* China construye, bajo resguardo militar, un estadio y un centro de convenciones en el ecoparque El Espino, único pulmón del área metropolitana de San Salvador.
* Estos megaproyectos son parte de una donación de US$ 500 millones que China realizó al gobierno de El Salvador en 2021.
* El gobierno de Nayib Bukele declaró reservados los acuerdos firmados con China desde 2020.
Tomás Guevara / Expediente Público
Desde las terrazas de los edificios ubicados en el polo de desarrollo de San Salvador, se ven a lo lejos grúas elevadas, vigas de acero y una franja de bosque talado dentro del ecoparque El Espino. Es la marca que va dejando la construcción del nuevo Estadio Nacional de El Salvador.
Más allá, dentro del mismo bosque, avanza también el proyecto del nuevo Centro de Ferias y Convenciones (CIFCO). Ambas obras son parte de una donación de US$500 millones por parte de China al gobierno salvadoreño.
La Asamblea Legislativa de El Salvador ratificó ese acuerdo de cooperación en 2021. En ese entonces, las autoridades anunciaron que ese monto cubriría, además del estadio y el centro de convenciones, la construcción de la Biblioteca Nacional, el muelle del Puerto de la Libertad y una planta potabilizadora de agua en el lago de Ilopango.
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No obstante, se desconocen los montos precisos de cuánto cuesta cada obra, pues el Gobierno de Nayib Bukele declaró reservados los documentos de cooperación con China desde 2020.
Los trabajos del estadio y el CIFCO cuentan con la custodia de militares salvadoreños que portan fusiles y ahuyentan a los ambientalistas que se oponen a los proyectos por el daño al ecoparque El Espino.

Estos activistas han advertido, desde la década de 1990, sobre el progresivo deterioro del único pulmón del área metropolitana de San Salvador, zona de recarga hídrica y hábitat de cientos de especies.
Estos grupos ciudadanos también reclaman que los constructores no dan trabajo a obreros salvadoreños, pues, con base en testimonios de personas que dan servicios en las obras, señalan que solo se usa mano de obra china.
China sintoniza con Nayib Bukele
El analista político Marvin Aguilar sostiene que China ha encontrado sintonía con el gobierno de Bukele para conseguir una “penetración silenciosa en muchos órdenes de vida nacional”.
El gigante asiático ha logrado influencia con sus megaobras de infraestructuras donadas, así como una pujante incursión de sus productos en el mercado salvadoreño, afirmó Aguilar a Expediente Público.
“China ha podido entrar como ha entrado y no ha encontrado resistencia en los salvadoreños porque ha entrado de la mano del gobierno Bukele”, recalcó.
El presidente de China, Xi Jinping ha dicho que el robustecimiento de las relaciones diplomáticas con El Salvador y la “cooperación bilateral, se ajusta a las tendencias del desarrollo histórico y está acorde con los intereses fundamentales de ambos pueblos”.
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La discusión sobre el impacto social y ambiental de las obras sobre el ecoparque El Espino ha sido relegada, pero tampoco hay un encumbramiento de estas como parte de la propaganda gubernamental, señaló Aguilar.
Subrayó además que China ha encontrado en Bukele un aliado político “particularmente útil” y no porque el gobierno hable todo el tiempo de China, sino porque la incorpora dentro de su narrativa de “prestigio, reconocimiento y eficacia”.

El oficialismo no necesita exaltar permanentemente la presencia china en el país, pues le basta con no cuestionarla y convertir sus obras en símbolos de la gestión gubernamental, apuntó Aguilar.
Así ocurrió con la Biblioteca Nacional (BINAES), en el centro histórico de San Salvador, referencia del remozamiento del centro histórico capitalino, que también fue donada por China.
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Los visitantes que llegan a las plazas en pleno Centro Histórico de San Salvador, donde se han instalado exclusivos restaurantes en antiguas casas restauradas, deben traspasar una zona militarizada.
En las calles aledañas están apostados los militares fuertemente armados a pocos metros de distancia unos de otros.
Estadio Nacional para un ‘baño de masas’
En cuanto a la relevancia y utilidad de las obras, dejando de lado las implicaciones ambientales, Aguilar dice que, por su cercanía al centro del poder, se abren otras lecturas.
“Al gobierno (de Bukele) le interesa más presumir un escenario (estadio) para llenarlo el día que el presidente llegue, para recibir un baño de masas como si fuera el coliseo romano. Me imagino que eso es lo que pretende”, señaló.
Está previsto que esa obra, con capacidad para 50,000 personas, concluya a principios de 2027, cuando El Salvador esté inmerso en plena campaña electoral para las elecciones generales, del 28 de febrero, donde Bukele competirá para un tercer mandato, luego de que el oficialismo avalara la reelección indefinida, reformando el mandato constitucional del país.
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A principios de febrero, el embajador de China en el país, Zhang Yanqui, acudió a las obras del estadio para verificar el inicio del montaje de la cubierta.
La embajada China anunció que cuando concluya la obra “se convertirá en el estadio más moderno de Centroamérica”, y que su administración y mantenimiento quedará en manos del Estado salvadoreño.
La tala de El Espino y el miedo
La puesta en marcha de los megaproyectos donados por China en El Salvador tiene en alerta a ambientalistas. Ana Cisneros, activista del Movimiento Somos El Espino, explicó a Expediente Público que todo juega en contra para los que piden revisar la construcción con la mano china dentro del ecoparque El Espino.

Los pocos que hablan como Cisneros miden el riesgo de continuar exigiendo que haya transparencia, que se discuta a fondo la necesidad de esas obras y sobre todo que se respete a los habitantes –antiguos colonos- que habitan dentro del bosque, que temen ser expulsados.
“No hay gestión de riesgos”, sostiene. Explica que, luego de talar del bosque, la constructora pavimenta el espacio para miles de estacionamientos. Como consecuencia, agrega la ambientalista, durante las lluvias, se reducirá la infiltración del agua al suelo y esta correrá cuesta abajo provocando inundaciones al sur de la capital.
“Esos temas están ausentes. No se ha planteado nada en absoluto. Sólo que son obras necesarias que los chinos nos están regalando”, afirmó Cisneros.
Para los pobladores de bosque, la situación pinta aún peor por el miedo a ser desalojados. “La zona a intervenir está militarizada, acordonada con láminas, y esto es muy riesgoso para quienes viven en la zona”, por lo que no se atreven a protestar, apuntó la activista.

El temor no puede desligarse del contexto político salvadoreño. Los más de 6 millones de habitantes viven bajo un régimen de excepción instalado desde el 27 de marzo de 2022. Los ciudadanos tienen restringidos derechos constitucionales, mientras la Fuerza Armada y Policía pueden hacer detenciones arbitrarias.
Protestar en la vía pública, hacer evidente una posición contraria al gobierno y defender los derechos humanos puede provocar la intimidación por parte de la fuerza pública y hasta enfrentar procesos penales, según han documentado organizaciones internacionales como Human Rights Watch.
Expediente Público recorrió la zona de El Espino para buscar opiniones de pobladores. En el sector, predomina el miedo a opinar. Uno de los residentes comentó, bajo anonimato, que el temor mayor es al desalojo.
“Es que con todo eso siempre hablan de desalojar, como están haciendo en otras zonas donde el gobierno mete obras”, dijo este hombre consultado en un cruce de senderos, dentro del parque.
Una encuesta publicada a finales de enero por el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, encontró que un 56.9 % de los salvadoreños desconocía de la construcción del CIFCO, en El Espino, pero, al ser informados sobre la obra, el rechazo marcó un 68.8 % debido al impacto ambiental.
El secretismo de los acuerdos
Cisneros afirmó que el movimiento Somos El Espino ha solicitado información sobre las obras chinas a dos instituciones del Gobierno, pero que no le entregaron la documentación.
El Gobierno salvadoreño mantiene bajo reserva todo acuerdo con China desde el 2020, cuando 10 paquetes de documentos relacionados sobre la relación bilateral con la potencia asiática se engavetaron como secretos de Estado, con plazos que van de tres a siete años.
Se incluyó cualquier documento considerado dentro de proyectos estratégicos, convenios de cooperación, memorándums y hasta notas diplomáticas, entre otros.
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Así, cualquier investigador se topa contra la muralla china al querer consular algún documento archivado bajo el denominado “Expediente de relaciones de cooperación con la República Popular China”.
Para lograr este secretismo, el gobierno de El Salvador se amparó en el artículo 19 de la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP), que dispone la reserva de cualquier información que “menoscabe las relaciones internacionales o la conducción de negociaciones diplomáticas del país”.
El Salvador entabló relaciones diplomáticas con China en agosto de 2018, a menos de un año de concluir el mandato del expresidente Salvador Sánchez Cerén, que traspasó el mando a Nayib Bukele en junio de 2019.
El analista Marvin Aguilar puntualiza que el caso salvadoreño evidencia una alineación con China que se ajusta al contexto actual del país centroamericano, donde confluyen el poder centralizado, la falta de contrapesos y el cierre a la auditoría ciudadana, lo cual ofrece ventajas al país asiático en El Salvador.