América Latina tiene los mayores yacimientos del “oro blanco” del mundo, pero está lejos de generar valor agregado. Del otro lado, China domina la fabricación de baterías y busca explotar el mineral en Latinoamérica, mientras que Estados Unidos, Europa, Asia y África desarrollan capacidades propias y compiten por atraer inversiones, tecnología y mercados. ¿Qué le espera a la región?
Tomás Guevara / Washington D. C.
La proliferación de dispositivos que funcionan con baterías de alta gama, como los carros eléctricos, pone al litio en una posición privilegiada de interés global. Esto ha puesto a Latinoamérica en la mira por sus ricos yacimientos de este mineral crítico para la transición energética. Con ello, la región enfrenta oportunidades, pero también presiones.
La demanda de litio pasó de una modesta producción de 120,000 toneladas hace 15 años a unas 1.3 millones de toneladas en la actualidad. Y se proyecta que en 2040 crezca hasta cinco veces, según la International Lithium Association (ILiA).
Argentina, Chile y Bolivia, que conforman el llamado Triángulo del Litio por sus vastos yacimientos, jugarán un papel clave.
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Las oportunidades para América Latina
Jorge Mora, director de operaciones de ILiA, explicó a Expediente Público que el litio no es la única materia clave en esta transición energética.
Argumentó que el litio ocupa solo un pequeño porcentaje de los materiales necesarios para la fabricación de baterías. Por esta razón, esta bonanza se puede extender a otros países de la región.
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“El litio es solo una de las materias primas utilizadas en las baterías de litio y representa una proporción relativamente pequeña de la masa total de la batería. La fabricación de baterías también requiere otros minerales críticos, como níquel, cobalto, manganeso y grafito, además de capacidades avanzadas de manufactura, mano de obra calificada, energía confiable, infraestructura y acceso a los principales mercados”, afirmó Mora.
Para él, el reto de Latinoamérica es desarrollar profesionales con habilidades técnicas para competir en este momento de oportunidad.
Este experto sostiene que la industria tiene claridad en que las oportunidades no solo dependen de poseer yacimientos, sino de cómo se logre un mayor valor agregado. “Una posición más adecuada dentro de la cadena de valor dependerá de las ventajas competitivas de cada país”, subrayó.
En la región, Bolivia posee las mayores reservas estimadas del mundo. En el Salar de Uyuni, cuenta con 10,580 kilómetros cuadrados de yacimientos. Le sigue Argentina con el Salar del Hombre Muerto y Chile con el Salar de Atacama.
Chile además es el único país de la región que ha desarrollado una Estrategia Nacional del Litio. Esta define los puntos clave como concesiones, manejo del recurso, inversiones, y responsabilidades y réditos para el Estado.
Fuera del Triángulo del Litio, Brasil también ha consolidado la producción del mineral. Posee una base industrial bien desarrollada que le permite aprovechar el momento.
La clave no está solo en la explotación
Un informe elaborado por Project Blue para la ILiA, bajo el título Litio 2040, estima que las baterías recargables, que en 2024 ya representaban el 89 % del consumo de litio, seguirán impulsando la demanda de este mineral crítico. Agrega que la producción se ampliará en la próxima década.
Bajo este panorama, Latinoamérica se vuelve clave y difícil de ignorar dada su posición geográfica y estratégica.
Sin embargo, la ventaja no se definirá por quién extrae el mineral —acentúa el informe— sino por el montaje de las plantas químicas de refinamiento, en la fabricación de otros componentes para completar la producción de baterías y en el desarrollo de sistemas de almacenaje de energía.
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Para Jorge Mora, el reto para Latinoamérica es materializar ese potencial con reformas y marcos regulatorios estables y predecibles. Además, la región debería concretar “procesos de permisos eficientes, inversión en infraestructura y una gestión ambiental responsable”, así como afianzar la relación con las comunidades impactadas por los proyectos extractivistas.
El interés de los inversionistas estadounidenses se está materializando en su propio país y en la región, afirmó Mora. “En Estados Unidos, importantes empresas del sector de petróleo y gas están invirtiendo cada vez más en proyectos de litio, aportando una gran capacidad técnica y financiera”, señaló.

Según Mora, “cada país ha adoptado un enfoque regulatorio y de política pública diferente” y, a partir de estas decisiones, se han desarrollado distintos niveles de inversión y capacidad industrial.
Las reformas que debe implementar América Latina
El más reciente informe del Banco Mundial sobre el Panorama Económico para América Latina y El Caribe, presentado en abril pasado en Washington D. C., pone atención al potencial del litio y otros minerales críticos.
El Banco Mundial lo ve como una oportunidad para superar el rezago de crecimiento endémico, el cual apenas sobrepasa el 2 % del Producto Interno Bruto (PIB) en la mayoría de los países.
El informe apunta que Latinoamérica cuenta con “el 50 % de las reservas mundiales de litio, un tercio del cobre, una matriz energética relativamente limpia y, en varios países, un impulso reformador que va ganando terreno”.
El organismo multilateral insta a impulsar estos activos de crecimiento para crear empleos de calidad en la región. Señala que esto “requerirá construir bases técnicas y empresariales para una competitividad sostenida”.
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En la presentación del informe, el jefe del Grupo Banco Mundial para América Latina y el Caribe, William Maloney, afirmó que, para diversificar las economías latinoamericanas a través del litio y otros minerales críticos, se necesita invertir en la base para crear habilidades, apertura e instituciones sólidas.
China gana ventaja
China no controla la producción mundial de litio. Chile, Argentina y Australia son los que van a la cabeza. Sin embargo, el aparato económico de la potencia asiática se ha asegurado de tener una posición dominante con inversiones en los proyectos de extracción.
Además, durante décadas, cocinó a fuego lento su propia plataforma para transformar el litio en tecnología y venderlo al resto del mundo. En la actualidad, esto desalienta a nuevos inversionistas a competir, pues conlleva altos costos y la industria ya está controlada por China, coincidieron expertos del sector convocados a un webinar sobre litio realizado por la Fundación Chilena del Pacífico.
Durante el evento titulado “Prospectos para el Litio de Chile: ¿Estamos preparados?”, los expertos coincidieron en que, por ahora, las capacidades de procesamiento de litio alcanzadas por China son difíciles de superar y que el reto para los países sudamericanos será sumar en otros factores de la cadena de valor, por ejemplo, la fabricación de componentes para baterías y el desarrollo de almacenamiento de energía.
Datos del sector, compilados en los informes de la ILiA, estiman que China produce un 85 % de todas las baterías de litio a nivel mundial y el 98 % de las baterías de alta gama como las utilizadas para vehículos eléctricos.
Los expertos explicaron que esta acumulación se debe a varios factores, como el desarrollo de un mercado interno para su propia producción, la protección a sus empresas y el apoyo otorgado por la cúpula del Partido Comunista Chino (PCC).
Mora sostiene que China ha construido una posición muy sólida a partir de la “ventaja estratégica que reside en el procesamiento, la refinación, la producción de materiales catódicos y la fabricación de baterías”.
La diversificación como oportunidad
El experto sostiene que las oportunidades de Latinoamérica se amplían por la alta demanda y por la diversificación en las cadenas de suministro. Esto consiste en utilizar múltiples proveedores, rutas de transporte y de distribución, en vez de fabricar todo en un solo lugar y depender directamente de un punto específico de fabricación.
Esta tendencia va en aumento a medida que otras regiones invierten en nuevas capacidades para competir en la transición energética, explica Mora.
“Se espera que el litio siga siendo un material clave para los vehículos eléctricos y el almacenamiento de energía durante muchos años, aunque la innovación, el reciclaje y las nuevas tecnologías de baterías también influirán en su evolución a largo plazo”, enfatiza.
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La competencia por los minerales críticos ya corre a alta velocidad en los rieles de la industria. La posesión de yacimientos como el Triángulo del Litio no es garantía si se depende de instalaciones extranjeras para procesarlo y convertirlo en producto terminado.
Estados Unidos, Europa, India, Indonesia y otros países intentan reducir esa dependencia, según el informe Litio 2040. Estos países encaminan sus objetivos no solo a explorar y explotar yacimientos, sino también a refinar, establecer incentivos industriales, fabricar baterías y crear cadenas de suministro más seguras.
Aumento de impuestos a extractivistas
La competencia internacional ha abierto una ventana de oportunidad para la región. La Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) ve esta situación como punta de lanza para abrir espacios de diálogo y de entrenamiento para no dejar pasar dividendos.
En los próximos meses, la Mesa del Litio, instaurada por la CEPAL, seguirá impartiendo cursos especializados en las provincias de países como Argentina. El objetivo es agilizar la gobernanza, captar dividendos y establecer tasas sobre las compañías extractivistas.
Según la CEPAL, los regímenes fiscales deben “potenciar el aporte de la minería de litio al desarrollo sostenible de estas regiones”. De esta manera, Argentina, Chile, Bolivia y otros países con ricos yacimientos podrán garantizarse parte de la ganancia, señala el organismo.