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La lucha contra el régimen Ortega-Murillo une a la diáspora nicaragüense en Estados Unidos, pero no escapa a los conflictos

*La comunidad de nicaragüenses dispersa en Estados Unidos tiene desde 2018 una agenda común: consolidar una estrategia para presionar por reformas democráticas, debido a que la oposición interna en Nicaragua está prácticamente anulada. 

**Entre los retos que enfrentan son las diferencias políticas partidarias y que no han podido organizar a los grupos de nicaragüenses en los diferentes estados para definir estrategias más sólidas para incidir ante el Gobierno de Joe Biden en las acciones contra el régimen de Ortega.

**Los mayores logros son la aprobación de dos leyes en los últimos cuatro años, la Nica Act y la Renacer que si bien han servido para sancionar a funcionarios y empresas claves del régimen, no han tenido el efecto esperado por un cambio democrático en Nicaragua . 


Expediente Público 

Estados Unidos se convirtió desde el 2021 en el principal destino de migración y refugio de los nicaragüenses. Entre octubre de 2021 y mayo de 2022, la patrulla fronteriza reportó 110,577 encuentros en el borde limítrofe con México, duplicando la cifra del año fiscal anterior completo (octubre 2020 a septiembre 2021), cuando se registraron 50,109. 

La cifra sobrepasa la capacidad de apoyo de la diáspora asentada en Estados Unidos, que hasta 2017 representaba menos del 1% de la comunidad latina. Entonces, unas 464,000 personas se identificaban a sí mismas como “nicas”, aunque el 45% de ellos habían nacido en territorio estadounidense, según datos del Pew Research Center en base a proyecciones de las Encuestas de Comunidades Americanas de la Oficina del Censo. 

Líderes de la diáspora nicaragüense relataron a Expediente Público que enfrentan un doble reto con la mayor oleada de desplazamiento humano en la historia de su país de origen. Primero, recibir a los refugiados y migrantes, cuyas cifras no dejan de superar los registros históricos mes a mes; la segunda, es consolidar una estrategia para presionar por reformas democráticas, debido a que la oposición interna en Nicaragua está prácticamente anulada. 

“Son demasiados (migrantes) para el número que está ayudando, pero recordemos el espíritu del nicaragüense, cómo luchamos y trabajamos, no pensamos que algo es imposible, lo hacemos aunque tengamos que trabajar día y noche para ayudar a integrarlos, y no se sientan desplazados”, dijo a Expediente Público Rosalía Miller, directora de Nicaragua Freedom Coalition (NFC), con sede en Washington D.C. 

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El apoyo que brinda la diáspora

Muchas organizaciones e iglesias ofrecen talleres y tienen un área legal para asesorar a los solicitantes de asilo, del mismo modo a los padres que llegan con hijos menores. 

“Trabajamos con iglesias y otros centros que quieren ayudar para restaurar sus derechos humanos, como no los tuvieron en Nicaragua”, indicó. 

Una de las características de la diáspora nicaragüense es su marcado carácter político, y en menor grado el económico. La migración de hace 40 años se da por la guerra y la persecución política, mientras la del 2018 a la fecha, repite el desplazamiento por la represión estatal, como nota la activista Damaris Rostrán, coordinadora de la Mesa de Trabajo de la Diáspora en Nueva York-New Jersey. 

Astrid Montealegre, abogada de la Alianza Nicaragüense-Estadounidense por los Derechos Humanos (Nahra, por sus siglas en inglés), explicó a Expediente Público que entre las organizaciones “existen varias alianzas, unas son orientadas a lo político y otras a fines humanitarios”, porque hay también una necesidad de atender a las personas que están saliendo de Nicaragua en busca de refugio.  

La abogada reconoce, además, que existen tres grupos en la comunidad nicaragüense en Estados Unidos: los que llevan viviendo varias décadas, los que nacieron ahí o son ciudadanos y los recién exiliados, los que deben organizarse en espacios reales.  

Fortalecidos en las debilidades 

Expediente Público conversó con líderes de organizaciones de la diáspora en Estados Unidos, quienes explicaron que la persecución política, social y económica del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, terminó unificando a los nicaragüenses en el exterior, una comunidad, que pese a ser pequeña, históricamente actuaba fragmentada y distanciada por las complejidades de cada Estado federado y los orígenes particulares de los inmigrantes. 

Ahora, con la expulsión de miles de opositores y la detención de cientos de críticos al régimen de Daniel Ortega, se terminó enriqueciendo a la diáspora con líderes sociales, políticos, periodistas y promotores de derechos humanos. 

Rostrán explicó que desde el 2018 los migrantes y exiliados comenzaron a organizarse formalmente, aunque ya existían desde antes varias iniciativas en Estados Unidos. 

Una de las desventajas de la diáspora nicaragüense era la limitación geográfica, pese a la concentración de esta minoría en los estados de Florida (36%) y California (29%), en los extremos este y oeste del país, ahora esto se ve como una ventaja para presionar a los legisladores desde sus plazas electorales. 

En Florida los nicaragüenses representan el 3% de electores, una cifra con la cual ganó Donald Trump en 2016 las elecciones en este Estado, uno de los fundamentales para las presidenciales. Mientras en New Jersey, está la plaza del senador Bob Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta; y en Nueva York está Charles Schumer, líder de la mayoría demócrata en el Senado. 

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Sin embargo, el efecto de la nueva ola migratoria de nicaragüenses a Estados Unidos está cambiando la demografía de la diáspora, particularmente, por el desplazamiento de muchos a zonas de mayor empleo y oportunidades como Arizona o el noreste, en estados como Illinois, Indiana e incluso Wisconsin. 

“Históricamente, la gente automáticamente se dirige a la Florida cuando dice diáspora nicaragüense, porque es la más grande. Pero hay una comunidad grande y políticamente activa en Nueva York, donde nace Renacer (Ley de Reforzar la Adherencia de Nicaragua a las Condiciones para la Reforma Electoral de 2021) y donde apoyamos Nica Act (Ley de Condicionalidad de Inversiones de Nicaragua de 2018)”, explicó Rostrán. 

“Una de las cosas buenas que pasan después de 2018 es que la diáspora se convierte en un espejo de esa Nicaragua pujante buscando la democracia”, sostuvo la activista. 

Diversidad, superando conflictos 

La diáspora nicaragüense tampoco es uniforme. Sin embargo, los que llegaron hace 40 años y los que se exiliaron hace 4 años o meses están unidos por razones ideológicas, al salir huyendo del régimen sandinista que gobernó en los años 80 y volvió al poder en el 2007. 

Rostrán expresó que las diferencias en este contexto se transformaron en ventajas, porque hay nicaragüenses demócratas y republicanos, algo práctico para impulsar la Nica Act y Renacer con el apoyo bipartidista. 

El 2018 significó un punto de inflexión en la diáspora, Rostrán dice: “Desde el primer día que hicimos un plantón frente al consulado en Nueva York, nos aglutinamos diferente tipo de gente, somos nicaragüenses, eso nos marca y nos define. Nos hemos reunido con la Alianza Cívica, la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), hemos escuchado a las mujeres, jóvenes, campesinos, a las diferentes corrientes políticas y estamos claros que somos nicaragüenses por Nicaragua”. 

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Cumbre sin Ortega, lo mejor que pudo pasar 

El tema de mayor convergencia entre los activistas consultados es la liberación de los presos políticos.  La ausencia de funcionarios del régimen de Daniel Ortega durante la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles, hizo posible un encuentro extenso entre la diáspora, los exiliados, las organizaciones de la sociedad civil e incluso políticos opositores nicaragüenses, perseguidos y precavidos a consecuencia de su activismo, tanto por ellos como por sus familias que residen en Estados Unidos. 

La IX Cumbre, que se realizó entre el 6 y 10 de junio, tuvo un sabor a reencuentro para exiliados y activistas que abandonaron Nicaragua en diferentes momentos y hacia diferentes destinos, pero también brindó a la diáspora en Estados Unidos un contacto personal con el liderazgo opositor al que solo tenían acceso por los medios de comunicación independientes.  

Astrid Montealegre, abogada de  la fundación Nicaragua American Human Rights Alliance (Nahra), explicó a Expediente Público que las personas que ya estaban varios años en Estados Unidos, revivieron sus esperanzas de un cambio en su país de origen y de concretar una “unidad en acción”.  

“Realmente fue un reencuentro entre personas que llevamos varios años trabajando en esta lucha, que por muchas razones como la distancia o la pandemia, solo por plataformas digitales nos veíamos. Fue conmovedor en la parte humana conocer en persona a muchos que solo habíamos intercambiado en cámara”, precisó. 

“Espacios como estos nos permiten ver que no hay tal fragmentación. Lo que se puede percibir como desunión o falta de tener compromisos en común, es falta de organización y distancia, porque cuando nos sentamos, juntos logramos identificar objetivos en común, y cómo lograrlos. Son los mismos objetivos, las acciones son muy similares, los recursos necesarios están identificados. No es falta de unidad, sino, de oportunidad, y de eso es lo que se ha encargado la dictadura, no la oposición”, sostuvo Montealegre. 

Las prioridades de la diáspora

Tito Lagos, de la organización Amigos de Nicaragua Azul y Blanco, de Los Ángeles, indicó a Expediente Público que las prioridades de la diáspora cambiaron en 2018. Antes existían demandas particulares, como la del voto en el exterior y condiciones favorables para que el nicaragüense pudiera retirarse con dignidad en su país de origen. 

Ahora, la demanda principal es un cambio democrático, y tras la IX Cumbre de las Américas, “hemos logrado reencontrarnos con muchas personas, hemos podido convivir ya un poco más de tiempo y espero que los organizadores de estos encuentros, logren mantener esa unión ya que han recabado una gran cantidad de bases de datos que nos va a permitir ver qué podemos hacer”, afirmó. 

Lagos se exilió con el primer gobierno sandinista en la década de los 80, y en Los Ángeles conoció a jóvenes que salieron hace pocos años. 

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“La historia, lamentablemente se está repitiendo, es una tristeza. Yo creí que esto ya no iba a ser posible y después de haber tenido también tantos gobiernos democráticos, se está volviendo a dar y con circunstancias todavía peores, porque al menos antes existía un tipo de esperanza, ahora el gobierno ha logrado infundir el miedo, ahora todo es puro terror en Nicaragua”, dijo. 

La idea de la generación de Lagos era seguir “el espíritu de los elefantes”. A pesar de los años de vida en Estados Unidos, quieren volver a Nicaragua a pasar su jubilación, pero eso es difícil ahora sin un cambio de régimen. 

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