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Con democracias y economías débiles, frenar la migración en Centroamérica es un asunto de largo plazo

*Los retos planteados durante la IX Cumbre de las Américas requiere que los países expulsores de migrantes, como Honduras, mejoren el clima de inversión, especialicen su mano de obra y acrecienten la seguridad ciudadana.


Expediente Público

El discurso del presidente estadounidense Joe Biden durante la IX Cumbre de las Américas trae esperanzas a los países centroamericanos al reconocer que de continuar con el camino de la democracia hay posibilidades de superar el subdesarrollo económico, y con esto dejar atrás las crisis migratorias surgidas en los últimos años. Sin embargo, en Centroamérica están claros que esto es un asunto de largo plazo, y que requiere de políticas públicas sostenidas.

El mandatario estadounidense hizo un llamado para ver qué “conseguimos (los países de América) trabajando juntos como verdaderos socios, con capacidades diversas, pero con respeto mutuo y equitativo, reconociendo tanto nuestra soberanía individual como nuestras responsabilidades comunes”.

Una democracia débil y turbulenta

Para el analista político hondureño Efraín Díaz Arrivillaga, el mensaje del presidente Biden “tiene unas perspectivas bastante esperanzadoras” para la región.

En entrevista con Expediente Público, el también economista y académico destacó “el reconocimiento de la soberanía, el respeto mutuo y, un punto fundamental, el hecho de que no podemos estar de acuerdo en todo”.

Sin embargo, en el caso de su país tendrán que hacerse esfuerzos importantes para alcanzar mejores niveles en la aplicación de la democracia, uno de los pilares enunciados por Biden.

El analista reconoció que el tema político en Honduras se ha vuelto “un poco turbulento” y que hay un problema de gobernabilidad, sobre todo dentro del Congreso Nacional a raíz de la división en el partido Libertad y Refundación (Libre, en el gobierno), lo que “cambia el balance de poder”, aunque consideró que eso es normal en una democracia.

Precisó que es necesario llegar a acuerdos en función de los intereses del país para impulsar una agenda de desarrollo en alianza con Estados Unidos.

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El asesor en relaciones internacionales del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), Héctor Corrales, enfatizó que en Honduras “no podemos decir que somos muy democráticos” porque en los últimos años se ha visto un debilitamiento en las instituciones encargadas de proteger la democracia, lo que ha sido aprovechado por algunos para “centralizar el poder”.

Consideró que las instituciones de la sociedad civil hondureña y los ciudadanos comunes deben trabajar para dejar atrás la democracia electorera, exigiendo a los políticos electos cumplan sus propuestas.

El Cohep fue una de las organizaciones que estuvo en la IX Cumbre de las Américas, e incluso su presidente, Mateo Yibrín, se reunió con el subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, Brian Nichols; con el subsecretario para Crecimiento Económico, Energía y Ambiente, José Fernández; y con John Kerry, Enviado Especial para el Cambio Climático, entre otros.

El sociólogo y analista político hondureño Sergio Vélez, señaló a Expediente Público que la ausencia de la presidenta Xiomara Castro en la Cumbre, a causa de ideologías personales es una muestra del “desinterés” que hay en los temas que pudieron generar ayuda directa en ese cónclave.

Entre esos temas está la corrupción, el narcotráfico y la migración, que son puntos de agenda toral porque debilitan el establecimiento de un Estado de derecho y de su democracia. Además, “no podemos desconocer que nuestra democracia ha sido infiltrada por intereses oscuros”.

Para Vélez, la transición del gobierno “nos está costando” y a seis meses de haber iniciado, “no hay mucho que se pueda relacionar como un aspecto de éxito sobre las promesas hechas en campaña”.

Consideró que habría que esperar un año “mientras el proceso de transición marca la definición de una agenda pública” con los temas que se tocaron en la Cumbre y que pueden definir “un rumbo claro a partir del segundo año, porque ahorita se están haciendo remiendos a un montón de entuertos que vienen de la administración pasada”.

Mejorar la economía para frenar la migración

El presidente Biden prometió fomentar programas de apoyo para frenar la migración, y así “responder a los deseos humanos básicos que compartimos, de dignidad, seguridad y protección”, porque “cuando esos elementos básicos no existen en un lugar, es cuando la gente toma la decisión desesperada de buscarlos en otro sitio”.

Sin embargo, Vélez dijo a Expediente Público que es preocupante la manera en que Honduras ha manejado el problema de la migración.

Los únicos programas en el país están orientados a los migrantes que retornan, pero no se está haciendo nada para prevenir que la gente se marche. “Más bien se ha elevado la tasa de desempleo”, señaló.  

Ahora mismo, una caravana de unas 15,000 personas se desplaza por México en busca de la frontera sur con Estados Unidos, y se estima que unos 7,000 son hondureños, según datos proporcionados a Expediente Público por Istmania Platero, defensora de derechos humanos.

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“Entonces vivimos una realidad triste en una Honduras donde nos quieren ayudar, donde el programa integral de apoyo de Estados Unidos para la región involucra programas significativos, pero ¿tenemos la capacidad de administrar?”, se preguntó.

Vélez hace referencia a anuncios de ayudas importantes durante la Cumbre, entre ellos 198 millones de dólares en programas de seguridad alimentaria para Latinoamérica; y 132 millones de dólares, sujetos a aprobación del Congreso, para proyectos de mediano plazo para apoyar a pequeños agricultores de Honduras, Guatemala, Haití, Colombia y Perú.

Adicionalmente la vicepresidenta Kamala Harris anunció acuerdos con empresas para ampliar inversiones en el Triángulo Norte hasta por 1,900 millones de dólares, como parte del programa «Call to action» (Llamado a la acción), lanzado en el 2021.

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Para Eduardo Escobar, director ejecutivo de Acción Ciudadana, una organización salvadoreña de la sociedad civil, Estados Unidos ve el tema de la migración irregular desde el Triángulo Norte como “un tema de seguridad nacional” por lo que “se intenta atacar las causas de la migración combatiendo la corrupción, el crimen organizado, dándole la posibilidad a la gente de vivir en un país que le preste ciertos servicios básicos: educación, salud, vivienda, para que no busquen emigrar”.

“La estrategia de Estados Unidos es financiar o promover la inversión privada en el Triángulo Norte para intentar generar prosperidad para la población y así evitar que se dé la migración”, explica Escobar, quien fue invitado a los foros de la sociedad civil celebrados en Los Ángeles como parte de la Cumbre de las Américas.

Para Escobar, el anuncio de los $1,900 millones “busca quebrarle los pies a la migración, generarle bienestar a la gente en sus países para que no emigre”.

“Generar condiciones en el país para que la gente no tenga incentivos para que la gente migre ilegalmente, generar bonanza, prosperidad para que no haya excusas para migrar de forma irregular”, enfatizó Escobar. 

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De su lado, Corrales, quien es economista y tiene una maestría en administración pública, enfatiza que detener la migración es un reto de largo plazo por lo que las decisiones positivas que se tomen ahora solo sientan las bases de lo que se puede lograr a futuro. 

En el caso hondureño es necesario mejorar el “clima de inversión”, generar condiciones para que los dueños de capital quieran venir a invertir; lo cual incluye mejorar la seguridad en un país donde sus dos principales ciudades están dentro de las 50 más violentas del mundo; y donde existe “una falta de capital humano que viene de una política pública de educación ineficiente”, sostuvo Corrales. A esto se suma la vulnerabilidad climática, como huracanes, inundaciones y sequías; y la económica, como los altos precios de los combustibles o una recesión en Estados Unidos.

Honduras debe trabajar para mejorar algunas de esas condiciones si pretende crear la bonanza necesaria para que la gente deje de migrar.

Por otro lado, Corrales señaló que varias de las empresas dentro del programa “Call to Action” ya operan en el Triángulo Norte, y lo que harán es ejecutar ampliaciones de capital, pero esto no es de efecto inmediato porque el plan es a cinco años, y sería de aquí al 2027 cuando se verían efectos medibles de esas inversiones.

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Para Díaz Arrivillaga es necesario un plan de desarrollo de cuatro años para concretar los temas planteados en el discurso de Biden, con las inversiones necesarias, las políticas públicas correctas y las estrategias para que el país “pueda arrancar y salir adelante”.

Para eso es necesario reducir el nivel de confrontación, que la oposición juegue de forma constructiva y que el gobierno admita “que es posible rectificar en algunas cosas” y mostrar mayor apertura para el diálogo.

Mientras tanto Corrales sostiene que hay que prepararse para lo que se viene: un efecto de inflación derivado de los altos costos de los combustibles e incluso una crisis de seguridad alimentaria, “y cosas así de fuertes empujan a muchos grupos de personas a irse”, concluyó.

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