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Pavón y el posible voto de castigo por el manejo de la pandemia

Expediente Público

Cuando Karla Pavón se reinfectó de Covid-19, acudió a un hospital privado en Tegucigalpa, la capital de Honduras. Semanas después agradeció a Dios por haberla curado. Que esta candidata nacionalista a diputada por el departamento de Francisco Morazán se haya realizado las radiografías pulmonares en un hospital privado, aparentemente no tiene alguna relevancia. 

Sin embargo, la doctora Pavón es la principal encargada del Estado de Honduras para dar seguimiento a la pandemia del coronavirus. Por lo tanto, que esta epidemióloga acudiera a un centro privado, habla mucho de la gestión pública de la pandemia en este país centroamericano, donde según las cifras oficiales han muerto 6019 personas a causa del virus (al 18 de mayo de 2021), desde que en marzo de 2020 se confirmara el primer caso.

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Bajo señalamientos

La Secretaría de Salud (SESAL) -donde Karla Pavón es la jefa de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica- ha recibido múltiples críticas durante la pandemia. En resumen, a esta entidad se le responsabiliza por el colapso del sistema sanitario hondureño, por su supuesta complicidad en la compra irregular de los hospitales móviles, por no proteger la integridad de los médicos y enfermeros que trabajan en la primera línea, por la inoperancia en la compra de las vacunas y por su escasa capacidad para vigilar, detectar y atender el coronavirus en Honduras.

Frente a las críticas, la ministra de la SESAL, la pedagoga Alba Consuelo Flores, tiende a responsabilizar a la población de la difícil situación sanitaria que enfrenta el país, desligando la responsabilidad estatal, «ante el incremento de los casos por Covid-19, la solución no está en ampliar las salas de atención y aumentar el número de camas en los hospitales, la solución es cuidarse», dijo la funcionaria ante los medios.

Las estadísticas contradicen a la ministra Flores. Para enfrentar la pandemia, Honduras cuenta con apenas 9.5 camas hospitalarias por cada 10 mil habitantes y con una cobertura de 0.4 hospitales por cada 100 mil personas. Estos índices son los segundos más bajos en Centroamérica, solamente por encima de los de Guatemala. Sin duda, no es casualidad que estos dos países presenten las cifras más altas de muertes por Covid-19 en la región.

En teoría, la SESAL cubre los servicios médicos del 60% de la población, el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) asegura al 12% y el sector privado atiende al 10%. Es decir, 9 de cada 10 hondureños no tienen seguro médico y 18% de la población (más de 1.5 millones de personas) no tiene acceso a los servicios de salud.

Frente a las múltiples voces que exigen su renuncia, la ministra Flores expresó recientemente que la gestión pública de la pandemia «deja más resultados positivos que negativos». Sin embargo, después de un año de detectarse el primer caso, Honduras registró el pasado mes de abril sus cifras más altas de defunciones a causa del virus.

El caso de la compra de los hospitales móviles y el fracaso del sistema de vacunación ha sido la representación del manejo público de la crisis sanitaria, donde el Estado ha reprobado sus funciones por la falta de transparencia y eficacia en su gestión.

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Rezando por las vacunas

La falta de presupuesto no ha sido el principal problema para enfrentar la crisis sanitaria. Solamente en 2020, el Estado hondureño destinó 234 millones de dólares en esta línea. Sin embargo, el asunto pasa por la orientación y la transparencia en el uso de los fondos. Un estudio publicado recientemente por la organización estadounidense Financial Transparency Coalition (FTC), señaló que el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández gastó la mayoría de los recursos para apoyar a las grandes empresas, en vez de asignarlas a la protección social.

Aunado a lo anterior, la corrupción ha afectado directamente el manejo de la pandemia en Honduras. Para citar un ejemplo, con los 47 millones de dólares malversados por la compra de los siete hospitales móviles, Expediente Público comprobó que el gobierno hondureño pudo haber construido 20 hospitales permanentes.

Actualmente Honduras presenta la tasa más baja de vacunación a nivel latinoamericano (con 0,56% de la población vacunada con al menos una dosis). Para resolver esta situación, la funcionaria y candidata Karla Pavón, recomendó «orar» para que los productores de las vacunas contra la COVID-19 consideren a Honduras como un país prioritario.

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Además de rezar para que las vacunas arriben a Honduras, la Dra. Pavón ha combinado sus responsabilidades de epidemióloga en la SESAL con sus actividades como política, dos funciones que en tiempos de pandemia pueden resultar contradictorias. Como funcionaria de salud, Karla Pavón recomienda el distanciamiento físico, pero como candidata a diputada no rehúye de las aglomeraciones proselitistas.

¿Quién es la doctora Pavón?

La carrera de Karla Pavón como funcionaria pública inició en 2010, cuando fue nombrada directora del Programa Nacional de Dengue, donde fue criticada por su inexperiencia, al asumir el cargo con apenas tres meses de haberse graduado como médico general. 

En 2016, Karla Pavón fue colocada como jefa de la Región Sanitaria del Distrito Central. Un año más tarde, se lanzó como candidata a diputada en 2017, en la corriente del actual mandatario Juan Orlando Hernández. Sin embargo, en las elecciones generales de noviembre de ese año no logró la curul.

En agosto del año pasado, Karla Pavón pidió disculpas por el mal manejo de la pandemia, «pueblo hondureño, perdón que no les hemos dado respuestas, pero estamos haciendo gestiones desde esta Secretaría (SESAL), para que usted tenga respuestas», manifestó. A pesar de sus disculpas, diez meses después las soluciones tampoco llegaron. Paradójicamente, ahora la Dra. Pavón no le pide perdón a la población, sino su voto. ¿Le pasará factura política el manejo de la pandemia en Honduras?


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