* Tras el arresto del dictador Nicolás Maduro, Venezuela ha quedado con un vacío de poder. La situación no podrá prolongarse más allá de algunos días, advierten expertos.
** Hay un ala radical del oficialismo que no está dispuesta a entenderse con la oposición y plantea seguir la doctrina de la “guerra popular prolongada”.
Expediente Público / Caracas
Las primeras bombas cayeron en forma casi simultánea a unos 30 kilómetros de Caracas, en la meseta de Mamo -donde tiene su asiento el comando de la Infantería de Marina- y en almacenes del puerto de La Guaira, muy cerca de un destacamento de la Guardia Nacional Bolivariana.
A unos 25 kilómetros más hacia el oriente, en la población de Carmen de Uria, las fuerzas estadounidense también atacaron a una instalación donde, según fuentes castrenses, operaba una base de la Dirección de Contrainteligencia Militar. Este lugar había sido declarado «camposanto» por Hugo Chávez, luego de que sus pobladores fueron arrasados por un deslave, en 1999.
Las detonaciones iniciaron a las 02:00 (hora local) del 3 de enero. Anunciaban el inicio de una operación militar cuyo objetivo era la extracción del director venezolano Nicolás Maduro, señalado por EE.UU. como la cabeza principal del Cartel de los Soles, una estructura dedicada al tráfico de drogas y la promoción del terrorismo internacional.
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Los ataques para capturar a Maduro
Las baterías antiaéreas de fabricación rusa que habían instalado en la sede de la Infantería de Marina escupieron municiones hacia todas partes durante más de dos horas, debido a la explosión. Lo mismo sucedía en un pequeño aeródromo de Higuerote, una población costera del estado Miranda, a 45 minutos al este de Caracas.
En la capital, avanzaba una operación aérea con blancos impactados en la base aérea de La Carlota (donde días atrás el régimen había colocado baterías antiaéreas Buk M2E), en el Cuartel de la Montaña (donde fue velado el féretro de Hugo Chávez), en el centro de comunicaciones de El Volcán y en el Fuerte Tiuna (asiento del Ministerio de la Defensa, la Comandancia General del Ejército y diversas unidades de este componente).
Para el momento de la redacción de esta nota, no se había precisado dónde se produjo la captura del autócrata venezolano. Varias fuentes indicaron a Expediente Público que él había optado por pernoctar en distintas locaciones a partir de agosto del 2025, cuando inició el hostigamiento de Estados Unidos en el Caribe.
Los cambios se hicieron más frecuentes en la medida en que se agudizó el conflicto con EE.UU., aseguraron las mismas fuentes.
El anuncio de Donald Trump en la madrugada
Casi todas las informaciones señalaban que Maduro se sentía más seguro en una vivienda altamente fortificada, erigida en el Fuerte Tiuna luego de la crisis política de abril de 2002, que ocasionó una breve salida del poder de Hugo Chávez. Este ordenó la construcción del inmueble -descrito por algunos como un búnker-, temeroso de que algún día se repitiera aquel episodio.
A las 04:21 (hora local), Donald Trump anunció a través de su red Truth Social la ejecución de un «golpe a gran escala» en Venezuela y que Maduro había sido capturado junto a su esposa, Cilia Flores, la llamada Primera Combatiente por la propaganda oficialista.
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Ambos fueron trasladados por aire hasta el buque de asalto USS Iwo Jima. De esta forma, había concluido la primera fase de la operación Resolución Absoluta (Absolute Resolve).
El chavismo, sin pueblo
A las 03:00, cuando todavía no se había perfeccionado la captura de Maduro, el ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino, envió a través de los medios estatales un comunicado para anunciar la activación del estado de excepción por razón de conflicto externo.
El oficial aparecía solo, vestido con uniforme administrativo “patriota”.
Esta imagen de aislamiento, más que el mensaje en sí mismo, impactó al director del Centro de Estudio Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, Ángel Oropeza.
El académico recordó a Expediente Público que, en crisis anteriores, como la de abril de 2002, el titular de Defensa aparecía acompañado por el Alto Mando. Ahora, ofrecía una imagen de confinamiento.
También hubo una sucesión de pronunciamientos de gobernadores, así como del vicepresidente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y titular de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello.
Todos coincidían en algo: aparecían sin pueblo, rodeados de su entorno de seguridad, vociferando líneas que parecían sacadas del mismo guion. En el caso de Cabello, fue notable la presencia a su lado del coronel del Ejército Alexander Granko Arteaga, hombre fuerte de la Contrainteligencia Militar, señalado de crímenes de lesa humanidad.
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Según Oropeza, tras la extracción de Maduro se produjo un peligroso vacío de liderazgo, no solo entre la élite gobernante sino también entre los opositores.
«No hay gente de ningún lado. Ni de los que defienden al Gobierno ni de los que salieron a protestar luego de la elección presidencial, el 29 de julio de 2024. En este momento, no hay calle», observó.

En Caracas, luego del amanecer, la quietud en las calles poco a poco fue reemplazada por las colas en las puertas de grandes cadenas comerciales. Los ciudadanos, luego de 25 años de conflictividad política, tienden a pensar más en los estragos de la escasez de alimentos y combustibles que en la ausencia del gobernante.
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¿Quién gobernará Venezuela?

El rol de María Corina Machado
Por otra parte, la lideresa opositora María Corina Machado emitió un comunicado para anunciar el inicio de la “hora de la libertad”.
En el documento, tendió una hoja de ruta sobre lo que debería hacerse: Edmundo González Urrutia «debe asumir de inmediato su mandato constitucional». Este aspecto no fue tocado por Trump durante su rueda de prensa.
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Lo que sí hizo el mandatario estadounidense fue descartar una transición con Machado al frente. “Creo que sería muy difícil para ella ser líder. No tiene el apoyo ni el respeto del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”, manifestó.
En este momento, Venezuela atraviesa por momentos de enorme fragilidad institucional.
Según Alarcón, si se produjeran graves alteraciones al orden público o si el oficialismo intentara prolongar su permanencia en el poder, EE.UU. tendría que evaluar una nueva fase de la operación emprendida el 3 de enero. Trump señaló que este escenario sí es posible.