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Silencio de JOH y complicidad de Manuel Zelaya en Honduras sobre fraudulentas elecciones en Nicaragua

*Gobierno, oposición política y sector empresarial siguen sin pronunciarse en torno a los cuestionados comicios en los que Daniel Ortega resultó ganador para un cuarto mandato consecutivo, mientras en la campaña política el oficialismo azuza el tema ideológico para ganar el voto.

**»Tengo el suficiente criterio para conocer tanto el bloqueo que tiene Estados Unidos contra Cuba y el bloqueo y desprestigio que usa contra Nicaragua y Venezuela”, declaró el expresidente hondureño Manuel Zelaya a Expediente Público en una entrevista previo a los comicios nicaragüenses.


Expediente Público

Tres días después de las elecciones generales en Nicaragua, en las que Daniel Ortega y Rosario Murillo impusieron su reelección, el gobierno de Honduras, la oposición política y la empresa privada siguen sin pronunciarse sobre los resultados de ese proceso que ha sido declarado ilegítimo por unos cuarenta países.

Honduras se apresta también a celebrar elecciones el próximo 28 de noviembre, pero más que en propuestas, la campaña política se ha centrado en el choque de ideologías y la descalificación de las principales figuras de la contienda.

Sin embargo, las cuestionadas elecciones en Nicaragua, que dieron como ganador al presidente Daniel Ortega para un cuarto mandato consecutivo 2022-2026, no han sido utilizadas políticamente por la derecha ni por la izquierda hondureña.

El oficialista Partido Nacional ha denunciado en su campaña la proximidad de las principales figuras del partido Libertad y Refundación (Libre, de izquierda), el expresidente Manuel Zelaya y su esposa y candidata presidencial Xiomara Castro, con los gobiernos de Cuba y Venezuela, pero se ha cuidado de no mencionar a Nicaragua.

Ni oficialistas ni opositores tocan el tema

Mientras que Libre, cuya candidata dice buscar el restablecimiento del orden democrático en Honduras, no se ha referido a las elecciones ni a las continuas denuncias contra el régimen de Ortega.

Detrás de ese silencio hay un asunto de conveniencia, ya que tanto el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández como Libre, que compite en alianza con los partidos Salvador de Honduras (PSH) e Innovación y Unidad Social Demócrata (Pinu-SD), son afines al mandatario nicaragüense.

Expediente Público trató de conocer la posición del PSH sobre las elecciones de Nicaragua, pero uno de sus encargados de relaciones públicas dijo que el fundador del partido y candidato a vicepresidente en la coalición con Libre y Pinu, Salvador Nasralla “iba a esperar un poco” antes de pronunciarse.

Este medio trató de contactar también a Carlos Madero, secretario de Coordinación General de Gobierno, pero no respondió las llamadas ni el mensaje que se le envió por WhatsApp para conocer la postura oficial.

En las redes sociales de Casa Presidencial, de Cancillería y del presidente Juan Orlando Hernández, el tema de las elecciones en Nicaragua es inexistente.

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Las evasivas de Manuel Zelaya

“Con respecto a Nicaragua, tengo el suficiente criterio para conocer tanto el bloqueo que tiene Estados Unidos contra Cuba y el bloqueo y desprestigio que usa contra Nicaragua y Venezuela”, declaró a Expediente Público el expresidente Zelaya en una entrevista realizada semanas antes de las elecciones del 7 de noviembre, cuando se le preguntó su opinión del gobierno nicaragüense y las acusaciones de crímenes contra la población que han documentado organismos de derechos humanos.

“Yo mismo fui víctima de eso cuando me suscribí al ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América)”, respondió Zelaya, a quien un golpe de Estado sacó de la presidencia de Honduras el 28 de junio de 2009.

El exmandatario defendió además que “los pueblos deben de determinar su propio sistema” y que “en Nicaragua no hay ninguna manifestación como se vio hace unos dos o tres años atrás, en contra del régimen”, en referencia a las protestas de abril de 2018, brutalmente reprimidas por el orteguismo.

Cuando se le preguntó si no cree que hay persecución de la prensa y la oposición política, Zelaya cuestionó la objetividad de la información que se publica en los medios, sobre la que “no siempre tengo certeza de cuál sea el alcance y cuáles son las causas, por qué está pasando, no puedo pronunciarme específicamente”.

Además, trajo a colación el proyecto Irán-Contras, la operación del gobierno estadounidense en la década de los ochenta en la que se vendieron armas y drogas “para atacar a Daniel Ortega, entonces un país que ha sido atacado, rodeado, bloqueado por Estados Unidos, ¿cómo puedo ser objetivo al calificarlo? Vamos a esperar sus elecciones, que tengan un resultado”, dijo entonces.

Sin embargo, el expresidente Zelaya sigue sin asumir una postura pública sobre los cuestionados comicios nicaragüenses, pero ha demostrado seguir su amistad con Ortega y todos los mandatarios de Venezuela y Cuba, acusados de reprimir a sus ciudadanos y negarles sus derechos fundamentales.

Manuel Zelaya es aliado político y se ha declarado amigo de Daniel Ortega, quien lo recibió y protegió en Nicaragua luego del golpe de Estado en 2009, y desde ahí «Mel» organizó una ofensiva en sus intentos, sin éxito, de regresar a su país y recuperar la presidencia. Durante su estadía en Managua en julio del 2009 hizo llamados de «insurrección» a los hondureños.

Aunque Ortega apoyó a Zelaya tras el golpe de Estado que lo sacó del poder en Honduras, el sandinista fue uno de los primeros en reconocer a Juan Orlando Hernández, con el Partido Nacional, como presidente electo de las elecciones de noviembre del 2013, dándole la espalda a las denuncias de fraude que hizo Xiomara Castro, quien era la candidata opositora con el partido Libre. Castro vuelve a ser la aspirante presidencial por Libre en 2021.

28 de Julio del 2011. Daniel Ortega Saavedra despiden al expresidente Manuel Zelaya Rosales cuando este regresó a Honduras.

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“No podemos ser relativistas”

El analista político Lester Ramírez en entrevista con Expediente Público consideró “lamentable” que el gobierno Honduras, así como los diferentes grupos políticos, “no han condenado ese proceso electoral” en Nicaragua.

“No podemos ser relativistas”, dijo Ramírez, porque más que de conveniencia “son temas de principios humanos, de la humanidad y de derechos humanos que todos debemos respetar y proteger”, en alusión a la represión y falta de transparencia con que opera el gobierno de Ortega.

Lamentó además que estas posturas, o la falta de ellas, sea parte de “arreglos políticos” en los que “todo se vuelve una transacción”.

En las elecciones de 2017, Ortega fue uno de los primeros mandatarios en reconocer el triunfo del presidente Hernández pese a las denuncias de fraude de sus aliados de la izquierda.

Antecedentes cómplice de JOH

Mientras que el gobierno de Hernández, solo en este año, se abstuvo en junio y octubre de firmar sendas resoluciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) contra el régimen de Ortega.

Para Ramírez, esos arreglos políticos tienen que ver con el hecho de que son gobernantes autoritarios, no demócratas, y están acostumbrados a transar.

“Se transa votos, se compra clientela, así es como ellos están manejando la política centroamericana también, entonces esos son los indicadores claros de que todo se vuelve una transacción y la democracia como una aspiración simplemente la usan para crear fachadas”, expresó.

Silencio empresarial

El 8 de noviembre, la Federación de Entidades Privadas de Centroamérica, Panamá y República Dominicana (Fedepricah) emitió un comunicado en el que calificó las elecciones en Nicaragua de “cuestionables e ilegítimas”. Así mismo, condenó la “detención ilegal” de su presidente Michael Healy, entre otros empresarios.

Expediente Público consultó en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) si apoyaron ese comunicado.

“Cohep mantiene su condena en contra de los presos políticos en Nicaragua”, fue la respuesta de una fuente de Relaciones Públicas.

Tampoco fueron positivos los intentos por entrevistar a directivos de esa institución para conocer su posición sobre las elecciones nicaragüenses.

La misma fuente dijo escuetamente que “la Junta Directiva se va a pronunciar al respecto”, sin precisar fecha.

Hasta ahora, uno de los pocos dirigentes empresariales que se ha referido al tema es el vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC), Eduardo Facussé, quien calificó las elecciones en el vecino país de “una vergüenza”.

Cuestión de diplomacia

De su lado, el expresidente del Cohep, Eduardo Facussé, declaró a Expediente Público que reconocer o no las elecciones en Nicaragua “es una cuestión de diplomacia” y debería dejarse para el próximo gobierno, ya que “es lo más prudente” después de la aprobación de un tratado de límites marítimos en el Golfo de Fonseca, aprobado sorpresivamente el 28 de octubre.

Así mismo, consideró que debe esperarse a ver si la Organización de Estados Americanos (OEA) aplica la carta democrática a ese país, con lo que se “le corta prácticamente todo el financiamiento y todas las posibilidades de subsistencia para el futuro”, indicó Facussé.

Dijo también que Nicaragua ya no tiene muchos recursos “a qué atenerse”, pues no puede pedir más dinero a Venezuela porque “están quebrados” ni a Cuba porque “no tiene plata” y a los rusos tampoco porque “les deben cinco mil millones de dólares que les vendieron en armamento. Entonces ya financiamiento para ellos es bastante delicado, creo que el régimen de Ortega tiene los días contados a mediano y corto plazo”, sentenció.

Silencio por asilo y negocios

El empresario hondureño consideró que si el actual gobierno decide aprobar las elecciones nicaragüenses “se puede decir que es buscando una alianza estratégica de Juan Orlando con Ortega para efectos de un asilo o un reconocimiento de una nacionalidad, dadas las situaciones delicadas que tiene con la Corte en Nueva York”, donde se le ha mencionado en varios juicios a narcotraficantes hondureños.

Por su parte, el expresidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), Adolfo Facussé, opinó también que el acuerdo suscrito entre Honduras y Nicaragua en la frontera del Pacífico “beneficia al comercio, beneficia el intercambio, y por eso nos conviene, desde el punto de vista del sector privado es un buen punto que acordaron los dos presidentes”.

No obstante, criticó la contradicción “en el sentido de que el presidente Hernández es miembro del Partido Nacional, que es de derecha, y mantiene relaciones amigables y de amistad con un gobierno de izquierda”.

A su juicio, eso demuestra que el argumento de que la izquierda instaurará un gobierno como el de Cuba o Venezuela si llega a ganar la Presidencia es “realmente artificial” y tiene como fin asustar a alguna gente para “que se abstenga de votar o vote por otro lado”.

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Cuestión de tiempo

“El gobierno de Honduras va a reconocer las elecciones nicaragüenses, es cuestión de tiempo y no de mucho tiempo”, aseguró a Expediente Público el analista político Raúl Pineda Alvarado, quien recordó que el presidente Hernández “ha procurado desde el inicio de su gobierno una relación amistosa y fluida con Daniel Ortega”, sin importar las ideologías políticas.

En ese sentido, el analista llamó a no confundir los problemas del país con los problemas personales de Hernández, ya que eso da una visión equivocada de la situación.

“En política no hay aliados ni enemigos permanentes, lo que hay son esos intereses permanentes”, recordó Pineda Alvarado, para luego mencionar aquel axioma que dice que “avanzando por la izquierda se termina en la derecha”.

Opinó que los intereses políticos van a estar siempre por encima de las utopías democráticas y lamentó que los políticos nicaragüenses “no aprendieron de los procesos de Venezuela y de la guerra interna con más de 90 mil muertos”.

Mal ejemplo de la oposición

Esto queda evidenciado en el hecho de que “la oposición no quiso unirse, por eso perdieron; en Venezuela, la oposición no quiso unirse y por eso perdieron. En Honduras, ojalá que ese sea un ejemplo para los líderes opositores”.

Los resultados electorales en Nicaragua significarán “un viraje político, a lo externo hacia Rusia y hacia Irán, y a lo interno más sufrimiento para el pueblo nicaragüense porque la actuación de los norteamericanos va a ser la de siempre, castigar a los pueblos por lo malo que hacen sus gobernantes”, añadió.

La ruta en Honduras es “muy clara”, destacó el profesional del derecho: “Fortalecer el modelo republicano, que nadie tenga el poder concentrado y procurar entender que las elecciones solo sirven para cambiar autoridades”, pero “que alguien gane una elección no significa que vaya a ser necesariamente un buen gobierno”.

De allí que lo importante es “reclamar por una buena gestión, no solo por una gran elección”.

Esto tiene que ser “muy bien analizado por los votantes hondureños que hoy están con pocas opciones, entre el modelo autoritario del gobierno de Hernández, que pretende seguramente por interpósitas personas continuar mandando en Honduras, y el modelo del socialismo XXI que está preconizando Libertad y Refundación”.

Finalmente, expresó su esperanza porque “la gente buena de este país sepa votar y sepa reconocer que solo el modelo republicano” ha permitido a los hondureños vivir en relativa libertad.