* La captura de Nicolás Maduro en Venezuela en un operativo del Ejército estadounidense puso en riesgo a la dictadura de La Habana.
* A pocas semanas de un muy probable apagón general, expertos discuten sobre negociaciones, cambios y posibles desenlaces del régimen cubano.
Expediente Público
Cuba está al filo del colapso. Después de que México y Venezuela cancelaran sus envíos de petróleo a la isla ante las amenazas de sanciones por parte de Estados Unidos, lo más probable es que se quede sin electricidad en las próximas seis u ocho semanas.
Las consecuencias serían catastróficas para la población que, desde el año pasado, enfrentan cortes eléctricos de 10 a 24 horas diarias.
Tres analistas explican a Expediente Público cómo Cuba, modelo de la izquierda global, llegó a este punto. Para ellos, es el resultado de un Estado fallido y represivo, al cual las recientes sanciones le están dando un último empujón al precipicio.
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Yaxys Cires, director de estrategias del Observatorio Cubano de Derechos, señaló que, si la situación ya era grave, con las sanciones a la exportación de petróleo a Cuba, empeoró. A pesar de esto, muchos cubanos dentro y fuera de la isla “tienen esperanza que esto ponga fin a seis décadas de sufrimiento”, afirmó.
La situación, según Cires, demuestra que el régimen cubano fracasó en lo político, económico y social, con el 89% de las familias sobreviviendo en la extrema pobreza y con un fuerte rechazo popular al gobierno.
Emilio Morales, director del Havana Consulting Group, agregó que “la situación cubana es una crisis multisistémica donde convergen colapso económico, deterioro social y fallas estructurales del Estado”.
“Cuba tiene una deuda externa de US$ 46,000 millones, una devaluación extrema del tipo de cambio —el dólar pasó de 24 a 500 pesos cubanos—, inflación sostenida, salarios que no cubren lo básico, caída del turismo y disminución severa de las remesas”, detalló Morales.

“Estado mafioso”
La captura al dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el 3 de enero pasado, despertó la paranoia en la élite cubana, afirmó Cires.
Tras esto, lejos de implementar cambios, la primera reacción del régimen fue incrementar la represión y los ciudadanos temen que la violencia en su contra continúe o empeore, agregó el analista.
Juan Blanco, director del centro de pensamiento Cuba Siglo 21, tilda al régimen de La Habana como “Estado mafioso”, en donde las presiones de Washington no se darían contra una diplomacia, sino, contra “actores criminales”.
Si el régimen percibe que puede obtener concesiones sin costo, como garantías a la cúpula de Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA), la espiral de demandas se profundizaría, señaló.
Blanco menciona que GAESA, formalmente está dentro de la estructura de las Fuerzas Armadas, pero en la práctica opera como un aparato separado, con lógica propia.
Los analistas recordaron que la contralora Gladys Bejerano fue removida de manera abrupta luego de que solicitara en 2024 una auditoría sobre GAESA. El ejemplo funciona como evidencia narrativa de que GAESA actúa como un “centro de poder” capaz de disciplinar a la jerarquía militar.
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Blanco explicó que el poder en Cuba está concentrado en una oligarquía que controla tanto el aparato coercitivo como los principales circuitos económicos y financieros.
Según él, el “Estado mafioso” dentro de un entramado donde el control de recursos, la opacidad y la coerción se integran en una misma estructura de mando.
Sostiene que existe una distinción entre el “gobierno” (figuras administrativas visibles) y el núcleo que decide realmente.
De esta manera, la estabilidad depende menos de la popularidad gubernamental que de la cohesión del núcleo oligárquico y de su control sobre el Ministerio del Interior y los mecanismos de represión, agregó Blanco.
Petróleo: no hay más proveedor solidario
Tras el derrumbe de la Unión Soviética, a finales del siglo XX, el régimen de Cuba logró sobrevivir gracias a la exportación de médicos, el turismo, las remesas y, particularmente, las dádivas petroleras del chavismo venezolano.
La captura de Maduro y las presiones de Estados Unidos sobre México cerraron de una vez el grifo petrolero a la isla.
De acuerdo con Morales, incluso si el régimen administrara bien los recursos disponibles, tendría entre seis y ocho semanas de margen, a partir de la segunda semana de febrero, para resolver los problemas socioeconómicos.
Pasado ese umbral, la economía y la vida cotidiana entrarían en un estado de parálisis. “El país va a estar totalmente parado”, sentenció.
Un apagón prolongado funcionaría como detonante de protestas y como acelerador de un desgaste psicológico que reduciría la gobernabilidad, señalaron los consultados.
¿Una transición negociada en Cuba?
Los analistas también advierten que una transición “negociada” al estilo venezolano es complicada porque la oposición cubana se percibe profundamente fracturada, sin un liderazgo unificador.
Blanco ve a Venezuela con múltiples núcleos de poder y, aun con autoritarismo, con ciertas estructuras electorales y de competencia limitada. Cuba, en contraste, es un sistema más totalitario y centralizado, señaló.
Por esta razón, Cuba tiene mayor capacidad de control cotidiano, pero podría ser más vulnerable a cambios abruptos si colapsa el núcleo central, señaló el experto.
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El poder de los militares
Ante una crisis nacional, las expectativas recaerían sobre el Ejército, integrado por unos 50 mil efectivos.
Pero las miradas se concentran en GAESA, donde se maneja la cúpula militar y por la cual podría haber tensiones cuando la crisis haga visible quién controla realmente los recursos.
Blanco atribuye un rol estructural a GAESA como núcleo económico-militar que permitiría una salida más realista a unas protestas sin liderazgo claro. Sin embargo, no sería una negociación simétrica sino un proceso de transición y estabilización, agrega.
El analista reconoce que esta empresa controla una parte determinante de la economía nacional, incluyendo circuitos financieros, comercio exterior y sectores estratégicos.
Para Morales, en el momento de la transición, una de las primeras acciones debería ser intervenir GAESA y seguir la ruta del dinero.
El objetivo sería doble: financiar la reconstrucción y, simultáneamente, desmontar la cleptocracia quitando recursos a quienes los detentan. Esta sección funciona como puente entre diagnóstico (GAESA como núcleo) y propuesta (GAESA como fuente de recursos para estabilización).
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Negociar, pero ¿qué?
Por ahora, no hay una negociación abierta o pública entre La Habana y Washington. El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, declaró el 3 de febrero de 2026 que había intercambio de mensajes, dos días después el mandatario Miguel Díaz Canel dijo que estaban dispuestos a un diálogo.
De su parte, el presidente Donald Trump ha dicho varias veces que están negociando.
Para Morales y Blanco, el régimen de Cuba carece de “moneda de cambio” real para negociar, pero podría intentar usar presos políticos como rehenes para extraer concesiones.
Por otra parte, existe un patrón histórico de la dirigencia cubana: iniciar negociaciones y luego sabotearlas cuando se vuelven políticamente riesgosas para el régimen.
Blanco afirma que, si Washington no implementa un plan de disuasión creíble, el núcleo gobernante no tendría incentivos para conceder cambios reales.
Respecto a rumores sobre conversaciones entre Alejandro Castro Espín, hijo del expresidente Raúl Castro, y la administración estadounidense, Blanco introduce un criterio de cautela: la fuente que difundió la información sería poco confiable, aunque admite que intercambios informales podrían estar ocurriendo.
El analista interpreta esta dinámica como parte de una estrategia del régimen para medir reacciones y ganar tiempo, más que como evidencia sólida de fractura interna.
Respecto a qué concesiones podrían estar sobre la mesa bajo una asfixia energética total, Blanco afirma que la prioridad sería preservar el núcleo oligárquico.

Crisis multisistémica
Morales describe la situación cubana como una crisis multisistémica donde convergen colapso económico, deterioro social y fallas estructurales del Estado. Sostiene que el origen del colapso no se explica principalmente por políticas recientes de Estados Unidos, sino por la evolución interna del sistema de gobernanza.
Además de la deuda y la inflación, cayeron los ingresos de la exportación de servicios médicos, del turismo y de las remesas en comparación con 2019. La migración masiva, un millón de personas desde 2021, reconfiguró el circuito de remesas, con predominio de vías informales y pérdida de control estatal.
A esto se suma el colapso de servicios públicos: escasez de medicinas y alimentos, deterioro del transporte, y crisis del sistema sanitario, añadió Morales.
Señales para observar
Blanco resume los pronósticos sobre Cuba en cuatro actos: protestas asociadas a apagones; endurecimiento de la represión, incluso en redes sociales; continuidad de la migración masiva; y persistencia del colapso económico como condición estructural que reduce márgenes de gobernabilidad.
El colapso económico y energético se combina con una arquitectura de poder altamente centralizada. Para Blanco, la crisis no es un fenómeno coyuntural, sino como el resultado de la evolución interna del sistema, incluyendo la concentración económica-militar asociada a GAESA y la ruptura del contrato social de bienestar.
La falta de liderazgo orgánico sostenido llevaría a una negociación con Estados Unidos limitada por incentivos de supervivencia del núcleo oligárquico y por patrones históricos de dilación.