* Expediente Público entrevistó a tres expertos en seguridad y asuntos estratégicos — Ricardo Ferrer, Leland Lazarus y Mario Montoto— para analizar la influencia de China, Rusia e Irán en América Latina.
* Advierten que la región necesita marcos de seguridad, cooperación internacional, vigilancia tecnológica e inteligencia sostenida para responder a las amenazas.
* China ha consolidado su presencia en la región para el largo plazo apuntando a sectores como puertos, redes de telecomunicación, infraestructura espacial, recursos naturales y comercio.
Tomás Guevara y Natalia López / Expediente Público / Washington
América Latina enfrenta una batalla silenciosa que se libra en su interior por la competencia de China, Rusia e Irán. Su influencia abarca amplios y dispares sectores estratégicos: puertos, redes de telecomunicaciones, infraestructura espacial, recursos naturales y comercio.
Para analizar los alcances y los riesgos de la influencia de esos países autócratas, Expediente Público entrevistó a Ricardo Ferrer y Leland Lazarus, expertos en seguridad, y a Mario Montoto, especialista en asuntos estratégicos globales, quienes participaron en la undécima Conferencia de Seguridad Hemisférica, celebrada en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
Advierten que China, Rusia e Irán aprovechan las vulnerabilidades económicas, institucionales y tecnológicas de los países latinoamericanos para ampliar su influencia sin despertar sospechas en el interior de estas naciones.
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En el tablero regional hay participaciones en proyectos portuarios mientras los países latinoamericanos batallan por atraer inversión externa. También se observa desarrollo de infraestructura en telecomunicaciones cuando la región busca subirse al tren de la era digital a toda marcha.
Si a esto se suma la disputa por el espectro radioeléctrico y por los recursos naturales de litio, cobre, hierro y tierras raras, la competencia cobra mayor impulso.
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Para Leland Lazarus, fundador y CEO de Lazarus Consulting, América Latina tiene que adecuarse al contexto geopolítico complejo que la obliga a buscar un delicado equilibrio entre cumplir con las prioridades de Estados Unidos —su socio y vecino en el hemisferio occidental— y afianzar sus propias alianzas económicas, por ejemplo, con China.
“Los países cada vez más tienen que tomar una decisión de relacionarse con los Estados Unidos en el marco de lo que es seguridad, pero también mantener los enlaces económicos con China”, apuntó el experto.
Para mantener estas alianzas económicas, los países se ven orillados a hacer un trabajo minucioso en el que deberían “poner los requisitos, o las salvaguardas para proteger también su soberanía y su seguridad nacional”, agregó.
Argumentó que China y su aparato político ha enviado mensajes claros de que se tiene presencia en América Latina y no planea retirarse.

Esto sucede mientras la administración del presidente Donald Trump pone mayor presión sobre los países latinoamericanos en aras de que “no cedan su soberanía a empresas chinas”, añadió Lazarus.
Las debilidades de América Latina
China, Rusia e Irán no actúan de la misma manera ni persiguen los mismos objetivos en el continente americano, aunque para sus operaciones aprovechan las flaquezas de los países del hemisferio occidental.
La debilidad institucional, los vacíos en el ámbito de la seguridad, las necesidades económicas y la falta de coordinación regional, más la creciente retórica estadounidense, son resquicios que les permiten entrar con cierta facilidad, señalan los expertos entrevistados.
Ricardo Ferrer, experto argentino en seguridad estratégica e interferencias autoritarias, sostiene que los peligros fluyen por varios frentes y no deberían entenderse como amenazas puntuales o episódicas.
“Son amenazas de largo aliento (…) Ellos tienen tiempo y una inteligencia muy profesional, no solamente en términos formales, militares e institucionales, sino también por medio de hubs descentralizados con libre actuación y autonomía, hasta organizaciones que actúan por simpatía. Hablábamos de Hezbolá, pero también tenemos que hablar de la Yihad Islámica o de Hamás”, afirmó.
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La huella de Hezbolá en Argentina
Ferrer es un conocedor de cómo operan las redes iraníes en el continente americano, sobre todo en Argentina. Señala que su influencia abarca la diplomacia, la inteligencia, el trabajo con organizaciones aliadas, las comunidades árabes instaladas e incluso las redes criminales sin vínculos ideológicos.
El experto pone como ejemplos los atentados a la Embajada de Israel en Buenos Aires, el 17 de marzo de 1992, y el ataque contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el 18 de julio de 1994. Ambos atentados dejaron más de un centenar de muertos y cientos de heridos.
La justicia argentina determinó que redes iraníes operaron en los complots. En 2024, la Sala II del máximo tribunal de Argentina sentenció que el atentado contra la AMIA constituyó un crimen de lesa humanidad y culpó a la República Islámica de Irán, que, según la resolución judicial, coordinó con Hezbolá .
Esas redes, según Ferrer, siguen activas, operan en distintos niveles y pueden entrecruzarse en operaciones del crimen organizado y hasta de la delincuencia común para encubrir el logro de sus objetivos.

Mario Montoto, presidente de la Fundación TAEDA, afirmó que esos atentados en Argentina dejaron ver las capacidades y alcances de agrupaciones como Hezbolá, declarada como organización terrorista financiada por Irán.
Montoto sostiene que la región debería estar trabajando planes conjuntos para hacer frente a las amenazas que presentan China, Rusia e Irán en todo el continente.
La narrativa anti-Estados Unidos
Ricardo Ferrer considera que América Latina tiene muchas semejanzas con el Medio Oriente, sobre todo por ser proveedores de insumos para mantener la combustión y “el equilibrio del capitalismo” a través de su producción de petróleo, de minerales y, ahora, de tierras raras.
“América Latina comparte un montón de patrones, pero también conexiones y vinculaciones entre organizaciones criminales, narrativas políticas sobre las que se yuxtaponen y siempre tienen una visión que coincide con el antinorteamericanismo de más o menos 60 años”, afirmó Ferrer.
Las narrativas contra Estados Unidos, según este experto, se han exacerbado en la región por las directrices de Trump en su Estrategia de Seguridad Nacional, presentada en noviembre de 2025, en la que reclama exclusividad sobre América Latina.
En el apartado sobre el hemisferio occidental, la Casa Blanca plasmó que actuará sin miramientos para mantener su hegemonía y control al considerar que el subcontinente es parte de su área de defensa.
El documento dice: “Tras años de desatención, Estados Unidos reafirmará y hará valer la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, así como para proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas clave de toda la región”.
Además, Washington augura: “Impediremos que competidores ajenos al hemisferio desplieguen fuerzas o capacidades que supongan una amenaza, o que posean o controlen activos de importancia estratégica en nuestro hemisferio”.

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Sin embargo, Lazarus considera que China y el Partido Comunista Chino han dejado claro que su permanencia en América Latina será a largo plazo, pese a la presión que hace el gobierno de EE. UU. sobre los países para no ceder espacio a empresas del gigante asiático.
Ante las reticencias, Lazarus dice que los países latinoamericanos “tienen que enfrentar el hecho de que la influencia económica china está aquí para quedarse y está arraigada en el desarrollo de toda la región”.
Las lecciones a Panamá
La presión de la administración Trump, desde el inicio de su segundo mandato, contra Panamá para reducir la influencia de China ha dado resultados a la potencia norteamericana, pero a la vez ha desatado costos contra Panamá.
Al estar en el centro de un conflicto geopolítico, el país centroamericano siente el impacto de las represalias, por lo cual se ve obligado a operar en un equilibrio logístico y diplomático para mantenerse a flote.
Ambrey Analytics, empresa británica de seguridad marítima, destacó en mayo reciente que China ha ampliado la detención de barcos con bandera panameña en sus puertos para controles, una práctica que se ha ido recrudeciendo desde inicios de este año.
«Desde el 8 de marzo de 2026, y aún hoy, China ha detenido buques mercantes con bandera panameña a un ritmo sin precedentes, justificándolo como controles del Estado en el puerto», explica el reporte de Ambrey Analytics.
Los registros indican que en marzo se detuvieron 96 embarcaciones con bandera panameña y en abril, 136. Según Ambrey Analytics, el 74 % de esos chequeos se dieron en el mar de China y los procesos pueden retrasar los envíos de mercancías por varios días.
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Esta sería una de las presiones de China sobre el país centroamericano por haberle cerrado espacio a sus compañías en las salidas y entradas del Canal de Panamá, con el retiro de las adjudicaciones para operar los puertos de Balboa, en el Pacífico, y de Cristóbal, en el Atlántico.
“La situación se sitúa ahora en el centro de una disputa más amplia entre Estados Unidos y China en torno al acceso al canal y la propiedad de las instalaciones portuarias”, sostiene Ambrey Analytics.
Ese cambio es un castigo directo que trastoca todas las cadenas desde cargueros, armadores, fletadores y aseguradoras, además de no haber certidumbre sobre los tiempos para que los envíos lleguen a destino, pues con ello ha cambiado todo el esquema.
Se pasó de “un régimen de cumplimiento rutinario a una fuente de riesgo operativo agudo y específico para los buques que enarbolan dicha bandera”, reza el informe. A menor escala, otros países como Argentina o Costa Rica también han recibido represalias por parte de China.
Panamá cuenta con el registro de buques más grande del mundo, pues permite utilizar su bandera a barcos de distintos países, mediante un sistema de registro abierto internacionalmente conocido como “bandera de conveniencia”.
América Latina, en busca de una respuesta regional
Los tres investigadores entrevistados por Expediente Público coincidieron en que la respuesta regional para contrarrestar esos niveles de penetración pasa por la inteligencia, cooperación y marcos de seguridad compartidos entre las naciones latinoamericanas.
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Lazarus, Ferrer y Montoto creen que la región necesita desarrollar niveles de inteligencia profesional, pero también ampliar la cooperación internacional para tener infraestructura de vigilancia, capacidades tecnológicas propias y marcos jurídicos que protejan sectores estratégicos sin caer en parálisis económica.
Ferrer advierte que América Latina, junto con Europa, debería mantener una “alerta sostenida con monitoreo permanente” y fortalecer la cooperación con Estados Unidos, Israel y países aliados de Medio Oriente frente al terrorismo.
Y Montoto dice que, antes de hacer planes de combate, se deben detectar y conocer al detalle los niveles de amenazas.
Alerta que, si no se cuenta con información compartida, mapas actualizados y diagnósticos regionales, así como acciones y decisiones políticas conjuntas, el hemisferio occidental continuará enfrentando amenazas transnacionales con herramientas nacionales fragmentadas.
Lazarus enfatiza que la región debe aprender a equilibrar sus relaciones económicas con China sin ceder espacio en su soberanía, pues no se trata únicamente de elegir entre Washington y Pekín, sino de definir sobre el terreno qué sectores son críticos, qué condiciones deben exigirse y qué aspectos son innegociables.