Descartados y olvidados: la realidad de los campesinos exiliados de Nicaragua 

¿Descartados y olvidados?: la realidad de los campesinos exiliados de Nicaragua 

Un país orgulloso de sus raíces indígenas -o campesinas- terminó expulsando a los representantes vivos de su identidad. Miles de productores fueron obligados al exilio y ahí sus aliados los abandonaron. 


Expediente Público 

San José, Costa Rica y Washington DC 

Sentada en una silla de plástico, a la orilla de una plantación en la que tienen sembrados yuca, plátano y quequisque, y que cuida con otros campesinos nicaragüenses exilados en Costa Rica, la lideresa campesina Fátima Duarte recuerda su vida en Rivas, donde nació. 

Allá cuidaba una parcela de tierra de su familia, la que daba a cultivar a otras personas. En Costa Rica es todo lo contrario, ahora ella debe alquilar para sembrar.  

En el año 2013 tuvo que unirse a otros campesinos para luchar contra la Ley 840, un proyecto de canal interoceánico que resultó en fraude, con posibles medidas confiscatorias en la supuesta ruta de ejecución. 

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A Duarte le parece que fue ayer cuando campesinos de distintas partes del país comenzaron a unirse para marchar en sus municipios contra la amenaza de expropiaciones. Así nació el Movimiento Campesino Nicaragüense, al que Duarte llama “la gente de botas de hule”.

Durante casi cinco años, el Movimiento Campesino, que se define como social y no político, se mantuvo “en pie de lucha”, indica Fátima Duarte, sufriendo de todo, “hasta muertos”.  

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Todos hacían de todo y conseguían dinero para costear el transporte, la alimentación y el alojamiento de todos los campesinos que participaron en las protestas, describió. 

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Olvido y descarte por oportunismo y abandono

Otro líder campesino, Luis Uriarte Rocha, recuerda que cuando comenzó el Movimiento Campesino, cuando se realizaron las primeras marchas, desde el inicio los campesinos se pusieron de acuerdo para no permitir “políticos con banderas”, de ningún partido.  

Sin embargo, desde las primeras marchas aparecieron los políticos tratando de “aprovecharse” del Movimiento Campesino, dice Uriarte. 

“Siempre ellos (los políticos) se han aprovechado del Movimiento. Lo han utilizado para hacer política, para todo”, lamentó. 

El coordinador del Movimiento Campesino en Costa Rica Elías Ruiz Ruiz afirma que algunos opositores se han acercado al Movimiento Campesino exilado, pero no lo han hecho con las mejores intenciones.  

“Como queriéndonos absorber, pero no para que seamos parte de una estrategia a seguir. Eso es tradicional de los políticos nicaragüenses”, indica el líder campesino.  

Duarte opina que la oposición nicaragüense siempre ha tenido interés en estar cerca del Movimiento Campesino porque “sabe que es un movimiento sólido y creíble”. 

“Si la oposición hubiera sido un poco más inteligente, hubiera sacado más provecho al movimiento. No que cuando lo utilizan, llaman al movimiento y después como que ya bajan la guardia, porque hicieron lo que tenían que hacer”, cuestionó.  

“Todo mundo camina buscando al movimiento campesino. Aunque usted no me crea, mucha gente, muchas organizaciones y todo, caminan siempre buscando cómo acercarse”, aseguró Duarte. 

Pero se acercan al movimiento “para agarrar beneficios propios y después ya no se acuerdan de los campesinos. Las organizaciones y la oposición, cuando lo necesitan (al Movimiento Campesino) lo andan buscando. Pero cuando no, como que lo desechan”, insiste la lideresa campesina.  

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Origen del movimiento: una causa colectiva sin partido

Caminando sobre unos piñales, en los que trabaja para sustentar a su familia en el exilio, Víctor Manuel Díaz González, otro líder campesino, originario de San Miguelito, en Río San Juan, rememora cómo nació el Movimiento Campesino. 

Tenían diferentes procedencias, tanto geográficas como políticas. No miraban de qué ideología era cada integrante, aseguró a Expediente Público

Hubo muchos momentos en que los campesinos sintieron que estaban solos en una pelea desigual contra la dictadura conformada por Ortega y su esposa Rosario Murillo, que no dudaron en reprimirlos con toda la fuerza de una policía que llegó a dispararles a matar. 

Sin embargo, cuando llegó el 2018, y comenzaron las protestas de abril, los campesinos no dudaron en unirse a esas otras manifestaciones.  

La lucha de ellos ya no solo era contra la ley 840. Fátima Duarte lo explica ahora así: “(Hoy) no hay canal, pero ahora tenemos otras luchas que ustedes ya saben del 2018 para acá”. Duarte habla de liberarse de la dictadura de Ortega y Murillo. 

“A mí me atacaron varias veces en una quinta de unos gringos donde yo trabajaba. Agarraron a balazos, a morterazos, hasta a los guardas de seguridad. Nos sacaron de Nicaragua. Tuvimos que venirnos a un exilio forzoso”, cuenta la rivense Duarte, refugiada desde 2018 en Costa Rica.  

Claver Estrada, originario de San Miguelito, Río San Juan, y miembro del Movimiento Campesino, estaba precisamente en Costa Rica en 2018 y vio llegar a muchos campesinos compañeros suyos huyendo de la represión de los Ortega Murillo.  

“Cuando la persecución (de 2018), cada uno buscó cómo salvar su pellejo”, recuerda Estrada. 

La salida de los campesinos de Nicaragua no se trató de algo ordenado, sino que “todo mundo cogió para todos lados”, explica Duarte. Unos se fueron a Estados Unidos, otros a Europa y, por la cercanía con Nicaragua, fueron muchos los que llegaron a Costa Rica. 

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Dispersos por todo el mundo

Ningún líder sabe precisar cuántos campesinos están actualmente exilados en ese país vecino del sur, España o Estados Unidos. 

El movimiento pudo llegar a tener entre 25,000 y 30,000 integrantes, según datos recopilados por ellos mismos y medios de comunicación. Tenía presencia en 90 de 153 municipios del país, con lo cual organizó más de cien marchas de protesta. 

Además, en Costa Rica no todos están concentrados en un solo lugar, sino que están “dispersos”. Aunque la mayoría de los campesinos nicaragüenses refugiados se encuentran en la zona norte, en Upala y Los Chiles, también hay quienes quedaron en San José, Alajuela, Limón, Cartago y hasta en la frontera con Panamá. 

“No estamos en un solo punto. Hay gente que está en Paso Canoas, frontera con Panamá. En el Valle la Estrella (en Limón). En la zona norte. Otros están en la zona sur. Bueno, estamos dispersos por todos lados. Cuando nos toca reunirnos es difícil y es costoso. Es un gasto serio porque hay que pagar desde transporte, estadía. Para organizarnos y sentarnos a hablar del Movimiento Campesino”, expresa Duarte. 

Precariedad laboral

Uno de los actuales vocales del Movimiento Campesino, José David Marenco, se encontró con todo tipo de dificultades apenas se exilió en Costa Rica, en 2018. 

Para empezar, es un adulto mayor, y le fue difícil encontrar trabajo. Y si hallaba un empleo, tenía suerte si le pagaban el salario mínimo, porque la mayoría de los contratistas “pagan lo que ellos ven que les sirve o no les sirve pagar”.  

“Ya estoy en la tercera edad, ya no puedo pedir mucho en un trabajo por mi edad. Entonces tengo que asumir las consecuencias de que me paguen lo que ellos estimen a bien pagar”, manifiesta Marenco. 

“Los salarios ajustan más que solo para comer y a veces para pagar la renta, pero es bien complicado”, comenta Nuriz Sequeira, lideresa campesina originaria de El Tule, Río San Juan. 

Para los campesinos jóvenes las cosas no son tan diferentes, asegura David Marenco, porque también se les dificulta acceder a un empleo estable. A lo más que llegan es a tener un trabajo con el salario mínimo. 

Otro problema que Marenco tuvo que enfrentar fue el pago de alquiler de un lugar para vivir. Después de sufrir mucho en ese sentido, Marenco tomó la decisión que nunca imaginó. 

“Tuve que vender mi pedacito de tierra (en Nicaragua) para poder comprar un lote aquí (en Costa Rica) y hacer una casita, porque los alquileres aquí son extremadamente caros y dificultosos para pagar, más cuando usted no tiene trabajo estable. Igual están mis compañeros”, narra el nicaragüense.  

“Hay campesinos que jamás pensaron venir aquí, sufriendo”, expresa Marenco, agregando que muchos compatriotas andan en Costa Rica “para arriba o para abajo” porque no tienen un trabajo estable. 

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Refugiados sin papeles

La mayoría tampoco está acostumbrada a someterse a procesos de regularización y en Costa Rica muchos están en situación irregular porque les ha sido difícil obtener el carné de refugiado que emiten las autoridades de Migración. 

“No venimos de esa cultura. Los procesos migratorios son un poco engorrosos para nosotros, porque hay que estar constantemente yendo a renovar. Hay gente que no ha clasificado a los estatus migratorios”, sintetiza el coordinador del Movimiento Campesino en Costa Rica, Elías Ruiz Hernández. 

“No saben distinguir entre un migrante económico y un exiliado… nosotros no venimos por temas económicos, sino que estamos aquí por resguardar nuestra vida en este país vecino”, insiste Sequeira. 

El tema de la regularización, obtener un carné de refugiado, ha sido complicado para los campesinos, comenta Sequeira, porque a muchos les han denegado el refugio, y otros han perdido la oportunidad de aplicar porque el sistema es “muy burocrático” y “tardío”.  

“Hay personas que ya tienen tres, cuatro años que hicieron su prueba de elegibilidad y todavía no tienen una resolución”, expresa Sequeira. 

Por otra parte, la situación se torna más difícil porque algunos campesinos no saben leer o no están acostumbrados a realizar ese tipo de trámites y han perdido la cita en las oficinas de Migración costarricense. 

“Costa Rica tiene sus leyes diferentes. Es decir, las leyes son bastante estrictas y hay que cumplirlas”, expresa por su parte el líder campesino David Marenco. 

Además, la obtención de documentos en Costa Rica es demasiado compleja, por ejemplo, en trámites digitalizados, porque los campesinos no entienden de tecnología y algunos no saben “leer muy bien”.  

“Somos del campo, hasta leer nos cuesta. No sabemos mucho. Tenemos que buscar a una tercera persona para que nos ayude. Y hay momentos que hay que pagar de 10 a 15 rojos (de 10 a 15 mil colones, unos 22 a 33 dólares) para que nos ayuden con las citas”, lamenta Marenco. 

Según Ruiz, al campesino se le pasa la fecha de las citas en Migración porque no entiende esos procesos, y menos aún de “entrevista de elegibilidad” o de “sacar huellas dactilares”. “Creen que es en el mismo proceso y todo eso complica”, justifica Ruiz. 

La falta de regularización en Costa Rica es motivo para que los campesinos tengan dificultades para conseguir empleos y, si los obtienen, mal remunerados. 

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No hay mejor lugar en el mundo para un exiliado

La situación de inestabilidad migratoria es amplia. Incluso, el líder más visible del movimiento, Medardo Mairena, aún no tiene estatus de asilo político en Estados Unidos. 

Sergio Mena, quien llegó a España en enero de 2025, después de ser desterrado a Guatemala el 5 de septiembre de 2024 junto a otros 134 presos políticos, continúa siendo apátrida. 

“Hemos costeado los gastos nosotros mismos, buscado cómo sobrevivir. No hemos tenido ayuda de ninguna ONG. En el caso de lo que es documentación, el Gobierno de España nos hizo un ofrecimiento el 10 de octubre del 2024 de la nacionalidad, pero es a la fecha de hoy y no hemos tenido respuesta”, asegura Mena. 

“La mayor parte de los lugares donde llegamos, de una otra forma, siempre están pidiendo documentación. No contamos con un pasaporte, porque de Nicaragua salimos con una imagen de presos, con un traje de reclusos”, lamentó. 

“Muchos estamos trabajando en el campo de los que nos sale y aquí en el campo no hay trabajo diario. No tenemos una economía estable para poder mantenernos en este país, muchas veces nos ayudan familiares que están en otro país”, relató.  

Aunque la Corte Suprema de Nicaragua confirmó el destierro de los 135 presos políticos el 10 de septiembre de 2025, documentado también por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ni las agencias estatales ni las no gubernamentales en España reconocen el estatus de apátridas de los que se trasladaron a este país europeo. 

“He estado buscando la forma de hacer contacto con Extranjería a través de diferentes ONG. Nos dicen que no somos apátridas, porque damos un pasaporte entonces eso nos lleva a estar inestables económicamente”, aseguró Mena. 

El líder campesino dice que muchos exiliados aún no tienen documento de trabajo para poder sobrevivir, por lo cual optan por faenar sin documentación en los campos españoles, mientras continúan organizándose políticamente. 

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Destierro, lo que significa para un campesino

Hay campesinos que ya llevan ocho años exiliados, desde 2018, y otros han ido llegando poco a poco. Pero la situación económica es igual o peor que al principio y eso ha afectado también el funcionamiento actual del movimiento. 

El actual coordinador del Movimiento Campesino en Costa Rica, Elías Ruiz Hernández, originario de Nueva Guinea, señala que “allá (en Nicaragua) podíamos vivir de nuestras tierras, de nuestros trabajos y aquí (Costa Rica) la cosa es diferente, aquí es subsistencia, aquí tenemos que lidiar con todas estas inconveniencias que no teníamos en Nicaragua”, dice Ruiz. 

Fátima Duarte se dio cuenta, en el mismo momento en que se exilió, que no era lo mismo ser campesina en Nicaragua que serlo en Costa Rica. Lo primero es que en Nicaragua el campesino es dueño de sus tierras.  

Los campesinos para sembrar en Costa Rica deben alquilar tierras. En Nicaragua, tenía a otros haciendo el trabajo por ella. Ahora, no puede darse el lujo de tener trabajadores, por lo cual se asoció con otros exiliados. 

Por otra parte, las tierras en Nicaragua son más productivas. En Costa Rica están como “cansadas”, “contaminadas”, y hay que saberlas trabajar para que haya cosecha, asegura Duarte. Además, existen “500 millones de plagas” que en Nicaragua no se ven, porque llueve menos que en Costa Rica. 

“Los alquileres valen (el año) hasta 400,000 (colones, casi 900 dólares) cada manzana de tierra. Más los insumos y lo que se va a sembrar. Y todo lo que hay que meterle de trabajo. Es una gran cantidad de dinero prácticamente (lo) que el campesino tiene que trabajar”, deplora Duarte. 

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Muerte, diáspora y movilidad constante

“Ha golpeado fuerte el exilio porque mucha gente se ha ido a Estados Unidos, España, Canadá. Muchos líderes han muerto, Frank Cortés, Octavio Ortega Arana, el fundador. Hace poquito se murió otro señor, La Lora le decían, del movimiento, no lo dejaron pasar a Nicaragua. Ha sido un golpe duro porque la gente del Movimiento Campesino se está muriendo como perros”, externa Duarte. 

Elías Ruiz, el coordinador del Movimiento Campesino en Costa Rica, señala que el campesino no está acostumbrado a depender de ningún gobierno ni de ninguna organización que ofrezca ayuda en el exilio, sino que siempre se dedica a trabajar la tierra para sobrevivir. 

“Nosotros los campesinos trabajamos la tierra, rentamos con nuestros trabajos, producimos la tierra y de eso subsistimos. Hay algunos pocos, manos amigas, que nos han ayudado”, comentó Ruiz. 

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El duelo de los campesinos

Las afectaciones que han sufrido los campesinos no han sido solo económicas, sino también emocionales, psíquicas y hasta legales porque se les hace difícil regularizarse en Costa Rica. 

Costa Rica es un país “extraño” para muchos campesinos, indica Nuriz Sequeira, originaria de El Tule, en Río San Juan, y quien ha sido lideresa desde que se fundó el Movimiento Campesino. 

“Teníamos resueltas nuestras vidas en Nicaragua, pero tuvimos que dejar nuestras casas. Ese cambio nos afectó psicológicamente, emocionalmente”, señala Sequeira, quien añade que al principio fue difícil también porque llegaron con el temor de que Costa Rica los deportara y los entregara en manos de la dictadura de Ortega y Murillo. 

“No sabíamos la validez que tenía ese documento (carné de solicitante de refugio), no teníamos mucha información, vivíamos con ese temor de que la policía costarricense nos deportara a nuestro país. Y ya sabemos lo que implicaba eso, regresar al país: la cárcel, tortura, desapariciones”, comenta. 

Además, agrega, muchos campesinos refugiados todavía no han logrado reunirse con sus hijos. Hay otros que solo se han enterado de que familiares entrañables se les han muerto y no tuvieron la oportunidad de despedirse de ellos. 

“A esos familiares no los vamos a volver a ver. Hemos vivido duelos muy grandes y cosas que no se van a volver a tener en la vida. Tenemos muchos traumas no sanados y no es fácil sobrellevar la vida que ahora tenemos en este país en el exilio, Costa Rica”, indica la lideresa campesina. 

Sequeira dice que todos los campesinos refugiados jamás quisieron llegar al vecino país del sur, pero lo hicieron “forzadamente” para “resguardar” sus vidas.  

“Nos tocó para resguardar la vida, para no ir a una cárcel, para no ser torturados, para no ser desaparecidos en nuestro país de origen por la represión brutal que existe”, lamenta. 

Capital político desaprovechado

El líder campesino David Marenco también cree que la oposición nicaragüense ha desaprovechado el “potencial” del Movimiento Campesino, al que han hecho “a un lado”. 

“El resto de la oposición a nosotros nos ha apartado, no nos ven como un potencial. Nos ven como algo que tal vez ni siquiera valemos la pena por ser campesinos, pero no es así”, comentó Marenco. 

Un líder campesino que sí considera que la oposición nicaragüense ha tomado en cuenta al Movimiento Campesino es Claver Estrada, quien dice que los campesinos tienen “importancia” para los opositores. 

“Nos toman en cuenta cuando tienen reuniones. Cuando hay algún tipo de actividad, ya sea en Upala, en San José, en Los Chiles, en cualquier parte, alguien va a representar al Movimiento Campesino”, afirma Estrada.  

Otra lideresa campesina, Nuriz Sequeira, indica que los campesinos son un sector amplio y calcula que al menos el 50 por ciento de la población nicaragüense es campesina y entre ellos existen liderazgos “valiosos” que no están siendo aprovechados por la oposición. 

“Siento que la oposición ha desaprovechado un poco al Movimiento Campesino, porque somos una organización sólida y bastante fuerte en el territorio nacional. Es muy importante que siempre los campesinos estemos en todos los espacios de toma de decisiones”, sostuvo.  

A pesar de eso, Sequeira rescata un temor recurrente de este colectivo: “El campesinado ha sido solo utilizado y esperamos que, en este momento, en el que estamos en el exilio, seamos realmente valorados y el campesinado tenga su voz”.