* Un informe de Expediente Abierto advierte que Huawei se ha convertido en una pieza clave en la disputa geopolítica entre China y Estados Unidos.
* El estudio alerta que Centroamérica ha adoptado tecnología china sin normas sobre la protección de datos y el acceso a áreas sensibles de los estados, lo cual pone en riesgo su soberanía.
* A través de Huawei, el Gobierno chino penetra las infraestructuras tecnológicas de los países hasta crear dependencias riesgosas, señala el documento.
Expediente Público
Durante años, Huawei se ha presentado en Centroamérica como una empresa más del mercado tecnológico: una marca de celulares, antenas, redes y soluciones digitales que ofrece precios bajos e innovación. Sin embargo, un informe del centro de pensamiento Expediente Abierto advierte que, detrás de esa imagen comercial, se esconde una herramienta de influencia geopolítica de China, que pone en riesgo la soberanía digital de la región.
La investigación “Huawei como vector geopolítico: la disputa por la soberanía digital en Centroamérica”, elaborado por el doctor Juan Manuel Aguilar Antonio, plantea que la expansión de la firma china no puede entenderse únicamente como un fenómeno empresarial.
Según el análisis, Huawei opera en una zona gris donde tecnología, seguridad, diplomacia y poder estatal se entrelazan, especialmente en países con instituciones débiles, rezago digital y necesidad urgente de modernización.
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Aguilar explicó a Expediente Público que el problema de fondo no es solo la presencia de una empresa extranjera, sino la falta de visión estratégica con la que muchos países de la región han incorporado la tecnología de esa compañía dentro de su infraestructura crítica.
“No hubo una reflexión estratégica de la importancia que iba a tener una tecnología como la red 5G. Estamos hablando de infraestructura vinculada a seguridad nacional, soberanía y control de datos”, señaló el experto.
Más que una empresa de teléfonos
Uno de los principales puntos del informe es desmontar la idea de que Huawei es únicamente una compañía de telecomunicaciones.
Aguilar sostiene que se trata de un conglomerado con capacidad de insertarse en múltiples capas de la vida tecnológica de un país: telecomunicaciones, servicios de nube, inteligencia artificial, almacenamiento de datos, capacitación técnica, infraestructura energética e incluso soporte a instituciones públicas.
Esa amplitud es precisamente lo que, según el académico, la vuelve tan atractiva para los gobiernos. Huawei no solo vende equipos, sino que ofrece soluciones integrales muchas veces a precios más bajos que sus competidores occidentales.
“Lo que hace Huawei es ofrecer un modelo llave en mano. Le da al país la infraestructura, el mantenimiento, la capacitación y la solución técnica completa. Eso resulta muy atractivo para gobiernos con recursos limitados, pero también genera una dependencia tecnológica profunda”, advirtió Aguilar.
El informe subraya que esta dependencia no siempre se percibe al inicio. En su fase de entrada, Huawei suele presentarse como una respuesta eficiente a problemas urgentes de conectividad y modernización. Sin embargo, con el tiempo, esa presencia puede traducirse en una pérdida de autonomía tecnológica, lo cual implica una menor capacidad de los estados para tomar decisiones soberanas sobre su infraestructura digital.

Centroamérica: terreno fértil para la expansión
El estudio identifica un patrón en Costa Rica, Panamá, Honduras, El Salvador y Guatemala: Huawei se insertó primero como proveedor técnico y comercial, antes de que los países debatieran seriamente sobre los riesgos estratégicos de entregar partes sensibles de su ecosistema digital a un actor extranjero.
La fórmula ha sido parecida en toda la región. Primero, llega con soluciones accesibles y competitivas. Luego, amplía su presencia mediante alianzas educativas, programas de formación técnica, donaciones, ofertas académicas y convenios con instituciones públicas. Más adelante, su ecosistema tecnológico comienza a normalizarse y a integrarse en decisiones más sensibles.
Aguilar define este proceso como una “penetración comercial silenciosa”. Es decir, no entra con un discurso político frontal, sino mediante herramientas que parecen neutras o incluso beneficiosas: acceso a tecnología, oportunidades educativas, reducción de brechas digitales o apoyo en momentos de crisis.
El informe sostiene que, detrás de esa expansión, también existe un componente de “poder suave tecnológico”, una estrategia que permite a China ganar influencia no solo a través de la infraestructura, sino también mediante la formación de cuadros técnicos, élites educativas y actores institucionales que terminan enlazados al ecosistema tecnológico chino.
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Guatemala, el caso más delicado
De todos los países analizados, Guatemala ocupa un lugar especial, no por su tamaño tecnológico, sino por su peso político en la disputa entre China y Taiwán.
Guatemala es uno de los doce estados del mundo —y el único en Centroamérica— que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Esa condición convierte al país en una pieza estratégica dentro de la competencia internacional entre Pekín y Taipéi.
El informe sostiene que Huawei ha operado como uno de los vehículos más estables de acercamiento chino dentro del país, pese a que no existen relaciones diplomáticas formales entre ambas naciones.
“En ausencia de una embajada o de relaciones formales, Huawei se transforma en uno de los actores más importantes para el posicionamiento político y diplomático de China en Guatemala. (…) Se vuelve una especie de puente de influencia”, apuntó Aguilar.
La presencia de la empresa en Guatemala no ha sido necesariamente escandalosa ni abrupta. Al contrario, ha avanzado de forma progresiva, apoyada en acciones que generan legitimidad pública.
Un ejemplo citado en el documento es la donación de 100 tabletas durante la pandemia para apoyar procesos educativos en Quetzaltenango. Aunque la acción fue modesta en términos numéricos, el estudio señala que tuvo un alto valor simbólico.
En octubre de 2020, Huawei amplió su inserción mediante alianzas con UNESCO, el Ministerio de Educación y otras organizaciones con énfasis en programas de inclusión digital, especialmente para mujeres jóvenes e indígenas.
En junio de 2021, la empresa china se alió al Instituto Técnico de Capacitación y Productividad (Intecap), el principal centro público de formación técnica del país, para abrir la Academia INTECAP–Huawei ICT. Esto marcó un punto de inflexión más profundo: ya no solo se trataba de donar o cooperar, sino de introducir contenidos, metodologías y certificaciones de Huawei.
El informe advierte que estas acciones tienen implicaciones de largo plazo, pues, cuando una empresa comienza a influir en cómo se forman técnicos, especialistas y futuros trabajadores del ecosistema digital, también moldea la lógica tecnológica bajo la cual operará un país en el futuro.
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La presión comercial también existe
El debate sobre Huawei no puede separarse del comportamiento más amplio de China en la región. Aguilar considera que, además de la diplomacia y la tecnología, existe una lógica de presión comercial y política que puede activarse cuando un país se mueve en dirección contraria a los intereses de Pekín.
El año pasado, exportadores guatemaltecos denunciaron trabas para el ingreso a China de contenedores con productos como café y macadamia. La queja surgió luego de que el ministro de Relaciones Exteriores guatemalteco, Carlos Martínez, visitara Taiwán.
Según Aguilar, ese tipo de acciones responden a los lineamientos diplomáticos y políticos del Partido Comunista Chino y forman parte de un patrón de presión cada vez más visible en la región.
“Lo que estamos viendo es una política china más agresiva, más directa, menos disimulada, sobre todo cuando percibe alineamientos con Taiwán o con Estados Unidos”, afirmó.
Para el analista en comercio internacional Felipe Bustamente, lo que está mostrando China en Centroamérica es la manera de operar con total arbitrariedad porque los gobiernos no se han detenido a pensar en el desgaste y presión que tendrán en los años siguientes.
“Es claro que, si ahora no se le para el carro a China, en diez años vamos a estar a los pies de ellos, actuando con impunidad y a sus anchas, moviéndose como se les dé la gana porque nadie los freno a tiempo”, comentó a Expediente Público.

No solo se trata de posible espionaje
El informe de Expediente Abierto apunta que uno de los errores más frecuentes en este debate es reducir todo a una sola pregunta: si Huawei espía o no. Para Aguilar, esa visión simplifica un problema mucho más grande.
La advertencia central del informe no es únicamente sobre la posibilidad de acceso a datos, sino sobre la falta de reglas claras en Centroamérica para decidir quién puede operar infraestructura crítica, en qué condiciones y con qué mecanismos de auditoría, protección de datos y soberanía tecnológica.
En otras palabras, el verdadero problema no es solo Huawei, sino que muchos países de la región han incorporado tecnologías sensibles sin construir primero un marco de gobernanza que les permita supervisarlas y controlarlas.
“Primero se adopta la tecnología y después se piensa en la regulación. Y para cuando llega la discusión, ya existe una dependencia instalada”, resumió Aguilar.
Ese diagnóstico se vuelve especialmente delicado en Guatemala, donde el estudio identifica una fragmentación institucional para tomar decisiones sobre tecnologías críticas. Cada entidad puede definir proveedores, criterios de seguridad y compras con márgenes amplios de discrecionalidad, sin una política nacional robusta que articule los riesgos.
Uno de los casos más recientes, citado en el documento, es la controversia por el uso de tecnología vinculada a Huawei en áreas sensibles como seguridad y tecnología del Estado. El informe sostiene que este tipo de episodios evidencian cómo decisiones aparentemente administrativas o técnicas pueden convertirse, en realidad, en decisiones geopolíticas de alto impacto.
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Estados Unidos también está jugando fuerte
La expansión de Huawei no ocurre en el vacío. Del otro lado está Estados Unidos, que en los últimos años ha endurecido su postura y ha redefinido la infraestructura digital como un asunto de seguridad nacional.
El informe recuerda que, desde 2020, Washington impulsó iniciativas como Clean Network, con las que buscó excluir de redes críticas a proveedores considerados “no confiables”. Esto reconfiguró la discusión en América Latina: lo que antes se trataba como una compra tecnológica o una licitación comercial, ahora comenzó a leerse como un asunto de seguridad estratégica.
En algunos países, como Costa Rica y Panamá, esa presión se ha traducido en choques diplomáticos, disputas regulatorias e, incluso, en medidas políticas más visibles. Según el análisis, la región está dejando de ser un simple mercado para convertirse en un espacio donde se libra una competencia directa por el control de la infraestructura digital del siglo XXI.
La analista internacional Ana del Pilar Rojas explicó a Expediente Público que Centroamérica está atrapada entre dos potencias y corre el riesgo de perder margen de maniobra si no fortalece su institucionalidad.
“Centroamérica es clave para China porque deja de lado el comercio con Estados Unidos, pero, aunque esté atrapada en dos potencias, lo que se debería de garantizar es que estos países fortalezcan sus legislaciones para evitar más injerencia”, comentó.
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La gran pregunta: ¿quién decide el futuro digital?
Más allá de China, Estados Unidos o Huawei, el informe de Aguilar deja una pregunta crucial para Centroamérica: ¿quién está decidiendo realmente el futuro digital de la región?
Sostiene que, cuando un país adopta tecnología crítica sin reglas, sin auditorías independientes, sin estrategia de protección de datos y sin visión de soberanía, no solo compra equipos, sino que también cede capacidad de decisión.
La advertencia de fondo del documento no es que la región deba “elegir bando”, sino que debe construir las capacidades para decidir por sí misma, pues, en una época en la que las redes, los datos, la nube y la inteligencia artificial ya son parte de la seguridad nacional, la soberanía también se juega en los servidores, en las antenas y en las aulas donde se forma a la próxima generación de técnicos.
Y, si esa discusión no se aborda, Centroamérica podría descubrir demasiado tarde que la dependencia tecnológica no solo conecta, sino que también condiciona.