Presiones de EE. UU. fracturan el eje Venezuela-Irán 

Presiones de EE. UU. fracturan el eje Venezuela-Irán 

* La gobernante interina Delcy Rodríguez ha debilitado el nexo con Teherán, tras recibir al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en enero.  

* Este giro descarriló la política exterior trazada desde el gobierno de Hugo Chávez y cimentada a través de 295 convenios bilaterales. 

* A pesar de la fractura, una ruptura completa e inmediata de las relaciones entre ambas naciones es poco probable, coinciden analistas. 


Expediente Público / Caracas 

En uno de los pasillos del automercado caraqueño Megasis colocaron una advertencia: “El uso de cámaras fotográficas en este local está prohibido”. Con esta medida, ningún cliente puede registrar la escasez de mercancía en la famosa cadena de tiendas iraní. 

Desde enero, cuando Nicolás Maduro fue extraído de Venezuela junto con su esposa, Cilia Flores, en una operación militar estadounidense, cesaron las importaciones del país persa con las que Megasis llenaba sus anaqueles. Una empleada del lugar confió a Expediente Público que solo están trabajando con los inventarios acumulados hasta finales de 2025. 

En consecuencia, han tenido que reducir el número de estantes y pasillos, así como la variedad de productos. Aun así, ya no pueden llenarlos. 

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Esta sucursal, la única en Venezuela, abrió sus puertas en junio de 2020, cuando el país se encontraba paralizado por la pandemia de COVID-19. Se ubica en un galpón de 20 mil metros cuadrados, en el extremo este de Caracas.  

El supermercado se convirtió en una vitrina de la capacidad industrial de la república islámica, quizá la más visible para el venezolano común. A partir de su inauguración, ofrecían desde tractores para el agro y la construcción hasta una amplia variedad de productos de limpieza doméstica e industrial, alimentos y especias a precios que no tenían competencia en el país.  

Por ejemplo, una lata de 800 gramos de pasta de tomate podía comprarse en 2.2 dólares, menos de la mitad que el producido localmente. 

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Presiones de EE. UU. fracturan el eje Venezuela-Irán
 

En junio de 2023, el presidente iraní Ebrahim Raisi recorrió este comercio en su última visita a Caracas. Una investigación del diario El País de España reveló que esta cadena, con más de 700 tiendas en Irán, es operada a través del Ministerio de Defensa de ese país. 

Poco antes de la llegada del dignatario, el gerente de la sucursal caraqueña, Abbas Ghafari, había asegurado públicamente que la cadena abriría nuevos locales en la capital venezolana. “Habrá Megasis para rato”, tituló entonces uno de los medios de propaganda oficialista. 

Pero este anuncio no se concretó. Tres años después, Megasis opera con apenas dos cajeros. El personal de seguridad y vigilancia fue despedido, así como la mayoría de los empleados que se encargan de trasladar los productos desde los almacenes hasta los estantes.  

Una supervisora de las cajeras hace directamente la verificación de las mercancías compradas por los clientes, como una forma de prevenir los hurtos. 

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Lo que sucede con Megasis es un indicador del estado de las relaciones entre Venezuela e Irán.  

La realidad política de ambos países ha cambiado drásticamente este año, debido a la influencia estadounidense. Ahora, según el presidente del Colegio de Internacionalistas de Venezuela, Juan Francisco Contreras, esta relación se encuentra “congelada”. 

“Ya no hay intercambio comercial ni militar ni de ningún otro tipo entre ambos países”, afirmó a Expediente Público

Hugo Chávez, gestor de una relación militante 

El vínculo entre ambas naciones se gestó hace 75 años, cuando emergían como potencias petroleras, y se consolidó durante su participación conjunta en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).  

Esta relación adquirió un sesgo militante a partir del gobierno de Chávez. La internacionalista venezolana María Teresa Romero explicó a Expediente Público que ese matiz generó cierta dependencia de Venezuela hacia lo que los iraníes pudiesen aportar para paliar la crisis humanitaria que estalló en 2015 y, además, alejó al país suramericano del mundo árabe. 

Con Maduro en el poder, los lazos con Irán siguieron estrechándose. En junio de 2022, el dictador venezolano visitó Teherán y firmó con su homólogo, Raisi, un convenio bilateral de cooperación con vigencia hasta 2042. 

En noviembre de 2024, el canciller venezolano Yván Gil afirmó que estas naciones habían entablado 294 acuerdos o convenios desde la presidencia de Chávez. Y en diciembre del año siguiente, se suscribió el último del que se tenga información, relacionado con la cooperación científica en el sector salud. 

Gil dio la descomunal cifra en un evento celebrado en el Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), con motivo de la firma de 70 acuerdos con Irán, pues el régimen chavista acostumbraba a suscribir decenas de compromisos con sus aliados en un solo acto. En ese momento, el presidente del CIIP era Álex Saab, un empresario de origen colombiano al que Maduro encargó coordinar las relaciones entre Venezuela e Irán. 

Álex Saab, el eslabón 

Saab se convirtió en el centro de una controversia internacional en junio de 2020, cuando fue detenido en Cabo Verde a petición de las autoridades estadounidenses, al hacer una escala en un vuelo fletado desde Caracas hacia la capital iraní. En su maletín, el empresario tenía una carta que lo acreditaba como “enviado” de Miraflores a Teherán, con amplios poderes. 

Saab fue extraditado a EE. UU. y enjuiciado por lavado de dinero y corrupción en el extranjero. El proceso se paralizó sin que existiera una condena en diciembre de 2023, pues el gobierno del demócrata Joseph Biden lo indultó como parte de un intercambio de presos con la dictadura madurista. A su regreso a Venezuela, Maduro lo designó ministro de Industrias y presidente del CIIP. 

La caída de Saab es otro indicador del curso de las relaciones entre Venezuela e Irán.  

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En febrero, la presidenta encargada Delcy Rodríguez —la misma que había firmado una de las misivas incautadas al empresario en 2020— lo destituyó de su ministerio y lo sometió a un proceso administrativo migratorio que desembocó en su deportación a EE. UU. el 17 de mayo, país que lo solicita para enjuiciarlo nuevamente por lavado de dinero.  

Esta decisión fue tomada por la gobernante luego de recibir la visita del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) John Ratcliffe. 

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Delcy Rodríguez y el giro de la política exterior 

Entre la destitución de Saab y su expulsión del país ocurrieron tres hechos clave que marcaron el giro de la política exterior venezolana. 

Cuando EE. UU. e Israel emprendieron la campaña militar contra Irán a finales de febrero, el despacho venezolano de Relaciones Exteriores emitió un comunicado para manifestar su “rechazo”. Sin embargo, el texto fue súbitamente retirado de las plataformas de propaganda oficialista y reemplazado por otro escrito en términos moderados. 

Según Contreras, este hecho pone en evidencia que, a pesar de la aparente afinidad del interinato venezolano con Washington, en el Gobierno “sigue habiendo quienes creen en el discurso antiimperialista”. 

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“No ha habido tiempo ni interés en cambiar ese discurso, que reivindica la multipolaridad, el Tercer Mundo, etc (…) Ese comunicado salió de una parte de la Cancillería que no ha sido tocada luego del 3 de enero. Y por eso tuvo que ser cambiado después”, explicó el internacionalista. 

El segundo hecho fue la destitución del mayor general de Aviación Ramón Velásquez Araguayán, quien presidía Conviasa, la aerolínea estatal que mantenía una ruta de vuelos a Teherán.  

Esta fue sancionada por el Departamento del Tesoro en 2020 y la medida continúa vigente.  

Durante la gestión de Velásquez, además, se creó una subsidiaria (Emtrasur) cuya única aeronave era un Boeing 747, negociado con Mahan Air, una empresa señalada de ser controlada por la Guardia Revolucionaria Iraní. Este jet fue decomisado durante una escala en Argentina, en febrero de 2024, y entregado a EE. UU. 

El tercer hecho fue la extradición a Panamá de Ali Zaki Hage Jalil, quien era solicitado por el atentado contra un avión comercial en Panamá, que explotó en julio de 1994 dejando 21 muertos, entre ellos, 12 judíos. Este acto fue reivindicado por la organización Hezbollah, patrocinada por Irán.  

La medida contra Hage Halil, de 56 años, fue acordada mediante sentencia de la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia —una instancia dominada por el oficialismo — en abril. De inmediato, el interinato lo entregó a autoridades panameñas. 

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La Interpol ya había ubicado a este sujeto un año antes en el exclusivo sector de La Caranta, en la isla de Margarita, según consta en las actas de ese cuerpo policial citadas en la sentencia judicial que aprobó la extradición. 

Esta información reactivó los señalamientos de que presuntos integrantes del grupo terrorista hacen vida en el emporio turístico venezolano. La captura Hage Halil se había atrasado a pesar de que laboraba de manera abierta en un restaurant de playa, llamado El Cristo. 

¿Es posible una ruptura entre Venezuela e Irán? 

El eje que construyó Chávez con la república islámica y Caracas se encuentra fracturado —afirma la analista María Teresa Romero—, no solo por la influencia del gobierno de Donald Trump sobre los actuales gobernantes venezolanos, sino también por el impacto del conflicto bélico en Irán. 

“Con esta guerra, todo lo que surgía de Irán está paralizado. Todos los indicios apuntan a una fractura en el eje con Caracas y en el futuro próximo Irán no será capaz de cumplir con sus compromisos internacionales. Por eso, la fractura se profundizará”, afirmó a Expediente Público. 

Ahora, a pesar de que el eje Venezuela-Irán está debilitado, una ruptura de relaciones diplomáticas es improbable durante el “rodrigato” —como se conoce a la administración de Delcy Rodríguez—, de acuerdo con la experta en relaciones internacionales Elsa Cardozo. 

Ella explicó a Expediente Público que, para la gobernante encargada, “es difícil desentenderse” del entramado de relaciones internacionales que ella misma contribuyó a crear. 

Rodríguez fue canciller de Maduro entre 2014 y 2017. En esta función visitó Teherán. Posteriormente, desde la vicepresidencia ejecutiva y vicepresidencia de Economía y Petróleo mantuvo fluidas relaciones con los países aliados del chavismo. 

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Cardozo señaló que a Rodríguez le quedan tres aliados suramericanos que no estarían de acuerdo con una ruptura de relaciones con Irán: el México de Claudia Sheimbaun, la Colombia de Gustavo Petro y el Brasil de Luis Inácio da Silva. 

“Veo una disposición de aprovechar este momento y deshacerse de ciertas conexiones, pero no sabemos sobre las deudas y arreglos que podrían existir. Además, entre los progres no se ve bien abandonar a Irán”, advirtió. 

Romero coincide con este análisis. Para ella, el cese del vínculo diplomático con Irán sería una de las primeras decisiones a tomar después de una elección presidencial. 

Si la ruptura llega a concretarse, cobraría vigencia la advertencia que lanzó el secretario de Estado, Marco Rubio, en enero en una entrevista televisada: “Venezuela no puede seguir aliándose con Hezbollah e Irán en nuestro propio hemisferio”