La militarización de la seguridad reabre el debate democrático en América Latina

La militarización de la seguridad reabre el debate democrático en América Latina 

* La segunda jornada del seminario internacional “Relaciones Civiles-Militares y Democracia en América Latina” se enfocó en los retos inmediatos de la región.

** Expertos debatieron sobre los dilemas que enfrentan las democracias latinoamericanas en materia de seguridad y defensa.

*** Los investigadores discutieron qué margen de maniobra tienen los Estados latinoamericanos frente a la presión de Estados Unidos y China. 


Expediente Público

La discusión sobre el rol de las Fuerzas Armadas en América Latina volvió a ocupar un lugar central en la región. Las relaciones civiles–militares aparecen hoy como un fenómeno atravesado por la inseguridad, el crimen organizado y la debilidad institucional, en un contexto de reconfiguración geopolítica global. 

Ese fue el eje de uno de los siete paneles del Seminario Internacional sobre Relaciones Civiles–Militares y Democracia en América Latina, celebrado de manera virtual los días 21 y 22 de enero de 2026, que reunió a más de 50 especialistas de 15 países. La segunda jornada estuvo dedicada a examinar los desafíos actuales del control civil democrático, la expansión de las misiones militares hacia la seguridad interna y las tensiones entre gobernabilidad, derechos humanos y eficacia estatal. 

A diferencia del primer día, más centrado en la reconstrucción histórica y el homenaje a pioneros del estudio de las relaciones civiles–militares,  se puso el foco en el presente y el futuro inmediato: ¿qué papel están jugando hoy las Fuerzas Armadas?, ¿por qué su presencia en tareas internas parece cada vez más frecuente?, ¿qué riesgos implica esta tendencia para la democracia?, ¿y qué margen de maniobra tienen los Estados latinoamericanos frente a la presión de potencias como Estados Unidos y China? 

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Un panel para pensar el presente 

El intercambio puso el foco en los dilemas concretos que hoy enfrentan las democracias latinoamericanas en materia de seguridad y defensa. Javier Meléndez, director de Expediente Abierto, moderó el intercambio que reunió a especialistas de distintos países. 

Participaron en el panel Rut Diamint, profesora de la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina); José Manuel Ugarte, profesor de la Universidad de Buenos Aires (Argentina); Elvira Cuadra Lira, directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica CETCAM (Costa Rica/Nicaragua); Alfredo Castillero, investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales CIEPS (Panamá); Froilán José Ramos Rodríguez, profesor de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Chile); y el politólogo y periodista Jaime Baeza Freer (Chile), especialista en seguridad internacional y política exterior.  

La militarización de la seguridad reabre el debate democrático en América Latina

El cierre estuvo a cargo del Dr. Ricardo Córdova, director de la Fundación Dr. Guillermo Manuel Ungo Fundaungo (El Salvador). 

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El panel dejó en evidencia un consenso inquietante: la expansión de los roles militares en América Latina no responde únicamente a decisiones coyunturales, sino a fallas estructurales del Estado y a un escenario regional cada vez más condicionado por la inseguridad, la polarización política y las disputas geopolíticas globales. 

Las exposiciones coincidieron en un punto clave: la región atraviesa una etapa de redefinición profunda de las relaciones entre civiles y militares, impulsada no por proyectos democráticos de largo plazo, sino por la urgencia de responder a crisis de seguridad cada vez más complejas y entornos políticos autoritarios. 

Seguridad interna y Fuerzas Armadas 

Uno de los temas más discutidos fue la continua y creciente participación de los ejércitos en tareas de seguridad pública. Para varios especialistas, esta expansión no responde tanto a una vocación militar como a la debilidad estructural de las policías y de los sistemas de justicia. 

“Cuando el Estado no logra construir una policía profesional capaz de ejercer control territorial, alguien va a llenar ese vacío. En América Latina, ese alguien termina siendo las Fuerzas Armadas”, opinó el politólogo Jaime Baeza Freer.

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Para él, la discusión no debería centrarse únicamente en si los militares deben o no intervenir en seguridad interna, sino en por qué las instituciones civiles no están cumpliendo su función. Esa falencia, sostuvo, vuelve “casi inevitable” la intervención militar, aunque sus consecuencias a largo plazo sean problemáticas. 

Esta visión también fue destacada por Rut Diamint, una de las voces expertas más críticas frente a la militarización: “Las Fuerzas Armadas no están diseñadas para la seguridad pública. Tienen una lógica de guerra, no de protección ciudadana. Cuando se las utiliza para estas tareas, se naturaliza la violencia y se debilitan tanto las policías como el control civil”, señaló. 

La investigadora advirtió que el recurso a los ejércitos suele presentarse como una solución rápida, pero termina generando más dependencia de la fuerza y menos institucionalidad democrática. 

Inteligencia criminal versus lógica militar 

José Manuel Ugarte aportó un enfoque técnico clave, diferenciando entre inteligencia militar e inteligencia criminal. 

“El crimen organizado no se combate con tropas, sino con información, investigación y capacidades judiciales. Cuando falta inteligencia criminal, la respuesta termina siendo la violencia”, afirmó.  

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Para Ugarte, el uso de las Fuerzas Armadas en seguridad interna no solo es ineficiente, sino que además oculta la ausencia de políticas sostenidas para fortalecer policías, fiscalías y sistemas de investigación. El resultado, señaló, es una escalada de confrontación que erosiona derechos humanos y no reduce estructuralmente el delito. 

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Autoritarismo, control político y zonas grises legales 

“Hoy no siempre vemos a los militares gobernando directamente, pero sí a autoridades civiles adoptando discursos militaristas y utilizando a las Fuerzas Armadas como sostén de proyectos autoritarios”, alertó Elvira Cuadra Lira. 

La especialista destacó una transformación menos visible, pero igualmente preocupante: el paso de un control civil democrático a un control político instrumental de las Fuerzas Armadas. 

Cuadra subrayó que este proceso suele estar acompañado por reformas legales que amplían las facultades de los militares, estados de excepción prolongados y marcos jurídicos ambiguos que habilitan intervenciones que, en un contexto plenamente democrático, serían inaceptables. 

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Casos como El Salvador, Ecuador o Nicaragua muestran, según la especialista, cómo la militarización puede avanzar sin golpes de Estado, pero con costos significativos para la institucionalidad democrática. 

Identidad estratégica: una región sin rumbo claro 

Más allá de la seguridad interna, varios panelistas coincidieron en que América Latina enfrenta un problema más profundo: la ausencia de una identidad estratégica propia en materia de defensa y seguridad frente a los nuevos desafíos geopolíticos que representan la administración Trump y su estrategia de seguridad nacional 2025. 

“No se trata de estar a favor o en contra de Estados Unidos o de China. Se trata de definir quiénes somos y qué queremos ser como región” agregó el politólogo Jaime Baeza. 

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Recalcó que, sin esa definición, las Fuerzas Armadas y los gobiernos reaccionan de forma fragmentada, respondiendo a presiones externas o crisis coyunturales, sin una visión de largo plazo que articule defensa, política exterior y democracia. 

Panamá: seguridad sin ejército, entre China y EE.UU. 

El caso de Panamá ofreció una perspectiva singular. Este país, formalmente sin Fuerzas Armadas, enfrenta desafíos de seguridad complejos: narcotráfico, control del Canal, crimen transnacional, en medio de la creciente disputa entre Estados Unidos y China. 

Alfredo Castillero explicó que el problema para naciones como Panamá no es solo geopolítico, sino institucional: “Para países pequeños, el desafío es preservar márgenes de maniobra. El problema no es China o Estados Unidos en abstracto, sino tomar decisiones estratégicas sobre seguridad sin debate público ni consenso nacional”. 

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Castillero recordó que Panamá pasó, en pocos años, de un acercamiento acelerado a China a una fuerte presión estadounidense para reordenar su política de seguridad. Ese péndulo, advirtió, debilita la capacidad del Estado para definir una estrategia de seguridad de manera soberana y transparente.

Venezuela y los desafíos de una transición 

Froilán Ramos subrayó que Venezuela representa un caso particular donde las Fuerzas Armadas están integradas a un sistema de control político del régimen. “El desafío no es solo una transición política, sino desmontar estructuras armadas regulares e irregulares y reconstruir confianza regional”, sostuvo. 

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Para Ramos, experiencias como los libros blancos de defensa, la cooperación militar transparente y ejercicios conjuntos, como los desarrollados históricamente entre Argentina y Chile, podrían ofrecer insumos para una futura reconstrucción regional de las relaciones entre civiles y militares en casos como Venezuela ante un proceso inevitable de transición. 

El Salvador y la seguridad como problema político 

En el cierre del panel, Ricardo Córdova puso el acento en el carácter político del debate. ¨No es solo un problema técnico. Se están redefiniendo marcos jurídicos y relaciones de poder que pueden comprometer seriamente la calidad democrática¨, aseguró. 

A su vez, advirtió que, bajo el discurso de la lucha contra el crimen, muchos gobiernos han normalizado la intervención militar en ámbitos civiles, debilitando los controles institucionales y la supervisión parlamentaria. 

Los pioneros  

Aunque el foco estuvo puesto en el presente, varios panelistas recordaron a figuras que abrieron el camino del estudio civil sobre lo militar en la región. Entre los nombres mencionados estuvo el de Margaret Daly Hayes, a quien Rut Diamint recordó como una figura decisiva por haber abierto puertas a las mujeres en un ámbito tradicionalmente dominado por hombres. 

También aparecieron referencias a Juan Rial, Gabriel Aguilera Peralta, Jaime Castro Contreras, Francisco Leal Buitrago, Jaime Garreta, José Luis Piñeiro y Augusto Varas, académicos pioneros cuyas investigaciones ayudaron a instalar debates clave sobre control civil, profesionalización militar y democracia.  

Lejos de un homenaje nostálgico, la mención de estos nombres funcionó como un recordatorio: muchas de las preguntas que ellos plantearon décadas atrás siguen atravesando hoy a las democracias de la región. 

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Democracias bajo presión 

El seminario dejó una conclusión: los problemas actuales de las relaciones civiles–militares no son técnicos, sino políticos y estructurales. Sin pensamiento estratégico civil, sin fortalecimiento institucional y sin cooperación regional, la militarización seguirá funcionando como atajo frente a crisis complejas. 

Como resumió Ruth Diamint, “América Latina nunca terminó de consolidar sus democracias. Mientras eso no ocurra, las relaciones civiles–militares seguirán siendo una zona de tensión permanente”. 

En un contexto global marcado por la disputa entre grandes potencias y el debilitamiento del multilateralismo, el debate vuelve a ser urgente. No como una discusión del pasado, sino como una condición central para la supervivencia democrática en la región.