* El experto Michael Chong ofreció la conferencia “Del extractivismo al dominio digital”, organizada por la Fundación Mil Hojas.
* Chong advirtió sobre los riesgos para la soberanía derivados de la expansión de China en la región, a través de redes 5G, cables submarinos y centros de datos.
* Ante la creciente dependencia digital y la vigilancia externa, el especialista plantea la urgencia de crear una inteligencia artificial propia para la región.
Yarely Madrid / Expediente Público
“La soberanía ya no es solo territorial, es digital; los datos son el nuevo petróleo y quien los controla, controla el futuro”. Esta advertencia, que resume la columna vertebral de la carrera tecnológica y la disputa geopolítica en América Latina, la hizo el experto en telecomunicaciones y ciberseguridad Michael Chong, autor de “Huella del dragón digital”.
Chong ofreció este martes la conferencia “Del extractivismo al dominio digital: cómo se configura el poder en la era de la Inteligencia Artificial”, organizada por la Fundación Mil Hojas (milhojas.is), dedicada a la investigación periodística y la transparencia.
Durante el encuentro, Chong desglosó cómo las potencias globales se disputan hoy el dominio de la infraestructura tecnológica. Mientras Occidente suele enfocarse en el desarrollo de código y software, China ha apostado por la expansión de la infraestructura física: redes 5G, cables submarinos y centros de datos que canalizan el flujo de información en los países en desarrollo.
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China: la estrategia del dominio físico
Chong detalló cómo China ha desplegado su estrategia a través de la denominada “Ruta de la Seda Digital”. Según el analista, al financiar e instalar la infraestructura básica sobre la cual circula la conectividad, las empresas estatales y privadas chinas establecen las condiciones de operación de la información en los países receptores.
En el contexto latinoamericano, Chong señaló que esto se traduce en acuerdos y concesiones a largo plazo que comprometen la soberanía digital de los Estados, sometiendo el flujo de datos locales a marcos de administración con limitada fiscalización institucional.

“El verdadero dominio no empieza en la aplicación que usas en el teléfono, sino en el cable por el que transita tu información. Quien controla el cable, controla el paso y las reglas del juego”, sostuvo Chong al explicar el impacto de los contratos de conectividad a largo plazo en la región.
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Ciudades inteligentes y vigilancia masiva
Un punto central de las advertencias de Chong fue el despliegue de los sistemas de videovigilancia pública bajo el modelo de Smart Cities o “ciudades inteligentes”. El experto explicó que estos proyectos, presentados habitualmente como soluciones contra la criminalidad basadas en inteligencia artificial y reconocimiento facial, suelen operar con opacidad respecto al uso y destino de los metadatos recopilados.
Como caso ilustrativo, Chong analizó la implementación del sistema ECU 911 en Ecuador. Este modelo combinó crédito otorgado por China que estuvo atado a la adquisición de tecnología de monitoreo masivo para centralizar la seguridad ciudadana.
Sin embargo, el ponente enfatizó que en dicho proceso no existió una transferencia efectiva de soberanía técnica: aunque el país recibió las cámaras y la infraestructura visible, el control del procesamiento, el mantenimiento estratégico y el almacenamiento continuaron supeditados a los proveedores externos.
“En proyectos como este, los países reciben las cámaras y las pantallas para los centros de mando, pero entregan la soberanía técnica. El mantenimiento, el procesamiento de fondo y los servidores quedan amarrados a proveedores externos”, enfatizó Chong.
Extractivismo de datos
Chong calificó la recolección masiva de información como una dinámica de “extractivismo digital”. En sus palabras, los datos brutos de la población —que abarcan hábitos de consumo, registros crediticios, patrones de movilidad y comportamiento— son extraídos del territorio nacional sin dejar un valor agregado local ni transferencia de capacidades técnicas.
El analista denunció que esta masa crítica de información es enviada a servidores externos y plataformas en la nube para entrenar algoritmos privados. Posteriormente, esos mismos modelos refinados son reingresados al mercado latinoamericano en forma de licencias y servicios de inteligencia artificial de alto costo.
“Nuestros datos están siendo tratados exactamente igual que los minerales o el petróleo; la información sale de nuestros países como materia prima bruta sin procesamiento ni valor agregado local, sin regulación clara y sin un retorno económico o de conocimiento para nuestras sociedades”, alertó Chong.

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China y EE. UU.: la fractura del mapa digital
En el tramo final de su presentación, el conferencista expuso que la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China está consolidando una bifurcación en el entorno tecnológico mundial. En este escenario, América Latina opera como un terreno de prueba donde ambos bloques buscan afianzar sus respectivas plataformas y estándares tecnológicos.
Chong advirtió que el mayor peligro para las naciones latinoamericanas es quedar reducidas al rol de meras consumidoras de tecnología, perdiendo capacidad de decisión autónoma sobre sus políticas de seguridad nacional y gestión de datos públicos.
“La disputa tecnológica actual ha dividido el mapa. Latinoamérica no puede ser un espectador pasivo ni limitarse a consumir la tecnología que otros diseñan para controlar nuestras instituciones”, advirtió el especialista.
Construir soberanía técnica
Frente al panorama expuesto, Chong sostuvo que la aprobación de leyes de protección de datos resulta insuficiente si los Estados carecen de la infraestructura técnica necesaria para auditarlas y hacerlas cumplir.
Como alternativa, el experto propuso impulsar una agenda de soberanía digital basada en la creación de capacidad local de almacenamiento y el desarrollo de Modelos de Lenguaje Pequeños (SLM) o inteligencias artificiales adaptadas a las realidades locales, con sistemas algorítmicos nativos y bajo la gobernanza de las propias naciones latinoamericanas.
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“La soberanía tecnológica no se declara en un papel, se construye con marcos regulatorios propios, talento técnico local y, fundamentalmente, desarrollando nuestra propia inteligencia artificial. Necesitamos una IA para Latinoamérica que responda a nuestras necesidades, proteja nuestra información y rompa la dependencia estructural frente a las grandes potencias”, concluyó Chong.
La jornada organizada por la Fundación Mil Hojas cerró con un llamado a fiscalizar las contrataciones públicas de infraestructura tecnológica, recordando que la custodia de las bases de datos de los ciudadanos es hoy un pilar para la soberanía y la seguridad nacional.