elecciones

Bukele arrasa en elecciones de El Salvador y futuro del país luce incierto

Partido Nuevos Ideas y Gran Alianza Nacional, del presidente Nayib Bukele, alcanzan más de 50 diputados en El Salvador y oficialismo acumula todo el poder en un presidente popular y que despierta dudas sobre el sistema a instaurar.

Edgardo Ayala.

EXPEDIENTE PÚBLICO


Como quien derriba un árbol viejo, hacha en mano, y solo deja un tronco insignificante, con una o dos hormigas, Nayib Bukele y su novísimo partido Nuevas Ideas han hecho añicos el sistema de partidos tradicionales en El Salvador, al lograr un aplastante triunfo en los comicios para alcaldes y diputados celebrados el domingo 28 de febrero del 2021.

Un logro histórico para un partido político que ni siquiera existía hace dos años. Pero ese éxito en las urnas del 28 de febrero no surge de forma espontánea.

Bukele se había forjado un estilo de funcionario eficiente como alcalde de un pequeño poblado al suroeste de San Salvador, Nuevo Cuscatlán en 2012, y luego se hizo con la capital, San Salvador, en 2015.

Simpatizantes del presidente salvadoreño Nayib Bukele y del partido Nuevas Ideas, celebran el triunfo que ya vislumbraban desde temprano del domingo 28 de febrero, durante las elecciones de alcaldes y diputados en El Salvador.

Ganó esas alcaldías bajo la bandera del entonces partido amigo, la exguerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En el triunfo apabullante del 28 de febrero se mezclan varios fenómenos, dicen los analistas, entre ellos el hartazgo de una población que vio cómo los partidos tradicionales (FMLN y Alianza Republicana Nacionalista, Arena) seguían década tras década sin resolver los agudos problemas del país, y más bien las cúpulas llegaban al poder para vivir de la política.

En parte fue “el cansancio por el sistema de partidos que hemos tenido hasta el 2019, hay una erosión total de los partidos de las últimas tres décadas”, explicó a Expediente Público la politóloga Nayda Acevedo. 

Goleada política

Con el 90% de las actas procesadas en el conteo preliminar, del Tribunal Supremo Electoral (TSE), publicado la noche del lunes 1 de marzo, Bukele y su Nuevas Ideas estarían arrasando en la Asamblea Legislativa: llegarían a tener 56 diputados, dos tercios de los 84 escaños, la llamada “mayoría calificada”, según cálculos del oficialismo basados en los datos del Tribunal.

Si su aliado, la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), acapara al menos cinco diputaciones, el oficialismo fácilmente puede llegar a los 61 diputados. 

Lea también: ¿Hacia dónde lleva Nayib Bukele a El Salvador?

Hay que tomar en cuenta que el número exacto de diputados ganados se definirá al final del escrutinio, cuando se distribuyan los votos por residuos (los que le “sobran” a un partido grande cuando ha alcanzado su máximo en un departamento, y se otorgan a partidos con menor votación).


En cuanto a las alcaldías, Nuevas Ideas estaría ganando al menos 200, de las 262 en todo el país, entre ellas, la capital San Salvador, arrebatada al partido Arena, lo mismo pasó a la vecina Santa Tecla. 

Otras ciudades importantes, como San Miguel, la más grande en el oriente del país, que estaba en manos del FMLN, también sucumbió. Lo mismo sucedió con Santa Ana, en el occidente, arrebatada al partido Arena.

Pero es lo sucedido en el Congreso lo que tiene ilusionados al “bukelismo”, y preocupados a los detractores, que no son pocos.

En la historia reciente de El Salvador, nunca un partido obtuvo semejante cuota de poder en el Congreso. La mayor tajada la había obtenido en 1994 la derechista Arena, con 39 escaños.

Con la hazaña lograda por Bukele y su partido, se confirmaron las predicciones hechas por las casas encuestadoras que todas, al unísono, vaticinaron desde meses atrás un triunfo avasallador.

Del otro lado, se preveía también una derrota abrumadora para el FMLN y para Arena, castigados por el electorado, luego de propinarles el primer golpe en febrero de 2019 con el triunfo presidencial de Bukele.

Raúl Avelar, de 50 años, vende sombreros alusivos a los partidos políticos en contienda durante las elecciones. Avelar dijo que casi nadie le quiso comprar sombreros alusivos al FMLN.

En las elecciones de alcaldes y diputados de 2018, Arena obtuvo 37 curules, y el FMLN, 23, pero los comicios del 2021 los han dejado con números marginales. El Frente no llegaría ni a cinco, y Arena, alcanzaría unos 14 o 15. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el de Conciliación Nacional (PCN), dos viejos lobos del mar político, ambos de derecha, lograrían mantener uno o dos escaños cada uno.

El “Frente” ya reconoció la catástrofe

“Hemos perdido una elección, pero nuestro proyecto político sigue vigente, va a seguir en marcha pensando siempre en el país”, dijo el secretario general del FMLN, Óscar Ortiz, en rueda de prensa tras los comicios.

Agregó que asumen la derrota con responsabilidad. “Hemos sabido ganar, pero también sabemos perder”, afirmó Ortiz. Adelantó que habrá pronto un proceso de análisis y renovación para refundar el partido.

Con lo sucedido al Frente, queda claro otro de los componentes que explican el triunfo de Bukele: las personas aún se sienten traicionadas, como ya lo han advertido varios analistas.

Operación Remate

Unos 5,8 millones de salvadoreños estaban llamados a votar en las 8.451 mesas electorales distribuidas en 1.595 centros de votación en todo el país centroamericano, de 6,7 millones de habitantes.

Las elecciones del domingo se llevaron a cabo con relativa normalidad, aunque durante la apertura, a las 6:00 a.m., hubo una serie de irregularidades que opacaron el arranque.

Ello avivó la idea promovida por el oficialismo de que se les tenía preparado un fraude electoral, con tal de parar en seco el bukelismo.

En muchos centros de votación, a lo largo del país, unas 3.000 personas de Nuevas Ideas que conformarían las mesas electorales no pudieron entrar a los recintos de votación porque el TSE no les entregó las respectivas credenciales.

Ello significaba que en algunas Juntas Receptoras de Votos (JRV) donde en teoría deberían estar representados todos los partidos o, al menos los de mayor peso, no contarían con personas que velaran por los intereses de Nuevas Ideas.

Esa situación retrasó por más de dos horas el arranque de los comicios.

El Gobierno acusó al TSE, controlado por los representantes de los mismos partidos enemigos de Bukele, de impulsar un plan de volver lento el proceso de votación para desesperar a la gente y que regresaran a casa sin votar, sabiendo que muchos de los electores eran probablemente de Nuevas Ideas.

“Llevé a mi mamá al centro de votación, hicimos una larga cola, y finalmente tras una larga espera ella logró votar, pero yo no, tenía que volver al trabajo a las 10:00 a.m.”, contó a Expediente Público Elizabeth Navas, una mesera de 27 años, que trabaja en una pizzería en noroeste de San Salvador.

Se desconoce si no haber entregado las credenciales fue algo adrede.

Con las horas, la situación se fue normalizando, y los delegados oficialistas se incorporaron a las mesas electorales. 

Miguel Serrano, un mimo conocido desde los años 80 en San Salvador con el nombre artístico de Talapo, participa como vigilante del FMLN en una mesa de votos en el Instituto Nacional Gral. Francisco Menéndez (Inframen), en el noreste de San Salvador.

Al mediodía del día de la elección, Bukele dijo en conferencia de prensa que algunas de esas irregularidades fueron intencionales. 

A las 2:00 p.m., Bukele llamó a conferencia a dar la estocada final al sistema de partidos tradicionales que él había herido ya gravemente cuando en febrero de 2019 arrebató la presidencia al FMLN, que había gobernado en dos periodos, (2009-2019), pero que se encontraba hundido en la corrupción.

“Realicemos la Operación Remate”, pidió Bukele a sus seguidores.

Haciendo historia con un clic 

Para algunos, el éxito de Bukele radica en su destreza para venderse comunicológicamente, echando siempre mano de las redes sociales. 

Su grito de campaña, “devuelvan lo robado” caló hondo en los salvadoreños, que por tres décadas vieron caer al FMLN y Arena salpicados por la corrupción.

Lea además: El Salvador: Bukele, usando la democracia para destruir la democracia

El último presidente de Arena, Antonio “Tony” Saca (junio 2004-junio 2009), fue condenado por lavado de dinero y malversación de fondos públicos, y desde septiembre de 2018 cumple una condena de 10 años de prisión, 

El primer presidente del FMLN, el periodista Mauricio Funes (2009-2014), que despertó un mar de entusiasmo, terminó decepcionando a los salvadoreños.

Funes y sus funcionarios se vieron vinculados en notorios casos de corrupción que, en total, superaban los 350 millones de dólares, según las investigaciones de fiscales.

Al terminar su mandato, en 2014, Funes huyó a Nicaragua y ahora vive al amparo del presidente de esa nación vecina, Daniel Ortega, quien le otorgó la nacionalidad nicaragüenses para no extraditarlo. El expresidente Funes es requerido por los juzgados salvadoreños.

Ante la corrupción del Frente y Arena, “van para afuera” fue el más reciente eslogan, aludiendo a que los diputados de esas fuerzas serían expulsados con la fuerza de los votos del Congreso.

Bukele, el caudillo

Sin embargo, Franco ve un riesgo. “Bukele es un caudillo”, afirmó.

“No es un líder, sino un caudillo, muchas personas dicen que se va a ratificar el gane de hace dos años, yo difiero de eso, por todos los errores que se han cometido en estos dos años. Lo del 9 de febrero (de 2020) es inaceptable”, remató.

El electorado ratificó el triunfo presidencial de 2019, pero, en efecto, lo sucedido en febrero del 2020 causó un escándalo nacional e internacional.

En esa fecha, Bukele irrumpió en el salón de sesiones de los diputados y se sentó en la silla que normalmente ocupa el presidente de ese órgano de Estado. Llegó, aparentemente, para torcerles el brazo para que dieran sus votos para contratar los fondos para el Plan Control Territorial. El Gobierno busca fortalecer la política de seguridad para controlar las pandillas, uno de los problemas que más abaten a los salvadoreños.

Y llegó acompañado por decenas de soldados del Ejército, uniformados y armados con sus fusiles de asalto, en un acto claramente intimidatorio que fue repudiado ampliamente.

Ya entrada la campaña electoral, eso sirvió a la oposición para calificarlo de dictador, idea que es reforzada por la intolerancia del presidente a la crítica, especialmente la venida de la prensa.

Dos caminos

El jesuita José María Tojeira, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, señaló el domingo, a un canal de televisión, que Bukele tiene dos caminos, ahora que su partido acapara el control total en el Congreso: que siga esa ruta de la intolerancia y gobierna con un estilo cada vez más autoritario, o es más conciliador con el resto de fuerzas políticas, a pesar de que sabe que no necesita negociar nada.

Además Bukele, que ha criticado con ahínco los actos de corrupción de sus adversarios, no ha actuado con esa mi decisión ante los visos de corrupción que ya se señalan a su Gobierno.

Según varias investigaciones periodísticas, algunos de sus funcionarios se aprovecharon de la pandemia para contratar servicios, como mascarillas contra la covid-19 o aparatos de aire acondicionado, a familiares cercanos, y en algunos casos pagando sobreprecios.

A todo ello se suma la poca transparencia en el manejo de la emergencia suscitada por la pandemia.

Puede interesarle: El Salvador: explosión de irregularidades y casos de corrupción

Pero da la impresión que para el salvadoreño común, esos aspectos no son lo suficientemente convincentes como para negarle el apoyo.

“Al final, pareciera que esas cosas a la población terminaron no importarle mucho”, señaló Eduardo Escobar, director de Acción Ciudadana, para quien Bukele, con el control de la Asamblea, sí verá magnificada su actitud autoritaria.

El líder cool

El triunfo de Nuevas Ideas se centró en la figura de Bukele, de 39 años, que se ha elaborado un perfil del líder “cool” o buena onda, adicto a las redes sociales, que viste de chaqueta, gafas de aviador y usa casi siempre una gorra con la visera al revés.

Pero sobre todo, el mandatario se ha sabido vender como diferente de “los mismos de siempre”, la etiqueta con que se refería a los dirigentes de los partidos tradicionales, que acaba de derrotar.

Es visto por buena parte de la población como el que va a cambiar las cosas en el país, para bien, tras décadas los partidos tradicionales salpicados de corrupción.

“El hombre está gobernando bien, esperamos que en los tres años que faltan haga más cosas para la gente”, señaló a Expediente Público el mecánico Francisco Reyes, luego de emitir el sufragio en un centro de votación al noroeste de San Salvador.

Reyes hizo alusión a los 3,4 millones de paquetes alimenticios enviados por el Gobierno a las familias en situación de vulnerabilidad y a los $300 dólares entregados también a grupos familiares durante la pandemia de la covid-19 pese a que la oposición le achacó que buena parte de ese dinero no se sabe si llegó a las manos correctas.

Si bien para algunos analistas ese gesto de ofrecer alimentos y un aporte en dinero le dio a la gente al menos la sensación de que el Gobierno estaba atento a las necesidades básicas, la politóloga Acevedo no lo cree así.

Para ella, ese tipo de asistencialismo no va a la raíz de los problemas del país.

La aplanadora cian

Desde el 1 de mayo de 2021, cuando se instale la nueva Asamblea Legislativa, Bukele tendrá ahora luz verde para que su partido con el control del Congreso, le apruebe las leyes a su medida.

Además, gobernará sin ningún control real, pues es la Asamblea la que elige a funcionarios claves, como el Fiscal General, un tercio de los magistrados de la Sala de lo Constitucional o a la persona al frente de la controlaría: la Corte de Cuentas de la República. 

También podría impulsar cambios en la Constitución de la República, algo que ya discute al interior de una comisión, creada por el Gobierno, para que las organizaciones y otras fuerzas sociales opinen y propongan los cambios que deberían ser impulsados.

Los detractores del mandatario señalan que es solo una artimaña para posibilitarle la reelección continua, algo que prohíbe la Carta Magna de El Salvador.

Para reformar la Constitución, implicaría que lo apruebe la nueva legislatura, que se inaugura el 1 de mayo del 2021, y lo ratifique la siguiente, en 2024.

“A partir de mayo, la Asamblea estará dominada por el cian”, afirmó en rueda de prensa, la tarde del lunes, la comisionada presidencial, Carolina Recinos.

Recinos dijo que la agenda de Nuevas Ideas es seguir la agenda ya previamente definida por el presidente, y básicamente es arremeter contra los problemas de siempre, la seguridad, la economía, la salud y la educación, entre otros.

Si quieres copiar contenido mejor compártelo y lleguemos a más personas juntos.