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Empresarios y régimen de Daniel Ortega: una relación de amor y odio

*El sector de los empresarios pasó de ser histórico enemigo de los sandinistas, tras una turbulenta y sangrienta relación en los años ochenta, a ser aliado incondicional de Daniel Ortega en 2007 cuando el antiguo guerrillero regresó al poder en Nicaragua, una especie de noviazgo.


Expediente Público

En una celda de la cárcel policial conocida como “El Nuevo Chipote”, pasa sus días, desde hace seis meses, José Adán Aguerri. Es una celda de las llamadas “especiales”, destinadas a reos que presentan graves complicaciones de salud. Aguerri comparte esa celda con el politólogo Arturo Cruz y el político liberal José Pallais. Solo hay dos camas y una silla donde Pallais duerme con mucha dificultad.

Como casi todos los presos políticos recluidos en esa prisión, Aguerri ha enflaquecido notoriamente. Ha perdido unas 30 libras, dice una de sus hijas que lo vio a mediados de noviembre, en la tercera visita que el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua ha permitido.

Comen solo pobres raciones de frijoles y arroz mal preparados, y están sometidos a interrogatorios diarios.

Hace cuatro años, Aguerri era uno de los personajes más influyentes de Nicaragua. Algunos aseguraban que era el “tercer hombre de poder” en el país, solo por debajo de Ortega y su esposa, Rosario Murillo.

Eterno presidente del Cosep

Durante 13 años presidió el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la principal cámara empresarial de Nicaragua, y desde ahí estableció una alianza de mutuo beneficio con el régimen de Ortega, en un modelo que oficialmente se denominó “Dialogo y consenso”.

En 2007 comenzó el acercamiento entre dos sectores que se habían enfrentado por más de una década. Ortega necesitaba limar asperezas con los empresarios y los empresarios necesitaban de Ortega para hacer prosperar sus negocios. “Se juntaron el hambre con las ganas de comer”, dice un líder empresarial. Y así nació una alianza que alimentó, en buena medida, el desarrollo de la dictadura de Daniel Ortega.

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No fue un presidente común en el Cosep, no solo por sus continuas reelecciones, diez en total, sino también por la influencia que tuvo en la gestión de gobierno. Frecuentemente se le veía reunido con Daniel Ortega y los más grandes empresarios del país y la región, y toda la gestión empresarial, incluyendo la promulgación de leyes que beneficiaban o afectaban al sector, pasaba por sus manos.

Más allá, en la misma cárcel, en dos pequeñas celdas provisionales, están Michael Healy y Álvaro Vargas, presidente y vicepresidente del Cosep, respectivamente, hasta el pasado 21 de octubre, cuando el régimen de Ortega los apresó, acusados, al igual que Aguerri, como traidores a la patria, de acuerdo a la Ley 1055, conocida como la Ley de Soberanía. Para entonces, uno de los matrimonios más fuertes y famosos de los últimos años en la política nicaragüense parecía irremediablemente roto.

Este trabajo de Expediente Público relata las interioridades de esta relación entre empresarios y el régimen, y analiza qué ganaron unos y qué ganaron los otros, por qué José Adán Aguerri se volvió el personaje clave y no nadie más, y, finalmente, como se produjo el divorcio que llevó hasta a las cárceles de Ortega a sus antiguos aliados.

Enemigo en casa

“En Cosep hemos trabajado para construir un mejor país. (…) Decidimos seguir adelante sin vacilar. Ha valido la pena. Lo decimos con orgullo, pero conscientes que todavía hay mucho por hacer”, proclamó José Adán Aguerri el 8 de septiembre de 2015, en el Día del Empresario Nicaragüense que Cosep celebra cada año.

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Entre los aproximadamente mil asistentes, se encontraba, como era la costumbre en esa fecha, una delegación del gobierno sandinista encabezada por Bayardo Arce, delegado de la Presidencia para Inversiones, y el general Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua, además de diputados y ministros.

El día del empresario se celebra en Nicaragua el 8 de septiembre en honor al natalicio de Jorge Salazar, un dirigente del Cosep, asesinado por la Seguridad del Estado sandinista el 17 de noviembre de 1980, de tal forma que, por esas contradicciones históricas, en el evento estaba homenajeándolo una delegación del mismo partido que lo asesinó. Es más, actualmente uno de los hombres cercanos a Daniel Ortega es Néstor Moncada Lau, a quien se le vincula directamente al asesinato de Salazar, y es empleado para misiones subterráneas y el control policial y judicial.

El Cosep apoyó al Frente Sandinista en el derrocamiento de la dictadura somocista en 1979, a tal punto que seis presidentes de las cámaras empresariales de entonces se integraron al Consejo de Estado, una especie de parlamento revolucionario, y Alfonso Robelo, líder gremial, formó parte de la Junta de Gobierno, junto a doña Violeta Barrios de Chamorro, Daniel Ortega, Sergio Ramírez y Moisés Hassan.

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Simpatías, rupturas y demolición de la empresa privada

“En febrero de 1972 se formó una asociación empresarial de primer orden, la COSIP (más tarde Cosep), que reunía a líderes empresariales de una docena de redes y cámaras sectoriales. Esta coalición empresarial proporcionó un espacio organizativo en el que coordinar la creciente oposición de las élites al régimen”, expone Rose J. Spalding, del Departamento de Ciencias Políticas Universidad DePaul, Chicago, en el estudio “Relaciones empresariales y estatales en la Nicaragua posrevolucionaria: El realineamiento de las élites y la nueva estrategia de colaboración”.

“A medida que la represión del régimen condujo a una escalada de la violencia y el conflicto a finales de la década de 1970, algunos sectores de la élite empezaron a pasarse a la oposición, que se estaba construyendo lentamente. Varios productores prominentes llegaron a apoyar el levantamiento liderado por el FSLN contra la dinastía, cultivando activamente el apoyo diplomático a la insurgencia y proporcionando recursos financieros y protección a los rebeldes.

Tras el asesinato en 1978 de uno de los suyos, el director de La Prensa Pedro Joaquín Chamorro, un número cada vez mayor de dirigentes empresariales apoyó las recurrentes huelgas generales, lo que contribuyó a una escalada del conflicto y a la salida definitiva de Somoza del poder al año siguiente, añade.

Sin embargo, la ruptura vendría pronto, y definiría más de una década de enfrentamientos que a los empresarios les costó confiscaciones, cárcel y asesinatos.

“El nuevo gobierno confiscó los bienes de la familia Somoza y sus aliados, adquiriendo así extensas propiedades agrícolas y una amplia red de empresas industriales y comerciales. Los bancos privados se derrumbaron durante la insurrección y fueron sustituidos por bancos estatales. El gobierno asumió rápidamente el control monopólico de la exportación de los principales productos básicos, eliminó las empresas comerciales privadas e impuso una normativa cada vez más compleja sobre el comercio y las transacciones nacionales”.

“A medida que avanzaba la década de 1980, se sucedieron otras expropiaciones, a veces dirigidas a los principales líderes empresariales.  Al final de esta época, cerca del 30% del PIB estaba controlado por el sector estatal, y el sector privado se enfrentaba a una amplia regulación. Las élites tradicionales perdieron poder económico y social; muchos de los que pudieron, se autoexiliaron, generalmente a Estados Unidos”, señala Spalding.

Derraman sangre de empresarios

El enfrentamiento comenzó temprano. Desde la vicepresidencia del Cosep, Jorge Salazar, instó a los 12 diputados de la oposición a abandonar al Consejo de Estado, y cinco días más tarde fue asesinado.

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En octubre de 1981, Humberto Ortega, jefe del Ejército Popular Sandinista (EPS), amenazó veladamente a los empresarios que “cuando se produzca la agresión serán los primeros en aparecer colgados a lo largo de caminos y carreteras del país”.

Los empresarios, aunque no fueron mencionados por Ortega explícitamente, se dieron por aludidos y reclamaron mediante una carta en la que aseguraban que el Cosep “de ninguna manera apoya el proyecto de transformar esta revolución en una aventura marxista-leninista que solo traerá más sangre y sufrimiento a nuestro pueblo”.

El gobierno revolucionario giró orden de captura contra todos los que firmaron la carta. El presidente del Cosep, Enrique Dreyfus, y los directivos Benjamín Lanzas y Gilberto Cuadra, fueron condenados a siete meses de cárcel, el resto logró huir. Enrique Bolaños, aunque no era de los firmantes, fue encarcelado durante tres días solo porque aparecía “tomando notas” en una foto del evento.

El enfrentamiento trascendió incluso a la derrota del Frente Sandinista en 1990, cuando Daniel Ortega perdió las elecciones frente a Violeta Barrios de Chamorro. El 23 de noviembre de 1992, Arges Sequeira, presidente de Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic) fue asesinado de seis balazos en la cabeza, en el Sauce, León, por antiguos miembros del ejército y la seguridad sandinista. “No vamos a permitir que se cuestionen los logros de la revolución sandinista”, justificó luego uno de los asesinos confesos de Sequeira, el exteniente coronel Frank Ibarra Silva.

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“A la elección de Chamorro le siguió un período de 16 años en el que los líderes de la comunidad empresarial tomaron el timón político y el país cambió hacia el modelo de desarrollo neoliberal.  Durante este período, la élite económica nicaragüense experimentó tanto una dislocación como nuevas oportunidades, lo que condujo a una mayor reconfiguración”, describe Spalding.

“Después de alejarse de Nicaragua durante la revolución, los principales grupos económicos regresaron y extendieron su presencia por toda la región, y muchos de ellos se anclaron en los bancos privados en rápida expansión. Los grupos Pellas y Lafise, ahora transnacionalizados, se reconfiguraron bajo una nueva generación de líderes. Estos grupos se expandieron tanto dentro de Nicaragua como en otros lugares de Centroamérica a medida que se abrían los mercados. Los principales líderes empresariales nicaragüenses se reorganizaron en «grupos empresariales diversificados (…) Algunos de estos grupos nicaragüenses, como el Grupo Pellas y el Grupo Promerica (BANPRO), se regionalizaron; otros, como CALSA, se centraron en una mayor distribución de productos de las multinacionales dentro de Nicaragua”, añade.

Empresarios: Zorros y gallinas

Sin embargo, empresarios y sandinistas parecían tan irreconciliables como el agua y el aceite, o las gallinas y los zorros. En los años siguientes, los empresarios hicieron todo lo posible para evitar el regreso del Frente Sandinista al poder. Apoyaron abiertamente a los rivales de Daniel Ortega en las campañas electorales.

En la campaña de 2006, cuando los liberales se dividieron en la boleta, el Cosep apoyó públicamente, luego de una votación de su junta directiva, la candidatura de Eduardo Montealegre, de Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), dejando a un lado al candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), José Rizo. Ni Montealegre ni Rizo: la elección la ganó Ortega con el 38.07 por ciento de los votos.

Esa apuesta a un “caballo perdedor” creó una pequeña crisis en el Cosep y fue determinante en el acercamiento inicial entre empresarios y los sandinistas que ganaron el gobierno, según uno de los antiguos directivos del Cosep que habló con Expediente Público a condición de anonimato.

“El apoyo a Montealegre se da bajo la presidencia de Ervin Krüger todavía, y dejó el sentimiento de que ese no era el camino que debía seguir el Cosep, porque se llegó al extremo de meterse en política partidaria contraria a Daniel Ortega”, dice.

Sin embargo, Spalding hace notar que desde la década de 1980 ya muchos en las filas del Frente Sandinista venían sufriendo un proceso de “aburguesamiento” que los acercaba a los grupos empresariales tradicionales y emergentes. Algunos eran los denominados “productores patrióticos” en los años 80, otros eran descendientes de familias de la élite que habían ocupado cargos en el gobierno sandinista y otro segmento estaba formado por antiguos funcionarios sandinistas que adquirieron activos en la «piñata», la apropiación gratuita de los bienes del Estado tras la derrota de 1990.

“En la medida en que estas élites se identificaron con el Frente Sandinista, el aburguesamiento de la dirección del partido comenzó a reconfigurar la orientación económica del propio”, concluye Spalding.

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Ortega, el gendarme de Estados Unidos

El economista Enrique Saénz, considera en entrevista con Expediente Público que el acercamiento del régimen de Ortega a los empresarios tras su victoria electoral, hay que entenderlo desde una estrategia de Ortega para poner de su lado a los adversarios naturales de los años 80: la Iglesia católica, Estados Unidos y los grupos económicos más prominentes.

“Sin que haya un acuerdo explícito con la administración de (Barak) Obama, los hechos parecen confirmar que existió el acuerdo, o que Ortega actuó como que existía, con Estados Unidos en temas como migración, libre comercio, liberación financiera, apertura de inversiones extranjeras, terrorismo y crimen trasnacional”, señala Sáenz. “Ortega se convirtió en un gendarme de los intereses de Estados Unidos en la región”.

El acercamiento a la Iglesia católica se hizo a través del cardenal Miguel Obando, y “la tercera pata del trípode fue el acuerdo con el gran capital”, dice.

Luciano García, presidente de Hagamos Democracia, dice que es práctica tradicional que los gremios empresariales o grandes capitales busquen contactos directos con los gobiernos, incluso desde antes que lleguen al poder, cuando figuran como “fondeadores” de los candidatos.

A pesar que los empresarios no habían apostado por Daniel Ortega, cuando este gana las elecciones “se produce el acercamiento porque hay intereses de por medio”, dice García. El Cosep manda a José Adán Aguerri para que establezca esa relación y Daniel Ortega les ofreció a ellos el modelo de diálogo y consenso”.

Seducción a los empresarios

El regreso al poder de Daniel Ortega coincide con el inicio de la larga gestión en la presidencia del Cosep de José Adán Aguerri, un personaje que sería clave en la relación entre empresarios y gobierno.

“Las relaciones más formales se dieron en el INCAE (Instituto Centroamericano de Administración de Empresas), pero hubo un proceso preparatorio, acompañado técnicamente, donde hubo algunos pivotes, seguramente Jaime Morales Carazo, el vicepresidente, fue uno de los operadores para que se concretara, pero Ortega tenía que hacer concesiones más allá del discurso, que dieran confianza, y que fueran lo suficientemente sustanciales como para que motivaran la voluntad de continuar en esta dirección”, valora Sáenz.

La seducción de Ortega llega en un momento en que los empresarios están llenos de dudas y temores. El llamado “sector privado” está preguntándose qué tipo de relación van a llevar con quienes manejan el nuevo gobierno, un grupo de poder con el que se han enfrentado durante años.

La propuesta de Ortega fue “come y comamos”, según Saénz, y la principal carnada fue la cooperación petrolera, más las medidas económicas que como gobierno podía establecer y, como prueba de que estaban en el mismo barco, su rápida conversión en un capitalista más.

Pagaron por ver, añade. Calcularon que todo era cuestión de llevarse bien con su antiguo enemigo natural durante cinco años. “Ortega tenía una minoría en la Asamblea Nacional, gobernó como mayoría por los votos del PLC. Ellos tenían la expectativa de que Ortega no iba a tener la posibilidad de reelegirse, porque tenía un montón de restricciones, políticas e internacionales”.

“No midieron, o midieron mal, que dentro de estas maromas de Ortega lo que se escondía en el fondo era, en primer lugar, la permanencia indefinida en el poder, costara lo que costara. Se vieron lampareados como se les dice a los venados, se vieron lampareados por las concesiones que les hizo Ortega y ahí dejaron de medir hasta dónde podía llegar”, dice.

Las reuniones públicas con Ortega comenzaron a realizarse en el INCAE antes incluso que Aguerri asumiera la presidencia del Cosep.

Para la reunión del 10 de octubre de 2007, a la que asistieron los más grandes empresarios de Nicaragua, ya la etapa de seducción había terminado. “La mesa de empresarios es el mejor CPC (Consejo del Poder Ciudadano) que está funcionando como un verdadero gabinete, donde se toman decisiones”, proclamó Daniel Ortega esa noche en el INCAE mientras los empresarios celebraban alegremente. El noviazgo se estaba acabando y comenzaba el matrimonio.

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