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Estados Unidos vuelve a mirar a Managua: qué hay detrás de la nominación de Natasha Franceschi

La administración del presidente Donald Trump dio un giro al nominar a la embajadora Natasha Franceschi para encabezar la legación diplomática de Estados Unidos en Nicaragua, acéfala desde 2023. ¿Qué puede entenderse de esa decisión?


Tomás Guevara / Expediente Público / Washington

La nominación como embajadora en Nicaragua de Natasha Franceschi abre un nuevo capítulo en la crispada relación entre la potencia norteamericana y la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Expertos consideran que la terna enviada al Senado el viernes 7 de agosto, aunque no tiene experiencia en asuntos con Latinoamérica, al haber forjado su carrera en Medio Oriente, sí podría reorientar negociaciones con la dictadura Ortega Murillo a nivel presencial.

Washington y Managua están en un nivel más bajo de relaciones diplomática, desde la década de 1980 al final de la Guerra Fría y con Daniel Ortega en el poder; la potencia norteamericana no tiene embajador en el país centroamericano desde mediados de 2023, y Nicaragua tampoco tiene embajador en Washington desde inicios de 2024.

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Al mover ficha, la administración del presidente Donaldo Trump -según analistas consultados por Expediente Público– envía un mensaje al régimen sandinista para negociar directamente desde Managua, sin bajar la presión.

El Departamento de Estado destaca el perfil de Franceschi como una funcionaria de la diplomacia estadounidense fraguada en escenarios de conflicto donde Estados Unidos ha tenido que manejar negociaciones sensibles en muchos casos bajo regímenes opresivos como en Siria, Irak, Afganistán y Rusia.

“Con anterioridad, prestó servicios en Pakistán, Kazajistán, Bosnia y Rusia, además de ocupar diversos cargos en las oficinas de Asuntos del Cercano Oriente y de Asuntos Político-Militares del Departamento de Estado”, dice su ficha oficial en el Departamento de Estado.

La embajadora Franceschi entró el viernes 7 de agosto en una lista de 21 nominados por la Casa Blanca para ocupar distintos cargos dentro de la administración federal.

En su caso la diplomática y otros funcionarios para ocupar cargos en el exterior deberán pasar las audiencias de confirmación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y posteriormente someterse a la votación del pleno para ejercer los cargos.

Movimientos estratégicos

Michael Shifter, profesor adjunto de la Universidad Georgetown, Centro de Estudios Latinoamericanos, y expresidente del centro de Diálogo Interamericano en Washington, le dice a Expediente Público que la nominación de la embajadora Franceschi, a primera vista podría parecer contradictoria, dado el nivel de fricción entre Estados Unidos y Nicaragua.

Sin embargo, vista desde la perspectiva diplomática actual, Shifter considera que “hay cierta lógica en lo que está haciendo (Estados Unidos con Nicaragua) al mantener la presión y al mismo tiempo establecer un canal de comunicación al más alto nivel”.

En ese sentido las condenas en los términos más fuertes por parte del secretario de Estado, Marco Rubio, ante las declaraciones de Daniel Ortega el 19 de julio,  de que en Nicaragua no habría más elecciones, han desencadenado una serie de reacciones de la comunidad internacional y algunos movimientos muy estratégicos por parte de Estados Unidos.

“Tiene sentido por parte de la administración Trump anticipar una relación muy compleja y muy tensa y también un escenario posible post Ortega y Murillo y tener a alguien ahí en el terreno que esté en contacto con distintos sectores, tanto del régimen como de la sociedad civil y empresarios y otros elementos del país”, opina Shifter.

La relación bilateral entre los dos países se considera en mínimos históricos, bajo un escenario de entrampamiento similar al final de la Guerra Fría, cuando bajo el primer mandato de Daniel Ortega y la Dirección Nacional del Frente Sandinista en la década de 1980 se llegó al nivel de retiro de embajadores.

Una nueva etapa

El analista Félix Maradiaga, expreso político de régimen Ortega Murillo, liberado y entregado a Estados Unidos en febrero de 2023, considera que las decisiones de Washington plantean una nueva etapa en las relaciones bilaterales con Nicaragua.

Pero aclara que el “paso no debe leerse como un gesto de normalización”, sino como parte de una estrategia para tener un mayor peso institucional en el país centroamericano, con una funcionaria confirmada por el Senado lo que debe entenderse como un nivel superior al de un Encargado de Negocios o Enviado Especial.

“El momento tampoco es casual, llega después de que Ortega anunciara abiertamente su intención de impedir futuras elecciones, y después de que Washington impulsara la reciente sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre Nicaragua”, opina Maradiaga.

Estados Unidos intenta que desde la OEA con una reunión de ministros de Relaciones Exteriores se impulse un nivel mayor de presión contra el régimen sandinista desde los gobiernos latinoamericanos.

Previo a esa jornada un grupo de 10 países latinoamericanos sentó una postura conjunta para condenar las acciones del régimen sandinista y exigir respetar los procesos democráticos y la institucionalidad del país a través de elecciones libres.

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Maradiaga enfatiza que tampoco se puede pasar por alto el perfil de la embajadora nominada, al ser una funcionaria de alta experiencia en los corredores diplomáticos, y sobre todo de una carrera probada “en escenarios de conflicto y de autoritarismo”.

Lo que podría esperarse desde Managua

De lo que podría pasar en Washington a lo que resulte en Nicaragua hay una diametral distancia; no obstante, los analistas creen que el régimen Ortega Murillo podría aceptar a la embajadora Franceschi una vez el Senado de un voto de confirmación.

Pero Shifter opina que el régimen intentará “aprovecharlo para sus propios propósitos políticos, poniendo límites bastante estrictos sobre su actuación”.

Bajo ese panorama podría anticiparse “una relación difícil” por la presión de Washington y el régimen de Nicaragua buscando espacios para negociaciones.

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Un exfuncionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua, citado este 10 de agosto por el diario La Prensa, bajo condición de anonimato, opina que las cabezas del régimen sandinista siempre han estado “desesperadas por negociar” y que “todas sus pataletas públicas eran un llamado para hacerlo”.

En ese marco, desde Managua se entiende que “la estrategia de negociación de la administración Trump siempre ha sido con presión pública previa y sostenida” de cara al régimen, según el exfuncionario.

Maradiaga, por su parte, considera que dado el nivel de hostilidad para la legación diplomática estadounidense en Managua, “no descartaría que la dictadura intente también restringir la movilidad y los contactos de la nueva embajadora”.

Pero este hipotético escenario expondría al régimen a entrar en una crisis diplomática aún mayor con Estados Unidos, pues la dictadura tendría que sopesar que una decisión administración se convierta en crisis diplomática.

“Ese costo político es mucho mayor que el de limitar a un encargado de negocios, aunque este último tampoco está exento de consecuencias. A eso se suma la ambigüedad deliberada que suele mantener esta administración sobre sus próximos pasos”, opina Maradiaga.

Sin embajadores tras rechazo a último nominado

La dictadura retiró en julio de 2023 el beneplácito que había concedido al embajador, Hugo Rodríguez, confirmado por el Senado, al acusarlo de llevar de antemano una agenda de “injerencista insigne, irrespetuosa y nada diplomática” ante los asuntos internos de Nicaragua. 

El diplomático sentó criterio durante una audiencia de confirmación del Senado al responder sobre medidas que podría utilizar Estados Unidos para impulsar el retorno de Nicaragua a la senda democrática.

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El embajador consideró que el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica (CAFTA, por sus siglas en inglés) podría utilizarse en un eventual pliego de sanciones contra la dictadura.

En aquella recordada audiencia del Comité de Relaciones Exteriores, Rodríguez dijo que “apoyaría el uso de todas las herramientas económicas y diplomáticas para lograr un cambio de dirección en Nicaragua”, entre ellas apoyar la expulsión del país centroamericano del CAFTA al ser “una herramienta potencialmente muy poderosa”.

Esas lecciones indican que bajo el nuevo panorama la embajadora nominada actuará con mucha más prudencia en sus comparecencias ante la Cámara Alta en Washington.

Los miembros del Comité de ambos partidos dirigen una serie de preguntas –sin previo anuncio- a los funcionarios para evaluar su capacidad para hacerse cargo de la misión en el aparato de exteriores.

Maradiaga agrega que en el contexto actual de Nicaragua la dictadura le es más difícil predecir los planes de Washington al “no saber con certeza si la embajadora llega para presentar condiciones, coordinar sanciones, fortalecer una coalición diplomática o preparar respuestas ante escenarios de sucesión y crisis interna”.

Una incertidumbre que según Maradiaga, quien es profesor de la Universidad de Virginia (UVA), “obliga al régimen a calcular con mucho más cuidado cada movimiento” frente a Estados Unidos.

Shifter dice que el longevo matrimonio Ortega-Murillo también conoce la lógica de Trump de negociar, y ellos estarían dispuestos a “participar en esa lógica” siempre y cuando haya un cambio de régimen político en el país y menos aún transición a la democracia en Nicaragua.

Confirmación tomará varios meses

Si bien el nombramiento de la embajadora Franceschi ya se encuentra en el Senado, el proceso para que eventualmente tome posición en Managua aún está lejos.

Brian Nichols, exsubsecretario del Departamento de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental comenta a Expediente Público que el nombramiento de la embajadora se verá retrasado por varios asuntos no menos importantes en Washington.

El Senado ha iniciado el período de receso de dos meses, a partir del 8 de agosto, y apenas sesionará dos semanas en septiembre y una en octubre, para tratar asuntos pendientes en la agendas de los distintos comités.

“El Senado entra en receso y solo tiene tres semanas de trabajo antes de los comicios de noviembre. Va a ser difícil mover la aprobación de las personas nominadas recientemente, hasta después de las elecciones en noviembre”, dice Nichols.

Las listas de nominados para ocupar cargos en el gobierno federal es amplia, así como otros temas de la agenda doméstica y el proceso electoral al que se encaran varios de los senadores que intentan conservar sus escaños. 

Bajo ese panorama las audiencias y conseguir los votos para confirmar el nombramiento de la embajadora Franceschi podrían extenderse hasta el próximo año. 

Mientras tanto, la dictadura Ortega Murillo prepara el andamiaje legal para moldear las elecciones del año 2027 a su medida con una comunidad internacional observando con preocupación el proceso.