Laura Delgado: los acuerdos aeroespaciales con China conllevan riesgos 

Laura Delgado: los acuerdos aeroespaciales con China conllevan riesgos 

* La experta Laura Delgado López, investigadora del Jack D. Gordon Institute of Public Policy, advierte que China tiene difusas fronteras entre el uso civil y militar de tecnología aeroespacial. 

* Latinoamérica participa en plataformas de sistemas de lanzamiento de satélites, aunque figura en la carrera espacial como actor secundario. 

* Argentina es pionero en cohetería, seguida de Brasil, Bolivia y México, más ligados a la observación espacial y el uso de datos.


Tomás Guevara / Natalia López / Expediente Público / Washington 

América Latina ha entrado a la carrera aeroespacial como actor secundario, pero con un rol estratégico por su ubicación geográfica, cercana al Ecuador, puerta de fácil acceso para poner en órbita satélites. 

Argentina —como pionero en esta industria a nivel regional— tiene a China como proveedor clave de tecnología para sus plataformas de lanzamiento y otros centros de observación, lo que representa un riesgo por el potencial uso no solo civil, sino también militar, de estas actividades.  

La experta aeroespacial Laura Delgado López, investigadora del Jack D. Gordon Institute of Public Policy, de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés), habló sobre este tema con Expediente Público en el marco de la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica. 

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Delgado López exhorta a los países de la región a definir líneas claras y revisar cada letra de los acuerdos de cooperación que puedan darse con China en materia aeroespacial por las complicaciones que enmarcan. 

“La colaboración con China es complicada, porque esa línea divisoria entre las entidades civiles y militares es muy tenue. Y eso es una cuestión de política de Estado”, apuntó. 

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La experta aconseja que los países latinoamericanos se cuiden a la hora de negociar acuerdos con China “porque, aunque puedan tener, a primera vista, una índole civil o científica y aunque puedan lograr muchas metas importantes, por otro lado, pueden subyacer riesgos que luego no son deseados”. 

Influencia aeroespacial china en Argentina 

La participación china es notoria en sitios de prueba suborbitales en Argentina como la de Punto Indio, en el Centro Espacial Manuel Belgrano, que está enlazada al soporte tecnológico de la potencia asiática. 

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La agencia china de noticias Xinhua ha destacado que el crecimiento de la empresa de desarrollo tecnológico de alto valor agregado Veng (Vehículo Espacial Nueva Generación), que opera en conjunto con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de Argentina (CONAE), confían en China para apuntalar su crecimiento internacional. 

Ese centro da mantenimiento a otras plataformas del país austral con el apoyo de China. 

Otro ejemplo señalado en Argentina es la Estación Espacio Lejano, ubicada en Neuquén, cuya construcción surgió bajo un acuerdo de cooperación entre China y la instancia argentina gestora del sector espacial.

Para Delgado López, el problema de fondo radica en que la tecnología de lanzamiento de satélites es la misma que se usa en los misiles, por lo cual esta ha sido un punto de preocupación “desde que se lanzó el primer satélite”. 

De ahí el interés inicial de mantener este sector bajo control. Sin embargo, en la actualidad, grandes operadores civiles han tomado posesión en este rubro reorientado además a las telecomunicaciones y servicios de datos en el espacio. 

“Siempre ha sido una tecnología que se ha tratado de controlar y cuya proliferación se ha intentado manejar para reducir esos riesgos, pero la realidad que estamos viviendo hoy es que la tecnología está disponible globalmente. Las estaciones en tierra son uno de esos ejemplos en los que se pueden dar oportunidades que van a tener beneficios y riesgos a la misma vez”, manifestó Delgado López. 

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Ante el panorama actual, la especialista considera que es importante no solo pensar en la tecnología y las ventajas que puede conllevar subirse a la era espacial, sino también en con qué actores se juega. 

“Podemos usar un satélite de observación terrestre para fines científicos, como estudiar el cambio climático, o para inteligencia con fines militares. Así que es muy importante considerar quién está participando en esta actividad”, afirmó.

De ratones y monos capuchinos 

Argentina fue pionero en la experimentación y el uso de las primeras tecnologías para buscar el espacio. Estuvo en la lista desde principios de la década de 1950. Unos diez años después ya contaba con la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), que durante tres décadas incursionó en el lanzamiento de cohetes sin llegar al espacio exterior.  

Los procesos de lanzamiento en manos de los militares fueron exitosos. Utilizaron catapultas preparadas con los técnicos de la Fuerza Aérea que impulsaban los cohetes en plataformas tipo rieles y los elevaron hasta los 70 y 90 kilómetros. 

Estuvieron a punto de tocar la conocida línea de Kármán, frontera de la atmósfera terrestre y el espacio exterior calculado en los 100 kilómetros de altitud sobre el nivel del mar. 

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Muy rápido, Argentina aspiraba a poner seres vivos en los lanzamientos y fue así como llegaron los huéspedes Silverio, un ratón que partió en un vuelo en 1967, y un mono capuchino bautizado como Juan, en 1969, aunque no salieron de la atmósfera. 

Para entonces, la Unión Soviética ya había puesto en el espacio al primer ser vivo, una perra llamada Laika que viajó sin retorno en el cohete Sputnik 2 en noviembre de 1957. 

Desde la década de 1990 y después de cierto descenso inicial, Argentina y otros países sudamericanos como Brasil se han reorientado en el sector, pero enfocados en desarrollo de capacidades tecnológicas más que en competencia aeroespacial a gran escala.  

Usos múltiples y riesgos asociados 

Para Laura Delgado López, las estaciones y toda la infraestructura de la tecnología aeroespacial son críticas por los múltiples usos que se les puede dar, desde aspectos inocuos como la investigación del clima hasta el espionaje y actividades militares directas, la preocupación más repetida en la actualidad. 

Algunas de estas estaciones, no todas, porque depende de las capacidades técnicas de cada estación específica, se pueden utilizar para fines de inteligencia, por ejemplo, para observar la trayectoria del satélite de un adversario, pero también podrían utilizarse para comando y control”, explicó. 

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La experta considera que cada vez es “más complicado cuando hablamos de territorios cuyo control corresponde a China y no al país anfitrión, como Argentina en este caso”. 

En relación al acuerdo y montaje de la estación de Neuquén, Argentina tiene pocos márgenes de maniobra para controlarla y tienen pocas posibilidades de involucrarse en su funcionamiento, explicó.

“Definitivamente, situaciones extremas como esas hay que evitarlas para reducir el riesgo de que, si Argentina no se involucra necesariamente en un conflicto con Estados Unidos, pero China y Estados Unidos llegan a ese punto, China pueda aprovechar esa ventaja para avanzar sus propios intereses en el conflicto”, advirtió. 

Bajo estos escenarios hipotéticos, expertos como Delgado López abren el debate ante tomadores de decisión sobre las implicaciones de la carrera espacial, las tecnologías emergentes y la proliferación de un sector considerado inicialmente para uso restrictivo de gobiernos.