Trump contraataca para asegurar la hegemonía de EE. UU. en América Latina 

Trump contraataca para asegurar la hegemonía de EE. UU. en América Latina

* El plan estratégico del Departamento de Estado retoma a las Américas como su zona exclusiva frente a otras potencias, coinciden expertos. 

** El documento combina la diplomacia con posiciones de seguridad y defensa.  

*** Washington aspira a limitar la presencia china y evitar su expansión en América.


Expediente Público 

El Plan Estratégico del Departamento de Estado 2026–2030, impulsado por el secretario de Estado Marco Rubio, redefine la relación de Washington con América Latina: dominio pleno de EE. UU. en el hemisferio, contención a China, control migratorio y ataque a carteles considerados una amenaza terrorista. 

El documento se publicó poco después de la operación militar del 3 de enero en Venezuela. Tres expertos consultados por Expediente Público consideran que esta estrategia es el marco conceptual para entender que la captura de Nicolás Maduro no es un caso aislado, sino que responde a una política bien diseñada. 

En los últimos dos meses, Washington divulgó tres documentos que revelan su política exterior. El primero es la Estrategia de Seguridad Nacional, donde se plantea el enfoque global. El segundo es el Plan Estratégico del Departamento de Estado 2026-2030, que refuerza esta posición centrada en América Latina. Y la Estrategia de Defensa Nacional, emitida el 23 de enero. 

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El documento del Departamento de Estado establece una hoja de ruta para la protección de los intereses nacionales, la seguridad fronteriza y, fundamentalmente, el freno a la influencia global de China. 

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Doctrina Donroe: el patio trasero 

El plan estratégico reconoce lo que medios estadounidenses habían bautizado como la doctrina Donroe, en alusión al mandatario Donald Trump y la clásica premisa “América para los americanos” del presidente James Monroe, de 1823, que llevó a Washington a intervenciones en todo el continente para garantizar sus intereses. 

“El presidente Trump ya ha demostrado, mediante acciones audaces, que la supremacía estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionada”, reza el segundo de seis objetivos del plan.  

El texto reitera: “Bajo la nueva Doctrina Donroe, Estados Unidos ha restablecido la primacía absoluta en nuestro hemisferio, tanto poniendo en cintura a Estados antiestadounidenses y regímenes parias, como forjando nuevas y poderosas alianzas de seguridad y económicas con Estados afines”. 

La politóloga Lourdes Balconi manifestó a Expediente Público que la estrategia diplomática actual resalta el principio de soberanía y da mucho énfasis a los intereses de Estados Unidos como prioridad sobre la cooperación y la ayuda humanitaria. 

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El documento oficial sostiene que “durante demasiado tiempo, los responsables de las políticas en EE. UU. asumieron que las fronteras abiertas, la integración global y la deferencia hacia las instituciones y acuerdos multilaterales producirían resultados que serían buenos para el mundo y, por lo tanto, buenos para Estados Unidos. Este experimento fracasó”. 

Balconi interpreta que América Latina será el área de influencia primaria para los intereses estadounidenses. 

Raúl Benítez, profesor de Geopolítica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), indicó a Expediente Público que “la nueva estrategia vincula directamente la política exterior con la seguridad interna”.  

En contexto: EE. UU. advierte un freno para China y Rusia en Venezuela 

China: el rival que debe ser alejado 

El documento menciona 14 veces a China y reitera que no dejará de tener canales de comunicación abiertos con Pekín ni buscará guerras o cambios de regímenes en el Indo Pacífico. 

Agrega que tampoco provocará inestabilidad y mantendrá “líneas de comunicación abiertas para reducir malentendidos y riesgos”. 

Sin embargo, el plan estratégico señala que “en la última década, China ha llevado a cabo un fortalecimiento militar sin precedentes que Estados Unidos debe poner de manifiesto públicamente y estar preparado para contrarrestar”. 

Iván Briscoe, director senior de política del centro de pensamiento International Consulting Group (ICG), explicó a Expediente Público que la pugna en 2025 por aranceles entre Washington y Pekín mostró cuán vulnerable es Estados Unidos contra su principal rival global. 

La pelea comercial 

Según este experto, la disputa comercial del año pasado demostró que no solo los productores estadounidenses de soja dependen del mercado chino, sino que el país no puede producir ni importar más barato de otro lugar y tiene limitado el acceso a las tierras raras que China acapara. 

Trump bajó sus posiciones iniciales en la guerra comercial contra China, que tiene control en canales de comercio y puntos muy estratégicos de movimiento, transporte, comunicación y logística en la región, algunos cercanos a la frontera de Estados Unidos. “Obviamente es una amenaza potencial”, señaló Briscoe al respecto. 

Trump inició su mandato en 2025 obligando a Panamá a cancelar las concesiones sobre dos puertos del canal otorgadas a empresas chinas, las cuales fueron adquiridas por el consorcio BlackRock y la naviera MSC. 

¿Cómo funcionaría el “nearshoring”? 

El documento muestra la preocupación de Trump por la cadena de suministros y el interés de traer de vuelta producción en el extranjero y acercar con sus aliados regionales a sus multinacionales. 

A pesar de ser su rival global, China se había convertido entre 2016 y 2018 en el principal socio comercial de Estados Unidos, con un promedio entre 13.1% y 13.4% del total de bienes exportados e importados. 

Desde el primer mandato de Trump (2017-2021), se empezaron a aplicar aranceles para dejar d enriquecer a China. Como consecuencia, para 2023, México y Canadá alcanzaron una cuota comercial mayor que el país asiático, según datos del Departamento de Comercio. 

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En 2018 el intercambio comercial de Estados Unidos con China fue de USD 658 mil millones y con Canadá de USD 618 mil millones. En 2024 cayó a 582 mil millones con China y subió a USD761 mil millones con Canadá, de acuerdo con el Buró de Censos

Estados Unidos tiene ahora a México como su principal socio comercial. Entre 2022 y 2024 tuvieron intercambios anuales de bienes por USD 659 mil millones, USD USD779 mil millones y USD 840.5 mil millones. 

Sin embargo, las exportaciones chinas siguieron creciendo gracias a mercados emergentes en Asia y América Latina, al igual que sus negocios con Rusia, con los cuales evade las sanciones internacionales. 

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Diplomacia coercitiva 

El plan estratégico enfatiza el combate a la migración ilegal y a los carteles de droga, catalogados como organizaciones terroristas. 

“La asistencia diplomática y financiera a los países vecinos estará estrictamente condicionada a su cooperación para frenar el flujo migratorio masivo y aceptar la repatriación de ciudadanos”, resumió Benítez. 

También las operaciones militares de los últimos seis meses, con ataque a presuntos botes de narcotraficantes, muestran cómo se está aplicando esta doctrina en el campo del combate al crimen organizado, agregó el experto. 

Ahora, Colombia es muy importante para Washington  por el narcoterrorismo y la cocaína, como lo es Venezuela por el gobierno chavista y el petróleo. Pero Centroamérica aparece como vacía de preocupación para Estados Unidos, asegura el académico. 

Por su parte, Balconi considera que después de Venezuela hay otros países y territorios en la mira estratégica de Estados Unidos, como Cuba y Groenlandia. Pero también Islandia y Canadá no dejarán de estar entre sus intereses porque tienen acceso al Ártico y las rutas marítimas colindantes.  

Los analistas consultados por Expediente Público coinciden que, pese a no mencionarse en el documento de política exterior, esta visión está más clara en el Plan de Seguridad Nacional

En el capítulo tres del plan relacionado al Hemisferio Occidental se propone el “establecimiento o la ampliación del acceso en ubicaciones estratégicamente importantes”, así como “controlar rutas de tránsito claves”. 

Balconi entiende que no solo se trata de una idea expansionista de Estados Unidos o del presidente en particular, sino, del acceso al Ártico y las rutas marítimas que se abren con el deshielo. 

Reenfoque al multilateralismo 

El plan estratégico señala que “la política exterior elevó de manera sistemática los intereses de la comunidad global y del orden basado en reglas por encima de los intereses nacionales de Estados Unidos y su pueblo”. 

«Un enfoque así pudo haber sido simplemente autodestructivo; frente a los desafíos actuales, corre el riesgo de colocar a Estados Unidos en un camino hacia el suicidio civilizacional y geopolítico”, añade el texto. 

La crítica del Departamento de Estado es que el multilateralismo está lleno de organizaciones que, en lugar del desarrollo, promueven la dependencia asistencial y “reflejan ideologías destructivas y un desajuste estratégico con los intereses de los Estados Unidos”, por ejemplo, con normativas que, según la administración Trump, atentan contra la libertad de expresión. 

El documento propone “promover el americanismo en las organizaciones internacionales, proteger las rutas marítimas y los corredores comerciales libres y abiertos, y evitar que potencias extranjeras dominen recursos y ámbitos regionales clave”. 

Además, prevé un sistema de alianzas o la reorganización de estas con eje en el comercio. “La empresa estadounidense es la base de nuestro poder global y de nuestra prosperidad interna”. 

En los últimos años, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no ha llegado a ningún consenso sobre alguna posibilidad de acción frente a los conflictos más importantes del mundo, anotó Briscoe. 

Estados Unidos, durante el gobierno de Joe Biden, tuvo fe en el multilateralismo y en la importancia de defender mundialmente los derechos humanos y la democracia, pero mostraba una debilidad: la incapacidad de cumplir sus demandas, sus criterios democráticos en el mundo, advirtió el Briscoe. 

“Eso mostró que las viejas formas diplomáticas y geopolíticas estaban en crisis y es perfectamente racional en ese contexto que Estados Unidos decide adoptar un enfoque más nacionalista”, añadió. 

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Fin del orden internacional post Guerra Fría 

Balconi considera que la acción militar en Venezuela a inicios de año dinamitó el derecho internacional. 

“Ya no es el mundo de reglas que ellos mismos habían establecido después de la Segunda Guerra y durante la Guerra Fría. Y eso preocupa muchísimo”, destacó la académica. 

Sin embargo, Briscoe sostuvo que el declive del sistema multilateral empezó antes de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2017. 

El resurgimiento de Rusia como poder militar con sed de expansión bajo Vladimir Putin, más la llegada de una figura autocrática, nacionalista y militarista como Xi Jinping en China, demostró un cambio fundamental en lo que había sido el status quo post Guerra Fría, es decir, finales del siglo XX. 

Se suponía que Estados Unidos era el poder hegemónico mundial y eso ya se terminó, al menos en términos retóricos, en 2007, cuando Putin dio un discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, Alemania. 

Briscoe argumentó que Putin no aceptaba más el poder único de Estados Unidos en el mundo, que ya estaba cuestionado después las intervenciones en Afganistán y sobre todo Irak.  

Putin decía en esa conferencia que no aceptaba un sistema internacional dominado por las demandas y la voluntad de un poder. Desde ese momento, se demostró en la creciente parálisis del sistema multilateral en su órgano más alto, o sea, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, recordó Briscoe. 

Por su parte, Benítez señaló que el capítulo dedicado a la soberanía en la nueva estrategia estadounidense plantea un giro explícito: Washington dejará de financiar y respaldar a organismos internacionales que no estén alineados con sus intereses nacionales. 

Esta lógica, explica el académico, ayuda a entender el retiro de Estados Unidos de decenas de instancias multilaterales -principalmente dentro del sistema de Naciones Unidas- y anticipa una política exterior más transaccional, en la que incluso alianzas tradicionales podrían ser reevaluadas si dejan de considerarse funcionales a la seguridad y los objetivos estratégicos del país.

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Europa recontextualizada 

Para Benitez, Washington hace referencia a su papel durante la II Guerra Mundial para derrotar la amenaza nazi en Europa, para señalarles la obligación del viejo continente para sostener la “alianza civilizatoria” occidental de postguerra, basada en la economía de libre mercado y la democracia.  

Por su parte, Balconi dijo que. desde el enfoque de la administración Trump,  Europa prácticamente entregó su seguridad durante la Guerra Fría a los Estados Unidos y es lo que el documento dice. 

Efectivamente, el objetivo cuarto del plan estratégico sostiene que “Estados Unidos construyó la arquitectura global” posterior a la II Guerra Mundial, creando una asociación transatlántica, “utilizándola para convertirse en el principal garante de la seguridad de Europa Occidental, su respaldo financiero y un polo geopolítico en la lucha contra el comunismo”.  

“Junto con las naciones libres de Europa, Estados Unidos derrotó a la URSS y liberó al continente del yugo de la tiranía comunista”, sostiene el plan. 

Ahora, Washington “no quiere más aliados a quien cargar, sino más independientes, entre comillas, que puedan respaldar las decisiones, pero yo no sé si en América Latina hay algunas fuerzas que puedan contribuir de forma como lo necesita”, afirmó Balconi.  

¿Nueva doctrina es sostenible? 

El plan se presenta como una estrategia para 2026–2030, aunque su vigencia política dependerá del calendario electoral estadounidense que tiene elecciones legislativas y estatales decisivas en noviembre.  

Para Benítez, el documento tiene un tono triunfalista que contrasta con la caída de popularidad interna de Trump. 

Lo que sí queda claro es que Washington ya no apuesta por liderar un orden internacional compartido, sino por administrar su poder mediante zonas de influencia, alianzas funcionales y coerción selectiva. 

Los expertos coinciden en que América Latina es el territorio estratégico principal de Estados Unidos y su rival declarado, China.