* Un informe de Expediente Abierto analiza las restricciones comerciales que El Salvador enfrenta con China.
* El Salvador cerró el 2025 con un déficit comercial histórico de US$ 3,516 millones con China, mientras EE. UU. sigue siendo su mejor socio.
* El Gobierno salvadoreño impuso reserva total a los convenios con China, manteniendo bajo llave las negociaciones de un futuro TLC.
Jéssica Ávalos para Expediente Público
El mismo día que la Embajada de China en El Salvador entregaba al Ministerio de Educación 344 mil laptops y tablets para estudiantes, medios internacionales informaban que el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, sería uno de los 12 mandatarios latinoamericanos que participarían en la cumbre “Escudo de las Américas” convocada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 7 de marzo en Florida.
Podría parecer una paradoja, pero el antagonismo ha sido una constante en la relación de El Salvador con China y Estados Unidos desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas con el país asiático en 2018 y la llegada de Bukele al poder en 2019. El Salvador ha logrado mantener el equilibrio en sus relaciones con las dos potencias rivales, que mantienen una guerra comercial.
“Cuando a mí me dicen esta retórica de que cómo es posible que El Salvador sea amigo de China y de la administración Trump al mismo tiempo, yo digo: ¿Pero amigo de qué? ¿Amistad en qué? ¿Amistad para qué? Para el desarrollo, no; para generar empleos, no; para atraer inversiones, no; para defender el medio ambiente, no. Realmente son retóricas propagandísticas políticas”, afirmó Napoleón Campos, especialista salvadoreño en relaciones internacionales, integración regional y migraciones, a Expediente Público.
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Para él, no es tan importante la pregunta de cómo El Salvador logra ser amigo de las dos potencias rivales, sino qué le están dejando esas amistades porque, en su opinión, la relación con ambas no le está dando ganancias al país centroamericano, ni para el desarrollo ni para establecer nuevas cadenas de valor que le permitan exportar.
“Estamos atravesando uno de los peores momentos desde los Acuerdos de Paz (1992) en materia de política exterior, en materia de relaciones internacionales y en materia de relaciones comerciales”, señala el internacionalista y agrega que, ante ese deterioro, “el régimen salvadoreño va a aplaudir todo lo de China y todo lo que venga de la administración Trump, por nocivo que sea para los intereses de El Salvador”.
China hundió la balanza comercial
Con China no es una relación ganar-ganar. Las cifras recientes del Banco Central de Reserva (BCR) de El Salvador indican que el país centroamericano mantiene una relación desigual con Pekín: cada vez le compra más y le vende menos.
El 2025 cerró con la balanza comercial más desfavorable para El Salvador en su relación con China, un desequilibrio histórico, según los registros. El déficit comercial, es decir la diferencia entre las exportaciones y las importaciones, alcanzó los US$ 3,516 millones.
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Las compras al país asiático subieron más de un 30% entre 2024 y 2025, llegando a US$ 3,566 millones. China proveyó la quinta parte de todos los productos comprados por El Salvador, principalmente teléfonos móviles. Se consolidó como el segundo proveedor de los salvadoreños, después de Estados Unidos.
En cambio, China apenas le compró US$ 50 millones a El Salvador y ni siquiera figura en la tabla de los diez socios comerciales elaborada por el BCR.
Del otro lado, Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial del país. En 2025, las exportaciones hacia territorio estadounidense representaron el 32.4% del total de las exportaciones salvadoreñas, lo que equivale a $2,086 millones. Sin tomar en cuenta que son las remesas enviadas desde el país norteamericano las que sostienen la economía salvadoreña.
La asimetría comercial entre China y Centroamérica
El informe “Comercio asimétrico con China: ¿Por qué pierde Centroamérica?”, elaborado por el centro de pensamiento Expediente Abierto, advierte que el desequilibrio de la relación no es solo con El Salvador, sino con toda Centroamérica. “A pesar de los acercamientos diplomáticos entre varias naciones de la región con Pekín, las expectativas de crecimiento no se han concretado. Por el contrario, el déficit se ha expandido sustancialmente”, concluye el documento.

Según Expediente Abierto, China mantiene a la región en una desventaja porque se ha convertido en proveedor y no en un destino de exportación, como prometieron diversas administraciones centroamericanas.
Además, el problema no es solo la asimetría comercial sino el tipo de productos que se comercia. Costa Rica es el único país que exporta tecnología; el resto únicamente vende bienes de escasos valor agregado, como productos agropecuarios, vulnerables a la volatilidad de precios del mercado internacional, según el informe.
“A ello se suman otros obstáculos estructurales que la región enfrenta, como falta de competitividad, desconocimiento del mercado chino, así como de sus costumbres y burocracia”, señala Expediente Abierto.
El Salvador: déficit con las dos potencias
El azúcar es uno de los principales productos que El Salvador exporta a China. Sin embargo, de acuerdo con el informe, la venta de este producto a Pekín “ha mantenido una inercia” que “no parece haberse visto impulsada por los vínculos diplomáticos desarrollados en los últimos años”.
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Para Campos, no es que El Salvador esté en condiciones desfavorables solo con una de las potencias, sino que tiene una relación asimétrica con los dos gigantes: con China lo evidencia la balanza comercial; y con Estados Unidos, el recién aprobado acuerdo sobre comercio recíproco, para revertir los aranceles del 10 % impuestos desde abril de 2025 por Estados Unidos, como parte de los gravámenes globales fijados por la administración Trump.
“Este acuerdo recíproco bajo la administración Trump es volver a un arancel cero que ya teníamos y no retrocede al arancel cero a varios sectores. Si ya el CAFTA nos estaba ofreciendo arancel cero, no veo por qué hay que celebrar por un acuerdo que no regresa a algo que ya se nos había otorgado. Es un retroceso absoluto bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio”, señaló el experto.
El silencio de los empresarios
A Campos le sorprende el silencio del sector privado de El Salvador ante esta relación asimétrica. Recuerda, por ejemplo, que el sector empresarial presentó una demanda de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia en 2019, cuando El Salvador puso fin al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Taiwán, aunque el proceso no prosperó.
“¿Cómo hemos pasado de un sector empresarial propositivo, litigante, a un sector empresarial sumiso? ¿Dónde ha quedado el sector empresarial salvadoreño tan beligerante?”, se pregunta el internacionalista.
Un catedrático universitario experto en relaciones internacionales, quien pidió la reserva de su identidad por temor a represalias, coincide en que la relación asimétrica con China es preocupante para la economía salvadoreña.
“El Salvador no es atractivo para China. Ni todo el café de El Salvador ni todo el azúcar alcanzaría a cubrir la demanda de una región en China. El Salvador tampoco tiene las materias primas, los minerales que podrían interesarle a China para la revolución tecnológica, para la transición energética, como sí lo podría tener el triángulo de litio en Sudamérica”, afirmó el docente a Expediente Público.
Para China, El Salvador únicamente es apenas un voto en las Naciones Unidas, concluyó.
Relaciones con China en la sombra
El Gobierno salvadoreño anunció en 2022 que iniciaría las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio con China, pero hasta ahora es poco lo que se sabe sobre los preparativos del acuerdo. Lo único que ha trascendido públicamente es que ambos países ya cerraron tres rondas de negociaciones y que esperan firmarlo durante este año, según declaraciones del embajador chino en El Salvador, Zhang Yanhui.
Para Campos, este hermetismo sobre lo que se está negociando con China es una señal de alarma.

Y la información sobre el TLC no es lo único que se mantiene en secreto. Desde 2020, el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador impuso la reserva a diez paquetes de documentos relacionados con China, entre notas diplomáticas, memorándums, proyectos estratégicos, instrumentos internacionales y convenios de cooperación. Los plazos de confidencialidad van de los tres a los siete años.
Por ejemplo, clasificó por tres años los “Documentos sobre las relaciones diplomáticas bilaterales entre la República de El Salvador y la República Popular China de enero 2022 a enero 2025”.
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También reservó por siete años el archivo denominado “Expediente de relaciones de cooperación con la República Popular China” y todos los instrumentos internacionales firmados con China, así como sus documentos anexos.
El Gobierno salvadoreño ha justificado estas decisiones con base en el artículo 19 de la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP), el cual señala que será reservada la información que “menoscabe las relaciones internacionales o la conducción de negociaciones diplomáticas del país”.
Por recomendación de la representación diplomática de El Salvador en Pekín, el Gobierno salvadoreño también clasificó las “notas verbales, oficiales y diplomáticas; memorándums internos y externos, y cualquier otra comunicación que contenga opiniones y valoraciones internas en situaciones procesos de interés, estratégico para el país”.
En otras palabras, la Cancillería salvadoreña le puso candado a toda la documentación que revele detalles de la relación con el país asiático o sobre las condiciones de esta cooperación.
La diplomacia de los estadios
Sin tener a la vista toda esa documentación, señalan los dos expertos consultados, es evidente que la cooperación de China ha estado marcada por regalías en infraestructura, una estrategia que en geopolítica se conoce como “la diplomacia de los estadios”.
Primero, China donó el Sunset Park, un parque de diversiones inaugurado en 2022 en el Puerto de La Libertad, en el departamento del mismo nombre. Un año después, China concedió al Gobierno de Bukele la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES), que se ha convertido en un símbolo del centro histórico de San Salvador.
“El Partido Comunista de China está feliz de relacionarse y hacerle pequeñas obras civiles, obras de cemento, de ladrillo, sin importar regulaciones ambientales internacionales a regímenes igual al de ellos, regímenes fuera de la ley”, señala Campos.
En la actualidad, están en marcha otros proyectos de infraestructura de gran escala donados por China. El nuevo Estadio Nacional de El Salvador, que tendrá capacidad para 50 mil espectadores y estará ubicado en la anterior Escuela Militar, en San Salvador: “Será el más grande, el más bonito de toda Centroamérica”, dijo recientemente el embajador Zhang, quien calcula la apertura para mediados de 2027.
También está en ejecución el Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO), que se construye en una porción de la finca El Espino, una zona de alta recarga hídrica para San Salvador.
Los expertos consultados consideran que para China puede resultar un “buen negocio” tener un aliado político al que le regala este tipo de obras y, a la par, le vende productos por más de US$ 3,000 millones de dólares anuales.
Proyectos chinos sin agenda de desarrollo
El catedrático que pidió la reserva criticó que proyectos de infraestructura impulsados por China en El Salvador no son significativos en términos de desarrollo, como los que el gigante asiático ha realizado en otros países, como el Puerto Chancay, en Perú. En su opinión, el problema de fondo es que El Salvador carece de una estrategia económica y se ha limitado a estar siempre dependiendo de la ayuda extranjera.
Al respecto, Campos subrayó: “Aquí no vemos un puerto como en Perú, es decir, no son inversiones para el desarrollo. ¿Qué le ha ofrecido China a El Salvador? Verdaderamente, en materia productiva, en materia de inversión al desarrollo, nada”.