RA

Rafael Alegría, del campo al Congreso hondureño

Expediente Público

Rafael Alegría es uno de los dirigentes más representativos en la historia del movimiento campesino hondureño. Reconocido también por haber sido uno de los principales líderes antiglobalización a nivel mundial, este coordinador de La Vía Campesina busca actualmente su tercera diputación en el Congreso hondureño, por segunda ocasión con el Partido Libertad y Refundación (Libre). 

Alegría nació en 1952 en Potrerillos, una comunidad ubicada en el departamento oriental de Olancho. Con apenas 17 años de edad este candidato comenzó su trayectoria como dirigente social, formándose con los grupos religiosos más beligerantes que existían en Honduras, defensores de la reforma agraria.

A inicios de los años setenta Alegría se incorporó al Movimiento Demócrata Cristiano de Honduras (MDCH) y a la Unión Nacional de Campesinos (UNC), las cuales promovían la recuperación de tierras y la organización de cooperativas campesinas.

Lea además: «La Pichu» y el peso de ser una Zelaya adentro del Partido Libre

Sin embargo, a los 23 años de edad, este candidato tuvo que trasladarse a Tegucigalpa, la capital de Honduras, debido a la persecución política que se dio en Olancho tras la masacre campesina del 25 de junio de 1975, cometida en la hacienda de Los Horcones, propiedad de la familia del expresidente y actual coordinador del Partido Libre, Manuel Zelaya Rosales.

Comentó Alegría en 2012, quien durante su exilio en la capital organizó la cooperativa Bella Vista, de la cual sigue formando parte.

Mayor relevancia

Fue en la década de los noventa cuando este candidato a diputado adquirió mayor relevancia nacional e internacional, siendo uno de los fundadores en 1992 de La Vía Campesina, la cual sigue siendo la principal coalición de organizaciones campesinas en el mundo. 

Amigo personal de figuras como los expresidentes sudamericanos Evo Morales o Hugo Chávez, durante once años (1993-2004) Alegría fue el responsable del secretariado internacional de La Vía Campesina, un cargo que lo elevó a las más altas esferas del movimiento socialista a nivel mundial.

En Honduras, Alegría fue nombrado en 1992 como secretario general de la Comisión Coordinadora de Organizaciones Campesinas de Honduras (COCOCH), desde donde se opuso a la Ley de Movilización Agrícola, con la cual el gobierno de Rafael Leonardo Callejas (1990-1994) desarticuló lo logrado por la Reforma Agraria. 

Como secretario de la COCOCH, Alegría intentó articular el movimiento campesino para enfrentarse a la liberalización de los precios, la firma de los tratados de libre comercio, el conflicto de tierras con terratenientes y empresas multinacionales, así como el hostigamiento militar que enfrentaban muchos grupos campesinos a nivel nacional.

Lea también: Juan Barahona: el sindicalista fiel del expresidente Manuel Zelaya

En 1993, Rafael Alegría, el excandidato presidencial Matías Funes y Doris Gutiérrez fundaron el Movimiento Ciudadano Hondureño (MCH), una organización política de izquierda. «No teníamos una opción política y la única opción era la de los mismos partidos tradicionales entonces de ahí surgió esta organización», recuerda Gutiérrez, actual designada presidencial del candidato Salvador Nasralla

De los movimientos internacionales al Congreso

Como coordinador general de La Vía Campesina y como representante de la Asociación de Organizaciones Campesinas de Centroamérica para la Cooperación y el Desarrollo (ASOCODE), Rafael Alegría se convirtió en uno de los principales referentes del movimiento antineoliberal y antiglobalización a nivel mundial.

En la década de los noventa y a inicios del presente siglo, a este dirigente hondureño se le podía encontrar encabezando protestas en Hong Kong, Cancún, Ginebra, Porto Alegre, Bombay o donde hubiera acciones en contra del orden mundial económico.

A la par de personajes como el sindicalista francés José Bové, el intelectual español Ignacio Ramonet o del subcomandante Marcos, Rafael Alegría fue uno de los representantes del «Movimiento Internacional de Campesinos sin Tierra», siendo esta una de las organizaciones de izquierda más importantes en la defensa de los indígenas y campesinos afectados por la globalización.

A nivel nacional, en el año 2000, Rafael Alegría fue uno de los fundadores del Bloque Popular, con el cual se pretendió oxigenar el movimiento popular en Honduras, agrupando las viejas y las nuevas organizaciones sociales que aparecían en aquellos años.

Puede interesarle: Jorge Cálix, el diputado señalado de inflar las urnas de Libre

En 2002, Alegría llegaría por primera vez al Congreso Nacional de Honduras, como diputado suplente de Doris Gutiérrez, del Partido Unificación Democrática (UD). Así, se convertía en uno de los primeros dirigentes campesinos que ocupaban una plaza en el poder legislativo.

Del golpe de Estado a Libre

La llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela en 1999 cambiaría el espectro geopolítico para personajes como Rafael Alegría. La apertura de escuelas campesinas en ese país del sur acercó aún más a este dirigente hondureño con el expresidente Chávez.

«Ya lo decía nuestro amigo y compañero Rafael Alegría, ya lo decía él, en sus palabras, estos encuentros han sido una resonancia de victoria de los pueblos del sur, de los pueblos pobres del mundo, de nosotros los pueblos que luchamos por la justicia y la dignidad», comentó Chávez en 2003, durante una cumbre campesina en Venezuela.

Cabe recordar que, en sus primeros dos años, el gobierno del expresidente Zelaya fue rechazado por el movimiento social hondureño. «Creo que es una expresión de descontento de nuestro pueblo, de la clase trabajadora en contra del gobierno de Manuel Zelaya Rosales», apuntó Alegría, cuando la actual subcoordinadora de Libre, Patricia Rodas, fue repelida con piedras en la marcha obrera del primero de mayo de 2006.

En general, el movimiento social veía a Manuel Zelaya como un terrateniente que provenía de una familia marcada por la masacre de Los Horcones. De la actual candidata presidencial de Libre, Xiomara Castro, también había desconfianza, sobre todo porque su padre Irene Castro trabajaba para el latifundista Miguel Facussé, ambos señalados por reprimir al movimiento campesino.     

Sin embargo, el recelo del movimiento social, incluido Rafael Alegría, hacia la familia Zelaya Castro desapareció tras el proyecto del expresidente por convocar una Asamblea Constituyente; pero, sobre todo, después del acercamiento en 2008 del gobierno hondureño con el expresidente venezolano Hugo Chávez. De hecho, Alegría desempeñó un papel central en la incorporación de Honduras a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).

Posteriormente, en 2009, el golpe de Estado acercó aún más al movimiento social hondureño con la familia Zelaya. Por su parte, Alegría se convirtió en uno de los principales dirigentes del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) y posteriormente del Partido Libre.

Lea además: Beatriz Valle: de la empresa privada al socialismo de Mel Zelaya

Desde el Congreso

Tras separarse del Partido Unificación Democrática, Rafael Alegría volvió al Congreso Nacional en 2014, siendo el cuarto candidato más votado del Partido Libre, por debajo del periodista Esdras Amado López, de la exasesora de imagen de Manuel Zelaya, Beatriz Valle y del entonces representante legal del expresidente, Rasel Tomé.

Dentro del Poder Legislativo, Alegría presentó la propuesta de Ley de la Reforma Agraria, además de la ley para reglamentar la Consulta Libre, Previa e Informada (CLPI). Ninguna de ellas obtuvo un apoyo mayoritario dentro del pleno.

Como dirigente, Alegría ha enfrentado diversos conflictos campesinos, sobre todo en la zona del Bajo Aguán, donde hasta el 2013 habían sido asesinados 90 campesinos que disputaban tierras contra algunos terratenientes.

Dicha acusación complejizó la posición de Alegría frente al mayor conflicto de tierras que se ha dado en Honduras en las últimas décadas.

De nuevo al Legislativo

Actualmente el agro hondureño se encuentra en crisis. Las consecuencias del cambio climático, el avance del narcotráfico, el abandono del Estado, así como la instalación de mega proyectos en territorios campesinos e indígenas son algunas amenazas para las zonas rurales de Honduras.

Frente a ese contexto, el movimiento agrario hondureño no vive sus mejores tiempos. Para muchos campesinos, las esperanzas están cifradas en los Zelaya Castro, una familia de origen terrateniente que les promete la reforma agraria.

Tras no salir electo como diputado en 2017, Alegría busca de nuevo una curul el próximo 28 de noviembre. Su candidata suplente es la feminista Suyapa Martínez, directora del Centro de Estudios de la Mujer de Honduras (CEM-H).

Como sucede en la mayoría de las organizaciones populares de Honduras, sus dirigentes sociales no parecen contar con un relevo generacional. Algunos no lo buscan. En su caso, de Alegría podría decirse que es prácticamente el último dirigente que mantiene una incidencia nacional en el sector campesino hondureño desde la izquierda.  

Si quieres copiar contenido mejor compártelo y lleguemos a más personas juntos.