régimen de Nicaragua oposición Daniel Ortega

Ante arremetida del régimen la oposición de Nicaragua no puede seguir dividida 

*Antonio Garrastazu, director para América Latina y el Caribe del Instituto Republicano Internacional (IRI), reconoce el trabajo organizativo de la diáspora nicaragüense por el restablecimiento de la democracia, pero el reto es identificar acciones conjuntas de mayor efecto. 

** Harold Rocha, especialista en derecho internacional público y privado en EE.UU., insiste en que es clave para enfrentar al régimen de Daniel Ortega la búsqueda de consensos, estrategias y organizarse como oposición política y la comunidad internacional. 


Expediente Público 

Tras cuatro años y medio de crisis sociopolítica, la ciudadanía, oposición y exiliados nicaragüenses se enfrentan al reto de mantener en la agenda global o al menos, en la agenda continental, la grave situación del país centroamericano.  

Luego del trabajo de incidencia que se hizo en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, (del 20 al 26 de septiembre), sigue la próxima semana la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Expediente Público entrevistó a Antonio Garrastazu, director para América Latina y el Caribe del Instituto Republicano Internacional (IRI) y a Harold Rocha, abogado de Estados Unidos de origen nicaragüense, especialista en derecho internacional público y privado. 

Los expertos señalan a los nicaragüenses que todas las vías apuntan a un diálogo con el régimen, aunque en este momento no esté dispuesto a hacerlo. Pero las vías de presión política y económica podrían funcionar como en otros casos. En ese momento, solo la organización sólida y estructuras consensuadas en la oposición pueden garantizar la democratización del país. 

¿Crisis de Nicaragua está estancada? 

A pesar de la presión internacional y las sanciones, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo no cede. Por el contrario, tiene un alto margen de impunidad y a medida que pasa el tiempo consolida sus alianzas con potencias autoritarias globales como Rusia y China, mientras se discute en Estados Unidos si se pueden ampliar las sanciones a lo económico, a través del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y la República Dominicana (DR-Cafta). 

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Garrastazu, representante regional de IRI consideró que “todos estos temas de la oposición, el diálogo y mediación, aún entre los mismos opositores que no tienen un mensaje común, es un proceso que toma tiempo”. 

Estados Unidos es un país que tiene atención en muchos temas globales, y la salida de Nicaragua del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana (DR-Cafta) en el marco de las sanciones, no es un tema de un día para otro.  

“Hay que revisar y ser cautelosos, toma mucho tiempo, la ley Renacer tomó tiempo para pasar. Lo bueno o malo de la democracia, es que tiene que haber mucho con diálogo, se tiene que consensuar, aquí no hay una dictadura donde Biden diga ‘vamos a hacer esto, así es la democracia’, es la política pública”. 

Nicaragua, ¿fuera del marco de prioridades globales? 

En su discurso en la ONU, el presidente de Estados Unidos no se refirió a la crisis de derechos humanos nicaragüenses, ni siquiera lo hicieron sus vecinos Guatemala, Honduras y El Salvador, pero Garrastazu señala que, a pesar de eso, el presidente Joe Biden tiene un equipo de asesores que están orientados en los temas regionales. 

Por otra parte, los presidentes de Guatemala y El Salvador, sobre todo, están usando el manual de Ortega y Vladimir Putin cerrando las organizaciones gubernamentales y criticando a los periodistas, porque están usando los mismos métodos que Daniel Ortega para silenciar a sus críticos. 

El representante regional de IRI vio positivas las intervenciones para proteger los derechos humanos que hizo el mandatario chileno Gabriel Boric, “es importante porque representa una nueva izquierda con valores y principios diferentes” de la izquierda tradicional, además, el presidente brasileño Jair Bolsonaro dio la bienvenida a los religiosos perseguidos en Nicaragua. 

Boric demandó al régimen liberar a los 195 presos políticos, a lo que Ortega respondió diciendo que en Chile continúa la tiranía de Pinochet e insultó al mandatario de “perrito faldero” de los Estados Unidos. 

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¿La diplomacia funciona? 

El embajador para libertad religiosa de Estados Unidos Rashad Hussain, habló con miembros del exilio e hizo un llamado importante en las actividades paralelas al 77 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, se dedicó más de una hora para estar con la sociedad civil, religiosos y periodistas nicaragüenses, afirmó Garrastazu. 

Rocha, por su parte, señaló que “no hay mejor diplomacia mejor en todo el mundo ni más eficaz o competente que la estadounidense, que a veces no se divulguen en los medios o se conozcan por otras vías lo que la diplomacia está haciendo, es precisamente porque la diplomacia se basa en gestiones bajo sigilo para poder ser eficaces y mantener líneas de comunicación”. 

“Cuando se divulgan las negociaciones entonces hay presiones políticas tanto para un lado como para el otro y entonces eso muchas veces pues entorpece el proceso. En el caso del Gobierno de los Estados Unidos, creo que muy pocos gobiernos se han ocupado de la crisis de Nicaragua como ellos, tanto la administración de Donald Trump como la actual administración Biden”, recalcó.

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¿Diálogo o sanciones? 

Garrastazu reconoce que Ley de Reforzamiento de la Adherencia de Nicaragua a las Condiciones para la Reforma Electoral (Renacer, por sus siglas en inglés), es un instrumento valioso, que marca la vigilancia por los abusos de derechos humanos, la presencia rusa y repensar el Cafta. 

Sin embargo, el Departamento de Estado apuesta por el diálogo y una solución política, pero Ortega apresó a los principales líderes opositores incluidos precandidatos presidenciales, así como a varios sacerdotes católicos críticos, por lo cual hay que presionar con el sector privado y el Cafta, manifestó a Expediente Público. 

Rocha indicó que “la estrategia no es de derrocar o de sustituir el Gobierno de otro país sino de ayudar a la oposición y a los ciudadanos de un cierto país a realizar sus metas siempre que sea dentro del programa les democráticos constitucionales”. 

“Que alguien menciona la palabra diálogo tiene una carga emocional impresionante en el contexto nicaragüense, por razones que entendemos bien, pero cuando se habla de diálogo a es una forma de hacer ver que no se contempla, porque la comunidad internacional no apoyaría nunca una salida que no sea consensuada, pacífica, democrática y constitucional bajo el imperio de la ley”, argumentó el jurista Rocha. 

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¿Comunidad internacional incapacitada?  

A pesar de la constante presencia de la crisis nicaragüense en foros internacionales de la ONU, OEA e incluso la Unión Europea, la presión política sobre el régimen tampoco logra cambios visibles. 

Garrastazu explicó que “estos foros mantienen lo que está pasando, hay que encontrar un líder, sea Luis Almagro (secretario general de la OEA), un presidente o expresidente de la región, sea quién sea, que tome esto como un reto y siga como portavoz de lo que está pasando”. 

“Estos temas hay que mantenerlos, no para cansar a la gente, tiene que estar con educación. Es un instrumento muy importante para que el tema de Nicaragua no se caiga hasta que se encuentre una solución”. 

A pesar de todo, “esta es una solución que tiene que ser nicaragüenses, Estados Unidos tiene que aportar con la diáspora que tienen que crear una estructura para el diálogo, Ortega luce no querer ceder a nada, Estados Unidos ha intentado abrir un diálogo, aunque ahora no hay ese enlace”, precisó Garrastazu.  

Por su parte, Rocha indicó que la solución no va a llegar desde fuera de Nicaragua, porque siempre hay que asumir de que la responsabilidad primordial para resolver cualquier conflicto desde un país es de sus nacionales, “la comunidad internacional apoya y presiona, pero al final de cuentas no resuelve”. 

Por otra parte, “no se puede esperar que sea la diáspora la que consiga lo que a lo interno de Nicaragua no se puede conseguir, todos entendemos de que en Nicaragua hay una situación bastante compleja y complicada y que hay ciertas libertades que en otro país más democrático se podrían dar”. 

Países del hemisferio debería involucrarse más 

“Este es un tema que América Latina tiene que liderar. Uno de los temas que no entiendo es el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), que es el life line de Ortega en término de proyectos por el financiamiento que le dan, la comunidad hemisférica debe verlo, porque tienen un presidente de ese banco que se ha vuelto a hacer políticas públicas y es muy político por estar a favor, al margen de la violencia que se está viviendo en Nicaragua”: 

“Hay que buscar un campeón que puede ser un Boric, un (Guillermo) Lasso (presidente de Ecuador), como en los 80 había un Óscar Arias, hay que buscar un líder que empuje y mantenga todo a la luz, para que este discurso no se pierda”, sostuvo Garrastazu. 

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Oposición clave en la diáspora y el exilio 

El rol de las organizaciones opositoras nicaragüenses es importante sobre todo ante la comunidad internacional para que siga en agenda la crisis de derechos humanos en el país centroamericano, pero eso le supone también una presión. 

“Lo que está sufriendo la diáspora es increíble, están siendo los héroes de la democracia para poder ayudar a su país y los que están adentro. El tema de la diáspora es muy importante que mundo y el hemisferio sepa lo que está pasando, no es fácil irse y empezar a trabajar por su propio país desde fuera”, sostuvo el director para América Latina y el Caribe del IRI.. 

Sin embargo, muchos miembros activos y denunciantes no pertenecen a organizaciones políticas, sino, a sectores perseguidos como defensores de derechos humanos, periodistas o religiosos o como en el caso de los jóvenes, existe poca organización y educación política, mientras las diferencias ideológicas e incluso vicios autoritarios se mantienen aún en el exilio. 

“Deberíamos aprender de nuestros hermanos y hermanas venezolanas, no se han unido, están hablando, pero no es esa unidad para confrontar a un monstruo de régimen autoritario, los que están en la diáspora en particular, el grupo Monteverde por ejemplo (un grupo público que trabaja en un proceso de concertación con los diferentes movimientos y diásporas), tienen un objetivo, preservar la democracia, unirse para que Nicaragua sea libre”, reflexionó Garrastazu. 

“Esa unidad es imprescindible” 

El error de la división como los últimos años no puede repetirse si se quieren efectos contra el régimen. “Para eso necesitas la unidad entre todas las facciones políticas, no todos se tiene que llevar bien, la única manera de enfrentar es la unidad, es imprescindible para llegar al próximo paso, todos tienen que decidir, qué es más importante, uno mismo o su país”, añadió. 

Rocha estimó que es visible y notable el trabajo de la diáspora. Precisamente, uno de los grupos estuvo en Nueva York, donde es la sede de las Naciones Unidas y tuvieron una Mesa de Trabajo con acciones y un trabajo relevante para dar a conocer la situación del país centroamericano. 

Aparte, la diáspora es un aporte importante a la economía con las remesas y ha pasado de ser un movimiento autoconvocado, como otros fenómenos sociales tales como la primavera árabe, el movimiento de indignados u Occupy Wall Street, a ser una estructura organizada. 

Rocha recuerda que en 1998 con el huracán Mitch vio una amplia organización para ayudar a los damnificados desde Estados Unidos, pero las estructuras fueron desapareciendo y no hay organizaciones como ahora. Sin embargo, la crisis desde 2018 y su prolongación, está provocando un exilio masivo de nicaragüenses que también supone una mayor presión a la diáspora en organizarse. 

“Está cambiando el hecho que se va abandonando la dinámica de autoconvocados, a favor de una estrategia más organizada y concertada, de modo que no sean múltiples voces que van y se pronuncian o van al Congreso o tienen un plantón, sino, se van coordinando”, dijo. 

Esto se presta para que los exiliados puedan participar activamente en la resolución de temas que le competente como diáspora extranjera en Estados Unidos.