Siete facciones del chavismo se disputan el poder en Venezuela

Siete facciones del chavismo se disputan el poder en Venezuela

* Los líderes del chavismo se muestran unidos públicamente, pero hay signos de disputas internas. 

** Mientras Delcy Rodríguez busca restablecer relaciones diplomáticas con EE. UU., los colectivos, dirigidos por Diosdado Cabello, se oponen.

*** Otro punto de conflicto es la liberación de presos políticos, pues cada facción tiene sus propios reos.


Expediente Público

Luego de la extracción del dictador Nicolás Maduro, a manos de fuerzas militares estadounidenses, se han acrecentado las disputas entre las distintas facciones del oficialismo venezolano por la preservación del control político y social.

La operación Resolución Absoluta, con la que las fuerzas estadounidenses capturaron al autócrata para que afronte un juicio por tráfico de drogas y apoyo al terrorismo en EE. UU., ha iniciado en Venezuela una disputa entre las distintas facciones del oficialismo, que intentan imponerse unas sobre otras.

Las contradicciones saltan a la vista. Por un lado, la presidenta interina Delcy Rodríguez ha anunciado el envío a Washington de una comitiva diplomática.

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Por otro, los colectivos – grupos armados no estatales del chavismo-, que están al mando del ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, intentaron asediar a una delegación diplomática estadounidense que llegó a Caracas la semana pasada para intentar la reanudación de las relaciones bilaterales, rotas desde 2019.

Esto suscitó que el Departamento de Estado emitiera el 10 de enero un comunicado en el que recomendó a los estadounidenses abandonar Venezuela lo antes posible.

El consultor político Oswaldo Ramírez explicó a Expediente Público que uno de los factores de diferenciación entre los distintos grupos del chavismo es el grado de proximidad con el gobierno de Donald Trump.

Según Ramírez, lo paradójico es que hasta enero Delcy Rodríguez formaba parte de la retórica “antiimperialista” del chavismo. Por eso, sus copartidarios del oficialismo “deben ver mal tan estrecha colaboración”, afirmó el analista.

Sin embargo, esas contradicciones no han trascendido al público. Ante la mirada pública, los grandes representantes del chavismo presumen juntos del control de todos los poderes estatales y muestran armonía.

Las siete facciones del chavismo

Ramírez ha identificado siete facciones del oficialismo venezolano. A la cabeza estaba el grupo Maduro-Flores. A partir de 2014, Maduro ganó adeptos a costa de su mentor Hugo Chávez. Los más visibles son los familiares del exgobernante, como su hijo, el diputado Nicolás Maduro Guerra (Nicolacito), y parientes de su esposa, Cilia Flores.

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La segunda facción, la que más ha ganado predominancia tras la caída de Maduro, es la de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez. Ambos crecieron a la sombra de las intrigas de palacio, gracias al poder que Maduro les delegó.

Tras el desplazamiento de Tareck el Aissami (2024), la entonces vicepresidenta quedó a cargo del relacionamiento con los grupos económicos, tanto locales como foráneos, desde la cúpula empresarial de Fedecámaras hasta la Chevron estadounidense.

Mientras tanto, su hermano Jorge se encargaba de las estrategias electorales y encabezaba las fracciones del Poder Legislativo. La elección de 2024 fue un fracaso para el oficialismo, y por ende para Rodríguez.

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El poder de los colectivos

El tercer grupo es el llamado 4F o histórico. Al frente está Diosdado Cabello, el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Aquí también han participado militares, en su mayoría retirados. El vínculo primario entre ellos es la participación en la intentona golpista de febrero de 1992. 

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Cabello, junto con su hermano José David, conocido como Mocho, controla el aparato represivo y de inteligencia, incluida la de orden financiero. Esta facción ha incorporó a los grupos armados no estatales, un proceso que promovió el propio Chávez luego de la crisis política de abril de 2002. Aquí también figura el gobernador de Táchira, Freddy Bernal.

Los roces entre el grupo 4F y el clan de los Rodríguez se hicieron evidentes en la elección presidencial de 2024. Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez -entonces jefe de la campaña de Maduro- se enfrentaron en Miraflores ante la posibilidad de reconocer el resultado que favorecía al opositor Edmundo González. Cabello se impuso, y fue el primero en salir al llamado “balcón del pueblo” para cantar victoria en nombre de Maduro, sin que hubiese un pronunciamiento oficial del Poder Electoral.

El poder militar

La cuarta facción es la élite militar. Su exponente más importante es Vladimir Padrino, ministro de la Defensa durante los últimos once años. A pesar de que se graduó en la Academia Militar en 1984, no participó en los alzamientos del grupo “bolivariano”. Sin embargo, se erigió como el principal interlocutor entre los cuarteles y Miraflores a partir de 2015, pues Maduro y los Rodríguez tienen poca injerencia en las Fuerzas Armadas. De hecho, provienen de una izquierda que se oponía a los uniformados.

Tres grupos minoritarios

A estos cuatro bandos fuertes del chavismo, les siguen tres grupos disminuidos. Los institucionalistas intentan reivindicar el “verdadero espíritu” del movimiento liderado por Hugo Chávez. Allí se encuentra, por ejemplo, el compañero de gesta del comandante, el también teniente coronel Francisco Arias Cárdenas.

Por otra parte, el Frente Francisco de Miranda, liderado por la exministra Erika Farías y el actual titular de la cartera de Comunas, Ángel Prado, aglutinan a otro sector minoritario de la coalición gobernante.

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Por último, la séptima facción corresponde a la denominada «electrones libres». Son elementos del chavismo que no se afilian a ninguna corriente particular. Según Ramírez, aquí están el excanciller Jorge Arreaza y el magistrado del Tribunal Supremo de Justica Maikel Moreno.

La acusación en EE. UU. también divide

Otro elemento que atiza las diferencias dentro del oficialismo venezolano es la acusación penal de EE. UU., que se hizo pública luego de la detención de Maduro. Se trata de una acción “supletoria”, que involucra a ‘Nicolacito’, a Diosdado Cabello y a Padrino López en una misma organización criminal, junto con el líder del Tren de Aragua, Héctor Guerrero Flores. De allí el mote de “narcoterroristas” contra ellos.

Este mismo señalamiento judicial usó EE. UU. como justificativo para capturar a Maduro el 3 de enero.

Para Phil Gunson, analista senior del International Crisis Group, dejar afuera de esa acusación penal a Delcy y Jorge Rodríguez les da ventaja política frente a los líderes de las otras facciones fuertes del chavismo.

“Dejar explícita esa amenaza sobre Padrino y Cabello busca mantenerlos en su sitio, evitar que saboteen y, al mismo tiempo, ofrecer cierta oportunidad, una perspectiva de sobrevivencia a los hermanos Rodríguez y lo que ellos representan, sobre todo para la burocracia civil, que EE. UU. necesitará para llevar a cabo este plan ambicioso que proponen”, sostuvo el analista a Expediente Público.

Agregó que lo que realmente cohesiona o aleja a los oficialistas es la búsqueda de una sobrevivencia política, frente al acecho de Washington.

“En este momento no se puede hablar de moderados y duros”, afirmó. Según el analista, el chavismo está dividido ahora entre quienes podrían sobrevivir a una transición democrática y los que perderían todo y se irían a la cárcel si se dan elecciones libres.

Los hermanos Rodríguez fueron sancionados por el Departamento del Tesoro en 2018, durante la primera administración de Donald Trump, por su presunta participación en el usufructo de los recursos procedentes de la corrupción del gobierno madurista. Pero esta es una medida administrativa que, según el propio Tesoro, puede ser removida.

Esto sucedió con el general de brigada Manuel Christopher Figuera, exdirector de la policía política de Venezuela, que marcó distancia de la dictadura venezolana durante la asonada de abril de 2020.

Excarcelaciones bajo la lupa

Otro punto de disputa entre las facciones chavistas es la excarcelación de presos políticos. El proceso fue liderado por Jorge Rodríguez. Él fue quien anunció la liberación de “un número importante” de reos cinco días después de la extracción de Maduro, el 8 de enero.

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Para ese momento, según el Foro Penal permanecían privadas de libertad 809 personas por disentir u oponerse al oficialismo.

Las liberaciones solo se han dado a cuentagotas, en medio de frecuentes cruces de información. Para el momento en que se redacta este informe, la organización civil Justicia, Encuentro y Perdón, que monitorea los casos de los presos políticos, indicaba que solo fueron liberados 56 activistas. Del otro lado, Jorge Rodríguez aseguró que eran 400.

Uno de los factores que podría influir en esta disparidad se refiere a la clasificación de un detenido. Determinar si se trata de un preso por razones de conciencia, o si fue por algún delito. El problema es que el oficialismo nunca ha admitido tener en sus mazmorras a presos por razones políticas. En 2024, el titular de la Fiscalía Tarek William Saab lo resumió así: “No son presos políticos, son criminales”.

Cilia Flores controlaba las cortes

Según el exdirector de Actuación Procesal del Ministerio Público, Zair Mundaray, Rodríguez hizo un anuncio en un área sobre la que tiene escaso conocimiento, solamente porque en otras oportunidades también se atribuyó esa potestad. Esta vez, el parlamentario ni siquiera tomó en cuenta que los tribunales apenas se reincorporaban de las vacaciones decembrinas.

“(Rodríguez) no hizo ninguna coordinación. El dominio del sistema penal lo tuvo Cilia Flores. Ahora hay un vacío, caos administrativo interno. Los jueces no deciden y no pueden revisar medidas autónomamente si no lo ordena la Sala Penal del Tribunal Supremo”, explicó Mundaray a Expediente Público.

Entonces, el presidente del Parlamento tendría que vérselas con operadores que estaban ligados al núcleo madurista.

Cada facción tiene sus presos políticos

El afán de las distintas facciones oficialistas por preservar el control de sus parcelas de poder es tal, que a los liberados les imponen medidas cautelares que les impiden declarar sobre sus propios casos ante los medios de comunicación. Por ende, muchas liberaciones no son conocidas por la colectividad. 

A un locutor que residía en Margarita, preso por postear en Instagram un mensaje de bienvenida ilustrado con banderas estadounidenses, le retardaron su liberación hasta la madrugada del sábado pasado, y le advirtieron que debía guardar silencio, según pudo conocer Expediente Público de primera mano.

En un país donde la institucionalidad ha sido cuestionada por los organismos internacionales, los presos pasan también a ser una demostración del poder de cada facción. Así lo explicó el abogado y exreo político venezolano Braulio Jatar.

“Cada uno de nosotros fuimos presos de alguno, cada uno de ellos tiene sus presos: los gobernadores y los alcaldes… todos liquidan a sus enemigos a través de las cárceles, y eso complica la liberación”, indicó a Expediente Público.

Según Jatar, luego del 3 de enero las principales facciones se han resumido en un triunvirato: los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino. Señaló: “Sabemos que armonizan hacia afuera, pero tienen serias diferencias. Son fracciones. Luego de tantos años, se acostumbraron a acumular poder y no cederlo”.