* Expertos debaten sobre los cambios de doctrina internacional de las grandes potencias que ponen en jaque al multilateralismo.
* Advierten que el regreso a la multipolaridad entre EE. UU., China y Rusia genera un escenario internacional más peligroso e impredecible desde 1945.
* La influencia china en infraestructura digital y la falta de inversión estadounidense sitúan a América Latina como un tablero crítico de la competencia estratégica.
Natalia López / Expediente Público / Miami
El mundo que conocimos durante tres décadas dejó de existir. Esa fue la conclusión que abrió la segunda jornada de la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica, que se desarrolla esta semana en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés) y que reúne a funcionarios de gobierno, líderes militares, académicos, representantes de la sociedad civil y líderes del sector privado para analizar los desafíos de seguridad más urgentes del hemisferio.
El plenario “Competencia entre grandes potencias: riesgos y oportunidades para América Latina y el Caribe” reunió a tres figuras de primer nivel: John Mearsheimer, profesor distinguido de la Universidad de Chicago; Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; Brian Fonseca, director del Instituto Jack D. Gordon de la FIU, y Andrew Sollinger, director ejecutivo de la revista Foreign Policy, quien moderó.
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De la unipolaridad a la multipolaridad
Mearsheimer planteó que de 1991 a 2017 hubo un momento único en la historia moderna: un mundo unipolar en el que no existía competencia entre grandes potencias.
“Estamos ahora en un mundo multipolar por primera vez desde 1945. Los mundos multipolares son muy peligrosos. Nunca quisiéramos perder eso de vista”, sostuvo.
Su comentario lo justificó argumentando que actualmente hay tres grandes poderes: Estados Unidos como el principal, China como el segundo y Rusia.

Y puntualizó que “la competición entre Estados Unidos y China será la competición definitoria del siglo XXI”.
A su vez, agregó que ese ascenso chino fue en parte resultado de decisiones propias de Washington: “Nosotros, empezando en los principios de los 90, decidimos ayudar a que China creciera económicamente. Fue una política perseguida por demócratas y republicanos. Y el resultado final es que creamos a Godzilla. Ahora tenemos que descubrir cómo vivir con ello”, afirmó.
América Latina en el centro del tablero
Fonseca situó ese diagnóstico en el terreno regional. Señaló que el hemisferio occidental volvió al centro del discurso de la política exterior de Estados Unidos, aunque distinguió entre retórica e inversión concreta.
”El hemisferio occidental está de vuelta al frente en términos de pensamiento político. Pero la retórica no es lo mismo que las inversiones que Estados Unidos está haciendo en este momento para seguirla”, manifestó el investigador.
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Sobre la presencia china en la región, Fonseca describió el desafío estructural que enfrenta Washington: ”China está increíblemente embebida en la infraestructura digital de la región. Huawei y ZTE están dispuestos a operar con enormes pérdidas porque son extensiones de la política china. Las compañías occidentales no están dispuestas a ir a la región y tomar esas pérdidas”.
Mearsheimer coincidió en que la influencia china en el hemisferio seguirá creciendo: ”Esa competición que he descrito, que es el centro de la multipolaridad, va a tener un efecto profundo en sus vidas”.
“Habrá más influencia china: económica, tal vez ideológica, tal vez coercitiva. Si es militar, entonces empiezas a violar la doctrina de Monroe. Pero incluso sin eso, esa influencia no va a cambiar”, agregó.
Irán y el multilateralismo: el fin del consenso global
Grossi aportó la perspectiva de quien gestiona desde adentro las tensiones entre grandes potencias. Desde su rol al frente del organismo nuclear más importante del mundo, describió cómo la multipolaridad está fragmentando los acuerdos que durante décadas permitieron gestionar las crisis más sensibles del planeta.
“Irán solía ser un problema donde había consenso general incluso entre Rusia, Estados Unidos, China, Francia y el Reino Unido. Todos reaccionaban de la misma manera. Ese consenso se fue por la ventana. Y esto influye enormemente en por qué tenemos guerra: porque los países ya no tienen ese enfoque común”, destacó.
Sobre el futuro de las instituciones multilaterales, Grossi rechazó su desaparición, pero reconoció sus límites: ”Las instituciones multilaterales reflejan las estructuras de poder en el mundo, no las moldean. Pero eso no significa que sean inútiles. Encontrar espacios de convergencia que existen, si sabes cómo encontrarlos”.
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El crimen transnacional, una amenaza central para la región
Fonseca identificó el crimen organizado transnacional como el desafío más inmediato para América Latina, por encima de las tensiones geopolíticas entre grandes potencias.
”La mayor amenaza para las Américas es la penetración de las organizaciones criminales transnacionales que continúan socavando la solvencia y la eficacia de las instituciones democráticas. Tienes instituciones débiles que abren espacio para la corrupción. Eso mina la capacidad institucional, destruye la prosperidad económica y alimenta de nuevo a las organizaciones criminales. Un ciclo que no hemos podido romper”, indicó.
Grossi aportó un dato que dimensiona la magnitud del problema. “Esta región representa el 8 o 9 % de la población mundial y concentra el 40 % de la criminalidad en el mundo. Es una cifra que debe ser tomada muy en serio”, concluyó.
La conferencia continúa este jueves con paneles sobre potencias externas en las Américas, crimen organizado, migración irregular y asociaciones estratégicas para la seguridad del hemisferio.