzana (“Julie”) obtuvieron penas de 33 años.
Las condenas contra la familia se dieron luego de que admitieran el tráfico de más de 27 toneladas de cocaína y el manejo de millones de dólares en ganancias ilícitas.
Sin embargo, las actividades de los Lorenzana continuaron con la tercera generación. Haroldo Waldemar Lorenzana Terraza (“Haroldito”) es considerado el nuevo líder del clan. Él consta entre los más buscados de Guatemala.
Steven Ovaldino Lorenzana (“Chipi”), quien fue capturado en 2025 en Zacapa, con solicitud de extradición a Estados Unidos. Mientras que Hans Broiner Lemus Lorenzana falleció en ataque armado en 2022.
Los expedientes muestran cómo las operaciones de este grupo se sostuvieron a través de relevo familiar y adaptación logística.
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Los Mendoza: influencia en Izabal y corredores hacia Honduras
Otra familia señalada en investigaciones judiciales es la de los Mendoza, con presencia en Izabal, Petén y rutas hacia Honduras.
Entre los mencionados en expedientes está Haroldo Mendoza Matta, señalado como líder y seguido de los hermanos Walter Obdulio Mendoza Matta, Milton Oswaldo Mendoza Matta y Edwin Alfredo Mendoza.
Las investigaciones los vinculan con movilización de droga por corredores rurales y conexiones con redes transfronterizas. Su operación se ha caracterizado por movilidad territorial y uso de rutas alternas.
Los cárteles mexicanos en Guatemala
Los cárteles mexicanos han tenido un papel decisivo en la configuración del mapa criminal del país. El medio especializado InSight Crime ha documentado que, tanto el Cártel de Sinaloa como el CJNG, han buscado consolidar presencia operativa en territorio guatemalteco mediante alianzas con clanes locales.
Estas alianzas incluyen protección de rutas, instalación de laboratorios clandestinos, coordinación de transporte y financiamiento. La frontera con México —Huehuetenango y San Marcos— es considerada la principal zona de interacción.
Las autoridades han reportado desmantelamiento de laboratorios y pistas clandestinas vinculadas a estas colaboraciones, aunque reconocen que la capacidad de reubicación de estas estructuras es alta.
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Golpes operativos vs. finanzas criminales
La portavoz del MP, María José Mansilla, afirmó a Expediente Público que la institución mantiene investigaciones activas contra estructuras de narcotráfico de base familiar, con énfasis en análisis financiero, cooperación internacional y procesos de extradición.
Agregó que se han fortalecido unidades especializadas y mesas de coordinación con agencias extranjeras para rastrear redes de lavado de dinero y estructuras patrimoniales.
La investigadora Katherine López destacó el peso de la cooperación internacional. “Las extradiciones y el rastreo de activos han sido más efectivos que los operativos aislados”, señaló.
De su parte, el Mingob reporta operativos permanentes en rutas identificadas como corredores de droga, destrucción de pistas clandestinas, erradicación de cultivos ilícitos y desmantelamiento de laboratorios.
El analista guatemalteco Alejandro Rodríguez advierte que las capturas no siempre desmantelan estructuras. “Si no se rompe la base financiera, la familia reemplaza líderes y continúa”, afirmó a Expediente Público.
Un fenómeno que se adapta
Los expedientes muestran un patrón claro: cuando cae un líder, surge un reemplazo familiar; cuando se cierra una ruta, aparece otra. Los clanes narcotraficantes guatemaltecos han demostrado capacidad de adaptación generacional y territorial, comentó López.
Para los especialistas, el desafío no es solo policial, sino institucional. Requiere investigación financiera profunda, sistemas judiciales sólidos y reducción de la corrupción local.
“Mientras tanto, Guatemala continúa siendo una pieza estratégica en el tablero del narcotráfico continental —y varias de sus rutas siguen bajo la sombra de apellidos que se repiten en los expedientes judiciales desde hace más de dos décadas”, mencionó Rodríguez.