* Un informe de Expediente Abierto revela cómo Rusia ha usado al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como socio de «bajo costo» para expandir su presencia geopolítica, militar y propagandística.
* La investigación analizó las publicaciones del medio oficialista nicaragüense El 19 Digital, entre 2008 y 2025, sobre la relación entre Rusia y Nicaragua.
* Expertos coinciden en que Nicaragua obtiene poco beneficio económico de la relación bilateral, pero que el régimen gana respaldo político y herramientas de control interno.
Tomás Guevara / Expediente Público / Washington
Rusia ha sentado en Nicaragua una base de operaciones para encarar a Estados Unidos desde su propia zona de influencia. Esta es la conclusión de una investigación del centro de pensamiento Expediente Abierto, publicada bajo el título “La huella estratégica de Rusia en Nicaragua: influencia blanda, aguda y dura bajo Daniel Ortega”.
El estudio examinó la relación bilateral entre 2008 y 2025, a partir de publicaciones del medio oficial nicaragüense El 19 Digital, ligado al régimen sandinista y su clan familiar.
De acuerdo con el informe, Moscú mantiene esa relación a muy bajo costo, pero con enormes réditos, pues ha logrado compromisos militares y el permiso para usar el ciberespacio en un punto estratégico, en el centro del continente americano, desde donde también puede desplegar su propaganda en contra de Estados Unidos y de Occidente.
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“Rusia ha priorizado los mecanismos de atracción y legitimación cultural como su principal vía para consolidar su presencia en Nicaragua y, a través de ella, en la región en general”, señala el estudio.
Los investigadores analizaron 441 eventos de la relación entre Rusia y Nicaragua, registrados entre 2008 y 2025, en los cuales detectaron tres niveles de influencia: poder blando (335 casos), poder agudo (53) y poder duro (23).
Dentro del poder blando, la investigación agrupó actividades que pueden parecer inocuas, pero que están cargadas de interés, por ejemplo, eventos culturales, otorgación de becas, enseñanza del ruso, diplomacia pública y programas dirigidos a jóvenes afines al oficialismo nicaragüense.
En el segundo escalón, el del poder duro, el estudio registró la cooperación militar, el entrenamiento a policías y la influencia en ciberseguridad y vigilancia. De acuerdo con el informe estas actividades hacen parte del aparato represivo del régimen sandinista.
Y en la tercera dimensión, la del poder agudo, el análisis consideró las estrategias de propaganda y manipulación, con la formación de comunicadores nicaragüenses para impulsar narrativas favorables a Rusia en medios estatales o alineados con la familia gobernante.
“Vimos, por ejemplo, medios estatales como Sputnik y RT entrenando a periodistas en Nicaragua para que adoptaran una narrativa favorable a Rusia en determinados posicionamientos geopolíticos”, afirmó uno de los investigadores de Expediente Abierto, quien pidió la reserva de su nombre por temor a represalias del régimen nicaragüense.

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Estudiar la huella rusa
El investigador explicó a Expediente Público que el estudio partió de una dificultad metodológica, pues la relación entre Rusia y Nicaragua es opaca.
Ante esto, el equipo aprovechó que el régimen de Ortega ha dejado rastros de sus vínculos con el Kremlin en los medios que controla, como El 19 Digital.
“Se partió de la premisa de que iba a ser muy difícil encontrar información sobre el vínculo que Rusia tenía con Nicaragua porque es un vínculo muy nebuloso. Sin embargo, sabíamos que había algunos trazos que podíamos dibujar a partir de la necesidad que tienen este tipo de regímenes de publicitar sus vinculaciones”, aseguró el investigador.
La revisión de esas publicaciones en el medio de comunicación permitió identificar menciones, actores clave, momentos y patrones en la relación bilateral.
El investigador añadió que no se puede afirmar que la información compilada exponga toda la presencia rusa en Nicaragua, pero que sí permite, al menos, entender las dinámicas y cómo opera esa relación.
“Todo lo que logramos captar, aproximadamente 500 menciones en noticias, lo categorizamos y procesamos, intentando identificar actores, momentos y patrones. Eso permitió construir el estudio tal como lo tenemos ahora, con algunas revelaciones importantes”, manifestó.
Poca inversión y gran influencia
Para el analista político y profesor de la Universidad de Virgina, Félix Maradiaga, la relación rusa-nicaragüense debe entenderse como una alianza profundamente desigual e inclinada a favor de Moscú.
“Rusia tiene mucho que ganar con tener presencia en un Estado centroamericano que está a menos de dos horas del territorio norteamericano. Tiene acceso al mercado a través del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y tiene acceso al sistema bancario nicaragüense, que al mismo tiempo está interconectado con el hemisferio occidental por medio del sistema SWIFT”, afirmó Maradiaga, quien fue prisionero político en Nicaragua hasta febrero de 2023, cuando fue liberado y entregado a EE. UU.

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Maradiaga ve aún “más preocupante” que, gracias a esa relación, Rusia ha logrado acceder al espectro radioeléctrico en el territorio nicaragüense, lo cual permite interceptar frecuencias de señales de satélite y otras comunicaciones.
Según Maradiaga, Rusia ha logrado, a muy bajo costo, posicionarse en un espacio estratégico de Latinoamérica, tener presencia política, lograr espacios de inteligencia y conseguir una vitrina regional para exhibirse.
Nicaragua, en cambio, “tiene muy poco que ganar de esa relación” —afirma el especialista—, al no recibir una cooperación económica proporcional a lo que entrega, pues las promesas de crear infraestructura con apoyo ruso no se han materializado hasta la fecha.
César Santos, otro investigador de Expediente Abierto, sostiene que el escaso volumen de intercambio comercial y de inversión entre los dos países refleja la estrategia del Kremlin de hacerse espacio en la región sin llamar la atención.
“El comercio y la inversión rusas en Nicaragua son insignificantes, lo cual también es parte de la estrategia rusa. Es decir, a diferencia de la Unión Soviética, la nueva Rusia, la de Putin, ha buscado en América Latina desplegar instrumentos de influencia que no sean necesariamente costosos para ellos”, afirmó.
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Maradiaga subraya que, al contrario de las promesas de inversión, los acuerdos de índole militar sí han avanzado a paso acelerado, por ejemplo, el convenio sobre seguridad entre el Ministerio de Defensa ruso y el Ejército nicaragüense, con el cual se formalizó una relación que conllevaría la subordinación del estamento militar nicaragüense al poder ruso.
“Vemos que es un tratado servil, que convierte a Nicaragua en un Estado vasallo de Vladimir Putin. Y lo preocupante es la ambigüedad y la amplitud del lenguaje que le permite acceso a Rusia, no solamente a la totalidad del territorio nacional, sino que convierte a Nicaragua en un Estado servil. Yo me atrevería a decir que convierte al territorio nicaragüense en una base militar rusa”, apuntó Maradiaga.
Modelo de continuidad de KGB
Maradiaga sostiene que el Kremlin ha adoptado el modelo de la KGB, el cuerpo de inteligencia de la Unión Soviética, “El espíritu de espionaje, el espíritu de totalitarismo y el deseo de imperialismo soviético siguen vivísimos en los planes de Vladimir Putin”, afirmó.
Gracias a ese modelo, agregó el especialista, la máquina propagandística rusa se adapta al contexto de cada país donde buscan incidir. “Eso es lo problemático de la desinformación y la propaganda rusa. Es una propaganda muy sofisticada. De hecho, es mucho más sofisticada que la propaganda china”, manifestó Maradiaga.
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Por esta razón —explicó el experto—, en algunos casos, las narrativas son abiertamente pro-Putin y, en otros, optan por impulsar un sentimiento antiestadounidense.
Según Maradiaga, esto es muy útil para la dictadura Ortega-Murillo, no solo por su oposición a Estados Unidos, sino también porque la propaganda rusa aspira a una vuelta al ultra conservadurismo, en contraposición con los valores de las sociedades occidentales.
“Los centros de desinformación auspiciados por Rusia se han camuflado… Nicaragua es un laboratorio que se ha venido extendiendo también al resto de Centroamérica”, puntualizó Maradiaga.
El desafío para Estados Unidos
La influencia de Rusia en el hemisferio occidental ha recobrado importancia en la política exterior estadounidense. “Hay una conciencia de regreso en Estados Unidos con respecto a los peligros que implica Rusia para su seguridad nacional y sobre todo en el tema de las ideas, en el ámbito de la lucha por las ideas”, aseguró Santos.

Para este experto, la penetración de Moscú en Nicaragua conlleva varios problemas, entre estos, las trabas para una transición democrática en el país centroamericano, además de riesgos para la seguridad de EE. UU. y, por añadidura, para el resto del continente.
Santos enfatizó que no se trata de un problema sólo de índole militar, sino que también influye sobre el nivel informativo, político y simbólico.
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Los expertos consultados por Expediente Público coinciden en que Rusia opera con menos recursos que China, pero con objetivos bien establecidos, lo cual le permite erosionar la influencia estadounidense y cobijar a aliados autoritarios.
Vista desde esa perspectiva, Nicaragua no es un socio menor, pues constituye una plataforma desde la que el Kremlin le habla a Centroamérica, desafía a Estados Unidos cerca de sus límites geográficos y permite a la dictadura Ortega-Murillo sostener su régimen pese al aislamiento internacional.