Conferencia de Seguridad regional advierte de redes autoritarias e ilícitas

Conferencia de Seguridad regional advierte de redes autoritarias e ilícitas

* El crimen organizado como las potencias extrarregionales crean «ecosistemas» transnacionales que debilitan la gobernanza y democracia, dicen expertos en Conferencia de Seguridad de la FIU.

** Expediente Público brinda cobertura al evento que reúne en Miami a gobernantes, académicos, sector privado y sociedad civil.


Natalia López / Expediente Público / Miami, Florida

Las organizaciones criminales aisladas y las influencias extrarregionales no operan de forma independiente, sino que tejen un «ecosistema» interconectado, transnacional, sostenido por la impunidad y lubricado por la corrupción, advierten expertos y analistas.  

La mayor dificultad para enfrentar estas amenazas actuales en América Latina no es la falta de información, sino la complejidad de lo que hay que detectar. 

Estas declaraciones coincidentes se dieron en uno de los primeros debates de la X Conferencia de Seguridad Hemisférica, el foro de seguridad más importante del continente, desarrollado por la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés). 

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Del 5 al 8 de mayo funcionarios, líderes militares, expertos académicos, investigadores, actores de la sociedad civil y del sector privado se reúnen para abordar los desafíos más críticos que enfrenta la región en la actualidad.  

Uno de los debates implica la presencia de potencias como China y Rusia en el hemisferio dominado en el último siglo por Estados Unidos.

Competencia entre potencias

«Muchos países están posicionándose entre estos dos centros de gravedad. Y depende de nosotros persuadirlos de que tenemos un mejor modelo para ofrecerle a su gente”, sostuvo Michael Miklaucic, investigador senior del Centro para el Estudio de la Democracia y referente global en el estudio de redes ilícitas y guerra irregular. 

“La competencia está en Ucrania y en Irán. Esa es la competencia cinética. Pero también hay otro nivel de competencia absolutamente omnipresente y global. China y Rusia en particular no tienen el mismo concepto binario de guerra que tenemos nosotros (Estados Unidos)”, advirtió.  

“Para ellos, la guerra y la paz no son un interruptor que se enciende o se apaga. Son una característica permanente de las relaciones globales. Y practican lo que yo llamo guerra asimétrica — muchos lo llaman guerra en zona gris. Los rusos lo llaman guerra de nueva generación», dijo.  

Agenda de la conferencia

La agenda de este año toca debates sobre Cuba y Venezuela en transición, desafíos de seguridad nacional, cibercrimen y delitos financieros, inteligencia artificial, el rol del sector privado en la seguridad hemisférica, crimen organizado transnacional e infraestructura crítica.  

Entre los participantes figuran el administrador del Canal de Panamá, Ricaurte Vásquez Morales; el subsecretario interino de Defensa de EE. UU. para el hemisferio, Joseph Humire; y el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi. 

 El cierre del viernes tendrá una marcada impronta diplomática: participará el embajador de EE. UU. ante la Organización de Naciones Unidas, Mike Waltz, junto a los embajadores estadounidenses en México, Panamá, Perú y Haití.

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Expediente Público sigue la conferencia desde Miami, con foco en los temas que afectan directamente a Centroamérica: el crimen organizado transnacional, la influencia de regímenes autoritarios y el rol de potencias externas —China, Rusia e Irán— en el debilitamiento institucional de los países. 

La jornada inaugural arrancó este martes con una serie de workshops temáticos. Uno de ellos fue Alianzas en la sombra: influencia autoritaria y crimen organizado en América Latina, coordinado por Michael Miklaucic. 

El ecosistema más difícil de estudiar

Martin Vladimirov, director del Programa de Energía y Clima del CSD, fue más específico sobre cómo opera ese ecosistema en la práctica.  

«Lo que Rusia, China e Irán logran es traducir su presencia estratégica — inversiones, acuerdos de suministro, interacción diplomática — en una influencia real sobre las políticas de los países. Pero ¿cómo se produce esa traducción?”, preguntó. 

Para Vladimirov esa pregunta responde a un mecanismo que probablemente es el más difícil de estudiar. “La razón por la que muchos académicos y analistas subestiman a estos países es precisamente porque no entienden ese mecanismo”.  

“Lo que encontramos es que Rusia y China utilizan distintas redes — empresas, servicios de seguridad, funcionarios, criminales — para cooptar instituciones específicas. Puede ser una aduana, puede ser cualquier organismo del Estado. El objetivo es socavar su propia función desde adentro», sostuvo. 

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La advertencia de Vladimirov no es abstracta. Su trabajo en Europa documentó cómo la dependencia energética de Rusia tardó décadas en construirse en países como Hungría, Bulgaria o Serbia — y fue extraordinariamente difícil de desmantelar. El patrón, dijo, se está replicando en América Latina con distintos instrumentos, pero la misma lógica.

Redes, no cárteles

Guadalupe Correa-Cabrera, profesora y co-directora del Centro de Terrorismo, Crimen Transnacional y Corrupción de la Universidad George Mason, aportó la mirada más cercana al terreno centroamericano y mexicano. Su argumento central fue una corrección conceptual con consecuencias políticas profundas: lo que llamamos cárteles no son cárteles. 

«Lo que ocurre en México y en otros países de América Latina es que el ecosistema — los medios, el sistema bancario, el sistema político — está interconectado. En el caso de México, estamos hablando de una economía donde un Estado autoritario puede penetrar de distintas maneras”, analizó Correa-Cabrera.  

“Muchas veces no podemos identificar cómo ejercen su influencia los distintos regímenes autoritarios. Lo hacen a través de un ecosistema caracterizado por niveles muy altos de corrupción e impunidad”, continuó.  

“Esa corrupción y esa impunidad son las que permiten el resto de las actividades ilícitas. Lo que existe no es un cártel. Lo que existe es una red. Una red que opera y se sostiene gracias a la protección política y a la impunidad que distintos sectores de la sociedad le otorgan”, agregó la investigadora. 

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La zona gris: ni guerra ni paz

Vladimir Rouvinski, director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Icesi en Colombia y una de las pocas voces académicas del hemisferio que analiza la influencia rusa desde adentro —es ruso, vive en Colombia desde 2007—, planteó la pregunta que resume el desafío central del panel: 

«No es que tengamos, por un lado, inversiones y relaciones comerciales completamente legales y, por el otro, actividades ilegales. Ahí es precisamente donde entra la zona gris. No es necesario que Rusia u otros actores controlen directamente esas redes — pero son conscientes de su existencia. Saben exactamente dónde operan. Y las explotan en su beneficio”, precisó.  

“Cuando queremos distinguir entre comercio legal e inversiones legítimas y lo que están haciendo Rusia, China e Irán, tenemos que hacernos una sola pregunta: ¿quién se beneficia? ¿Qué es lo que están buscando?», sumó. 

Por otro lado, el investigador asociado del Centro para una Sociedad Libre y Segura y director de investigación de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, Hugo Acha destacó: ¨Lo que estamos leyendo es que potencias extranjeras, a través de su interacción con la economía ilícita, han logrado la penetración definitiva del tejido institucional y social de los Estados Unidos. Y ahí es donde deberíamos concentrar nuestra preocupación». 

Una agenda clave

El miércoles y el jueves la conferencia entra en su fase de plenarias con los paneles de mayor peso político: competencia entre grandes potencias, seguridad marítima, el futuro de la guerra —espacio, ciberataques y sistemas autónomos— y el rol de potencias externas en la reconfiguración del mapa de seguridad regional. 

Para Centroamérica, los próximos días son clave. Nicaragua, Honduras y Guatemala aparecen de forma recurrente en los análisis como los eslabones más vulnerables de un ecosistema que, según los expertos reunidos en Miami, ya no distingue entre lo legal y lo ilegal, entre lo político y lo criminal, entre la guerra y la paz.