Fisuras y división entre campesinos exiliados 

Fisuras y división entre campesinos exiliados 

A la separación geográfica se suma la división interna. No pocos campesinos exiliados piden ya un cambio generacional. Todo esto, sin embargo, no impide que continúen trabajando en su organización y el rescate de Nicaragua. 


Expediente Público

A las dificultades económicas de los campesinos exiliados se suman fisuras y divisiones en el liderazgo.

Fátima Duarte, productora exiliada en Costa Rica, comenta abiertamente que algunos de los antiguos líderes y fundadores del Movimiento Campesino ahora velan más por el beneficio propio y de sus familias. 

“Hay problemas con grupitos que salen ahí, que quieren hacer más…, bueno, ese es el problema”, confirma el líder campesino Luis Uriarte Rocha, también en Costa Rica. 

Los problemas de liderazgo han provocado cierta pérdida de “credibilidad” entre algunos campesinos, expuso otro líder, Víctor Díaz. 

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Duarte también afirma que el Movimiento Campesino está ahora mismo “dividido en mil pedazos” y que incluso los mismos campesinos hablan del movimiento “de Medardo Mairena” o “el de Francisca Ramírez”. 

“Es cierto que no estamos en las mejores condiciones, pero también podemos tener alguna cierta baja de credibilidad política, porque algunos liderazgos no han hecho, tal vez, lo correcto», indicó Díaz.  

Fisuras y división entre campesinos exiliados 

Lea la primera entrega: ¿Descartados y olvidados?: la realidad de los campesinos exiliados de Nicaragua 

Las plagas del movimiento campesino 

Una “plaga” que Díaz considera que debe ser erradicada entre el liderazgo campesino, es la de anteponer intereses personales a los colectivos. 

Fátima Duarte, quien también menciona la existencia de intereses personales por encima del movimiento, añade que antiguos líderes han propiciado la división.  

“El Movimiento Campesino se ha dividido en mil pedazos. Un pedazo se llevó fulano, otro pedazo perencejo”, manifiesta. También apunta que algunos de esos antiguos líderes eran buenos mientras estaban en Nicaragua, pero en el exilio han mostrado otro rostro. 

“En su momento, en Nicaragua, hubo amor, pero cuando se vino al exilio, el desamor llegó y empezaron a hacer otras cosas. Entiendo que tenemos que sobrevivir como persona, pero el movimiento es algo que nos ha costado mucho”, enfatiza Duarte. 

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Medardo Mairena: campesinos no estamos divididos 

Expediente Público también procuró entrevistar a Francisca Ramírez, pero ella desistió en varias ocasiones y, al final, argumentó razones de seguridad. 

Medardo Mairena, recordado por responder al dictador Daniel Ortega en el Diálogo Nacional de 2018, que los campesinos estaban presentes en ese cónclave y no eran afectados por los bloqueos, porque ellos mismos estaban también protestando. 

«Yo entiendo que haya discrepancias en la organización. En todas las organizaciones hay discrepancias y eso es bueno porque es así como se da el derecho a la libertad de expresión”, responde Mairena a Expediente Público.  

Mairena, quien lideró protestas campesinas anticanal en la región de Nueva Guinea, al centro de Nicaragua, ahora es un obrero de construcción, sin asilo político y amparado en Estados Unidos, donde fue desterrado en 2024 junto a otros 221 presos políticos

“Hoy en día, en el exilio, no ha sido fácil organizarnos por las mismas circunstancias que todos conocemos”, reconoce Mairena.  

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“Nos encontramos dispersos por todo el mundo, pero, aun así, siempre hemos manifestado nuestro compromiso con las víctimas de la represión, con la libertad de los presos políticos y con la libertad de nuestra querida patria”. 

De interés: Movimiento campesino entre el exilio, la clandestinidad y el silencio en Nicaragua 

Líderes envejecen 

Las muertes de algunos líderes fundadores han incidido en que el Movimiento Campesino nicaragüense funcione hoy apenas a un 30 por ciento de la capacidad que tenía antes de 2018, calcula Víctor Díaz. 

“Muchos líderes han muerto. Octavio Ortega Arana, el fundador. Uno de los principales como Frank Cortés. Hace poquito se murió otro señor, La Lora le decían, no lo dejaron pasar a Nicaragua (el féretro). Ha sido un golpe duro porque se están muriendo como perros la gente del Movimiento Campesino”, manifiesta Duarte. 

Por su parte, la lideresa campesina Nuriz Sequeira defiende que el Movimiento Campesino nicaragüense “sigue vivo” porque existe siempre un consejo nacional, del cual ella es miembro, y, a pesar de que existen fisuras en el liderazgo antiguo, los actuales líderes territoriales no les dan importancia a esos problemas, sino que se mantienen “unidos” y con una “organización sólida”. 

Por otra parte, Sequeira refirió que dentro del Movimiento Campesino se está haciendo el esfuerzo de garantizar el relevo generacional en el liderazgo.  

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“Apostamos al relevo de los jóvenes, porque ya algunos líderes han fallecido en Nicaragua. Ahora les toca a los jóvenes y por eso se está trabajando también para que la juventud se venga integrando en la organización”, insistió. 

Por el contrario, Duarte enfatiza que “hay gente que cree que son dueños del movimiento, no quieren que los jóvenes tomen las posesiones y es importante que los jóvenes vayan tomando posesión de todo lo que se ha hecho de Nicaragua hasta hoy”.

“No podemos ser los mismos viejos, como las momias que han existido entre los políticos, que solo ellos quieren estar en el poder, y no quieren que los jóvenes, no quieren hacer un cambio. Yo sí necesito que se haga un cambio, tanto en el movimiento como en Nicaragua, porque si no nunca va a haber prosperidad para Nicaragua”, señaló Duarte. 

Mairena rechaza que el movimiento esté cerrado a las nuevas generaciones. Como ejemplo, menciona la asamblea realizada en Miami, Estados Unidos, el 12 de abril, donde, según él, la mayoría de asistentes eran jóvenes. 

Piden mayor transparencia 

La rendición de cuentas de algunos representantes es otra debilidad, algunos actúan como si fueran autónomos, en muchas ocasiones no consultan sus acciones con el campesinado. 

Así lo refiere el líder campesino Díaz, quien indica que a ciertos directivos “les cuesta” informar sobre sus actuaciones y ser “transparentes”.  

“Les cuesta dar ese tipo de informes, como rendición de cuentas; tratar de ser transparentes, explicar cómo van, con quiénes conversamos y procurar un entendimiento colectivo. Esa es parte de las debilidades que enfrentamos”, lamentó Díaz. 

Duarte lamenta también que haya campesinos que no hablan de la realidad de lo que ocurre dentro del Movimiento Campesino nicaragüense por temor a algunos líderes, pues consideran que podrían perder oportunidades de recibir algún beneficio. 

“Es como una dictadura la de ciertas personas del movimiento en el exilio, líderes fundadores del movimiento, que hay gente que les tiene temor, miedo de hablar y decir las realidades de las situaciones que están”, explica la lideresa. 

No todos son pesimistas 

Aunque la situación actual del Movimiento Campesino nicaragüense se describe como de debilitamiento, entre los campesinos hay quienes miran el vaso medio lleno.  

Entre quienes prefieren ver la situación con optimismo está Elías Ruiz, actual coordinador del movimiento en el exilio en Costa Rica. Ruiz asegura que el movimiento atraviesa un periodo crítico, pero también de aprendizaje, y que se trata de un momento propicio para que aparezcan nuevos liderazgos. 

“Es como cuando el maíz o el frijol está en el periodo de cosecha. Vos ves la planta que está triste, que está muriendo. Así lo ven muchos, como si la planta está muriendo, pero está muriendo porque está produciéndose la semilla para las nuevas generaciones de plantas que vendrán”, señala Ruiz. 

Fisuras y división entre campesinos exiliados 

Ruiz, quien considera que por la libertad de Nicaragua vale la pena enfrentar la actual crisis, afirma también que los campesinos siguen organizados y cuentan con una junta directiva que “periódicamente se está cambiando”.  

“Siempre estamos reuniéndonos periódicamente y tenemos los planes para el futuro, nuestra visión, que queremos una Nicaragua mejor y un movimiento donde los campesinos puedan hablar y defender sus derechos”, expresa Ruiz. 

“Después de 13 años de que nació el Movimiento Campesino, eso es un gran esfuerzo y eso habla mucho de que todavía es una organización sólida y que hemos trabajado por mantenerlo vivo, por mantener esa lucha que tanto nos ha costado desde el 2013 hasta ahorita el 2026”, expresó Sequeira. 

“Hacemos lo que está al alcance de nuestras manos, porque es complicado el tema de la articulación ya que los recursos son limitados. En medio de tanta adversidad siempre estamos en constante comunicación con los teléfonos, tenemos reuniones virtuales y cada seis meses nos reunimos presencialmente todos los miembros del Consejo Nacional para hacer algunas planificaciones de trabajo también y para reestructuración de juntas directivas”, añadió la lideresa campesina.  

Continúan organizándose 

“Hemos tenido que organizarnos a través de las distintas redes sociales”, asegura Mairena. Por ejemplo, en Estados Unidos cuentan con estructuras en once estados. Les llaman “consejos locales” y están integrados por un coordinador, un secretario y asociados. 

El exilio, a pesar de lo difícil, “a muchos nos ha abierto otras oportunidades para conocimientos técnicos, nuevas formas de laborar de una manera más productiva; eso lo destaco como positivo, pero no ha sido nada fácil”, agregó el dirigente. 

Marcos Sánchez, exiliado en España, expresa que todavía hay personas dispuestas a trabajar y colaborar con el movimiento. “El compromiso de nosotros es siempre dar la vida por Nicaragua, por el campesino y por la defensa de los derechos humanos”, afirma. 

Mantener una organización en varios continentes también supone dificultades prácticas, como coordinar reuniones con horarios distintos al de Nicaragua. 

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“Se nos complica mucho por el cambio de horario. Muchas veces se hacen reuniones virtuales, pero si en Nicaragua son las siete de la noche, aquí ya son casi las dos de la mañana”, explica Sánchez. 

“Aunque nos hemos desvelado por amor a la lucha y a la organización, uno se expone a todo”, añade. 

Sánchez sostiene que ese esfuerzo no solo implica enfrentar la persecución, sino también asumir el desgaste necesario para mantenerse organizado desde el exilio. 

Según Sánchez, el objetivo de ese trabajo organizado es llegar a cada rincón de Nicaragua y contribuir a debilitar las estructuras del régimen.  

“Estamos tratando de trabajar con los barrios y las comarcas, de mantener nuestra presencia e influencia en todos los lugares”, afirma. 

“Hay que reconocer que esa gente está bien estructurada y organizada (los sandinistas), y sobre todo trabaja bastante con la juventud. Nosotros también estamos tratando de llegar a los jóvenes y mostrarles cuáles son las realidades de la vida”, concluye.