El Movimiento Campesino sufre la represión transnacional con mayores riesgos que otros grupos opositores, debido a su vulnerabilidad socioeconómica. El miedo y la precaución no les impiden seguir añorando y organizando un retorno a Nicaragua en democracia.
Expediente Público
Los asesinatos de los opositores Roberto Samcam y Jaime Ortega en Costa Rica y Rodolfo Rojas en Honduras, o los dos atentados contra Joao Maldonado, el último a luz del del día en la capital costarricense, refuerzan el temor que existe entre los campesinos nicaragüenses exiliados.
Además, el régimen aprovecha el control del aparato estatal para extender sus tentáculos a Costa Rica, donde tres campesinos fueron solicitados en extradición: Reinaldo Picado, Pedro Fernández y Douglas Gamaliel Pérez. Este último fue extraditado y se encuentra en situación de desaparición forzada en Nicaragua.
Otro método del régimen contra sus opositores, que no escapa a los campesinos, son las amenazas contra familiares o allegados dentro del país.
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“Dentro de Nicaragua, creo que eso es más que conocido: que, si te encuentran un contacto, cualquiera de nosotros acá afuera, ya sabes que va directo para La Modelo (cárcel principal), va directo al Chipote, a la tortura”, declaró el líder campesino Marcos Sánchez, exiliado en España.
“Ese es el mecanismo de esta gente (la dictadura). Tratamos siempre de comunicarnos, pero no ir dejando huellas, sino mantener la comunicación para que la organización se mantenga”, dice.
Evidencias y sospechas de espionaje y vigilancia
Marcos Sánchez, preso político desterrado el 5 de septiembre de 2024 a Guatemala, indica a Expediente Público que allá fueron perseguidos por camionetas, recién llegados. Él está actualmente viviendo en España.
“Estuvieron visitando los hoteles donde nosotros estuvimos; lógicamente, había custodia. Pienso mucho en los muchachos que se quedaron, porque están en el patio de Nicaragua”, agrega.
Sánchez también cree que en España hay persecución, “porque para nadie es nuevo saber que esta mafia tiene una red de colaboradores internacionalmente”.
En el caso de Costa Rica, muchos campesinos exiliados se quedaron en el norte del país, donde están las zonas productivas, pero limítrofes con Nicaragua, en una frontera porosa y vulnerable.

El brazo represor de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha traspasado las fronteras en lo que se conoce técnicamente como represión transnacional, en un lugar donde sicarios al servicio del régimen han atacado o asesinado a opositores fuera de Nicaragua.
En territorio costarricense se han cometido crímenes que tienen muchas probabilidades de haber sido ordenados desde Nicaragua, como el del mayor en retiro Roberto Samcam; el del opositor Rodolfo Rojas Cordero, quien estaba en Costa Rica y apareció muerto en Honduras; y el del exmiembro de la Contra Jaime Luis Ortega Chavarría.
También están los dos intentos de asesinar al joven opositor Joao Maldonado, quien, en la segunda ocasión, iba acompañado de su esposa, Nadia Robleto, y ella también fue víctima en el atentado. Ambos sobrevivieron.
Lea la primera entrega: ¿Descartados y olvidados?: la realidad de los campesinos exiliados de Nicaragua
Trauma y sobrevigilancia
Luis Uriarte Rocha vive desde hace ocho años refugiado en Costa Rica. Cuenta que, cuando va por las calles y a su lado pasa una moto o un carro, se le alteran los nervios porque ha escuchado que otros campesinos exiliados han sido amenazados por personeros de la dictadura.
“Aunque el de la moto o el del carro no vaya con la idea de hacerle algo a uno, por lo que uno ha visto, uno siente ese temor de que le puedan hacer cualquier cosa. Uno no se siente seguro aquí”, expresa Uriarte.
Otro líder campesino refugiado, David Marenco, también mayor de edad, asegura que no sale de la casa, a menos que vaya a trabajar, debido a que también teme ser víctima de algún atentado.

“Cuando mucho, voy al negocio a comprar lo que me hace falta. Pero aquí se vive en zozobra, con miedo. El ambiente es un poco tenso y no se vive con libertad”, dice Marenco.
Militares y policías infiltrados
En Costa Rica, indica Marenco, al menos en la zona donde vive, se producen hasta dos asesinatos por semana, lo que se suma al hecho de que los campesinos nicaragüenses refugiados han conocido que miembros del ejército de los Ortega Murillo cruzan vestidos de civil hacia Costa Rica para espiar a los exiliados.
Así como los opositores de la ciudad conocen a los policías que los han reprimido, los campesinos también conocen a los miembros del ejército que los persiguen, y a muchos de esos militares los han visto incluso en supermercados de Costa Rica.
“Hay campesinos que dicen que entran. Van y vienen, investigando dónde está la gente que ha participado en las protestas”, manifiesta Marenco.
“Eso (los asesinatos) nos preocupa, porque nosotros también hemos sido parte de esas voces críticas que hemos dicho que el régimen es asesino, que roba, que reprime a los pueblos indígenas, que reprime a la Iglesia católica, que adoctrina la educación y politiza todo el sistema social en Nicaragua”, comenta el coordinador del Movimiento Campesino, Elías Ruiz.

Ante el temor y la inseguridad que sufren los campesinos nicaragüenses refugiados en Costa Rica, lo que están haciendo es cuidarse entre ellos mismos, indica Claver Estrada.
“Si vemos a una persona sospechosa, no le damos orientación si pregunta por alguien de nosotros”, dice Estrada, quien asegura que él también ha recibido amenazas, pero todo ha quedado en “palabras nada más”.
Fátima Duarte ha recibido mensajes en el teléfono de policías de la dictadura que le mandan a decir que “sueñan” con verla con su “trajecito azul”, el uniforme que la dictadura impone a los reos políticos.
“Aquí en el exilio hay gente que son sandinistas, que han andado buscando a los líderes (campesinos) y a la gente para saber dónde vive uno”, expresa Duarte.
La lideresa campesina Nuriz Sequeira dice que, por esa inseguridad, muchos campesinos que “no están muy visibles” tienen temor de hablar en los medios de comunicación.
El horizonte del retorno
Por el contrario, Marcos Sánchez, a pesar de estar en España, dice que le gustaría regresar a Costa Rica, aunque corra mayor peligro por la cercanía. De hecho, eso es lo que más atrae a los exiliados: estar a un paso de casa.
“Con mi esposa, si no lo logramos acá, nos gustaría Costa Rica, primero porque estamos cerca de Nicaragua, tenemos la posibilidad de que cualquier familiar pueda llegar en cualquier momento a visitarte, y hay mejores condiciones; además, es un terreno que conozco mejor que nadie”, comenta Sánchez.

“Es como estar cerca de casa, con los peligros que hay, pero tener a los suyos cerca”, remata.
La lideresa campesina Fátima Duarte recuerda: “Se suponía que veníamos para el exilio solo a sobrevivir y a resguardar nuestras vidas para un retorno con el Movimiento Campesino”.
Pero desde que salieron los primeros campesinos, en 2018, ya han transcurrido ocho años y todavía no se ven las posibilidades de volver.
“Los campesinos están con miedo porque no hay cómo hacer para introducirnos a Nicaragua y poder seguir con la lucha allá, en el territorio de Nicaragua”, señala Marenco.
Sin embargo, el actual coordinador del Movimiento Campesino en el exilio en Costa Rica, Elías Ruiz Hernández, asegura que no se han quedado de brazos cruzados, sino que se están fortaleciendo con la idea siempre de regresar a Nicaragua.
“Tenemos una junta directiva que periódicamente se está cambiando y estamos organizados, esperando una oportunidad para volver a nuestras tierras, a Nicaragua”, afirma Ruiz.
La esperanza perdida para 2027
Hasta antes del anuncio de Daniel Ortega de que no habrá elecciones en Nicaragua, los campesinos tenían puesta la mira en el año 2027, cuando se suponía que habría comicios presidenciales, porque lo consideraban un momento “clave”.
La esperanza es que las cosas cambien en Nicaragua. Ahora, tras el anuncio de Ortega, están buscando reacomodar las proyecciones.
“Nosotros estamos trabajando con eso (el retorno), animando a la gente, informándola. Estamos esperando esa oportunidad para poder regresar, donde tengamos esos derechos a elegir y a ser electos. Ahorita estamos resistiendo”, asevera Ruiz.
La lideresa Nuriz Sequeira también afirma que los campesinos nunca han querido migrar a Costa Rica, sino que lo hicieron para “resguardar la vida, para no ir a una cárcel, para no ser torturados, para no ser desaparecidos” a manos de los sicarios de Ortega y Murillo.
“La vida ha cambiado y ha sido muy difícil estar en este país. Y por eso, nosotros, como nicaragüenses, como campesinos, estamos decididos a regresar cuando tengamos las mínimas oportunidades para volver”, expresa Sequeira.
“Todos los líderes territoriales estamos unidos y todos queremos la liberación de nuestro país, la democratización y, un día, regresar a nuestra patria y estar allá con nuestras familias, cosechando también nuestras tierras, para vivir como vivíamos antes, tener una vida digna como campesinos y campesinas en nuestro territorio”, finaliza Sequeira.