* Ayer se realizó la tercera jornada de la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica en la Universidad Internacional de Florida (FIU).
* Expertos en seguridad y relaciones exteriores aseguraron que mientras China controla sectores críticos, Rusia maneja la desinformación.
* Analizaron la influencia de Irán y sus vínculos con redes ilícitas en la región.
Expediente Público
La influencia de China, Rusia e Irán en América Latina ya no se mide únicamente por acuerdos comerciales o relaciones diplomáticas. La disputa actual, según expertos internacionales, se libra en terrenos mucho más sensibles: infraestructura estratégica, tecnología, ciberseguridad, información y control de recursos naturales.
Esta fue una de las principales conclusiones de la sesión plenaria “Potencias externas en las Américas: Transformando el panorama de seguridad”, realizada este jueves en la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica, organizada por la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
El panel estuvo integrado por Rafael Marrero, fundador del Instituto de Estrategia e Inteligencia de Miami; Renee Novakoff, investigadora sénior del Instituto Jack D. Gordon de la FIU; Vladimir Rouvinski, director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales; y Martin Vladimirov, director del programa de energía y clima del Center for the Study of Democracy.

Suscríbase al boletín de Expediente Público y reciba más información
Los especialistas coincidieron en que, durante años, Estados Unidos redujo su atención hacia América Latina mientras enfocaba sus prioridades en otras regiones del mundo. Ese vacío, aseguraron, fue aprovechado especialmente por China.
“Mientras Estados Unidos hablaba de valores, China ofrecía financiamiento y entrenamiento”, resumió Marrero durante la discusión.
Explicó que Pekín comprendió rápidamente que podía ganar influencia no mediante presencia militar tradicional, sino controlando sectores estratégicos y financiando proyectos de infraestructura que posteriormente generan dependencia política y económica.
Marrero sostuvo que China busca, a más de dominar territorios, asegurar control sobre áreas clave como telecomunicaciones, minería, puertos, redes eléctricas, tecnología digital y minerales críticos.
Le puede interesar: Transición política en Cuba y Venezuela se debatió en la Conferencia de Seguridad Hemisférica
Uno de los ejemplos más mencionados fue el llamado “triángulo del litio” en Sudamérica, conformado por Bolivia, Argentina y Chile, donde China ha incrementado significativamente sus inversiones.
Para los expertos, la preocupación no radica solamente en el crecimiento económico chino, sino en las implicaciones estratégicas detrás de esos proyectos.
Martin Vladimirov advirtió que las empresas estatales chinas operan estrechamente vinculadas al aparato político de Pekín, lo cual puede derivar en una “captura del Estado” en países con instituciones débiles.
“Las inversiones terminan creando dependencia y debilitando mecanismos de transparencia y gobernanza”, señaló.

Cuba como plataforma de vigilancia
Los panelistas también alertaron que infraestructura aparentemente civil podría tener implicaciones de seguridad.
Puertos, telecomunicaciones, sistemas eléctricos, carreteras y plataformas tecnológicas fueron señalados como sectores especialmente sensibles debido a que podrían utilizarse para labores de inteligencia, vigilancia o presión estratégica.
Marrero incluso afirmó que Cuba funciona como una plataforma de vigilancia para Rusia y China.
Según indicó, desde la isla podrían monitorearse operaciones militares estadounidenses y desarrollarse capacidades de ciberataques contra infraestructura crítica, incluyendo redes energéticas, sistemas bancarios y puertos.
China, 25 años de influencia
Durante la discusión, los expertos recordaron que la influencia china en la región creció casi sin resistencia durante los últimos 25 años.
Renee Novakoff explicó que durante mucho tiempo en Washington el ascenso económico chino fue visto únicamente como “negocios normales”, sin percibir sus implicaciones geopolíticas.
Sin embargo, tras la invasión rusa a Ucrania, la percepción comenzó a cambiar. Para Occidente, la guerra evidenció la necesidad de reducir dependencias estratégicas y replantear la relación con China, especialmente en sectores tecnológicos y cadenas de suministro.

Le puede interesar: Conferencia de Seguridad regional advierte de redes autoritarias e ilícitas
Rusia domina la desinformación
Los especialistas señalaron que Rusia, aunque tiene menor capacidad económica que China, ha logrado mantener influencia en Latinoamérica mediante otras herramientas.
Entre ellas, mencionaron campañas de desinformación, cooperación militar, relaciones políticas y generación de dependencia energética o financiera.
Vladimir Rouvinski explicó que Moscú utiliza narrativas dirigidas al llamado “sur global”, presentándose como contrapeso frente a Estados Unidos y Occidente.
“La desinformación es hoy uno de los mecanismos más importantes de influencia”, sostuvo.
También indicó que Rusia busca establecer relaciones de largo plazo en áreas sensibles para luego convertirlas en instrumentos de presión política.
Según los expertos, medios de comunicación, plataformas digitales y campañas de manipulación del debate público forman parte de una nueva forma de competencia global.
Irán teje lazos con redes ilícitas
El panel también abordó el papel de Irán en América Latina, especialmente en cooperación con gobiernos enfrentados a Washington, como Nicaragua.
Aunque reconocieron que China, Rusia e Irán no siempre actúan coordinadamente, señalaron que sus intereses suelen superponerse y fortalecerse mutuamente.
Mientras China apuesta principalmente por economía e infraestructura, Rusia se enfoca en seguridad y desinformación, e Irán mantiene vínculos asociados a redes ilícitas y estructuras criminales.
Según Rouvinski, estas estructuras han utilizado actividades como lavado de dinero, narcotráfico, contrabando y redes financieras opacas para expandir influencia y obtener recursos.
Rouvinski advirtió además que Irán ha aprovechado alianzas políticas con gobiernos afines ideológicamente para aumentar su presencia diplomática y operativa en países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Una reciente investigación de Expediente Público evidenció cómo Irán logró penetrar en la región mediante acuerdos con Nicaragua.
Le puede interesar: Conexión iraní en Nicaragua: los ayatolas en América Latina
Actores extranjeros y organizaciones criminales
Uno de los temas que más inquietud generó fue la relación entre actores extranjeros y organizaciones criminales transnacionales.
Los panelistas mencionaron esquemas de lavado de dinero vinculados a grupos chinos, así como redes financieras clandestinas que operan mediante empresas fantasma, criptomonedas y sistemas alternativos de pagos.
También señalaron que organizaciones criminales están incorporando tecnologías cada vez más sofisticadas, incluyendo drones, rutas marítimas clandestinas y herramientas utilizadas en conflictos modernos.
Aliados de EE. UU. bajo influencia extraregional
La conversación se extendió sobre la influencia de Rusia y China en países latinoamericanos incluso en aquellos que son aliados de Estados Unidos.
Se mencionaron casos como El Salvador, Costa Rica, Bolivia, Argentina, Nicaragua y Venezuela, donde empresas chinas han incrementado su presencia en infraestructura, telecomunicaciones y energía.
Marrero relató su experiencia trabajando en proyectos tecnológicos en Costa Rica y aseguró haber observado cómo compañías chinas lograron desplazar a empresas occidentales mediante agresivas inversiones y financiamiento.
Según explicó, la estrategia china suele enfocarse en proyectos de largo plazo que generan dependencia económica y tecnológica.
Le puede interesar: Centroamérica atrapada en la trampa china
La respuesta de Estados Unidos
En contraste, varios participantes señalaron que Estados Unidos ha respondido de manera tardía y, en ocasiones, desorganizada.
Durante la discusión surgió una pregunta central: ¿cómo debería responder Washington frente al avance chino y ruso?
Los expertos coincidieron en que las sanciones y medidas coercitivas no serán suficientes por sí solas.
Aunque reconocieron que la actual administración estadounidense ha endurecido el discurso hacia Pekín y Moscú, varios panelistas advirtieron que América Latina necesita algo más que presión política.
“Estados Unidos tiene que competir ofreciendo oportunidades reales”, señaló Novakoff.
La propuesta más repetida fue fortalecer la llamada “disuasión económica”, basada en inversión, tecnología, infraestructura y cadenas de suministro.
Eso incluye sectores considerados estratégicos para el futuro: inteligencia artificial, ciberseguridad, minerales críticos, tecnología digital, telecomunicaciones y energía.
Marrero sostuvo que Washington necesita recuperar capacidad industrial y reducir dependencia de China trasladando industrias estratégicas nuevamente al hemisferio occidental.
Incluso mencionó la posibilidad de impulsar mayor desarrollo industrial en Puerto Rico y otros países latinoamericanos.
La ciberseguridad es clave
Los panelistas coincidieron en que la vulnerabilidad digital representa uno de los principales riesgos actuales.
Propusieron que las embajadas estadounidenses cuenten con especialistas permanentes en ciberseguridad debido al crecimiento de amenazas provenientes de actores extranjeros.
Además, insistieron en que Estados Unidos debe involucrarse más activamente en proyectos tecnológicos y comerciales en la región.
“China juega ajedrez a largo plazo, mientras Occidente suele reaccionar tarde”, resumió Novakoff.
La discusión también tocó el impacto político de la narrativa geopolítica. Algunos panelistas reconocieron que, en ocasiones, el discurso estadounidense sobre amenazas externas puede percibirse como exagerado o utilizado con fines políticos internos.
Sin embargo, insistieron en que la competencia estratégica en América Latina es real y que la región ya no puede verse únicamente como un escenario secundario.
Para los expertos, el riesgo principal no es únicamente económico, sino político e institucional.
El avance de actores externos, afirmaron, puede debilitar democracias, aumentar dependencia financiera y transformar la infraestructura crítica en herramientas de presión geopolítica.
Hacia el cierre, los panelistas coincidieron en que América Latina atraviesa un momento decisivo.
La región, dijeron, enfrenta el desafío de equilibrar relaciones económicas necesarias con China y otros actores sin comprometer soberanía, transparencia ni seguridad estratégica.
Mientras tanto, Estados Unidos busca redefinir su presencia hemisférica en un contexto donde infraestructura, tecnología, inteligencia artificial y desinformación se han convertido en las nuevas piezas centrales de la competencia global.