* Washington aún no agota toda la batería de sanciones con las que podría acorralar al régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, dicen expertos en Washington.
* El ambiente de terror y represión ciudadana queda opacado ante una economía nicaragüense que goza de estabilidad; las remesas y el sector informal juegan un papel clave en la dinámica interna.
* Apoyar a la disidencia dentro y fuera de Nicaragua es clave para unificar acciones que lleven a una posible transición democrática, ante el rápido control total con el que avanza Rosario Murillo en el país.
Tomás Guevara / Expediente Público / Washington DC
La economía nicaragüense ha mantenido un ritmo de crecimiento sostenido arriba del 4% en los últimos años, lo que permite a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo sortear la aguda crisis política que desde 2018 mantiene al país bajo el escrutinio internacional.
Más de 6,000 millones de dólares en remesas que llegan a las familias, sumados al empuje del sector informal, crean un sostén del que se beneficia el régimen.
Los números de la macroeconomía juegan a favor del matrimonio Ortega Murillo, mientras consolidan dentro del país su propia transición de gobierno de una a otra cabeza de la dictadura.
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Además del tema económico, la política estadounidense, la represión interna, más la incidencia de la oposición democrática exiliada fueron puntos discutidos este martes en un foro titulado: «La crisis democrática de Nicaragua: consolidación del régimen autoritario y el futuro de la política estadounidense” auspiciada por el centro Diálogo Interamericano en Washington DC.
Para Eddy Acevedo vicepresidente de Política y Relaciones Gubernamentales del National Endowment for Democracy (NED), en Washington, la comunidad internacional debe estar alerta en cómo se está reconfigurando el poder en Nicaragua.
“Rosario Murillo está lista para tomar aún más control del país, Daniel Ortega está siendo reemplazado por ella, la transición ya ha empezado y no veo a Rosario o Daniel acudiendo a elecciones democráticas”, explica Acevedo.
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Este experto, que ha trabajado de cerca con organizaciones de sociedad civil y medios de comunicación, muchos de estos cercenadas por la dictadura y reconfigurados en el exilio, dice que el régimen hará algunas acciones simbólicas con “gestos pequeños, pero nada sustancioso” de cara a Estados Unidos, mientras tanto dice Acevedo, “la transición está sucediendo”.
El determinante factor económico
Para el exjefe de Misión de la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, Kevin O’Reilly, Daniel Ortega aprendió en su primera estancia en la casa de gobierno que el aspecto económico es clave para asegurar la estabilidad política.
De ahí que, desde su regreso al poder junto a Rosario Murillo, pusieran en marcha esa premisa para asegurar su supervivencia y aferrarse al poder pese al rechazo internacional.
“El régimen aprendió primero, que el caos económico absoluto es muy malo para la estabilidad política. Seguramente aprendieron, entre 1979 y 1990, que la estabilidad era importante para ellos. También vieron, a través del trabajo realizado desde 1990 hasta 2007, con todas sus subidas y bajadas, que la estabilidad económica tenía valor”, dice el exdiplomático.
A ello se suma el trabajo tras bambalinas para eliminar, intimidar y silenciar cualquier disidencia dentro del país, incluyendo al sector privado, apuntó.
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Si bien los números registran un crecimiento como el registrado el año pasado que tocó el 4.9% del PIB, para O’Reilly, ese desempeño económico está relacionado también con el crecimiento natural de la población, y por las relaciones comerciales con los países centroamericanos.
“Y ahora, por las relaciones con China. Pero, durante décadas, el factor más importante fueron las relaciones comerciales bajo el CAFTA (Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos), apuntó.

El exdiplomático dice también que el régimen Ortega-Murillo ha logrado instaurar la percepción que bajo su gestión el país tiene estabilidad económica, con señales directas al sector privado, y eso les sirve de salvaguarda en el ambiente interno, pese a tener rechazo en la comunidad internacional.
“Un economista, cuyo nombre no me interesa mencionar aquí, me dijo que, por sí sola, esta economía sería la de crecimiento más rápido en Centroamérica. Y lo es, porque hay estabilidad y porque existe la percepción de que el régimen puede quitar beneficios si alguien actúa de manera autónoma”.
Resultados que podrían tambalear
Manuel Orozco, director del Programa de Migraciones, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano, como nicaragüense en el estrado, abonó al debate con otras variables a tomar en cuenta para entender el proceso de su país.
“Definitivamente hay estabilidad económica, pero se trata de una estabilidad macroeconómica”, dice, y desglosa puntos que considera claves para entender ese comportamiento.
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Considera que pese a que el país centroamericano muestra números robustos de crecimiento frente a sus vecinos, fluctuaciones del mercado internacional o el impacto de sanciones por parte de Estados Unidos a China pondrían en las cuerdas al régimen, en materia económica.
“Cualquier cambio significativo o reducción en los precios, por ejemplo, una desaceleración de las exportaciones hacia Estados Unidos, en particular, o las sanciones actuales contra empresas chinas, pueden contraer la economía en el corto plazo”, analiza Orozco.
Por ahora, el aparato productivo se beneficia de las remesas y del sector informal que juntos hacen un aporte significativo en una economía que se mueve con US$ 21,000 millones de dólares anuales, US$ 6,000 millones de esos son producto del trabajo de los migrantes nicaragüenses muchos de ellos perseguidos en su país y que trabajan quienes quedaron atrás.
La mano china en la balanza
Orozco explica que al dividir el pastel económico el clan Ortega Murillo ha encontrado en la economía estatal una jugosa fuente para sus propios beneficios.
“Esta economía estatal es, básicamente, la forma en que el régimen ha encontrado un mecanismo para capturar los beneficios del Estado e introducir una estructura cleptocrática, que opera en distintas líneas”, enfatiza.
Y ahí se carga la mano de China en la balanza, que ha llegado como sustituto del financiamiento multilateral, a la vez que arrecia las exportaciones a ese país, en una especie de círculo que termina beneficiando a la familia del régimen.
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“La economía estatal opera, en una primera dimensión, mediante la extorsión y la confiscación. Una segunda dimensión es el uso del endeudamiento externo para invertir en obras públicas. Ese endeudamiento externo hoy incluye a China. Antes estaba el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE); ahora está China”, enfatiza el experto.
El dinero que hoy fluye desde la banca china el Estado lo invierte en una pequeña red local de empresas vinculadas entre sí, advierte Orozco.
Y ahí entra el delfín del clan, Laureano Ortega, pues para Orozco es un jugador importante en los movimientos económicos, pues sus empresas operan en una “cadena de actividades económicas a través de las importaciones chinas”.

Bajo esa composición el país centroamericano ha pasado a tener como su principal socio comercial a China, y ha desplazado a Estados Unidos que estuvo en el pedestal durante décadas.
“Nicaragua ha desplazado a Estados Unidos como su principal socio comercial en materia de importaciones. El régimen ha usado a China, básicamente para traer negocios, pero esas importaciones están desplazando mercados locales, convenios locales y dinámicas de la economía nacional”. Explica Orozco.
La política de EE. UU. y las sanciones
Al entrar en materia de la política exterior de Estados Unidos para el hemisferio occidental y sobre todo para los países hostiles a Washington, las posturas de los expertos llevan a varios paraderos.
Eddy Acevedo de la NED considera que la potencia norteamericana no ha agotado todo el nivel de sanciones con las que podría postrar al régimen sandinista.
Y una de estas es la revisión del CAFTA y sus cláusulas, pero también ver al detalle otros niveles de sanciones relacionadas con terceros países con los que Nicaragua tiene negocios, esas son acciones que “podrían hacerse mañana”, opinó.
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Manuel Orozco dice que tanto Estados Unidos como la Unión Europea deberían ver a Nicaragua como una real amenaza por los riesgos que representa para este continente y por sus relaciones foráneas.
“Nicaragua representa un riesgo financiero y una amenaza para la comunidad internacional. Se permitió que unas 300,000 personas viajaran a Nicaragua en 2024, y nadie sabe cuántas de ellas podrían representar amenazas para Estados Unidos”, dijo Orozco.
Acevedo dice que pese a las voces que dicen que desde Estados Unidos se ha olvidado el tema de Nicaragua, en Washington –asegura- se sigue prestando mucha atención, y no solamente en el plano gubernamental, sino en organizaciones que “siguen viendo a Nicaragua con mucha atención y preocupación”.
Represión interna y la oposición exiliada
La represión interna, la persecución contra opositores incluso en el exilio y el silenciamiento de la ciudadanía en el país es la muestra real de la cara de la dictadura coincidieron los expertos en el panel.
El miedo se ha instaurado a tal nivel que incluso hay personas que se han quedado dentro del país que temen salir del territorio ante el temor de ser expulsados al querer regresar a su patria.
“Son ciudadanos nicaragüenses que no quieren tomar el riesgo de quedar fuera para siempre. Creo que muchas veces no entendemos la magnitud de lo que se está enfrentando en todo el país y en toda la sociedad”, dice Acevedo.
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A todo ello crece la presión sobre los liderazgos de la oposición exiliados para intentar aglutinar un movimiento que trata de consolidar una alternancia como alternativa al fin de la dictadura.
Pues dentro del país las posibilidades son remotas, como explica el ex jefe de Misión de EE.UU. en Managua Kevin O’Reilly.
“Nadie más parece estar listo para asumir el liderazgo (aparte de Ortega y Murillo), no importa qué tan cerca esté de la familia. El centro del poder no confía incluso en personas como Laureano Ortega, ni en su juicio”, apuntó el diplomático.
El silenciamiento de la sociedad civil y los ataques incluso al clero y cualquier culto religioso dan fe del proceso de represión en un país aislado a su propia suerte y apostado en sus métricas económicas.
Este martes el Departamento de Estado hizo una actualización sobre la libertad religiosa en el país, que considera cercenada por una “implacable campaña para eliminar la libertad religiosa”.
La diplomacia estadounidense cree que el matrimonio en el poder “instrumentalizó las leyes sobre traición, soberanía y diversos delitos, restringiendo así la libertad de religión o de creencias”.
Y que las detenciones arbitrarias, el cierre de organizaciones no gubernamentales y la represión transnacional tienen como objetivo “acosar, intimidar y reprimir a personas de fe”.
El gobierno de EE. UU. enfatiza en su más reciente actualización que la deriva dictatorial de Ortega y Murillo dirige “sus ataques contra las poblaciones indígenas y los nicaragüenses en el exilio… en su afán por mantenerse en el poder”.
Nicaragua ha resistido los esfuerzos de la comunidad internacional, incluidos los de Estados Unidos, para modificar las acciones del régimen que se retroalimenta con la bonanza económica, el aislamiento, y el apoyo de socios geopolíticos antagónicos a Washington.