Músicos disidentes superan en el exilio la censura del régimen de Nicaragua 

Músicos disidentes superan en el exilio la censura del régimen de Nicaragua

La escena musical independiente de Managua quedó anulada por el régimen, que en 2022 decidió atacar también al remanente de artistas independientes. Desde el exilio, la mayoría sigue cantando con libertad, cargando en sus notas la nostalgia por la tierra perdida. 


Luis E. Duarte / Expediente Público

Para el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, un cantante puede ser terrorista. 

Así lo demostró en 2022, cuando arrestaron bajo la figura de incitación al odio y terrorismo a Josué Monroy, Salvador Espinoza, Xochitl Tapia y Leonardo Canales, músicos y productores del remanente de artistas que quedaron tras las protestas de 2018.

El número de artistas que huyeron de Nicaragua o decidieron no volver por temor fundado a la represión es impreciso, pero solo en 2022 más de 50 músicos, productores y promotores salieron por redadas, confiscaciones, persecución judicial, amenazas y acoso.

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El detonante: un concierto a puertas cerradas y entre amigos, en conmemoración de las manifestaciones de 2018. 

Canales recuerda cuando lo arrestaron y lo llevaron a la cárcel de investigación policial conocida como El Chipote. 

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“Uno de los policías dentro de las instalaciones me dijo básicamente que tenía que pedir autorización para estar haciendo este tipo de actividades culturales. Porque claro, ellos quieren centralizar todo y monopolizar incluso la cultura”, sostuvo. 

“Todo lo que se moviera al margen de eso (el control policial) ya era considerado una especie de delito. Pero ¿cuál? No lograron encontrarme nada y por eso yo creo que se me suelta incluso antes que al resto de compañeros que estuvieron conmigo”, precisó Canales.

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Cancelación cultural en Nicaragua 

Aunque en Managua sobreviven algunos sitios para conciertos y ocurren espectáculos musicales, estos están bajo control estatal. 

Desde octubre de 2018, la Policía Nacional de Nicaragua decretó de forma obligatoria que toda movilización, reunión o actividad pública —política, social, cultural, deportiva, de entretenimiento o religiosa en espacios públicos— debe contar con una autorización previa expresa. 

El ambiente nocturno de la capital lo ocupa el folclor y la música comercial. Los actos públicos politizados mantienen el repertorio de canciones de los Mejía Godoy, hermanos autoexiliados, así como nuevas canciones que rinden homenaje a los dictadores.

Canales, guitarrista y compositor, producía en Arboleda Records. Entre 2021 y 2022 coorganizó La Antesala, grabaciones de sesiones acústicas por las que pasaron unos 30 proyectos. 

“Me allanaron el estudio. Me robaron los equipos y me apresaron junto con otros dos productores y un compositor cantautor. Al ser costarricense, me deportan para acá. El 14 de abril (2022), ellos me ponen en una patrulla en la frontera de Peñas Blancas”, dijo Canales a Expediente Público. 

Ludwing Gómez pertenece a esa misma camada de músicos que huyó en 2022. Después de saber de los arrestos y redadas, logró escapar por el río San Juan, zona que conoce perfectamente porque ahí nació y creció antes de llegar a estudiar a Managua. 

“Nos buscaban por lavado de dinero y por terrorismo”, reitera el joven músico reexiliado en España. 

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Además: ¿Cómo se reconstruye la oposición de Nicaragua en el exilio? 

Rehacer la vida con una guitarra 

El primer grupo de músicos exiliados salió entre 2018 y 2019. Entre ellos figuraban nombres clave de la canción nicaragüense, como los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, ahora de 83 y 81 años, respectivamente. 

A Carlos Mejía le cuesta hablar del exilio. Aunque salió del país en una gira sin retorno desde agosto de 2018 y estuvo un año en Costa Rica, la pandemia de la COVID-19 lo encontró en Estados Unidos, donde actualmente reside. 

El músico prefiere hablar de sus pinturas y de sus proyectos musicales. Igual, dice tener contacto con sus antiguos compañeros de canto que quedaron en Nicaragua y sobreviven como pueden. 

En febrero de 2021, la Asamblea Nacional, dominada por el régimen, sancionó una ley que declaró como “Patrimonio Cultural Inmaterial” obras y canciones icónicas del canto testimonial, entre ellas piezas de los Mejía Godoy. En 2023, los “premiaron” quitándoles la nacionalidad.

Luis Enrique Mejía también salió en 2018, en una gira que se prolongó tanto que no tuvo más remedio que volver a Costa Rica, donde había vivido en su juventud. 

En Nicaragua quedó todavía gran parte de la familia Mejía: hijos y nietos. Por eso, como la mayoría de los exiliados, tocar los temas políticos en medios de comunicación es difícil por posibles represalias contra los que dejaron. 

“En Nicaragua, una de las situaciones más dolorosas y complicadas es la desmembración de la familia: ver cómo unos tienen que quedarse y otros tienen que irse. Esto ha sido así desde siempre; como decía Pablo Antonio Cuadra, es el eterno éxodo de los nicaragüenses”, continuó. 

“No es lo mismo haber venido en mi primer exilio a los 22 años que venir en mi segundo exilio. Ya tenía 75 años; ahora tengo 81. Costa Rica es otro país, ha cambiado mucho”, dice el cantautor y escritor nicaragüense. 

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La situación no es comparable con la de un emigrante que sale en busca de mejores oportunidades, trabajo o estudios: “Verse obligado a salir sin ser formalmente un perseguido, sino por el temor de ir a la cárcel, la imposición del silencio o la imposibilidad de actuar según te dicta la conciencia… Yo no quería vivir en Nicaragua ‘con permiso’, y por eso decidí mi autoexilio”, afirma el cantautor. 

El canto de los exiliados 

En Costa Rica, tres bandas nicaragüenses fueron nominadas a premios de la Asociación de Compositores y Autores Musicales (ACAM): la banda Garcín, Gabriel Beteta y Kerstin Miranda. Canales produjo los tres sencillos, pero también el del ganador costarricense al mejor disco del año de Sonidero Barrio Fátima. 

Los músicos exiliados formaron en Costa Rica el Colectivo de Productores Audiovisuales y Artistas Latinoamericanos (Copal), que tiene un álbum llamado Monarca: Memoria sonora del exilio, con 12 composiciones de 12 cantautores nicaragüenses exiliados, grabadas por más de 35 músicos de distintas nacionalidades. 

Conciertos y el documental De Norte a Sur cuentan la historia de la mayoría de los artistas que se exiliaron en 2022. 

Gómez llegó a España en noviembre de 2025 con un programa de reasentamiento. Sigue componiendo, haciendo conciertos, integrando proyectos culturales e imparte conversatorios sobre memoria histórica y música latinoamericana en Europa. 

“En la lucha social cada uno aporta como puede; yo trato de hacerlo a través de la música, con un mensaje real y genuino desde la perspectiva de alguien que salió de San Carlos, Río San Juan, vivió en la capital y eventualmente tuvo que exiliarse”, indicó a Expediente Público

Actualmente está terminando de grabar su segundo disco de estudio, que inició en “varios rincones de Centroamérica”. 

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¿Volverían? 

Gómez dice que volver a Nicaragua no es algo que tenga en mente. “Salí pensando en que no sé cuándo voy a volver. Y si en algún momento se da la oportunidad, me gustaría compartir mi música”, advierte. 

“Si llegase a volver a tener una Nicaragua en la que uno pueda sentirse tranquilo, creo que me gustaría compartir eso como artista y como persona”, agrega.

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Por su parte, Canales asegura que le es necesario desapegarse para rehacer su vida. “Ya vivo con mi familia y los más pequeños se van acostumbrando al vecindario y a las nuevas dinámicas”. 

“A mí me costó mucho irme de niño, y esa experiencia pesa al considerar regresar; aunque me gustaría volver a entrar para ver a amigos y familia, no lo contemplo como un proyecto de vida”, sostiene. 

Cuando llegan los días de nostalgia, particularmente en abril, aprende a lidiar con el duelo migratorio y pone el foco en otras cosas. 

“Por suerte, sigo dedicándome a la música, lo cual es una bendición enorme, intentando mantener los pies sobre la tierra con un mensaje claro y positivo. Se puede sentir libertad incluso estando fuera del país”, indica Canales. 

Luis Enrique Mejía asegura que “toda persona que no siente libertad de expresarse opta por salir para encontrar un espacio donde manifestar lo que piensa y siente, como es mi caso”. 

El cantautor y poeta piensa más en la gente joven que quiere volver. “Nosotros, los que ya pasamos de los 60 o 70 años, hemos vivido bastante. He aprendido mucho y aún me queda por aprender, pero el regreso no me desespera”. 

En Costa Rica se siente bien porque “mi patria es la felicidad; mi patria es mi oficio, la música, la poesía y el arte”. 

Sin embargo, Mejía Godoy advierte que miles de jóvenes salieron en una situación sumamente difícil y dramática —además de los que murieron, a quienes les cortaron las alas y les truncaron los sueños—; muchos tuvieron que huir por veredas. 

“Ellos tienen todo el derecho y la razón de plantearse su regreso en cuanto sea posible”, concluye.