* El desencanto ciudadano ante los cuatro años de gestión del partido Libre se reflejan en su caída electoral donde no alcanzan ni el medio millón de votos, según datos preliminares del CNE
*** Las promesas incumplidas como la instalación de la Comisión contra la Corrupción pasó factura al partido de los Zelaya Castro en Honduras.
Sharon Ardon / Expediente Público
Las recientes elecciones generales en Honduras demuestran que el voto dejó de responder a los colores partidarios y se inclinó a evaluar la gestión y los resultados del gobierno actual.
Este comportamiento electoral de los hondureños quedó evidenciado en el hundimiento del gobernante Partido Libertad y Refundación (Libre), que sufrió una caída electoral tras haber llegado al poder en 2021 con amplio respaldo.
La falta de avances en empleo, seguridad, salud y derechos humanos; las promesas incumplidas; los escándalos de corrupción y nepotismo; la excesiva concentración de poder e instrumentalización de instituciones; y la crisis en el Congreso Nacional, marcada por bloqueos y baja productividad, fueron los factores que llevaron al voto de castigo contra Libre, resumió la abogada Ana Pineda a Expediente Público.
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De manera que, de acuerdo con los datos preliminares del Consejo Nacional Electoral (CNE), el oficialismo está quedando desplazado de la contienda presidencial, muy por detrás de los candidatos del Partido Liberal, Salvador Nasralla, y del Nacional, Nasry “Tito” Asfura.

“La ciudadanía hondureña se ha acostumbrado a ejercer un voto de castigo en las urnas: no quiero ya nada con este partido y quiero este giro a este nuevo partido”, respondió a Expediente Público el catedrático e investigador David Araujo.
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Libre progresó con alianzas
Desde su fundación en 2011, el partido Libre mostró un crecimiento en el respaldo electoral. Esta progresión estuvo marcada por el contexto de cada elección y las alianzas con otras fuerzas políticas como el extinto Partido Salvador de Honduras (PSH) y Partido Anticorrupción (PAC), ambos de Salvador Nasralla, así como con el Partido Innovación y Unidad (PINU).
En 2013, Libre participó en su primera contienda presidencial con Xiomara Castro como candidata, enfrentándose a ocho aspirantes, entre ellos, el propio Nasralla, del PAC, y Juan Orlando Hernández, del Partido Nacional, quien resultó ganador. Libre obtuvo 896,498 votos en esos comicios.
En 2017, Libre logró unirse al PAC y al PINU. La alianza puso a Nasralla como candidato presidencial, para enfrentar a 11 partidos. Esto permitió a Libre incrementar su respaldo a 1,360,442 votos, equivalentes al 41,42%. El proceso estuvo marcado por denuncias de fraude. Al final, el triunfo se llevó el Partido Nacional, con la reelección de Juan Orlando Hernández.
Para 2021, Libre nuevamente creó alianza con el PSH y al PINU, pero esta vez la candidatura presidencial recayó en Xiomara Castro, que se enfrentó a otros 14 postulantes. Con ese respaldo, Libre obtuvo 1,716,793 votos (51,12%), consolidando así su llegada al poder.

Estos tres procesos evidencian que Libre logró incrementar su presencia en las urnas principalmente a través de coaliciones con otros partidos de oposición, lo que le permitió capitalizar el descontento ciudadano y conquistar el voto de castigo hacia el oficialismo del Partido Nacional.
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Voto de castigo a Libre
Sin embargo, en 2025, esa misma lógica de castigo se dirige ahora hacia el oficialismo de Libre, reflejando el descontento por su gestión, el desgaste político y las crisis internas. Esto se tradujo en una derrota electoral sin precedentes para el partido.
Para los analistas consultados por Expediente Público, el retroceso de Libre ya fue notorio en las primarias del 9 de marzo del 2025.
“Desde las elecciones primarias ya se miraba su debilitamiento, un caudal electoral muy bajo. Desde toda la contienda quien se miraba con ventaja era el candidato del Partido Liberal y un alto porcentaje de voto indeciso”, observó el catedrático e investigador David Araujo.
Para el analista electoral Denis Gómez, otro factor del desplome es que Libre sobreestimó el apoyo real que tenía. El analista recuerda que los 1.7 millones de votos de 2021 “nunca fueron completamente de ellos”, sino producto de una coalición amplia, movida por el hartazgo hacia el Partido Nacional.
A pesar de esto, una vez en el poder, el partido “asumió esos votos como propios”. Según Gómez, ese exceso de confianza derivó en un triunfalismo y una campaña que priorizó la confrontación sobre la propuesta.
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Confrontación permanente
Gómez agregó que la confrontación que instaló el partido gobernante es una de las principales causas de su desplome porque dejó de enfocarse en los problemas reales de la población.
Además, el analista resalta que esa política polarizante estuvo acompañada de una letanía que consistía en recordar y culpar a opositores de lo ocurrido en el pasado, lo que les impidió enfocarse en cumplir las promesas ofrecidas en campaña.

“No lograron enfocarse de verdad, aparte de mucha publicidad engañosa, mucha promesa falsa que no pudieron cumplir como gobierno”, sentenció Gómez.
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Promesas incumplidas
La directora del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), Gabriela Castellanos, coincide en que la ciudadanía se decepcionó de la mala gestión del gobierno.
En una mesa de análisis organizada por la Fundación Konrad Adenauer, afirmó que Libre “le quedó a deber al pueblo hondureño en muchos temas, pues hubo muchas promesas incumplidas y ni siquiera hubo voluntad de cumplirlas”, al ser consultada por Expediente Público.
Entre esas fallas, Castellanos destacó el alto costo de vida y la falta de empleo, ya que se perdieron trabajos a consecuencia de la inseguridad.
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Escándalos de corrupción
Durante el gobierno de Libre, en lugar de la luchar contra la corrupción, resaltaron escándalos que involucraron a altos funcionarios y diputados oficialistas.
Uno de estos fue el desvío de fondos de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), que debían ser destinados a programas sociales, pero presuntamente fueron utilizados con fines político. El escándalo tocó al entonces ministro José Carlos Cardona y a la legisladora Isis Cuellar, de Libre.
Para Gómez, este fue un caso “al que no se le dio mayor valoración”, pues solo se destituyó al ministro Cardona, mientras que la diputada siguió en funciones.
Además, la abogada Ana Pineda señaló que la ciudadanía percibió falta de avances en la instalación de la Comisión Internacional contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (CICIH), un proyecto que el partido de gobierno impulsó, pero no concretó.
Sumado a eso, Pineda criticó que, entre 2022 y 2025, el gobierno incrementó casi 1,000 millones de lempiras (US$ 38 millones) en el presupuesto general para obras y programas sociales manejados sin controles ni rendición de cuentas.
Otro tema negativo para el gobierno fueron los casos de nepotismo. “Libre no quiso ver que es una práctica corrupta que genera conflicto de intereses y limita las oportunidades de acceso a la administración pública y al servicio exterior”, sentenció la abogada.
Campaña de ataques
Igualmente, Pineda observó que la campaña de Libre se centró casi exclusivamente en sus bases políticas, sin intentar captar a votantes de otros partidos que en 2021 le habían respaldado.
“La narrativa cotidiana estuvo dirigida a su propio electorado, resultando desagradable al resto del electorado al atacar abiertamente a nasrralistas, nacionalistas y liberales, sin considerar que de estas fuerzas políticas obtuvo en 2021 su respaldo popular y podía seguir obteniéndolo”, señaló la abogada.
Para ella, esto provocó el rechazo hacia figuras del oficialismo, como el presidente del Congreso Nacional, Luis Redondo, quien buscaba la reelección. La gente lo abucheó cuando ejercía su voto.
Retórica chavista
Para el analista internacional Felipe Galli, la raíz del problema estuvo dentro del propio proyecto político. Señaló a Expediente Público que Libre llegó al poder en 2021 gracias a la capacidad de capitalizar un descontento acumulado por más de una década de gobiernos nacionalistas, no por una adhesión sólida al proyecto ideológico del partido.

Galli señaló que la retórica de Libre se caracterizó por ser “prepotente”. También criticó su política exterior. “(Fue) paupérrima, abrazada casi idiotamente al ataúd de Nicolás Maduro”, afirmó.
A su consideración, la cercanía de Libre al régimen venezolano fue difícil de sostener, ya que Honduras es un país de tradición conservadora, con un fuerte alineamiento cultural y político hacia Estados Unidos.
Según el analista, Libre repite el discurso chavista como si en la sociedad hondureña hubiera un sentimiento antiestadounidense. Esto suscitó un desajuste entre el mensaje del partido y las expectativas de los ciudadanos.
El destino de Libre
Los expertos consultados concuerdan en que el destino de Libre está en manos de su dirigencia. “Dependerá de un replanteamiento profundo de su estrategia política y de una renovación crítica de sus cuadros”, sostuvo Pineda.
Para el analista político Manuel Torres, aunque todavía no se ha completado el recuento oficial de votos, “en algún momento los partidos deberán valorar correctamente lo ocurrido” y asumir responsabilidades propias.
Para Libre, esto implica preguntarse si cumplieron con las expectativas de la población en áreas cruciales como economía, administración pública, reformas institucionales, reducción de brechas de género, transparencia, lucha contra la corrupción y seguridad ciudadana, señaló Torres.
“De ese balance saldrá la mejor explicación de los resultados electorales y del futuro del partido”, concluyó. La continuidad de Libre dependerá de su capacidad de reconocer errores y de transformarse internamente.