La seguridad de América bajo la lupa

La seguridad de América bajo la lupa  

* Más de doscientos representantes de gobiernos, sociedad civil y sector privado se reunieron en la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica, en Miami.

* Expediente Público cubrió todo el encuentro y trae las principales conclusiones para avizorar el futuro de la seguridad en el continente.

* La criminalidad es un ecosistema interconectado, donde el crimen organizado, la influencia de potencias externas y la debilidad institucional operan juntos. 


Natalia López / Expediente Público / Miami, Florida 

Miami cerró la undécima edición de la Conferencia de Seguridad Hemisférica la semana pasada. Durante cuatro días, la Universidad Nacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés) fue el centro del debate sobre seguridad en el continente.  

Más de doscientos expertos, funcionarios de gobierno, autoridades militares, académicos, representantes de la sociedad civil y líderes del sector privado se reunieron para analizar los desafíos más urgentes que enfrentan América Latina y el Caribe. 

La ciudad que los acogió no es un escenario neutral. Miami funciona desde hace décadas como punto de encuentro entre las agendas de seguridad de Washington y las realidades políticas, criminales y geopolíticas de América Latina.  

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Es la ciudad desde donde se monitorea a Venezuela y Cuba, donde operan centros de pensamiento, agencias de inteligencia y organizaciones de la diáspora latinoamericana, y donde se diseña buena parte de las políticas que luego se aplican en la región.  

La seguridad de América bajo la lupa

El concepto que atravesó el debate 

Si hubiera que elegir una sola palabra que atravesó los cuatro días de debate, esa palabra sería “ecosistema”. No se trata de organizaciones criminales aisladas ni de influencias externas que operen de forma independiente. Se trata de un ecosistema interconectado, transnacional, sostenido por la impunidad y lubricado por la corrupción, donde el crimen organizado, la influencia de potencias externas y la debilidad institucional de los Estados operan juntos y se potencian mutuamente. 

Lo que hace a ese ecosistema tan difícil de desmantelar, advirtieron los especialistas a lo largo de la semana, es precisamente que sus partes no siempre se ven. La colaboración criminal existe, pero no tiene firma ni organigrama. Saber dónde mirar, dijeron, es el verdadero desafío. 

El mundo cambió; América Latina también 

John Mearsheimer, profesor distinguido de la Universidad de Chicago, describió el nuevo escenario global: “Estamos ahora en un mundo multipolar por primera vez desde 1945. Los mundos multipolares son muy peligrosos. Y la competición entre Estados Unidos y China será la competición definida del siglo XXI». 

Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, aportó el dato que mejor dimensiona el problema regional: “Esta región representa el 9 % de la población mundial y concentra el 40 % de la criminalidad del planeta”.  

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Y advirtió que el consenso internacional para gestionar las crisis más peligrosas del planeta se está fragmentando: “Irán solía ser un problema donde había consenso entre Rusia, Estados Unidos, China, Francia y el Reino Unido. Ese consenso se fue por la ventana”. 

Para Centroamérica, la semana dejó una declaración clave. Joseph Humire, subsecretario interino de Defensa de Estados Unidos para el hemisferio occidental, reveló que, tras la operación militar del 3 de enero en Venezuela, la dictadura nicaragüense de Daniel Ortega y Rosario Murillo modificó su política migratoria.  

“Durante mucho tiempo se le estuvo pidiendo al gobierno modificar su política de acceso que alentaba la migración indocumentada hacia Estados Unidos y entendió el mensaje de Washington”, afirmó. 

El crimen como economía 

Steven Dudley, cofundador de InSight Crime, planteó una distinción que tiene consecuencias directas sobre las políticas de seguridad: lo que llamamos cárteles no son cárteles, sino redes.  

“Si un nodo desaparece, aparece otro nodo. Ese es el gran desafío que tienen los Estados, especialmente cuando estamos hablando de cadenas de suministro que funcionan básicamente como la economía global”, señaló. 

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Ana Glenda Tager, especialista guatemalteca en seguridad y Estado de derecho, describió el punto al que llega un sistema cuando la corrupción y la impunidad se normalizan: “No es que voy a ir contra los malos y aquí están los buenos. Ya hay una etapa de crisis en la que ya no sabemos quién es el malo y quién es el bueno, y donde todo se entrelaza”. 

Eduardo Vergara, jefe de la División de Seguridad Ciudadana del Banco Interamericano de Desarrollo, cuantificó el costo: “El crimen y la inseguridad en América Latina y el Caribe cuesta 3.4 puntos del PIB. El promedio de guardias de seguridad privada por cada policía en la calle es aproximadamente cuatro. En algunas regiones llega a siete”. 

Lo que el debate dejó pendiente 

La conferencia cerró el viernes con una sesión diplomática que reunió al representante de Estados Unidos ante la ONU y a los embajadores estadounidenses en México, Panamá, Perú y Haití. El encuentro se centró en las prioridades de Washington para el hemisferio. 

Los cuatro días dejaron un diagnóstico compartido: el crimen organizado, la influencia de potencias externas y la debilidad institucional no son problemas separados. Son partes del mismo sistema. Y para los países de Centroamérica, donde esas tres condiciones se combinan con frecuencia, ese diagnóstico define la agenda de seguridad de los próximos años.