Guillermo Zamora Villa, embajador de México en Nicaragua, ha dejado en evidencia su afinidad política con la dictadura Ortega-Murillo en cuatro años de Servicio Exterior. Fuentes diplomáticas mexicanas señalan que, para la administración azteca, la lealtad política pesa más que la experiencia y la profesionalización para nombrar a sus representantes en América Latina.
Expediente Público
En cuatro años de labor diplomática, los mensajes y actividades del embajador mexicano en Nicaragua, Guillerno Zamora Villa, han dejado en evidencia su simpatía con la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Zamora Villa presentó las copias de estilo de sus Cartas Credenciales ante la Cancillería de Nicaragua en julio de 2022.
Su designación, en el Gobierno del expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), está relacionada con su trayectoria como corresponsal de guerra en Nicaragua en los años ochenta y con sus vínculos con la izquierda mexicana.
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Fuentes diplomáticas mexicanas consultadas por Expediente Público apuntan que la cercanía de Zamora Villa con el orteguismo podría crear un conflicto de interés. Arugmentan que no hay certeza de si el embajador obedece a los intereses de su país o a los de sus coidearios políticos nicaragüenses.
Expediente Público solicitó una entrevista a Zamora Villa el pasado de 16 de septiembre, pero no hubo respuesta.
Este caso —afirman las mismas fuentes— es solo la punta del iceberg de cómo se manejan las designaciones diplomáticas en ese país. Apuntan que el Gobierno ha ubicado a personas afines en las embajadas en América Latina, por favores políticos, sin importar si tienen experiencia o si pertenecen al servicio de carrera.
Embajador mexicano replica lenguaje de la dictadura
La relación de Zamora Villa con la dictadura de Nicaragua quedó clara desde su primera semana en territorio nicaragüense, en julio de 2022. Tras presentar sus credenciales ante el canciller Denis Moncada, al diplomático mexicano lo recibió una delegación de diputados de la Asamblea Nacional. Entre ellos estuvo Gustavo Porras, presidente del parlamento. Esto no ha ocurrido con otros representantes con presencia en Nicaragua.
El diplomático incluso replica el lenguaje de la dictadura Ortega-Murillo en las comunicaciones oficiales de la Embajada. El 16 de julio pasado, en el marco del 47 aniversario de la Revolución Sandinista, Zamora Villa envió un mensaje a los codictadores.
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En el documento, divulgado por medios oficialistas, el embajador mexicano se dirigió a Ortega como “Compañero Comandante” y a Murillo como “Compañera”. Además, expresó su “cariño y admiración” por el orteguismo.
Zamora Villa se reúne con autoridades locales
Zamora Villa también ha participado en actividades con instituciones estatales nicaragüenses. Se ha reunido con autoridades de la Alcaldía de Managua y con funcionarios del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena). Además, ha visitado instituciones como el Instituto Nacional Tecnológico (Inatec).
En estas actividades habló de fortalecer las relaciones de “amistad, solidaridad y cooperación” entre México y Nicaragua. También recordó su relación personal con el país durante los años de la Revolución Sandinista, pues cubrió esos hechos como corresponsal.
La relación diplomática también se ha extendido a programas oficiales de cooperación. En abril de 2024, Zamora Villa participó en la XI Comisión Mixta México-Nicaragua. En esa ocasión, ambos gobiernos aprobaron ocho proyectos de cooperación técnica y científica relacionados con agricultura, medioambiente y gestión de riesgos.
Embajador mexicano se codea con los hijos del dictador Ortega
Asimismo, el diplomático ha participado en actividades con representantes del orteguismo e incluso con algunos hijos de Ortega.
En septiembre de 2024, Laureano y Edmundo Ortega, que además son funcionarios del Gobierno de Nicaragua, participaron en la celebración de la Independencia de México, organizada por la Embajada de este país en Managua.
Un año después, en 2025, el orteguismo autorizó a Zamora Villa a presentar en Nicaragua su libro “Historia de un corresponsal de guerra mexicano”, basado en sus experiencias durante los años ochenta. La actividad reunió, según medios oficialistas, a más de 2,000 integrantes de la comunidad universitaria.
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No existe registro público de una autorización como esta a otros embajadores. Tras las protestas sociales de 2018, toda actividad que incluya la aglomeración u organización de un gran número de personas debe ser autorizada por la Policía Nacional, controlada por la dictadura.
Zamora Villa vivió en Nicaragua entre 1980 y 1985 como corresponsal de guerra y fue presidente de la Asociación de Corresponsales Extranjeros en Nicaragua, según información publicada por la propia Embajada de México. Así inició su cercanía con la Revolución Sandinista y con los ahora dictadores nicaragüenses.
Nombramientos políticos de embajadores
Fuentes diplomáticas consultadas por Expediente Público señalan que, durante los gobiernos del exmandatario Andrés Manuel López Obrador y de su sucesora, la actual la presidenta Claudia Sheimbaum, se han realizado nombramientos a embajadores que no provienen del Servicio Exterior de México.
Una fuente de la Secretaría del Servicio Exterior de México, que pidió mantener su identidad en reserva por razones de seguridad, afirmó a Expediente Público que los embajadores designados generalmente son por “nombramiento político”. Resaltó que, antes del Gobierno de AMLO, “al menos se analizaba que el perfil fuera idóneo para el lugar al que lo mandaban”.
“Desde el Gobierno de López Obrador, los puestos más bien son de amigos o de quienes se les deben favores políticos, pero sin experiencia. O sea, antes mínimo se veía que el perfil cuadrara, que tuviera cierta experiencia política, adicional al favor político, pero desde López Obrador más que nada lo que se ha visto es la lealtad”, afirmó.
La legislación mexicana, apuntó la fuente, establece que los embajadores deben ser propuestos directamente por la Presidencia de la República y luego ser enviados al Senado para su ratificación.
“La decisión es tomada por el presidente. Esto pasa por ratificación del Senado, pero normalmente eso se plancha desde antes; es decir, cuando ya llega es porque ya se hizo la negociación política para que se apruebe”, resaltó.
Patrón de las designaciones de embajadores
La fuente sostiene que, durante el Gobierno de López Obrador, se colocaron en distintas embajadas de América Latina a personas vinculadas políticamente con el entonces presidente o con su entorno.
“En embajadas de países aliados de México se ponen perfiles afines al régimen gobernante como para facilitar las cosas, pero en la práctica, de lo que hemos visto aquí, es que trabajan más para promover los intereses de ese Gobierno que los intereses de México allá, afectando toda la dinámica, inclusive consular”.
Valoró que los casos de Nicaragua y Venezuela, donde se impusieron embajadores afines a los regímenes de esos países, ambos con tendencia izquierdista, evidenciaron “un patrón clarísimo”.
“En los pasillos de Cancillería (de México) incluso se les señalaba de ser personas que parecen más embajadores de los países donde están; o sea, son complacientes, por ejemplo, los de Venezuela, Rusia, Nicaragua, pero también en su momento la embajadora en Colombia, Patricia Ruiz”, apuntó.
Dicha situación, a juicio de esta fuente, constituye una politización del Servicio Exterior mexicano. Resaltó que “un representante de México que vaya a representar al Estado de México en otro país debe ser alguien apartidista y trabajar en favor de los intereses de México”
Y agregó: «Cuando son cercanos a regímenes, sobre todo autoritarios, la realidad es que entorpece mucho las cosas para nosotros, para promover nuestros intereses, porque no sabemos si esta persona responde a los intereses de México o del país en el que se encuentra”.
Embajador podría ocultar lo que ocurre en Nicaragua
La fuente señaló que el principal problema de estos nombramientos no necesariamente se encuentra en las actividades públicas de los embajadores, sino en la información que transmiten a la Cancillería mexicana sobre lo que ocurre en los países donde están destinados.
Explicó que, cuando los diplomáticos consideran que un informe puede generar un roce con gobiernos aliados, pueden omitir información. Esto, según la fuente, obliga a funcionarios mexicanos a enterarse de determinadas decisiones por vías no oficiales.
También señaló que esta dinámica puede favorecer proyectos alineados con los gobiernos de izquierda y dejar en segundo plano otras iniciativas de inversión, salvo que lleguen por instrucción de la Presidencia.
Designaciones de AMLO
La fuente sostuvo que Zamora Villa estableció una relación estrecha con López Obrador por su cercanía con movimientos de izquierda, entre ellos el Frente Nacional Democrático. Afirmó que esa trayectoria contribuyó a que se convirtiera en una figura asociada a la izquierda mexicana y, posteriormente, en un perfil considerado para la Embajada en Nicaragua.
La fuente ubicó el nombramiento de Zamora Villa dentro de un grupo más amplio de embajadores cercanos al movimiento de López Obrador o vinculados con favores políticos de miembros de la izquierda mexicana.
Afirmó que, en los pasillos de la Cancillería, de manera informal, a ese grupo se le conoce como “la gerontocracia de la política exterior”, en referencia a perfiles de avanzada edad que, según su valoración, no siempre cuentan con las capacidades, habilidades diplomáticas, conocimientos o energía necesarios para desempeñar el cargo.
Embajadores con afinidad política
Entre estos casos, la fuente citó a Lilia Eugenia Rossbach Suárez, quien fue nombrada embajadora en Argentina en 2021, durante la presidencia de la izquierdista Cristina Fernández de Kirchner
En ese entonces, medios mexicanos reportaron que, a pesar de que Rossbach no tenía carrera en el Servicio Exterior, el presidente AMLO sostenía que ella era parte de la cuota que buscaba equilibrar los nombramientos entre profesionales con experiencia e integrantes del Servicio Exterior.
Otros casos similares fueron los de Martha Patricia Ruiz Anchondo, quien, aunque no tenía carrera en el Servicio Exterior al ser nombrada, tenía trayectoria política en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Ruiz Anchondo fue nombrada embajadora en Colombia en 2022 y conserva su cargo hasta la fecha.
De igual forma, los embajadores Leopoldo de Gyves de la Cruz, embajador en Venezuela desde 2022, es reconocido como dirigente político de izquierda en México; y Eduardo Villegas Megías, de trayectoria especialmente académica y cultural, fue nombrado embajador en Rusia en 2022, sin que ninguno tuviera carrera en el Servicio Exterior de México.
Los embajadores que se fueron
Hay otros casos mencionados de embajadores nombrados por afinidad política y no por carrera en el Servicio Exterior, que ya no siguen en el cargo. Uno es Víctor Manuel Barceló Rodríguez, embajador enviado a Uruguay en 2019, quien se jubiló el año pasado.
Otra es Raquel Serur Smeke, designada también en 2019 como embajadora en Ecuador. El Gobierno de este país la declaró persona non grata y la expulsó en 2024. Fue la respuesta del presidente Daniel Noboa a las declaraciones del entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien puso en duda la legitimidad de las elecciones ecuatorianas.
Por último, Romeo Ruiz Armento, quien también fue designado por AMLO en 2019 embajador en Guatemala. Él es reconocido por ser pareja de Layda Sansores, gobernadora del Estado de Campeche por Morena, el partido de AMLO.
Ruiz Armento culminó su gestión en febrero de este año. En su lugar fue nombrada Luz Elena Baños Rivas.

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‘Viudas del bienestar‘
Otra fuente con conocimiento del funcionamiento interno del Servicio Exterior mexicano, que también pidió mantener su identidad en reserva por razones de seguridad, consideró que el nombramiento del embajador en Nicaragua debe analizarse dentro de un proceso más amplio de politización de las representaciones diplomáticas ordenadas durante el Gobierno de AMLO, que sigue todavía teniendo influencia y conservando sus cargos.
Apuntó que estos nombramientos de personas adultas mayores, afines al Gobierno de turno y sin carrera en el Servicio Exterior, también se les conoce de manera informal como “las viudas del bienestar”.
Esta fuente también mencionó los casos de la embajadora designada para Argentina, reconocida como viuda de José María Pérez Gay, quien era cercano a López Obrador; y el caso de la exembajadora en Ecuador, que es viuda del filósofo ecuatoriano-mexicano Bolívar Echeverría.
Los beneficios de ser embajador de México
La fuente de la Secretaría del Servicio Exterior explicó que los embajadores nombrados por carrera o por afinidad política con el Gobierno de turno siempre cuentan con beneficios económicos y logísticos que les permiten conservar íntegra buena parte de su salario.
Algunos de esos beneficios incluyen el pago de la renta o asignación de residencia oficial, chofer, vehículo, gasolina, celular, canasta básica o despensa, servicios de cocinero, limpieza y jardinería.
Según la fuente, los embajadores designados por el Gobierno de México pueden percibir alrededor de USD 10,000 o USD 12,000 mensuales, aunque el monto puede variar según el país de destino.
Los embajadores nombrados sin tener carrera en el Servicio Exterior, además de tener todos esos beneficios, pueden quedarse en ese cargo de forma indefinida, hasta que le parezca al presidente de turno.
La legislación mexicana, según la fuente, no establece un periodo fijo para los nombramientos políticos. Por ello, su permanencia depende, en la práctica, de la decisión de la Presidencia de la República.
Política exterior de México “está apagada”
Estos nombramientos se producen, además, dentro de una política exterior mexicana que mantiene desde el Gobierno de López Obrador hasta la actualidad una “ambigüedad absoluta”, de acuerdo con Raúl Benítez Manaut, investigador y especialista en seguridad y relaciones internacionales. Benítez Manaut conversó con Expediente Público.
“La política exterior mexicana, de López Obrador a la fecha, es una ambigüedad absoluta, es una política exterior muy apagada, que juega a política de izquierda en temas latinoamericanos hasta el límite donde a Estados Unidos no le importa”, señaló Benítez.

En el caso de Nicaragua, Benítez aseguró que México mantendrá esa misma posición ambigua: “No va a apoyar ningún comunicado crítico, tampoco va a respaldar incondicionalmente al Gobierno de Nicaragua, se va a mantener neutral; esa es la ambigüedad mexicana de política exterior”.
El 19 de agosto pasado, México fue uno de los países que se abstuvo de votar en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) a favor de una resolución para convocar a una reunión de consulta de ministros de Relaciones Exteriores con el fin de abordar la situación de Nicaragua.
El representante de México en la OEA, Alejandro Encinas, argumentó que la crisis en Nicaragua —que data de abril de 2018 y ha cobrado la vida de centenas de personas y el exilio y cárcel de miles— no constituía una amenaza para la paz y la seguridad hemisférica.
La diplomacia exterior de México, a juicio de los expertos, no cambiará en estos años. El país seguirá intentando mantener simultáneamente su relación estratégica con Estados Unidos y un discurso de izquierda hacia América Latina.