* Expertos analizaron la soberanía marítima de la región en la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica, en la Universidad Internacional de Florida (FIU).
* Analistas señalaron que se está sobreexplotando el 90 % de las existencias pesqueras globales y que uno de cada cinco peces es capturado ilegalmente.
* Los panelistas advirtieron que la pesca ilegal está haciendo que las comunidades pesqueras sean susceptibles al narcotráfico y la trata de personas.
Yarely Madrid / Expediente Público
La expansión de la flota pesquera de China y la vigilancia estratégica de Rusia sobre la infraestructura submarina representan los desafíos más críticos para la seguridad y estabilidad económica en el hemisferio occidental.
Así lo plantearon expertos reunidos este martes 6 de mayo en el panel “Maritime Security Reimagined: Navigating New Threats at Sea”, organizado por la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés), en el marco de la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica.
La discusión contó con la participación de Gregg Casad, asesor de Skylight; el contraalmirante retirado Michael Studeman; Juan Pablo Toro, de AthenaLab; y Wade Vickery, analista del Jack D. Gordon Institute for Public Policy de la Universidad Internacional de Florida (FIU). Los expertos detallaron cómo estas potencias aprovechan los vacíos legales para expandir su influencia marítima.
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Dominio de China en aguas regionales
Los expertos señalaron que China utiliza tácticas de “actividades oscuras”, que consisten en el apagado deliberado de sistemas de identificación automática para evadir radares.
Un caso emblemático es el del buque chino Yang Pha 6, que desapareció durante tres días cerca de aguas argentinas en 2024. Este evento fue utilizado por el Instituto Jack D. Gordon para demostrar cómo los analistas pueden identificar comportamientos sospechosos de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, conocida por las siglas INDNR.

Estas maniobras, según los panelistas, permiten a la flota china saquear toneladas de recursos sin dejar registro oficial ante las autoridades locales. La magnitud de esta flota representa un desafío de vigilancia que supera las capacidades actuales de muchos estados latinoamericanos.
Casad advirtió que la pesca no reportada es la mayor amenaza para la soberanía y la gestión oceánica, puesto que, al no existir datos reales sobre la extracción, los gobiernos pierden el control sobre sus propios activos naturales y estratégicos.
“No puedes gestionar lo que no conoces”, enfatizó el investigador. Añadió que esta actividad “oscura” de China debilita la gobernanza y fomenta un entorno de impunidad en el mar regional.
La vigilancia masiva de China
Toro advirtió que la persistencia de China por controlar las conexiones de fibra óptica en el Cono Sur tiene objetivos geopolíticos claros: China busca desarrollar sus propias rutas de datos para evitar que sus comunicaciones transiten necesariamente por los Estados Unidos.
El interés de Pekín en países como Chile no se limita a su mercado interno, sino que busca ser la puerta de entrada a los datos de Brasil y Argentina, agregó.
Además, existe una preocupación creciente sobre la integración vertical de tecnologías chinas que combinan cables submarinos con proyectos de smart cities (ciudades inteligentes).
Toro apunta a que esta combinación permite el uso de equipos de vigilancia que facilitan la recopilación masiva de datos por parte del régimen chino, puesto que, bajo la ley de ciberseguridad de 2017, las empresas privadas chinas están obligadas a compartir esta información con sus agencias de inteligencia.
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Rusia y el control submarino
Rusia y otros actores revisionistas han puesto su mirada en los cables submarinos que transportan el 99% de los datos mundiales.
Toro destacó que esta infraestructura es el sistema nervioso central de la economía y la inteligencia militar. Advirtió que cualquier interrupción o sabotaje en estos cables por parte de Rusia podría paralizar las comunicaciones y finanzas de toda la región.
Esto hace que el lecho marino sea el nuevo frente de batalla estratégico entre potencias.
El experto mencionó que China también compite en este sector mediante la “Ruta de la Seda Digital”. Al proveer tecnología para cables, Pekín obtiene la capacidad potencial de acceder a información sensible de los estados latinoamericanos.
Casad añadió que existen 15 millones de millas cuadradas en el hemisferio que requieren vigilancia satelital constante. “La capacidad de usar satélites para detectar e identificar es en lo que estamos trabajando”, afirmó.
Pesca Ilícita y crimen organizado
La pesca ilegal no es solo un problema ambiental, sino un motor que impulsa otras formas de criminalidad organizada en el hemisferio.
Wade Vickery explicó que el agotamiento de los recursos pesqueros debido a la sobreexplotación deja a las comunidades locales vulnerables ante actividades ilícitas como el tráfico de drogas y de personas.

Según el experto, al perder sus medios de vida tradicionales, los pescadores se ven forzados a utilizar sus embarcaciones para mantener su economía a través de redes criminales. Agregó que las operaciones de transbordo en alta mar facilitan el “lavado” de capturas ilegales mediante el encuentro de buques sospechosos con naves “limpias”.
Vickery explicó que este proceso permite que el producto obtenido de manera ilícita ingrese en la economía legal una vez que el segundo buque llega a un puerto autorizado.
Además, destacó que se han detectado altos niveles de trabajo forzoso en estos buques de pesca INDNR, lo que añade una dimensión de crisis humanitaria a la seguridad marítima regional.
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Tecnología y el marco Triple A
Michael Studeman propuso un marco estratégico denominado “Triple A” para abordar la seguridad marítima, el cual consiste en, Conciencia (Awareness), Aperturas o Alertas (Apertures), e Inteligencia Artificial (AI).
Según Studeman, el mundo ha despertado ante la importancia del dominio marítimo tras la guerra en Ucrania y los ataques en el Mar Rojo.
Añadió que esta nueva conciencia (la primera A) busca eliminar la “ceguera marina” que históricamente ha permitido a actores ilícitos operar sin ser detectados en aguas regionales.
La proliferación de sensores y drones representa la segunda A. Esto transforma la naturaleza de lo que se puede observar mediante otras tecnologías menos sofisticadas.
Por último, la Inteligencia Artificial (la tercera A) se presenta como el factor de cambio definitivo para procesar datos a una velocidad y escala humanamente imposibles.
El uso de estas herramientas, de acuerdo con Studeman, permite fusionar fuentes tradicionales con redes sociales y firmas digitales para iluminar áreas que estuvieron oscuras por décadas.
Desafíos de gobernanza y cooperación
La falta de confianza entre las agencias de defensa, pesca y medio ambiente en Latinoamérica impide una respuesta efectiva ante la pesca ilegal.
Casad subrayó que no se puede operar más rápido que la “velocidad de la confianza” entre estas instituciones gubernamentales. La fragmentación actual beneficia a las organizaciones criminales transnacionales y a los actores externos que buscan sobreexplotar los recursos regionales.
Para mitigar estas amenazas, los expertos recomendaron la creación de mecanismos de detección de inversiones estratégicas que actualmente no existen en la región.
También propusieron que ejercicios navales tradicionales comiencen a incluir la protección de infraestructura crítica submarina en sus simulacros.