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América Latina cambia su percepción sobre EE. UU. y China

Investigaciones documentadas por Expediente Público han revelado que China invierte miles de millones de dólares a escala global -incluida América Latina- para moldear la narrativa mediática.

América Latina cambia su percepción sobre EE. UU. y China

Cuatro de los seis países latinoamericanos encuestados por el Pew Research Center registran un cambio en la percepción sobre China y EE. UU. En Argentina, Chile, México y Perú, China obtiene una opinión favorable superior a la estadounidense, mientras que en Brasil y Colombia ambos países quedan empatados.

La encuesta consultó a 6.132 personas en estos seis países latinoamericanos, como parte de un estudio realizado entre febrero y mayo a 42,151 adultos en 36 países.

Pew atribuye el cambio principalmente al deterioro de la imagen de EE. UU., mientras que la percepción sobre China se ha mantenido relativamente estable. Ninguno de los dos líderes obtiene una mayoría de confianza.

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En México, por ejemplo, el presidente chino Xi Jinping recibe casi tres veces más confianza que el mandatario estadounidense Donald Trump: 35% frente a 11%. En Colombia ocurre lo contrario, 43% confía en Trump frente a 33% en Xi.

En marzo, Trump afirmó en la cumbre “Shield of the Americas” que EE. UU. “no permitirá que una influencia extranjera hostil se afiance en este hemisferio”.

El desgaste de Washington

El patrón no se limita a América Latina. Entre los 20 países medidos de manera continua desde 2023, la opinión favorable hacia EE. UU. cayó de 58% a 36%, mientras la de China aumentó de 32% a 46%.

Pero los expertos consultados por Expediente Público piden matizar la lectura de los datos.

En México, el analista César Santos señala en que el cambio tiene más relación con Trump y con el deterioro de la imagen de EE. UU. que con un avance equivalente de China.

Entre los factores que menciona están las amenazas relacionadas con el T-MEC, los aranceles, la posibilidad de una intervención estadounidense contra los cárteles y las redadas migratorias. A esto se suma, a su juicio, una diplomacia pública china cada vez más estructurada.

Nifta Lau, profesora de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, señala que en su país la percepción favorable hacia China pasó de 56% en 2014 a 61%, mientras que la de EE. UU. cayó de 64% a 51%.

América Latina cambia su percepción sobre EE. UU. y China

“Hablaría de la pérdida de una ventaja reputacional que Estados Unidos había mantenido durante mucho tiempo en la región”, afirmó la docente a Expediente Público.

La presencia de China, sin embargo, tampoco es irrelevante. Lau recuerda que el país asiático es el principal mercado de las exportaciones peruanas y que proyectos como el puerto de Chancay han hecho más tangible la relación.

Ubicado al norte de Lima, Chancay es un megapuerto construido y operado por la empresa china Cosco Shipping Ports. Inició operaciones en noviembre de 2024 y está diseñado para recibir grandes buques y establecer rutas marítimas directas entre Perú y Asia.

Pero Lau advierte que la magnitud o visibilidad de esas inversiones no necesariamente se traduce en legitimidad.

“La visibilidad o magnitud de los proyectos no equivale necesariamente a legitimidad”, afirma. La minería, añade, genera percepciones más ambivalentes en las comunidades directamente afectadas.

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Chile: penetración y pragmatismo

Para el analista político chileno Pablo Matamoros, el cambio de percepción en Chile se explica, en buena medida, porque China ha dejado de ser vista únicamente como un socio comercial distante y se ha convertido en un actor presente en la vida cotidiana.

Matamoros destaca la penetración de Beijing en sectores como la tecnología —incluido el despliegue de redes 5G—, la infraestructura energética y la electromovilidad, donde la presencia de empresas e inversiones chinas es cada vez más tangible.

A su juicio, el ciudadano promedio evalúa la relación con China desde una lógica principalmente pragmática y comercial, asociada al acceso a precios competitivos y bienes de consumo.

Aunque la sociedad civil y la élite política chilena mantienen el debate sobre los valores democráticos y la influencia multilateral de China, Matamoros considera que en la percepción pública predomina la idea de que la cooperación económica con Beijing representa una oportunidad de desarrollo. Esa percepción puede atenuar las preocupaciones sobre su modelo político autoritario.

Argentina: pragmatismo económico

Argentina muestra uno de los giros más ajustados. Pese a tener un gobierno alineado con Washington, el 50% de los encuestados tiene una opinión favorable de China, frente al 44% de EE. UU. La diferencia es de apenas seis puntos, por lo que conviene leerla con cautela.

Más marcada es la percepción sobre la injerencia. El 75% de los argentinos considera que Washington interfiere mucho o bastante en los asuntos de su país, frente al 44% que atribuye ese nivel de intervención a Beijing.

Para el analista Ricardo Ferrer Picado, la dimensión económica tiene un peso importante. China no es vista como un depredador de la industria local, sino “como un comprador indispensable del complejo agroexportador argentino”.

El acuerdo de intercambio de monedas con el banco central chino también contribuye a esa percepción y es interpretado, según Ferrer Picado, como “una red de seguridad financiera” frente a los condicionamientos del Fondo Monetario Internacional.

El politólogo Fernando Pedrosa incorpora una dimensión histórica. Argentina es, según explica, “un país bastante antinorteamericano” desde comienzos del siglo XX. Además, considera que la intervención directa de China en la construcción de su imagen es limitada y que buena parte de esa percepción se construye a través de actores locales.

“Los intereses ideológicos y políticos de China y Argentina los expresa una élite que es universitaria, que es artística, que es política, que es progresista”, afirma a Expediente Público.

Ambos analistas coinciden, sin embargo, en que la opinión pública y la relación bilateral avanzan por carriles distintos.

“La relación comercial sigue siendo la misma”, señala Pedrosa, quien recuerda que la balanza comercial con China es deficitaria para Argentina, aunque en la percepción pública prevalece la imagen de China como un gran comprador.

Ferrer Picado es aún más crítico: “la opinión pública no tiene ningún criterio formado sobre estos temas”.

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Libertades, injerencia y el caso colombiano

La ventaja de China en percepción económica y general no se extiende a todos los ámbitos. En materia de libertades personales, EE. UU. conserva una mejor valoración en cuatro de los seis países.

En Argentina, 37% considera que el gobierno estadounidense respeta las libertades personales, frente a 26% que opina lo mismo de China. La diferencia es de 27% frente a 16% en Chile, 32% frente a 22% en Brasil y 37% frente a 30% en Colombia.

México es la excepción. En ese país 35% considera que China respeta las libertades personales, frente a 20% que atribuye esa característica a EE. UU.

Lau considera que admirar a China como socio económico no equivale necesariamente a aprobar su sistema político. En Perú, por ejemplo, la diferencia entre la valoración de ambos países en este ámbito es de apenas cinco puntos: 31% frente a 26%.

“Reputación económica, legitimidad política y atracción normativa no son equivalentes”, señala a Expediente Público.

Santos atribuye el dato mexicano, en parte, a la diplomacia pública de Beijing, cuyo discurso, sostiene, plantea una disyuntiva entre democracia y desarrollo como si fueran incompatibles.

Aun así, considera que una opinión favorable hacia China “no se traduce automáticamente en un compromiso político”, entre otras razones porque existe un conocimiento limitado sobre la actuación de Beijing en México.

Colombia presenta un comportamiento particular. Allí, 75% considera que EE. UU. interfiere mucho o bastante en los asuntos del país, frente a 30% que atribuye ese nivel de injerencia a China, la mayor brecha de la región.

Sin embargo, Colombia es también el único de los seis países donde Trump genera más confianza que Xi, 43% frente a 33%.

En Perú ocurre lo contrario, aunque con una diferencia más estrecha, 65% confía en Xi frente a 48% que confía en Trump.

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La maquinaria de propaganda

El deterioro de la imagen de Washington explica buena parte del cambio registrado por la encuesta, pero la presencia de China tampoco es casual.

Investigaciones documentadas por Expediente Público han revelado que el Partido Comunista Chino invierte miles de millones de dólares a escala global para moldear la narrativa mediática sobre China, incluida América Latina.

Esta estrategia de poder blando combina acuerdos de contenido con medios locales, viajes financiados para periodistas y, cada vez más, el uso de herramientas de inteligencia artificial y telecomunicaciones para adaptar la propaganda oficial a los contextos locales.

La diplomacia pública china busca proyectar una disyuntiva entre una democracia occidental presentada como ineficiente y un modelo chino asociado al desarrollo económico, mientras minimiza los costos en derechos humanos y libertades individuales de su sistema autoritario.

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Jóvenes más abiertos y una región con vacíos

La percepción favorable hacia ambas potencias es mayor entre los jóvenes.

En México, 70% de las personas de entre 18 y 34 años tiene una opinión favorable de China y 52% de EE. UU. En Brasil, alrededor de seis de cada diez menores de 35 años tienen una opinión positiva de ambas potencias, frente a cuatro de cada diez entre los mayores de 50.

En Perú, según Lau, 72% de los jóvenes tiene una opinión favorable de China, frente a 51% de los mayores de 50 años.

Lau atribuye esta diferencia a una socialización distinta. Para quienes hoy tienen 20 o 30 años, China forma parte de la vida cotidiana a través del comercio, la tecnología y la educación.

“Para ellos China ya no constituye un actor externo excepcional o distante”, afirma a Expediente Público.

La confianza en Xi también es mayor entre los jóvenes peruanos, 37% entre quienes tienen menos de 35 años, frente a 24% entre los mayores de 50.

En Argentina, los analistas ofrecen interpretaciones diferentes. Pedrosa habla de un “discurso romántico de izquierda” presente en la educación y sostiene que, al momento de consumir o viajar, los jóvenes siguen mostrando una preferencia por lo estadounidense.

Ferrer Picado, en cambio, considera que los jóvenes “no se preguntan sobre cuestiones de valores”, sino principalmente por el precio y la accesibilidad.

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Centroamérica: la región que la encuesta no midió

El estudio de Pew no incluye ningún país centroamericano. De los 36 países encuestados, seis son latinoamericanos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú.

Por ello, no existen datos comparables de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica o Panamá que permitan determinar si el cambio en la percepción hacia China también se ha producido en Centroamérica.

Consultado sobre la ausencia de la región, Santos considera que Centroamérica podría merecer un estudio específico.

La realidad diplomática, sin embargo, sí ha cambiado.

Salvo Guatemala y Belice, el resto de los países centroamericanos estableció relaciones diplomáticas con Beijing, que exige reconocer a Taiwán como parte de una sola China.

En los últimos años, Panamá, El Salvador, Nicaragua y Honduras rompieron relaciones diplomáticas con Taiwán y establecieron vínculos con China.

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