* El Banco Mundial proyecta una desaceleración de la economía hondureña, que se apoya en el vulnerable motor de las remesas y un sistema de pensiones asfixiado.
* El auge de remesas de los últimos años fue un efecto extraordinario, pues los migrantes enviaron sus ahorros por miedo a la deportación, explican expertos.
* Con una informalidad laboral que bordea el 80%, el sistema de pensiones carece de cotizantes suficientes para asegurar su sostenibilidad futura.
Yarely Madrid / Expediente Público
El Banco Mundial (BM) estima que la economía hondureña se desacelerará este año. En su informe Goblal Economic Prospects 2026 señala que el crecimiento llegará al 3.5%, el menor de los últimos años.
Según el estudio, para las economías subdesarrolladas, como la de Honduras, altamente dependiente de las remesas y las pensiones jubilares, puede significar un riesgo directo sobre el consumo, el empleo, y la sostenibilidad fiscal.
El BM registró que la economía hondureña creció 3.8% en 2025, apoyada en el incremento del ingreso disponible de los hogares, esencialmente por el aumento de las remesas.
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Sin embargo, crecer no significa necesariamente transformarse. El BM ubica a Honduras dentro del patrón regional de América Latina, caracterizado por un crecimiento moderado y vulnerable a choques externos.
Es decir, la economía hondureña no está en crisis, pero tampoco está experimentando un despegue estructural.
El economista Claudio Salgado explicó a Expediente Público que el crecimiento hondureño descansa más en factores externos que en un proceso sostenido de transformación productiva. Mientras que, aspectos como una posible desaceleración de las remesas y la baja generación de empleo formal, plantean un reto estructural, añadió.
El espejismo de las remesas
De su parte, el economista Roldán Duarte señaló que el crecimiento de las remesas familiares muestra una clara desaceleración. Entre febrero de 2023 y febrero de 2024 las remesas alcanzaron los US$ 943.4 millones. Para febrero de 2025 llegaron a US$ 1,155.5 millones y para febrero de 2026, a US$ 1,294.2 millones.
Salgado explicó que el abrupto crecimiento del 2025 fue «extraordinario», impulsado por envíos precautorios ante la incertidumbre migratoria en Estados Unidos, pues, si los migrantes temen la deportación, envían sus ahorros a Honduras para protegerlos.
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Sin embargo, agregó que, al normalizarse este flujo de dinero, el consumo interno pierde dinamismo, afectando directamente la capacidad de las familias para pagar salud, educación y alimentación.
“Fue un efecto extraordinario por el temor migratorio. Ese impulso no se repite automáticamente”, señaló el analista.

La fragilidad de las pensiones
Mientras las remesas sostienen el presente, las pensiones deberían asegurar el futuro. No obstante, el sistema previsional hondureño enfrenta un desafío existencial derivado de la estructura laboral del país.
El BM señala que la presión fiscal aumenta cuando el Estado debe asumir la responsabilidad de una población que envejece sin ahorros previsionales. Si la economía solo crece al 3.5% o 3.7% (proyecciones para 2026-2027), el país no está generando los empleos formales necesarios para ensanchar la base de cotizantes.
La sostenibilidad de cualquier sistema de pensiones depende de la relación entre cotizantes activos y jubilados. En Honduras, la informalidad laboral ronda entre el 70% y el 80%, según el Banco Central de Honduras. Esto significa que la gran mayoría de la población joven no cotiza al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) ni a los institutos públicos.
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Según Salgado, el problema nace en la estructura del empleo que el país es capaz de generar.
Señala que Honduras sigue apostando por productos agrícolas de bajo valor agregado. Estos sectores no solo tienen una productividad muy baja, sino que son incapaces de generar «empleo masivo y formal» como prometen los gobiernos. Al ser empleos de subsistencia o temporales, no generan los aportes necesarios para sostener las cajas de pensiones, agrega.
“Usted con esos productos agrícolas no va a salir adelante. Es de los sectores que menor valor agregado tienen y la productividad es muy baja… es muy difícil que la economía hondureña genere empleo masivo tal como lo prometen todos los gobiernos”, apuntó el economista.
Salgado añade que, aunque se espera que la inversión de EE. UU. genere puestos de trabajo, Honduras no es un destino ideal por su falta de seguridad jurídica e infraestructura; su único atractivo es la «mano de obra barata».
Este tipo de empleo, según su perspectiva, basado en salarios mínimos y pocas prestaciones, no fortalece la base de cotizantes que el sistema de pensiones requiere para no colapsar.

Un crecimiento insuficiente
La economía de Honduras se encuentra en un momento de estabilidad aparente que, bajo un análisis riguroso, revela grietas estructurales profundas.
Según el informe del BM y los datos consolidados del Banco Central de Honduras, al tercer trimestre de 2025, el país transitó tuvo un crecimiento moderado que no logró traducirse en una transformación social definitiva.
Mientras las cifras macroeconómicas muestran una trayectoria ascendente, el modelo basado en el consumo financiado por remesas y un sistema de pensiones asfixiado por la informalidad plantea interrogantes sobre qué tan sostenible será el bienestar de los hondureños en el trienio que culmina en 2027.
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Honduras cerró el 2025 con un crecimiento del 3.8%, impulsado en gran medida por el dinamismo de la intermediación financiera y un sector cafetalero que aprovechó precios internacionales históricos.
Sin embargo, las proyecciones para los años venideros sugieren una ligera desaceleración, con una expansión estimada del 3.5% para 2026 y un repunte hacia el 3.7% en 2027.
Para el economista Claudio Salgado, estas décimas de diferencia cuentan una historia de insuficiencia, ya que un crecimiento anual que promedia el 3.6% apenas alcanza para cubrir las necesidades de una población que aumenta a un ritmo similar, dejando poco margen para la reducción real de la pobreza o la modernización de la industria nacional.