Auge en las rutas terrestres del narcotráfico en Guatemala 

Auge en las rutas terrestres del narcotráfico en Guatemala 

* Los ataques marítimos de Estados Unidos en el mar Caribe y el océano Pacífico están modificando las rutas del narcotráfico en Centroamérica. 

* Guatemala aumentó el decomiso de cocaína en sus carreteras, durante los primeros cinco meses de este año. 

* Las autoridades guatemaltecas rompieron el récord de las incautaciones de vehículos y las detenciones ligadas al narcotráfico.


Expediente Público  

El hallazgo de cargamentos de cocaína ocultos en cabezales, camiones de carga y vehículos particulares se ha vuelto cada vez más frecuente en las carreteras guatemaltecas.  

Detrás de estos decomisos no solo hay operativos más efectivos de las fuerzas de seguridad, sino también un cambio en la logística de las organizaciones del narcotráfico, que están recurriendo con mayor intensidad a las rutas terrestres para movilizar droga hacia Norteamérica. 

El fenómeno ocurre en un contexto regional marcado por el fortalecimiento de las operaciones antidrogas de Estados Unidos en el mar Caribe y el océano Pacífico. Desde mediados de 2025, la Guardia Costera y el Comando Sur incrementaron el despliegue de embarcaciones, aeronaves y patrullajes para interceptar cargamentos de cocaína que salen de Sudamérica con destino a Centroamérica, México y, finalmente, Estados Unidos.  

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Las operaciones, que incluyen la Operation Pacific Viper y otras acciones permanentes de interdicción marítima, han permitido el decomiso de 227 toneladas de drogas y han aumentado la presión sobre las organizaciones criminales que utilizan las rutas marítimas.

Frente a ese escenario, analistas en seguridad consideran que los cárteles han diversificado sus métodos de transporte. En lugar de depender exclusivamente de grandes cargamentos por vía marítima, ahora fragmentan la droga y la trasladan mediante una combinación de rutas navales y corredores terrestres que atraviesan Centroamérica. Guatemala, por su ubicación geográfica entre Honduras y México, continúa siendo una pieza estratégica dentro de esa cadena logística. 

Auge en las rutas terrestres del narcotráfico en Guatemala 

Las cifras oficiales reflejan esa dinámica. Entre el 1 de enero y el 7 de junio de 2026, las autoridades guatemaltecas decomisaron 8394 kilogramos de cocaína, equivalentes al 85 % de todo lo incautado durante 2025, cuando se confiscaron 9850 kilogramos.  

Si el ritmo de los operativos se mantiene durante el resto del año, el país podría cerrar 2026 con un volumen de decomisos superior a los registrados en los últimos cuatro años. 

Asimismo, los operativos antinarcóticos en Guatemala han roto récords de incautaciones de vehículos y de detenciones este año.  

El Ministerio de Gobernación (Mingob) de Guatemala informó a Expediente Público que incrementó los controles antinarcóticos en las carreteras precisamente por las operaciones marítimas de Estados Unidos. Por esta razón, agregó la institución, se incrementaron los resultados.  

Sin embargo, para especialistas consultados por Expediente Público, el incremento de las incautaciones no debe interpretarse únicamente como un éxito operativo; también constituye un indicador de que el flujo de cocaína que atraviesa Guatemala sigue siendo elevado y de que las organizaciones criminales continúan adaptando sus rutas para reducir el riesgo de perder sus cargamentos. 

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De los Andes a Centroamérica: el recorrido de la cocaína hacia EE. UU. 

La cocaína que atraviesa Guatemala inicia su recorrido a miles de kilómetros de distancia. Colombia continúa siendo el mayor productor mundial de esta droga, seguida de Perú y Bolivia. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la producción mundial alcanzó niveles históricos en los últimos años, impulsada por la expansión de los cultivos ilícitos y una mayor capacidad de procesamiento en Sudamérica. 

Una vez procesada, la droga sale principalmente desde las costas ecuatorianas y colombianas del Pacífico y el Caribe. Las organizaciones criminales utilizan lanchas rápidas, embarcaciones pesqueras, contenedores marítimos e incluso semisumergibles para trasladar los cargamentos hasta Centroamérica, donde la cocaína cambia de manos y comienza una nueva etapa del recorrido: el transporte por tierra hacia México y, posteriormente, a Estados Unidos. 

El corredor terrestre centroamericano ha cobrado mayor importancia durante el último año. Los cárteles han optado por diversificar sus operaciones para reducir el riesgo de perder grandes cargamentos en alta mar, fragmentando la droga y distribuyéndola mediante una red logística que atraviesa Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala, mencionaron analistas. 

La ubicación geográfica convierte a Guatemala en una pieza clave dentro de esa cadena. El país conecta con México a través de una extensa frontera terrestre y posee múltiples corredores que comunican las costas, las fronteras orientales y los pasos fronterizos del occidente, condiciones que desde hace décadas han sido aprovechadas por organizaciones dedicadas al tráfico internacional de drogas. 

La presión en el mar empuja el narcotráfico hacia tierra 

El cambio en la dinámica regional coincide con el fortalecimiento de las operaciones antidrogas impulsadas por Estados Unidos en el mar Caribe y el océano Pacífico. Desde la segunda mitad de 2025, el Comando Sur y la Guardia Costera estadounidense incrementaron el despliegue de buques, aeronaves y equipos especializados para interceptar cargamentos de cocaína antes de que lleguen a Centroamérica y México. 

Como parte de esa estrategia fue reforzada la Operation Pacific Viper, una campaña de interdicción marítima que concentra recursos en el Pacífico Oriental, la principal ruta utilizada por las organizaciones criminales para transportar la cocaína desde Colombia y Ecuador hacia el norte del continente.  

Paralelamente, continúan las operaciones permanentes en el Caribe, donde destructores, patrulleras y aeronaves de vigilancia mantienen una presencia constante para detectar embarcaciones sospechosas. 

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Las autoridades estadounidenses sostienen que estas acciones han permitido interceptar más de 200 toneladas de cocaína y afectar financieramente a las organizaciones criminales. Sin embargo, especialistas advierten que la presión ejercida en el mar también está obligando a los cárteles a modificar parte de su logística. 

Para la analista en seguridad Clara Jiménez, el incremento de los controles marítimos ha convertido las rutas terrestres centroamericanas en una alternativa cada vez más utilizada por las redes dedicadas al tráfico de drogas. 

“Las organizaciones criminales siempre buscan el camino que represente el menor riesgo. Si el Caribe y el Pacífico registran mayor presencia de fuerzas navales, los cargamentos comienzan a fragmentarse y a movilizarse por tierra a través de Centroamérica. Guatemala forma parte de ese corredor estratégico por su cercanía con México y por la infraestructura vial que conecta el Atlántico, el Pacífico y las fronteras”, explicó a Expediente Público

Aclaró que esto no significa que las rutas marítimas hayan dejado de utilizarse. Por el contrario, los grupos criminales combinan ambas modalidades para disminuir pérdidas y garantizar que parte de la droga llegue a su destino. 

“La estrategia consiste en no concentrar toda la mercancía en un solo envío. Hoy observamos cargamentos más pequeños moviéndose simultáneamente por diferentes rutas. Eso dificulta la labor de las autoridades y aumenta la presión sobre los países de tránsito”, añadió. 

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Guatemala, el puente hacia México y EE. UU. 

Las investigaciones de la Embajada de Estados Unidos en Guatemala sobre narcotráfico muestran que Guatemala continúa siendo uno de los principales países de paso para la cocaína que sale de Sudamérica con destino a Estados Unidos. 

La droga ingresa por las costas del Caribe y del Pacífico o cruza las fronteras con Honduras y El Salvador. Posteriormente se la traslada mediante cabezales, camiones de carga, picops, vehículos agrícolas y automóviles. Estos vehículos tienen modificaciones con compartimientos ocultos para recorrer las principales carreteras del país hasta llegar a los departamentos fronterizos con México.

Entre los corredores más utilizados figuran las rutas que atraviesan Izabal, Zacapa y Chiquimula, conectadas con Honduras; el corredor que comunica Petén con Alta Verapaz y el centro del país; y las carreteras que conducen hacia Huehuetenango y San Marcos, desde donde los cargamentos cruzan hacia territorio mexicano. 

Una investigación pasada de Expediente Público diseccionó las 13 rutas terrestres del narcotráfico que atraviesan Guatemala.

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Auge en las rutas terrestres del narcotráfico en Guatemala
 

Para los especialistas, no se trata necesariamente de nuevas narcorrutas. Lo que está ocurriendo es un incremento en la actividad de corredores que históricamente han sido utilizados por organizaciones criminales y que hoy adquieren mayor relevancia debido al reforzamiento de los controles marítimos.  

Las carreteras, el nuevo corredor del narcotráfico 

Los decomisos de droga en carreteras guatemaltecas se han incrementado. Durante los primeros meses de 2026, una parte importante de los cargamentos de cocaína fue localizada en vehículos particulares, cabezales, camiones de carga y automóviles con compartimentos ocultos que circulaban por rutas nacionales. 

Para Clara Jiménez, el comportamiento responde a una adaptación constante de las organizaciones criminales. 

“Las operaciones marítimas, los sistemas de vigilancia aérea y la cooperación regional obligan a los grupos criminales a buscar rutas menos visibles. Guatemala ofrece una extensa red de carreteras que conecta con México y facilita mover cargamentos en cantidades menores, pero con mayor frecuencia”, señaló. 

La especialista añade que el tráfico terrestre también permite a las estructuras fragmentar los envíos. 

“En lugar de movilizar una sola carga de varias toneladas, distribuyen la droga en múltiples vehículos. Si uno es interceptado, la pérdida económica resulta menor y el resto del cargamento continúa su recorrido”, agregó Jiménez.

Los operativos antinarcóticos en Guatemala han roto récords en sus resultados este año. Solo durante los primeros cinco meses, se incautaron 340 vehículos ligados al traslado de droga, según los registros del Mingob. La cifra supera el doble de lo decomisado en todo el 2025 (155 automotores) y sobrepasa el registro del 2024 (237). 

Asimismo, hay un incremento en las detenciones por narcotráfico. En los cinco primeros meses hubo 1260 aprehensiones, de acuerdo con el Mingob. Aunque la cifra no se puede comparar con los registros del año pasado por inconsistencias en las estadísticas de este Ministerio (un informe entregado a Expediente Público señala 32 detenciones), supera la cantidad alcanzada en todo el 2024 (1128 apresados). 

Auge en las rutas terrestres del narcotráfico en Guatemala 

El portavoz del Mingob, Jorge Aguilar, afirmó a Expediente Público que las cifras reflejan el trabajo de las fuerzas de seguridad para combatir el narcotráfico. Según explicó, los decomisos registrados durante este año son elevados y responden a operaciones coordinadas entre la Policía Nacional Civil, las unidades especializadas y otras instituciones del Estado.  

Añadió que los operativos se mantienen tanto en carreteras como en puertos, aeropuertos, fronteras y otros puntos estratégicos. 

Mencionó que, durante este 2026, se incrementaron los patrullajes terrestres debido a las operaciones de control de Estados Unidos en los océanos que colindan con Guatemala. 

“Los operativos marítimos los coordina el Ministerio de la Defensa Nacional, nosotros estamos comprometidos con los terrestres, los cuales incrementaron ante los operativos que está haciendo Estados Unidos en el mar”, afirmó. 

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Corredores cada vez más diversificados 

Los decomisos realizados este año muestran que las organizaciones ya no dependen de un único corredor. 

Las investigaciones del Ministerio Público y de la Subdirección General de Análisis de Información Antinarcótica (SGAIA) evidencian movimientos que atraviesan Izabal, Alta Verapaz, Petén, Zacapa, Chiquimula, Escuintla, Suchitepéquez, Retalhuleu y San Marcos antes de llegar a la frontera con México. 

En varios casos, los cargamentos son descargados inicialmente en pistas clandestinas o puntos costeros y posteriormente continúan su recorrido por tierra. 

Para el analista en seguridad Carlos Gramajo, esta combinación de rutas responde a una estrategia logística que busca disminuir riesgos. 

“No existe una sola ruta. Las organizaciones utilizan corredores alternos y cambian constantemente los trayectos para evitar patrones que faciliten el trabajo de las autoridades”, aseguró a Expediente Público

Explicó que las estructuras cuentan con redes de vigilancia, vehículos exploradores y sistemas de comunicación que les permiten modificar los recorridos prácticamente en tiempo real cuando detectan retenes o presencia policial. 

“Es una logística muy dinámica. Los grupos criminales observan los movimientos de las fuerzas de seguridad y ajustan sus desplazamientos dependiendo de los operativos”, añadió. 

Las incautaciones muestran un cambio, pero no necesariamente más droga 

Aunque el volumen decomisado durante 2026 ya supera ampliamente lo registrado en el mismo período del año anterior, los especialistas advierten que esto no significa necesariamente que esté ingresando más cocaína a Guatemala. 

También puede deberse a una mejora en las capacidades de detección, un incremento de la cooperación internacional o cambios en las modalidades de transporte. 

Clara Jiménez considera que las cifras deben analizarse con cautela. “Los decomisos representan únicamente la droga que fue detectada. Es imposible determinar con exactitud cuánto logró pasar sin ser interceptado. Por eso las incautaciones sirven para identificar tendencias, pero no permiten medir el tamaño real del mercado ilícito”, explicó 

Añadió que las organizaciones criminales calculan sus pérdidas como parte del negocio. 

“Los grupos criminales saben que una parte de los cargamentos será incautada. Su modelo financiero contempla esas pérdidas mientras el resto de la mercancía logre llegar a los mercados de destino”.